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El “derecho a elegir” coloca una actividad comercial nociva sobre el derecho a la salud.



Una mala interpretación del “derecho a elegir”, ha provocado un bombardeo por parte de las tabacaleras y otros sectores comerciales en perjuicio de los no fumadores. No está claro, si por omisión o por falta de interés, las personas que iniciaron este programa de rotulación de restaurantes, denominado “derecho a elegir”, se olvidaron de analizar la realidad nacional y pretenden menoscabar los derechos de quienes eligieron no encender un cigarrillo.

Lo anterior está en total contraposición con el trabajo del Ministerio de Salud, la Red Nacional Antitabaco (Renata), el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) y el diputado Dr. Orlando Hernández, los cuales lograron, en mayo pasado, que el proyecto de Ley para el Control del Tabaco en Costa Rica ingresara a la corriente legislativa. Actualmente, el proyecto espera por su aprobación para hacer efectivas una serie de variaciones que faciliten el control del consumo de cigarro.

El mal llamado “derecho a elegir” pretende que fumadores y no fumadores cohabiten en espacios, muchas veces separados por pocos centímetros de distancia, que no cuentan con los mecanismos de control adecuados para evitar el peligroso flujo del humo de tabaco. Científicamente, se ha demostrado que cuando una persona fuma, exhala el 85% del contenido del cigarrillo, por lo que quienes se ubican a su alrededor se ven expuestos a los mismos efectos nocivos del tabaco.




Imposible convivencia.

La exposición de los no fumadores al humo del tabaco es una clara violación al derecho constitucional a la salud y está demostrado, por la experiencia vivida en otros países, que la “armónica” convivencia entre fumadores y no fumadores, simplemente NO es viable.

Actualmente, nadie ha podido demostrar que los espacios conjuntos de fumadores y no fumadores, aun con medidas de ingeniería alternativas, garanticen la pureza del aire para quienes fuman pasivamente. Los estudios científicos demuestran que el único mecanismo relativamente eficiente, es construir áreas aisladas, con barreras físicas completas, sistemas de aire acondicionado y/o ventilación presurizados a presión negativa para evitar la salida del humo. La concentración de nicotina en espacios públicos en América Latina, que no tienen control de fumado, alcanzan cifras alarmantes y peligrosas; lo cual es razón suficiente para que el Ministerio de Salud, en protección de la salud de la mayoría, haya optado, por medio de la citada ley, por la prohibición total de estos espacios. Prohibición que ya se hizo efectiva de manera voluntaria en muchas empresas, centros comerciales, instituciones de gobierno, bares y restaurantes, que han sido certificados por el Ministerio y por el IAFA como “Espacios Libres de Humo de Tabaco (ELHT)”.

Y es que las restricciones al fumado en bares y restaurantes han demostrado ser más que efectivas; así lo demuestra la experiencia positiva de la aplicación de políticas contra el fumado en países como Escocia, donde, luego de establecer ELHT, la salud de la población mejoró significativamente.

En España, por su parte, desde la entrada en vigencia de la Ley Reguladora del Fumado, en enero del 2008, se puede fumar solamente en locales que midan 100 metros cuadrados o más, con condiciones físicas adaptadas para ello. Sin embargo, la actual Ministra de Salud de ese país pretende establecer una política que prohíba totalmente el fumado en cualquier lugar de acceso al público. Esa decisión la tomó basada en las experiencias regulatorias de países como Italia, Turquía e Irlanda, donde los efectos positivos se comenzaron a notar en la salud de la población.

En la Unión Europea, la primera evaluación realizada sobre los efectos de las políticas antitabaquismo confirmó que la prohibición de fumar en lugares públicos ha provocado la reducción de un 12% en los ingresos hospitalarios por infarto agudo de miocardio . Es por esto que el mal llamado programa “ derecho a elegir” que pretende colocar una actividad comercial nociva por encima del derecho colectivo a la salud, lejos de ofrecer un espacio de sano esparcimiento, promueve la obstaculización a los esfuerzos que hace Costa Rica desde el 2003.

Confiamos en que, aún en medio de la campaña política, los señores diputados comprendan la necesidad de aprobar el proyecto de ley que promueve la generación de ELHT en lugares de ocio y esparcimiento, donde personas saludables e incluso familias enteras que desean respirar aire puro, tengan, ahora sí, “derecho a elegir” la vida.


Doctor Roberto Castroes coordinador Unidad de Salud Ocupacional, Hospital México. Representante de la Caja Costarricenses de Seguro Social en la Red Nacional Antitabaco (Renata).




La OMS (Organización Mundial de la Salud) define como “fumador crónico” a las personas que consumen más de cuatro cigarrillos por día.



El fumador es un individuo con muy baja tolerancia a la frustración. Hay una agresión muy fuerte hacia la propia persona, no así hacia el entorno que genera el problema. Existen varias clases de fumadores, agrupados según el modo de vincularse con el cigarrillo.

El primer grupo sería el de los fumadores hedonistas, son los que disfrutan del acto de fumar. Son fumadores irregulares, pasan largos períodos de tiempo sin hacerlo y prenden un cigarrillo sólo cuando tienen deseos de hacerlo. Lo apagan si sienten algún desagrado y luego suelen pasar por un largo período de abstinencia. Estos fumadores fuman poco y la mayoría de las veces su ritmo asistemático de consumo les evita la instalación de la dependencia.

El segundo grupo es el de los fumadores pseudo terapéuticos. Son los que fuman en pos de un “beneficio” que el fumar les brinda. Son fumadores dependientes y si dejan de hacerlo padecen el síndrome de abstinencia. Argumentan motivos para no dejar de fumar:

-- Si no fumo engordo (mujeres)
-- Cuando no fumo siento mucha ansiedad
-- Al no fumar me siento mal y me desorganizo
-- Cuando dejo de fumar me enfermo continuamente

Rara vez el fumador dice el motivo por el cual fuma, casi siempre explica por qué no deja de hacerlo. En este grupo están los que han intentado dejar el tabaco en varias oportunidades. Estos fumadores tratan de ocultar tras una “cortina de humo” sus angustias, la vida desorganizada, la baja autoestima por su apariencia. Al abstenerse se le presenta al sujeto una serie de sentimientos y sensaciones desagradables que no logra significar.


Personalidad del fumador

EIB. El fumador. 2008.



El tercer grupo son los que llamaremos fumadores afectivos. Estos tienen una relación tal con el cigarrillo que sienten miedo y tristeza de dejarlo, es una verdadera “relación afectiva”. Son los fumadores que más clara conciencia tienen de la nocividad del tabaco. Ellos aman y odian fumar. Hacen intentos de dejar de fumar. Surge un período depresivo en ellos por la pérdida irreparable. Por eso a los de este grupo y los del anterior les resultará muy difícil dejar de fumar sin un plan terapéutico adecuado. Dependerá del grado de dependencia y de la fragilidad psíquica de quien lo intente.

Hay un cuarto grupo del que poco se sabe porque no consulta, no pregunta, simplemente fuma.


Algunas consideraciones

Es difícil que un fumador consulte en forma espontánea a un médico con la intención de dejar de fumar. Seguramente ante un problema de salud puntual (problemas cardíacos, dolores de pecho, cansancio, asma, problemas respiratorios en general) acude a la consulta médica, de la misma surgirá el informe del facultativo, indicándole la necesidad de dejar el hábito de fumar para atender luego la enfermedad del paciente. Otros consultan al profesional por problemas psicológicos (falta de sueño, depresión, angustia, irritabilidad). La labor del terapeuta debe consistir en hacer ver al paciente que no sólo el fumar le hace mal, sino por qué está mal y por qué tiene necesidad de fumar. Hay un malestar previo al daño físico.


Fuente: Inés Mercedes Licata de Sires y María Soledad López de Pereira (Maestras y Técnicos Especializadas en Mediación Preventiva del Comportamiento Adictivo)


La industria tabacalera de Reino Unido manejó a finales de los setenta la idea de vender que fumar era bueno porque el cáncer reducía el número de personas mayores dependientes





A finales de los setenta, la industria tabacalera estaba en un "momento crítico". Las evidencias de la relación entre su producto y el cáncer de pulmón eran ya incontestables, y el sector estaba "siendo cuestionado en muchas direcciones". Así lo recoge un informe de la asesoría Campbell-Johnson para la Asociación Británica de Tabacaleras (BAT). Han pasado 30 años desde entonces, pero parece que algunas de las consideraciones del texto no cayeron en saco roto. Ante la inminencia de un cambio en la legislación española que endurezca las actuales limitaciones para fumar en público, el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo ha desvelado este estudio. Seguramente, algunas de sus afirmaciones fueron sólo para consumo interno. Pero eso no les quita interés, aunque ya no se puedan aplicar al pie de la letra.





"El tabaco tiene la función social de limitar el número de personas mayores dependientes que la economía debe mantener". Esta consideración está contenida en un documento para manejar las relaciones públicas que la industria tabacalera británica encargó a finales de 1978. El propio autor reconoce que "obviamente" este argumento "no se puede usar públicamente", pero lo desarrolla: "Con un aumento general de la esperanza de vida, necesitamos algo para que la gente muera. En sustitución de los efectos de la guerra, la pobreza y el hambre, el cáncer, considerado como la enfermedad de los países ricos, desarrollados, tiene un papel que jugar". Esta idea, considerada un "factor psicológico para continuar el gusto de la gente por fumar como algo placentero, aunque sea un hábito peligroso, no debe ser infravalorado".

En el texto se reconoce el daño que le puede hacer a la industria la asociación del fumar con el cáncer de pulmón. "Este reto médico ha actuado como una bomba nuclear de efecto duradero" para el sector, admite el informe. Pero aún así, sugiere varias posibilidades para contrarrestar su efecto. Intentar negarlo es "escoger plantear la batalla donde la oposición [al tabaco] es más fuerte", así que habrá que esperar: "Con algún tremendo avance en lo que sabemos de las causas del cáncer o el descubrimiento de un potente inhibidor oncológico, se puede transformar la controversia sobre tabaco y salud", sugiere. Por eso, "la industria necesita estar preparada ante un repentino avance médico".

La otra posibilidad que sugería el informe era que la presión sobre el tabaco cediera ante la importancia que estaba tomando en aquella época el estudio del cáncer de mama. En cambio, advertía sobre otro posible frente médico: "El papel del hábito [de fumar] como un importante factor de riesgo cardiaco".

Entonces -recordemos, 1978-, para la industria todavía quedaba una batalla médica que dar: la de los fumadores pasivos, en el "límite de lo creíble". "Se ha intentado definir como un riesgo sanitario general en lugar de un peligro limitado a ciertos grupos restringidos de población".

También sugieren un posible peligro. Que la demonización del tabaco vaya acompañada de una relajación ante la marihuana, o una asociación entre ambas sustancias. Aunque el tabaco sea una "droga de relajación" que puede ser "una bendición para la humanidad en un mundo estresado", su asociación con la marihuana sería perjudicial.

Si la defensa sanitaria del tabaco ya se daba por perdida en 1978, quedaba la batalla social. "El humo del tabaco tiene una importante capacidad de molestar, y la incapacidad de los fumadores para tener en cuenta la comodidad de los demás es una de las razones importante que ahora se usan para condenar el hábito", indica.

Para combatir esta mala imagen, el documento sugiere varias líneas. "Todavía hay margen para intentar conseguir que el fumar se considere uno de los hábitos que no son cuestionables per se", indica. Una de las actuaciones es promover un código de conducta entre los fumadores que, si se siguen, "asegurará que no sean acusados por los no fumadores de que asumen arrogantemente el derecho a contaminar el aire a su alrededor". "Su tono tiene que ser franco y positivo", y uno de sus objetivos debe ser "restaurar la imagen del fumador como una persona extravertida y sociable, y no el ser el neurótico, apestoso y marginal que pintan los antifumadores".

La otra es la creación -"con la bendición de la industria"- de asociaciones de fumadores. El propio texto reconoce que hacer esto es difícil si se quiere que parezca una organización independiente, pero añade una posible línea de actuación: "La protección de la libertad para elegir de todo individuo adulto en cualquier campo (aunque especialmente para fumar)" y "la defensa de los fumadores contra una injusta discriminación o restricción en su disfrute del tabaco". Este es uno de los motivos por los que grupos científicos como el CNPT acusan a las asociaciones profumadores de trabajar en beneficio de la industria.

Fuente: www.elpais.com





Es muy relevante conocer lo que fumar aporta a cada fumador.
Si no se realiza esto, es probable que el fumador desarrolle carencias o vacíos, o mecanismos alternativos deficientes,
que --en ambos casos-- pueden acabar precipitando la recaída.



Mecanismos de afrontamiento y de sustitución de conductas

Es característico de las sustancias adictivas reducir el número de mecanismos de afrontamiento a la realidad. Así, mientras que una persona no dependiente dispone de variados recursos --algunos de ellos peregrinos-- para enfrentarse a una situación de estrés, quien es dependiente sólo suele ser capaz de recurrir a la sustancia. Así, ante una situación generadora de estrés (o de incertidumbre o soledad, según sea el caso), algunos fumadores siempre acuden a la nicotina. Acostumbrados durante años a enfrentarse así al estrés (o a cualquier otro estado de ánimo negativo), han ido perdiendo u olvidando recursos que en el pasado utilizaban ante esas situaciones.

.-- Quien usa el tabaco como herramienta de afrontamiento de estados de ánimo negativos, debe desarrollar mecanismos alternativos para enfrentarse a los mismos, ya que éstos no van a desaparecer sólo por dejar de fumar. Cuando no se desarrollan mecanismos alternativos, se aguanta un cierto tiempo (más o menos prolongado), pero al final casi siempre llega una situación que desborda la ausencia de los muros de contención.

-- Cuando el tema del desarrollo de estrategias alternativas no es abordado, es posible que los fumadores desarrollen mecanismos de afrontamiento que produzcan beneficios a corto plazo, pero que pueden resultar perjudiciales a más largo plazo. Ejemplos de esto son: usar la comida para enfrentarse a las situaciones de nerviosismo (acaba siendo devastador), renunciar a salir con los amigos (puede ser útil sólo temporalmente), no buscar placeres alternativos en quienes consideran que fumar es su único placer (origina una sensación de frustración o de vacío notable). Los tests Russell, RAM, Baer y Lichtenstein, así como el Glover-Nilsson también sirven para analizar básicamente qué aporta o sustituye el tabaco.

Utilización de recursos para el cambio

Si tomamos en centa el perfil de problemas de 2 mujeres cocainómanas: una médico con una dependencia 7.0 y otra adolescente embarazada con dependencia 5.5, se podría pensar que a la médico le resultaría más difícil salir de la dependencia a la cocaína; sin embargo, cualquier persona que haya trabajado en drogodependencias sabe que no es así: la médico tiene mucho mejor pronóstico que la adolescente. Esto es así porque el pronóstico no depende sólo del grado de adicción, sino también y fundamentalmente de qué recursos tenga la persona para enfrentarse a la adicción, de su estabilidad psicológica y de sus habilidades personales y de con qué apoyos sociales cuente para abordar el cambio de conducta. Lo mismo ocurre en el tabaquismo. El grado de dependencia es importante, pero aún lo son más los recursos con los que cuenta el fumador. Una persona depresiva, o con problemas de alcohol, o en una situación laboral o afectiva inestable, o con todo su microambiente en contra, tiene más dificultad en conseguir la cesación del tabaquismo. Aún así, ésta no es imposible.

Por ello, es importante indagar y descubrir la amplia gama de recursos que toda persona dispone, con el fin de que el adicto pueda apoyarse en ellos para realizar el cambio de conducta. Aunque en los ejemplos citados resalta el efecto nocivo de las carencias, en la actividad profesional habitual tienen mayor relevancia los recursos y factores motivadores de cada persona. Éstos son muy variados, hay quien sólo cambia por alguno de sus hijos, otros por una apuesta, otros han realizado ímprobos esfuerzos en otros campos, o aguantado situaciones insoportables o se han acostumbrado a resistir otro tipo de impulsos. Se trata de averiguar los puntos fuertes de la manera de ser y actuar de cada persona.




Reestructuración cognitiva
La mayoría de quienes intentan dejar de fumar se muestran ambivalentes respecto a su consumo. Esto es lógico; dejar de fumar suele basarse habitualmente en argumentos de razón, y en las decisiones humanas hay muchos otros factores que influyen, además de argumentos racionales.

La ambivalencia --un querer sin querer-- de los fumadores puede tener muchas manifestaciones, desde «me gustaría fumar sólo uno cada día» hasta «simplemente le enciendo los cigarrillos a mi marido». En cualquier caso, suele presentar 2 características relevantes: por una parte, se manifiesta más cuanto menor es la motivación para el cambio. Como la motivación suele disminuir tras las primeras 4-6 semanas de tratamiento (cuando dejar de fumar sigue costando más o menos y los apoyos externos disminuyen), esto puede influir en la recaída. Por otro lado, la ambivalencia tiende a racionalizarse.

Dado que la decisión de dejar de fumar se basa en motivos primariamente racionales, cualquier intención de volver a fumar también suele buscar este mismo tipo de argumentos, justificaciones y/o engaños, con el fin --consciente o inconsciente-- de evitar una disonancia cognitiva. Por ello, es importante --sobre todo, tras unas semanas de abstinencia-- ayudar a los fumadores a percibir cuáles son sus posibles ideas erróneas, irracionales o desadaptativas, ayudarles a comprender que su percepción de la realidad del consumo o de la abstinencia está distorsionada.

Parte de la reestructuración cognitiva es identificar situaciones de riesgo, así como descubrir también aquellas decisiones irrelevantes o «minidecisiones» que pueden conducir a ellas. Otro aspecto es valorar adecuadamente el consumo, con la gratificación inmediata que produce, sin realizar un análisis neurótico de sus ventajas. Unido a esto se encuentra el (re)descubrimiento de otras actividades gratificantes (si no existieran). Un tercer aspecto hace relación a las ganas de fumar (si deberían desaparecer, si implican que va todo mal, si a veces son irresistibles, etc.), a las expectativas respecto al tratamiento (el terapeuta, la medicación o la psicoterapia «lo soluciona todo») o las influencias de las experiencias pasadas (como desesperanza aprendida).

Indudablemente, los aspectos más importantes de la reestructuración cognitiva se relacionan con la percepción de consumo controlado y el efecto de violación de la abstinencia.

El consumo controlado suele ser el sueño de casi todas las personas dependientes, también en tabaquismo. La experiencia muestra que, en la inmensa mayoría de los casos, la presencia de una dependencia previa impide la posibilidad de un consumo controlado. Es distinto si no existía dependencia previa. Es una de las principales causas de recaídas pasados varios meses de abstinencia. Muy frecuentemente, quien por primera vez lleva bastantes meses sin fumar realiza un consumo con la intención --a menudo, inconsciente-- de comprobar que ya se está «por encima» del tabaco. Aunque esto puede prevenirse informando a los pacientes, debe tenerse en cuenta que es muy humano no escarmentar en cabeza ajena, quedando la abstinencia definitiva para un intento posterior.

El efecto de violación de la abstinencia consiste en la valoración --junto con las respuestas emocionales asociadas-- que el paciente lleva a cabo de las circunstancias de su vuelta al consumo después de un tiempo de abstinencia. Tiene un componente de atribución subjetiva de la responsabilidad y otro de reacción afectiva que ocasiona. Es responsable del paso de la caída (slip) a la recaída (relapse). Junto a la idea de que no existen deseos irresistibles si se evitan las circunstancias resistibles, los fumadores deben tener claro que es muy importante evitar los consumos puntuales (caídas) y que una caída no implica una recaída.

Lo más difícil en el tratamiento de toda dependencia es conseguir cómo disminuir al máximo la posibilidad de consumos puntuales (que son efectivamente predictores de recaídas) y, simultáneamente, relativizar su potencial influencia en la recaída. Es prácticamente imposible realizar ambas cosas a la vez; por eso es un arte.


Fuente: elsevier.es




Fumar o no fumar, esa es la cuestión. Un tema controvertido, pues el derecho de unos choca con el de los otros y se producen situaciones desagradables.



El tabaco, nadie puede discutirlo, es una sustancia nociva para la salud. Las personas adultas tenemos libertad para decidir qué hacer, teniendo toda la información; nadie nos obliga a fumar o no.

La entrada en vigor en España de la Ley 28/2005, del 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco, supuso establecer bastantes barreras a los fumadores.

Porque con la entrada en vigor de esta ley se prohibe terminantemente fumar en cualquier lugar, en los centros de trabajo. Esto obliga a hacerlo en la calle, quieran o no.

También dueños de bares y restaurantes de menos de 100 metros cuadrados tienen la potestad de decidir si el tabaco es bienvenido o no en sus locales. Su decisión tiene que estar claramente indicada en la entrada del local para avisar. En los establecimientos más grandes, estarán permitidas las salas de fumadores que no superen el 30% de la superficie o los 300 metros cuadrados, separando ambas zonas de fumadores y no fumadores.

Con la puesta en marcha de esta ley, se comienza a perseguir a los fumadores, poniéndoles más trabas a su libertad de poder fumar en cualquier parte. Está claro que los no fumadores no tienen por qué tragarse su humo contra su voluntad en estos sitios ya que se convierten en fumadores pasivos sin posibilidad de elegir.

Debemos ser realistas y saber convivir adecuadamente fumadores y no fumadores. Se suele dar la curiosa circunstancia de que los más radicales e impertinentes contra los fumadores suelen ser exfumadores. Es extraño, pues ellos han vivido ambas situaciones y no se entiende el por qué de su radicalidad.

Vamos camino de cumplir tres años de entrada en vigor de la ley y el cumplimiento de la misma se ha relajado mucho, con bastante tolerancia y permisividad, produciéndose miles de incumplimientos diarios a la prohibición de fumar que quedan impunes.




fumar o no fumar, esa es la cuestion



Teóricamente, en los lugares de trabajo no se puede fumar aunque puedo asegurar que se cumple a medias porque cuando no pilláis a un compañero fumando en el baño, es en las escaleras o en su despacho cuando nadie los ve; total, no pasa nada y ¿quién les va decir nada? No es cuestión de ser tolerantes o no sino que lo que importa es que se está incumpliendo una normativa que establece claro que no se puede fumar en los centros de trabajo. El que quiera fumar en el trabajo ya sabe lo que toca: salirse a la calle. Es más, si veis a alguien fumando en recinto de trabajo, debéis decirle que no se puede y que tendrá que salirse a al calle o apagarlo. Los no fumadores tenéis vuestros derechos a que en vuestro entorno laboral no tengáis los inconvenientes del humo del tabaco que es muy incomodo para los ojos, etc. a parte del olor que te deja en toda la ropa y de las patologías de salud que te puede provocar. Otra cosa es que los no fumadores decidan acompañar a los fumadores a la calle; es su elección y cada uno hace lo que quiere.

Muchos fumadores dicen al famoso mensaje de “el tabaco mata” que de algo tienen que morir. Ciertamente, todos nos moriremos, antes o después, sin embargo, cuanto más nos cuidemos, menos riesgo tendremos de sufrir enfermedades provocadas por sustancias nocivas.

En bares y restaurantes, hay bastante permisividad aunque últimamente se han puesto más severos porque si no lo hacen, las comunidades autónomas pueden imponer sanciones económicas a los establecimientos que no apliquen la normativa pertinente. Estas infracciones podrán ser leves (multas de hasta 600 euros), graves (entre 601 y 10.000 euros) y muy graves (de 10.001 a 600.000 euros). La cuantía se decidirá según “la capacidad económica del infractor, el riesgo generado para la salud, la repercusión social de la infracción, el beneficio que haya reportado al infractor la conducta sancionada y la previa comisión de una o más infracciones“.

En la empresa, también se debería controlar más el cumplimiento de la normativa e imponer sanciones a las que no las hagan cumplir. Se debería amonestar a los trabajadores que hagan caso omiso de la prohibición de fumar dentro de las instalaciones de trabajo. Las personas, una vez que vean que el hacerlo les provoca un perjuicio, cambiarán el chip rápidamente y no volverán a hacerlo. Siempre se dice que la mejor forma de aprender es cuando la consecuencia la sufre el bolsillo.

Debemos ser coherentes y responsables y cumplir las normas, que para eso están. Si pasamos este tipo de incumplimientos por alto, habrá consecuencias para el resto.

Además las empresas deben controlar los descansos que se producen entre sus trabajadores fumadores para ir a fumar haciéndoles ver que lo tienen que hacer en sus períodos de descanso a lo largo de la jornada y no en ratos. Si un empresario sumase el tiempo total invertido por alguna personas para fumar se echaría las manos a la cabeza porque al fin y al cabo estos son perdidas para ellos. No todas las personas son responsables y se quedan luego más rato por el tiempo de menos que trabajaron. Aunque son los menos, crean mal ejemplo que se puede pegar a sus compañeros responsables.

Así que cada uno de vosotros tenéis que hacer lo adecuado y amoldaros a lo que hay, adaptándoos como es lógico. Fumadores y no fumadores debemos convivir y tenemos que ser flexibles, sin molestar a la otra parte y respetando su derecho cumpliendo la normativa.

Fuente: www.ellibrepensador.com





La mayor parte de los fumadores son dependientes de la nicotina o, en un sentido más amplio, de la labor de tabaco que consumen. Por ello, cualquier intento de cesación del tabaquismo requiere fundamentalmente un abordaje de éste como una adicción.




Cada calada produce un efecto cerebral discernible --que puede ser asociado-- unos 10 segundos después. A 10 caladas por cigarrillo, un fumador de un paquete diario tiene la posibilidad de reforzar su hábito en unas 70.000 veces al año. El momento, lugar, situación, circunstancias y condiciones de preparación pueden quedar así íntimamente asociados con los efectos de la nicotina. Cada fumador tiene su propia historia y los efectos psicoactivos de la nicotina pueden ser utilizados con diversos fines: afrontamiento de situaciones de estrés o incertidumbre, como recurso para engañar el hambre, como herramienta para relacionarse con otras personas, para buscar concentración en el trabajo, para aliviar el malestar de los síntomas de deprivación, etc. Conocer qué aporta el tabaco a cada fumador es una de las claves de la prevención de recaídas y, por tanto, una herramienta básica para realizar un tratamiento adecuado; si no se hace (lo cual frecuentemente puede ocurrir cuando se abandona el tabaco por sí mismo), casi siempre se está en una situación más vulnerable, en la que el riesgo de recaída es mucho más elevado.

La nicotina se encuentra entre las sustancias más adictivas conocidas. Esto viene refrendado por los siguientes hechos:

a) presenta alta adictividad en los modelos animales de administración;
b) quienes buscan tratamiento por su adicción a la heroína, cocaína o al alcohol afirman que dejar de fumar les resulta al menos tan difícil como abandonar su droga problema;
c) tras levantarse, uno de cada 6 fumadores enciende su primer cigarrillo antes de que transcurran 5 min, y la mitad antes de la media hora;
d) un 50% de los fumadores nunca ha permanecido 7 o más días sin fumar en los últimos 5 años y un 30% no lo ha estado nunca;
e) los fumadores suelen mostrar patrones típicos de consumo;
f) pese a sus deseos e intentos por abandonar el tabaco, sólo la mitad de aquellos que han sido fumadores regulares se convierten en ex fumadores.

Muchos grandes fumadores se comportan --inconscientemente-- como si estuvieran intentando ajustar su concentración de nicotina dentro de límites relativamente estrechos. Cuando se les da cigarrillos con un elevado contenido de nicotina, ellos reducen el número fumado y alteran sus patrones habituales, alcanzando así concentraciones plasmáticas de nicotina sólo algo superiores a las que están acostumbrados. Lo contrario también se observa.

Propiedades reforzadoras de la nicotina

En la actualidad está fuera de discusión el potencial adictivo de la nicotina, sus propiedades reforzadoras. Éstas pueden ser debidas a:

-- Al igual que otras sustancias adictivas y la aplicación de estímulos novedosos y/o relevantes, la nicotina aumenta la concentración de dopamina extracelular en el núcleo accumbens. Aunque esta acción reforzadora primaria es debida a la estimulación de receptores nicotínicos, parte de la acción reforzadora puede deberse a una desensibilización de los receptores nicotínicos.

-- Los fumadores que reciben 1-2 mg de nicotina intravenosa (i.v.) definen los efectos como placenteros; en escalas ideadas para medir efectos euforizantes, la nicotina presenta puntuaciones elevadas, aunque no tanto como la morfina y la anfetamina, por ejemplo.

-- Fumar produce, en fumadores, un alivio inmediato de la sintomatología de abstinencia, sea ésta sutil o florida. Esto puede ejercer una notable influencia reforzadora, ya que libera de una situación desagradable (reforzamiento negativo). Si bien en bastantes personas este factor carece de importancia, en muchas otras puede tener una considerable importancia y los síntomas de abstinencia, algunos de los cuales duran bastante, pueden contribuir a la dificultad del abandono. La reversión de síntomas de abstinencia (especialmente detectables al levantarse por la mañana tras el período nocturno de deprivación) puede también contribuir a varios de los efectos positivos que los fumadores suelen atribuir al tabaco, como ayuda a despejarse y a concentrarse, a la relajación y a la mejora de la atención, sobre todo al realizar tareas repetitivas.

-- Otros efectos de la nicotina (o de algún otro compuesto del tabaco) pueden actuar como reforzadores: activación y facilitación de la memoria o de la atención, disminución de la irritabilidad o del estrés, modulación del estado anímico, así como su capacidad de alterar el apetito y suprimir el aumento de peso.

-- Además, la adicción de la nicotina depende de la cantidad y de la vía por la que se consuma. Como se ha descrito, la vía inhalatoria es la forma de administración de nicotina más adictiva. La alcalinización de los cigarrillos (p. ej., con amoniaco) facilita la biodisponibilidad de la nicotina --base débil-- haciéndola más adictiva a igualdad de dosis.

-- Por otro lado, un estado de ánimo deprimido (trastorno distímico o afectivo) se asocia con la presencia de dependencia a la nicotina. La depresión aumenta significativamente durante la abstinencia de nicotina y es citada como una de las razones para las recaídas

¿Es la nicotina más adictiva que la heroína o la cocaína?

Quienes buscan tratamiento por su adicción a la heroína, la cocaína o al alcohol afirman que dejar de fumar les resulta al menos tan difícil como abandonar su droga problema. ¿Significa esto que la nicotina es más adictiva que la heroína o la cocaína? No exactamente.

En modelos animales se ve que la nicotina es muy adictiva, pero no más que la cocaína o la heroína. La percepción de la dificultad del abandono del tabaco probablemente sea debida a:

-- Un peor balance costes-beneficios. Aunque la dificultad fuera la misma para abandonar una adicción, quienes se ven obligados a dejar la heroína o el alcohol, perciben unos beneficios en su mejora de calidad de vida, que rara vez obtienen cuando intentan dejar el tabaco; por ello, a menores beneficios, un mismo esfuerzo (o un esfuerzo incluso menor) se hace más costoso.

-- Al condicionamiento universal del craving. En otras adicciones los estímulos asociados al consumo no suelen ser omnipresentes; suele ser necesario cambiar algunas circunstancias o estilos de vida, pero no siempre todo; en el caso del tabaco prácticamente todas las circunstancias de la vida de un fumador están condicionadas al consumo (el trabajo, el descanso, la diversión, las relaciones..., lo siguen haciendo los amigos o familiares, se ve en la calle, en las películas, en los bares...). Esto hace que el decondicionamiento de los estímulos pueda percibirse --y ser-- como más costoso.

-- En tabaco raramente se toca fondo. Los fumadores suelen intentar dejarlo por motivos más o menos racionales, por mayores o menores presiones, pero pocas veces lo hacen por «haber tocado fondo». Esto hace que la motivación para perseverar en el intento sea menor o que pueda disminuir más fácilmente ante las dificultades.

Consecuentemente, aunque la nicotina es altamente adictiva --y probablemente lo sea tanto como otras sustancias-- no es exacto decir que la nicotina es más adictiva que la heroína o la cocaína.



Importante no olvidar:

Considerar el tabaquismo como una adicción implica ser consciente de que es un proceso crónico del que forman parte las recaídas. También implica valorar la importancia que tienen los diversos estímulos --internos y externos-- que a lo largo de los años han ido asociándose al consumo, así como reconocer el posible valor adaptativo que para cada fumador tiene su conducta y de qué herramientas dispone para conseguir el cambio de conducta.

Gran parte de los fracasos en cesación del tabaquismo, más que de un uso inadecuado de la medicación, derivan de la falta de profundización práctica en el componente adictivo del tabaquismo.


Fuente: elsevier.es





La nicotina en edades tempranas puede tener consecuencias neurobiológicas.





Los adolescentes que fuman podrían estar trazando su camino hacia una depresión en la etapa adulta de su vida, según un estudio de la Florida State University y dirigido por el profesor de Psicología Carlos Bolaños, que determina que la nicotina en los adolescentes induce a un estado parecido a la depresión caracterizado por una carencia de placer y aumento de la sensibilidad en el futuro. Se trata de un descubrimiento "único" ya que es el primer informe que se realiza que demuestra "que el consumo de nicotina en edades tempranas puede tener consecuencias neurobiológicas a largo plazo, como, por ejemplo, desórdenes de humor" dijo Bolaños.

Los investigadores llegaron a esta conclusión tras inyectar nicotina a un grupo de ratas adolescentes dos veces al día, mientras que a otro grupo le administraron la misma dosis de salina, ambos durante 15 días. Después de este período de tratamiento se sometió a los animales a varios experimentos diseñados para averiguar cómo reaccionarían a situaciones agotadoras y como responderían tras ofrecerles una recompensas. De este modo, los expertos encontraron cambios conductuales sintomáticos de depresión, cuando había pasado una semana desde el cese de nicotina y lo más sorprendente es que con aunque la exposición a la nicotina durante la adolescencia sea de un día, ésto ya puede tener efectos duraderos.

"Algunos animales de nuestro estudio fueron expuestos a la nicotina una sola vez" dijo Bolaños en un artículo publicado en 'Neuropsychopharmacology" y recogido por otr/press, en el que también añadió que para su equipo "fue sorprendente descubrir que un día solo de exposición de nicotina potencialmente podría tener tales consecuencias negativas a largo plazo". Así, las ratas que fueron expuestas a la nicotina desarrollaron comportamientos sintomáticos de depresión y la ansiedad. Los investigadores fueron capaces de aliviar los síntomas de las ratas con medicamentos antidepresivos o, irónicamente, más nicotina. De modo interesante, los roedores adultos que fueron expuestos al mismo régimen de nicotina que los adolescentes no mostraron rasgos parecidos a una depresión. Todavía se desconocen los motivos concretos de este comportamiento y cuáles son las consecuencias cerebrales del consumo de tabaco, pero, según estacan los científicos, la exposición a la nicotina tiene efectos tóxicos en varias regiones cerebrales y sistemas de neurotransmisiones en los distintos períodos de desarrollo.

Las conclusiones del estudio subrayan la necesidad de una investigación más profunda para hallar el por qué ocurre ésto. Los expertos conocían desde hace tiempo que hay una conexión entre fumar y los desórdenes de humor, pero ellos no habían sido capaces de asegurar que uno causa era consecuencia del otro, hasta ahora, porque hay muchos otros factores que influyen en el comportamiento humano.

"El mensaje a la gente joven desde luego es que no fumen y hasta que ni lo intenten" apuntó Bolaños. "Si ellos deciden comenzar a fumar, deberán ser conscientes de los efectos que tiene a largo plazo y que el fumador de un cigarrillo, incluso consumido de manera ocasional, puede tener efectos sobre su sistema cerebral", dijo.




Fuente: ecodiario.eleconomista.es



Los beneficios que obtiene la industria tabaquera son muy superiores a los esfuerzos que realiza por adquirir nuevos clientes. Cada persona que adquiere la conducta de fumar le reporta a la industria, el beneficio correspondiente a 20-30 años como consumidora habitual del producto.




Según el Banco Mundial, de 80 a 100.000 jóvenes en el mundo se hacen adictos al tabaco cada día. En los países industrializados se estima que esta cifra es de 14 a 15.000. Con ello la industria trata de reemplazar la merma que les supone tanto las defunciones producidas por el tabaco, como los abandonos.

• La conducta de fumar se adquiere durante un largo proceso de aprendizaje que comienza prácticamente desde el nacimiento. En los primeros años, cuando se está produciendo el proceso de socialización primaria y, fundamentalmente, por la observación de modelos adultos fumadores, sobre todo padres y educadores, el niño o niña va adquiriendo la información necesaria para poder llevar a cabo en un futuro este comportamiento, a la vez que adquiere las actitudes y creencias positivas que esos adultos tienen respecto al tabaco. Las probabilidades de que un o una adolescente se haga fumador se incrementan, e incluso se duplican si sus progenitores fuman, y concretamente, en el caso de las adolescentes, esta vulnerabilidad está relacionada fundamentalmente con el consumo de tabaco de la madre. Es la fase de preparación.

• Más tarde se llega a la fase de inicio en la que a la observación de modelos adultos se añade la curiosidad que el o la adolescente siente por experimentar los efectos físicos provocados por el cigarrillo. Esta etapa es crucial en el desarrollo del hábito ya que se estima que entre el 33 y 50% de los o las jóvenes que llegan a esta fase se hacen fumadores regulares en un promedio de 2.3 años. Los o las jóvenes buscan a través de esta conducta típicamente «adulta» la reafirmación de su personalidad y su aceptación dentro del grupo de iguales, aunque parece que las chicas son menos sensibles a la presión directa ejercida por el grupo, que los chicos. El hecho de que el mejor amigo o amiga sea fumador es una importante disposición para que el o la adolescente se iniciará en el consumo de tabaco. En esta fase parece que las chicas utilizan el tabaco para hacer frente a los problemas propios de la adolescencia. La baja autoestima en las adolescentes más jóvenes y la alta autoestima en las más mayores se han asociado con un mayor consumo de tabaco. Esta fase se ve favorecida por la intervención de numerosos factores del entorno entre los que destacan la publicidad y la accesibilidad del producto. Aunque la industria tabaquera lo niegue, su publicidad está fundamentalmente dirigida a los más jóvenes, es decir, a reclutar nuevos clientes y no a que las personas fumadoras adultas cambien de marca.

El tipo de mensajes utilizados (riesgo, aventura, libertad, trasgresión social, pertenencia a grupo, solidaridad, emancipación, evasión...) y los modelos (guapos, atractivos, sensuales, saludables, esbeltos, actuales, jóvenes…) presentan características y valores ansiados y compartidos por los o las adolescentes.




La industria tabaquera promueve la incorporación de las mujeres al consumo de tabaco utilizando diversas estrategias:

* Promesas de sofisticación y encanto, llegando a difundir la idea de que fumar no es solo una conducta apropiada sino deseable para las mujeres.
* Utiliza las revistas femeninas como canal importante para hacer llegar su publicidad a las mujeres, haciendo partícipe la propia credibilidad de la revista al producto tabáquico.
* La publicidad asocia el tabaco con valores atractivos para las mujeres tales como sofisticación, diversión, romanticismo, atractivo sexual, rendimiento deportivo, sociabilidad, juventud, emancipación, feminidad, rebeldía, aventura, esbeltez... Durante la adolescencia, la preocupación por la imagen corporal y el control del peso es una de las consideraciones que favorece el inicio al consumo de tabaco. De hecho más chicas que chicos tienen la percepción de sobrepeso y de que el tabaco las ayuda a estar más delgadas.
* Lanzando al mercado marcas de cigarrillos exclusivamente femeninas. (Capri, Vogue, Virginia Slims…).
* Promoviendo productos light de marcas de gran venta, convirtiéndose esta estrategia en más exitosa que las marcas de cigarrillos exclusivas para mujeres cuya cuota de mercado ha permanecido limitada. En la Unión Europea el 49,6% de las mujeres, frente al 28,9% de los varones consumían cigarrillos «light», situación que aumenta con la edad pero no con la educación. Esto se debe fundamentalmente a que las mujeres, más preocupadas en general por su estado de salud, utilizan este tipo de cigarrillos como «más seguros».

Otro de los medios que las tabaqueras utilizan para la promoción de sus productos es la industria cinematográfica. Podemos observar cómo en las películas de mayor éxito fuman con asiduidad el 80% de los personajes masculinos y el 37% de los femeninos. Llama la atención cómo en las series televisivas desarrolladas en ambientes juveniles también fuman sus personajes, haciendo que se produzca un ambiente socialmente favorable al consumo y, sobre todo, disminuyendo la credibilidad de los consejos educacionales. Todo está perfectamente estudiado: quién debe fumar, cómo debe hacerlo y en qué momento.

Cuando la legislación es lo suficientemente restrictiva, la industria utiliza otras formas de publicidad indirecta como la promoción de viajes, prendas de vestir, complementos..., donde aparecen la marca o el logotipo de marcas conocidas. Se ha comprobado cómo los jóvenes que utilizan estos artículos (camisetas, pantalones, bolsos, mochilas, relojes, gorros...), tienen el doble de posibilidades de convertirse en fumadores. En ocasiones, la estrategia utilizada es el regalo de estos productos: sólo hay que hacer una cosa para conseguirlos ¡FUMAR y FUMAR!

Otras formas de promoción de gran éxito entre la población juvenil es el apadrinamiento de eventos musicales y deportivos. Al asociar a los deportistas que son ídolos de la juventud con una determinada marca de tabaco existen muchas posibilidades de que sus seguidores comiencen a fumar esa marca. Además los resultados económicos por este tipo de promoción son muy beneficiosos para la industria.

Otro de los factores más importantes de inicio al consumo del tabaco es la disponibilidad y la accesibilidad al producto. El tabaco es la droga más accesible para cualquier ciudadano, ya sea una persona adulta, joven o adolescente, tanto en lo que se refiere a la facilidad de adquisición como de consumo.

• La tercera es la fase de habituación o afianzamiento que frecuentemente se sitúa entre los 14 y los 18 años y, en la misma se adquieren los patrones o ritmos de consumo de tabaco. Durante esta etapa se va desarrollando el fenómeno de la tolerancia, es decir, el o la joven va a consumir cada vez mayor cantidad de cigarrillos, lo que le va a conducir a su vez a que se establezca una dependencia física de la nicotina. Pero además desde el punto de vista psicológico y social, las sensaciones agradables que se derivan del consumo se van a asociar cada vez a mayor número de circunstancias. En definitiva, el consumo de tabaco va a convertirse en una conducta cada vez más generalizada y desencadenada por un número creciente de estímulos discriminativos.

• Por último, se llega a la fase de mantenimiento, durante la que se consolidan los niveles de adicción de la nicotina. El fumador se ve obligado a mantener estables estos niveles mediante el consumo más o menos frecuente de labores de tabaco: es un fumador regular; y si se ve obligado a no fumar en períodos lo suficientemente largos se desencadena el síndrome de abstinencia. En el caso de las mujeres el efecto que la nicotina tiene sobre el control del peso y el apetito, y la reducción de los estados de ánimo negativos son importantísimos en el mantenimiento de la adicción. Si además la mujer pertenece a un nivel socioeconómico desfavorecido, el mantenimiento en el consumo de tabaco está casi garantizado, ya que el tabaco se convierte para ellas en un bien de primera necesidad que les ayuda a superar la rutina y a afrontar el sobreesfuerzo que en muchas ocasiones tiene que realizar con el trabajo externo y familiar.

Fuente: cnpt.es



Para empezar a fumar, todos podemos argumentar muchas razones o motivos aparentemente válidos, pero la verdad es que es una trampa que nos montamos.
Excusas o argumentos no nos suelen faltar nunca, para justificar cualquier cosa por más absurda que sea.



Al iniciar un artículo sobre las razones por las que se fuma no puedo abstraerme a la evidencia de que existen tantas como personas fumadoras. Tal como asegura un antiguo principio naturista "No existen las enfermedades, solo los enfermos", o lo que es lo mismo, "La enfermedad no depende solo de las causas sino del que las sufre". Esto acota muchísimo la respuesta de los motivos o razones del por qué fumar y me obliga a centrarme en la causa-raíz de la que, sin duda parten montones de diferentes conexiones, una por cada individuo. La realidad es tan compleja, que al día de hoy, y a pesar de la insistente prohibición no se ha logrado ni mucho menos convencer a la mayoría para que dejen de fumar. Preguntados sobre sus motivaciones o razones, todos hablan de su propia libertad.

El motivo para fumar ha ido cambiando con el tiempo

Pero no siempre fumar estuvo mal visto. En tiempos lejanos era un acto minoritario, a veces necesario y en otros casos esos motivos o razones estaban relacionadas con lo sagrado. Recordando solo unos pocos ejemplos podemos hablar de los indios del lejano oeste y su famosa pipa de la paz, o de los chamanes americanos fumadores de plantas alucinógenas que les proporcionaban viajes al mundo de los espíritus y también, ciertas culturas primitivas donde solo las mujeres que llevaban el peso del hogar fumaban o masticaban hoja de tabaco como remedio fortalecedor. Después, en el correr de los años fumar se convirtió en un entretenimiento banal y perdió la categoría que ostentaba. De ahí al consumo actual solo pasaron algunos siglos y hoy en día es una realidad para millones de adictos que sin distinción de edad, sexo, salud o condición, y por supuesto, de tribu, se enfrentan cotidianamente a un pequeño dictador/libertario llamado cigarrillo.

En descargo de los fumadores diré que la publicidad fue por mucho tiempo engañosamente generosa; extendiendo la idea de que con un cigarrillo entre los dedos, ellos eran más varoniles, más rebeldes, más valientes y se comunicaban mejor mientras que ellas, eran muchísimo más modernas. Todo eran motivos y razones para fumar.

Fumar y el anhelo por respirar.

No está de más recordar en este punto que el hábito de fumar está íntimamente relacionado con los pulmones y la mecánica de inhalar y exhalar, que nos obliga a compartir con los demás el aire que respiramos, en un acto del que no podemos huir a menos que decidamos morir. La respiración es por tanto el primer anhelo del ser vivo, la primera comunicación obligada, el primer intercambio con el mundo exterior, la primera licencia o libertad que se toma el recién nacido tras la agonía del canal de parto, respirar. Cabe señalar que estos aspectos son a la vez absolutamente polares, inhalar y exhalar, acoger y expulsar, tomar y dar, en realidad compartir con los demás algo que llevamos dentro. "Contacto, comunicación y libertad ", he aquí lo que vendían los publicistas. La respiración impide que el ser humano se cierre del todo, que se aísle, que haga impenetrable las fronteras de su "yo", bien al contrario, le deja salir y buscar, le da la oportunidad de experimentar la vida que el va creando a cada paso.

En el juego del tabaco se dan cita la salida y el encuentro de los que no se atreven a hacerlo solos, de los que no se ven capaces de buscar y encontrar (buscarse / encontrarse) y entonces se agarran "a un clavo ardiendo". ¡El tabaco mata! reza en el reverso de las cajetillas. Buscad y encontrareis, dice el Evangelio. Pero el que se asusta con las pruebas y peligros que la vida le impone, se desvía de su propio camino y cae en la adicción, aunque esta mate.

Fumar está relacionado con la búsqueda del propio "centro"...

...Y la responsabilidad que supone encontrarlo. Así, respirar se carga literalmente nuestras fronteras y nos recuerda que, o nos arriesgamos o nos aislamos. El fumador que tras algunos pitillos queda envuelto en su propio humo y ahoga su respiración, escenifica su propio aislamiento. El cigarrillo es el sucedáneo de su auténtica libertad y su auténtica comunicación. Fuma con la intención de encontrarse a sí mismo, seguro y centrado, hasta que el humo del tabaco no le deja ver los verdaderos objetivos de su propio viaje interior. No existen pues razones ni motivaciones realmente válidas para fumar.


Fumar ¿hay razones o motivos válidos?



Fuente: Lola Sánchez
Maestra Reiki y Profesional Acreditada de EMF Balancing Technique




Para un día de San Valentín sin malos humos
* La tercera parte de los exfumadores considera que abandonar el tabaco fue una de las acciones más difíciles de su vida.
* 20 cigarrillos incrementan un 60% el riesgo de padecer disfunción eréctil en el hombre y disminuye la excitabilidad en la mujer.



Llega el día de San Valentín y las parejas aparcan por un momento el estrés rutinario del trabajo, la hipoteca o los niños, para dedicarse a un día de romanticismo y demostrar a la pareja cuánto se la quiere. Pero en muchos casos, cuando la pareja es fumadora, ese momento idílico se difumina entre el humo del tabaco. Ayudarle a dejar de fumar puede ser el mejor regalo de San Valentín.

Abandonar el tabaco supone un gran esfuerzo en la mayoría de las ocasiones. Superar la dependencia a la nicotina conlleva implicaciones físicas, psicológicas y sociales. Una tercera parte de los exfumadores la considera una de las acciones más difíciles de su vida . Por eso la pareja juega un papel muy importante en esta decisión, convirtiéndose en el apoyo y la motivación más importante para dejar de fumar, que junto con la ayuda de un médico y un tratamiento médico adecuado pueden incrementar el éxito de dejar de fumar en un 44%.



Más amor y menos humo en el Día de San Valentín

Fumar es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, provoca cáncer, envejecimiento de la piel y muchas otras patologías derivadas. Además, esta adicción aumenta las probabilidades de disfunciones sexuales en el hombre y en la mujer, hasta el punto de que veinte cigarrillos diarios son suficientes, por ejemplo, para incrementar hasta un 60% el riesgo de padecer disfunción eréctil. En las mujeres el tabaquismo reduce la excitabilidad, dificulta la lubricación vaginal y retarda el orgasmo.

“La diferencia entre ambos sexos es que la mujer valora más sus sensaciones subjetivas y no concede tanta importancia a su respuesta fisiológica. Además, como es menos evidente por su situación anatómica, la respuesta sexual puede verse afectada sin que la mujer sea demasiado consciente de ello”, indica el doctor Facund Fora, del Centro Médico Teknon de Barcelona. “Según un estudio de la British Medical Association, las posibilidades de embarazo se reducen hasta en un 40% en las mujeres fumadoras y, por si fuera poco, el riesgo de trombosis venosa si se consume tabaco y se toman anticonceptivos simultáneamente es mayor”, añade.

Pero el tabaquismo afecta también a numerosos aspectos de la salud de forma global a ambos miembros de la pareja como, por ejemplo, limitando la capacidad respiratoria y empeorando la tolerancia al esfuerzo. Abandonar el tabaco sólo aporta ventajas. “Dejar de fumar implica superar el síndrome de abstinencia y la sensación de duelo que aparece al no utilizar el cigarrillo frente a determinadas emociones negativas o positivas o relaciones sociales”, establece el doctor Eugeni Bruguera, Jefe de la Unidad de Conductas Adictivas del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Vall d´Hebron. “Desde el punto de vista sexual, que la pareja deje de fumar es un beneficio para los dos”.

Además, resulta evidente el rechazo que induce el mantener relaciones sexuales con un fumador, simplemente por el mal aliento que provoca el tabaco. “Más allá de la halitosis y la sequedad de la piel, la ansiedad de algunas personas fumadoras por encender un cigarrillo tras las relaciones sexuales, una imagen recurrente en el cine, puede delatar una personalidad ansiosa, además de convertir en fumadora pasiva a la pareja que está a su lado”, concluye el doctor Fora.


El mejor regalo de San Valentín: Ayudar a tu pareja a dejar de fumar



El perfecto regalo de San Valentín: salud

Los beneficios de dejar de fumar no son solo físicos, sino que el bolsillo también lo nota. Con los 2,65 € de media que cuesta una cajetilla de tabaco, la persona que fuma una cajetilla diaria tiene ahorrados en tan solo un mes hasta 80 € para el perfecto regalo de San Valentín.

Sin embargo, el mejor regalo para la pareja es el apoyo. El 95% de los fumadores que intenta dejarlo sin ayuda fracasa, mientras que cuando existe la ayuda psicológica-conductual de un profesional sanitario y una medicación efectiva, la tasa de éxitos llega hasta el 44%. “La pareja juega un papel muy importante en la vida de una persona y puede llegar a motivarle y convencerle de que tiene que dejarlo y acudir al médico”, añade el doctor Bruguera. Pero también puede ser al revés. “El mejor regalo para tu pareja puede ser dejar de fumar ya que siendo fumador pasivo, también se está en riesgo”, concluye.

Según el doctor Bruguera “los tratamientos farmacológicos existentes para el tabaquismo no parecen tener un efecto relevante sobre la vida sexual. Ninguna de las 3 alternativas de primera línea, entre ellos vareniclina diseñado específicamente para dejar de fumar, provoca la aparición de efectos adversos en la vida sexual de los fumadores”.

En 48 horas sin fumar la nicotina desaparece del cuerpo y aumentan los sentidos del gusto y el olfato. En semanas mejora la elasticidad de la piel, que recobra su brillo natural y, en un año, el riesgo cardiovascular se disminuye en un 50%.


"Ayudar a tu pareja en su cesación tabáquica es fácil; define con ella las principales razones para dejarlo, descubre por qué fuma y cuáles son las ocasiones en las que más te necesita y procúrale planes alternativos que la mantengan alejado de la tentación. Y a disfrutar del amor sin humos".


Fuente: www.acceso.com





Que el tabaco mata, es bien sabido por todos. Pero las consecuencias del tabaquismo no sólo se traducen en una elevada mortalidad por cáncer de pulmón o enfermedad cardiovascular. El consumo de cigarrillos también tiene consecuencias estéticas y dermatológicas devastadoras. De ahí que la frase ‘El tabaco le hace a usted viejo y feo’, pueda convertirse en el mejor reclamo para que los jóvenes, cuya preocupación por el aspecto físico va en aumento, digan no al tabaco.



La piel es un fiel reflejo de nuestro estado de salud. Por ello no resulta muy difícil distinguir a los fumadores de los no fumadores por la calidad de su cutis. Más de 60 sustancias nocivas procedentes de los cigarrillos contribuyen a crear lo que se denomina ‘cara del fumador’, una serie de características que muestran el deterioro que el tabaco provoca en la piel: “arrugas profundas, aspecto demacrado, huesos prominentes, piel grisácea, dientes amarillos”, explica la dermatóloga Ana López Barri, presidenta de la Asociación Española de Mesoterapia.

Pero esto no es todo, el consumo de tabaco también favorece la aparición del paladar o lengua del fumador, provocados por los alquitranes y el calor de la combustión, así como el desarrollo de cáncer de boca o labio. “El 80 por ciento de las personas que sufren cáncer de labio son fumadoras”, apunta López Barri.

La aparición de estos signos está directamente relacionada con el número de cigarrillos consumidos. Así, cuanto más se fuma más empeora el estado de la piel.

Entre las sustancias más dañinas se encuentra la nicotina, que además de favorecer la adicción al tabaco tiene un efecto vasoconstrictor al elevar los niveles de vasopresina, una hormona que estimula la contracción de las fibras musculares. Como consecuencia, los vasos se contraen, aumenta la presión sanguínea y empeora la cicatrización de las heridas. “Debido a este efecto vasoconstrictor los especialistas recomiendan dejar de fumar un mes antes y un mes después de una intervención quirúrgica”, señala López Barri.

El tabaco también provoca la hidroxilación de un esteroide estrógeno llamado estradiol. “Esto se traduce en una disminución de estrógenos, lo que favorece la sequedad y atrofia cutánea en las mujeres. A su vez, la reducción de estrógenos provoca un ligero aumento de andrógenos y puede aparecer más vello”.

Asimismo, el tabaco disminuye la aportación de oxígeno a los tejidos y la absorción de vitamina A, altera el colágeno y la elastina, favorece la atrofia dérmica y la agregación plaquetaria.


El rostro del fumador

Daño reversible

Afortunadamente, y a diferencia de lo que ocurre con el daño provocado por los rayos ultravioleta, la mayor parte de los efectos del tabaco en la piel son reversibles. Para ello es imprescindible dejar de fumar definitivamente y emprender un tratamiento sintomático. “Para recuperar la piel se emplean cremas con estrógenos y con ácidos retinoico y glicólico, que aceleran la descamación de la piel, y se realizan peelings, con los que se consigue eliminar las células muertas y acelerar la regeneración de la piel. También es conveniente el consumo de suplementos que ayudan a combatir los radicales libres, como las vitaminas A y E, zinc y selenio”.

Estos tratamientos van acompañados de otras recomendaciones, como evitar las exposiciones solares o el consumo de alcohol. Aunque la mejoría empieza a notarse casi de inmediato, “la piel no se recupera del todo hasta pasados tres o cuatro años después de dejar de fumar”, concluye López Barri.

Fuente: www.dmedicina.com





ENTREVISTA A RICHARD HURT


Me sorprende que los directivos de las tabaqueras puedan mirarse al espejo


* Hurt dirige el Centro de Dependencia a la Nicotina de la Clínica Mayo (EEUU)
* Su aportación fue crucial para que las tabaqueras hicieran públicos sus documentos



Su labor fue fundamental para propiciar que, en 1998, distintas compañías tabaqueras aceptaran hacer públicos 50 millones de páginas de sus documentos internos. Conoce a la perfección las palabras, los giros, las intenciones... de los fabricantes de tabaco ya que gran parte de los textos liberados gracias al 'Master Settlement Agreement' han pasado por sus retinas.

Richard Hurt lleva tres décadas analizando los distintos elementos que confluyen en la adicción al pitillo y se muestra especialmente interesado en las estrategias que siguen los fabricantes para impedir que se prohíba el consumo de cigarrillos en los lugares públicos. "A pesar de que el cirujano general, la máxima autoridad sanitaria de EEUU, ha afirmado que el humo del tabaco mata, las tabaqueras siguen luchando contra ello", señala.

Actualmente, Hurt dirige el Centro de Dependencia a la Nicotina de la Clínica Mayo (EEUU) que, desde sus inicios en 1988, ha tratado a cerca de 33.000 pacientes. Es un punto de referencia, ya no sólo como conocedor de los pasos dados por las tabaqueras sino también como especialista en los distintos tratamientos antitabaco. A su paso por España, elmundo.es ha podido charlar sobre los distintos pilares en los que se sustenta el tabaquismo en todo el mundo.


Después de tantos años, ¿le sigue sorprendiendo lo que lee en los documentos internos de las tabaqueras?

Richard Hurt: Ya no me impresiona casi nada... Lo que todavía me sigue sorprendiendo es cómo los directivos de las tabaqueras pueden mirarse al espejo cada mañana, cuando van a afeitarse, y no cortarse el cuello. Su producto, si se usa como ellos recomiendan, mata a la mitad de sus clientes. Y como necesitan nuevos clientes intentan llegar a los menores de 18 años.


Y a los países en vías de desarrollo...

R.H.: Bueno, eso es aún peor porque los países en desarrollo son los que menos pueden costear la epidemia que se les viene encima. Necesitan invertir el dinero en agua potable y necesidades básicas, las cosas que nosotros damos por sentadas.


¿Podremos parar este impacto?

R.H.: Mi esperanza es que el resto del mundo aprenda de nuestra experiencia, en las naciones desarrolladas, para poder ralentizar el proceso y detenerlo más rápido. Ahora sabemos más que nunca. Creo que los planetas se están alineando y el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaquismo es crítico. Además, gracias a la liberalización de los documentos internos de la industria sabemos lo que han hecho, con sus propias palabras. Esperamos progresar más en los próximos diez años que lo que hemos logrado en los últimos 50.


¿Sería un paso importante que la FDA [agencia estadounidense del medicamento] regulase el tabaco?

R.H.: El tabaco no ha sido regulado en EEUU porque el Congreso nunca ha dado su aprobación. Es algo irracional. Todos los productos del tabaco aportan nicotina, que es una droga, y otras 4.000 sustancias tóxicas, y matan a la mitad de los que los usan. La FDA debería tener la autoridad de regular el tabaco pero no con las condiciones que pretenden Philip Morris y otras tabaqueras.


¿Se refiere a los cigarrillos supuestamente 'más seguros'?

R.H.: Philip Morris ha invertido 350 millones de dólares en una fábrica para producir un cigarrillo 'más seguro' que cuente con la aprobación de la FDA, pero nunca se conseguirá un pitillo completamente seguro. El problema es que tenemos el mejor Congreso que puede influirse y comprarse con dinero. A pesar de las peticiones del cirujano general, la máxima autoridad sanitaria, no se ha aprobado ninguna legislación útil en los últimos 20 años.


¿Cree que con la nueva ley del tabaco las tabaqueras han ganado la guerra en España?

R.H.: Han ganado la primera batalla pero es un proceso que lleva tiempo en realizarse. La guerra en España acaba de comenzar. Con el tiempo el pueblo español exigirá que se les proteja del humo secundario del tabaco. Las dos cosas que más odian las tabaqueras son los lugares de trabajo libres de humo y los impuestos que incrementan el precio del tabaco. Ambas son las dos políticas de salud pública más importantes para luchar contra las tabaqueras y el tabaquismo.


Sobre las ayudas con las que cuentan los fumadores para abandonar el hábito, ¿qué es lo más nuevo?

R.H.: La vareniclina. Es el primero de una nueva clase de fármacos, diseñado específicamente para dejar de fumar y actúa en el receptor cerebral de la nicotina. Cuando una persona fuma, la nicotina del cigarrillo ya no se puede ligar al citado receptor porque éste ya se ha unido al fármaco y, por tanto, no hay sensación de recompensa. Es lo que se conoce como efecto antagonista o un efecto bloqueante.


¿Bupropion o vareniclina? ¿Qué es más eficaz?

R.H.: En los ensayos clínicos, vareniclina parece ser más eficaz que bupropion y placebo. No obstante, los dos fármacos han demostrado su utilidad y son buenas alternativas. El antidepresivo bupropion también actúa en ese receptor de la nicotina, pero de manera indirecta.


Con estos fármacos, ¿el fumador no necesita ni chicles ni parches de nicotina?

R.H.: Hasta el momento, ningún estudio ha demostrado que combinar la Terapia Sustitutiva de la Nicotina (TSN) con la vareniclina aumente la eficacia. La mayoría de los que toman el fármaco no necesita TSN. Nosotros, en nuestra práctica diaria en la Clínica Mayo, hemos visto que los sustitutivos de la nicotina pueden ayudar a corto plazo a las personas con deseo de fumar. En ese caso, es mejor incluirlos que incrementar la dosis de vareniclina.


¿El futuro del control del tabaquismo está en las vacunas?

R.H.: La vacuna sigue siendo algo muy experimental. Se están probando tres tipos diferentes pero tardaremos algunos años en saber si funcionan. En principio, la vacuna provoca que el cuerpo produzca anticuerpos que atrapan la nicotina y la mantienen en el flujo sanguíneo, impidiendo que llegue al cerebro. Con esto, disminuye la posibilidad de dependencia y no se obtiene sensación de recompensa al fumar. No da inmunidad para toda la vida, simplemente hace de bloqueante durante unos meses.


¿Alguna otra terapia prometedora?

R.H.: Otro de los tratamientos que se está probando es el rimonabant, un inhibidor de los receptores cannabinoides del cerebro. Actualmente se comercializa para la pérdida de peso pero un estudio mostró que, además, ayuda a dejar el tabaco. Este uso no está aprobado todavía pero una futura opción podría ser combinar el rimonabant con la vareniclina para propiciar el cese del hábito e impedir la ganancia de peso. Quizás estos fármacos sean el tratamiento del futuro, más que las vacunas.


Fuente: www.elmundo.es




LOS FUMADORES, ENTRE EL ATRACO Y LA ESTAFA


Pensaba dejar los cigarrillos el próximo febrero, dando por suficientes 40 y muchos años de gran fumador, pero el recrudecimiento de la cruzada antitabaco justifica un ejercicio de solidaridad con quienes siguen fumando, y aspiran a ser respetados.

En efecto, los reglamentos no mandan que las tiendas de alpinismo estampen en sus artículos esquelas sobre peligros de la escalada; ni imponen a la manteca y la mantequilla esquelas parejas sobre los riesgos del colesterol. Ni siquiera los concesionarios de motos y coches deportivos deben incorporar algo análogo sobre accidentes de tráfico. Vendedores y bebedores de alcohol, quizá por respeto al vino de la misa, no son molestados. Quienes usan compulsivamente pastillas de botica resultan pacientes decorosos, y quienes toman drogas ilícitas son inocentes víctimas, redimibles con tratamiento. El tabacómano y el simple usuario ocasional de tabaco, en cambio, son una especie de leprosos desobedientes, que pueden curarse con sanciones y publicidad truculenta.

Es indiscutible que el humo molesta, y que debe haber amplias zonas para no fumadores. Sólo se discute qué tamaño tendrán en cada sitio (edificios, barcos, aviones) las zonas para fumadores. Cuando algo que usa un tercio de la población recibe una centésima o milésima parte del espacio -o simplemente ninguna- oprimimos a gran número de adultos, capacitados todos ellos para exigir que las leyes no reincidan en defenderles de sí mismos. Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789, al reconocerse los Derechos del Hombre y del Ciudadano, gracias a lo cual en vez de súbditos-párvulos empezamos a ser tratados como mayores de edad autónomos. Y es llamativo que en un momento tan sensible al respeto por muy distintas minorías cunda un desprecio tan olímpico hacia la única minoría que se acerca a una mayoría del censo. Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.

Con todo, la sustancia del atropello no cambia al sustituir sotanas negras por batas blancas. Si atendemos al asunto concreto, vemos enseguida que la fanfarria terapeutista disimula y deforma sus términos. En primer lugar, la nicotina estimula, seda y previene algunas enfermedades; los agentes propiamente nocivos son alquitranes derivados de asimilarla por combustión. El gendarme terapéutico ¿se ocupa acaso de promover alternativas al alquitrán? Las primeras patentes de cajetillas con una pila que calienta el tabaco a unos cien grados, hasta liberar la nicotina sin producir alquitranes, tienen más de 20 años. Esos revolucionarios inventos para inhalar selectivamente han ido siendo comprados por las grandes tabaqueras, como es lógico; pero que Philip Morris o Winston se arriesguen a poner en marcha tanto cambio pide un cambio paralelo en la actitud oficial, hoy por hoy anclada al simplismo de satanizar la nicotina.

En segundo lugar, las incoherencias del terapeutismo coactivo brillan en el hecho de que sus desvelos por la salud del fumador no incluyen informar sobre o intervenir en qué fumamos, cuando el tabaco ronda una quinta parte del contenido de cada pitillo. El resto, llamado sopa, es una receta confidencial del fabricante, cuya discrecionalidad le permite novedades como añadir tenues filamentos de fósforo al papel, para que queme más deprisa. En tercer lugar, a este generalizado trágala se añaden promesas de doblar el ya exorbitante precio de las cajetillas, como si sumir en ruina al tabacómano le resultara salutífero.

Así, los deleites unidos a fumar -que son básicamente energía y paz de espíritu-, y los inconvenientes de dejar esa costumbre -que son desasosiego, y resucitar la codicia oral del lactante- pretenden solventarse con un cuadro de castigos: no saber qué fumamos, no tener alternativas a una inhalación de ilimitados alquitranes, padecer atracos al bolsillo, sufrir discriminación social, o comulgar con falsedades (como que estaremos a salvo de cáncer pulmonar, bronquitis, arteriosclerosis e infartos evitando el tabaco). Curiosamente, el cruzado farmacológico norteamericano, que está en el origen de esta iniciativa, se niega por sistema a reducir sus emisiones de gases tóxicos firmando Kioto, sin duda porque tragar humo de modo involuntario y no selectivo es tan admisible como inadmisible resulta tragarlo de modo voluntario y selectivo.

Ante tal suma de iniquidades, un grupo tan nutrido como el tabaquista debe reclamar los mismos derechos que cualquier minoría, empezando por regular él mismo sus propios asuntos. Actos de pacífica desobediencia civil en cada país, como encender todos los días varios millones de cigarrillos a cierta hora, parecen sencillos de organizar, y prometen tanta fiesta para los rebeldes como impotente consternación en el gendarme higienista.

Moliére lo comenta ya en L'amour médecin: «el tabaco es droga de gente honrada, como el café». Reconozcamos también que en tiempos de Moliére no se había descubierto el cigarrillo, ni Hollywood había promocionado tan abrumadoramente su empleo. Doy por evidente que los ceniceros sucios despiden un olor asqueroso, que el tabacómano es una especie de manco, y que fumar muchos cigarrillos genera a la larga efectos secundarios funestos. No por ello resulta más arriesgado que conducir deprisa. Ni es más insensato que ignorar el cultivo del conocimiento, la práctica de la generosidad o prepararse cada uno para su venidera muerte. Lo arriesgado es que la ley saque los pies del tiesto, lanzándose a proteger a los ciudadanos de sí mismos, como si la sociedad civil pudiera administrarse a la manera de un parvulario.

Cuando nos atracan entregamos el botín a disgusto, conscientes de padecer una agresión. Cuando nos estafan lo damos a gusto, imaginando hacer un buen negocio. Pero es estafa, y no buen negocio, cargar con planes eugenésico-paternalistas que siempre aúnan despotismo con frivolidad. Dejar de fumar sólo cuesta tanto porque sus efectos primarios -anímicos y coreográficos- generan un placer sutil. Sin duda, haremos bien dejando de fumar compulsivamente, mientras eso no nos amargue el carácter y desemboque en efectos secundarios como obesidad, inquietud o sustitutos químicos para la sedación-estimulación que obteníamos encadenando cigarrillos. Como dijo Epicteto, "nada hay bueno ni malo salvo la voluntad humana", y si lo olvidamos todo el horizonte se torna banal, no menos que proclive a confundir opresión con protección, estafa con benevolencia.

Antonio Escohotado

Fuente: www.escohotado.org











Apagar el último cigarrillo, es el primer paso de un cambio positivo en la vida de un fumador.

El miedo a enfrentar los síntomas de la abstinencia, es capaz de paralizarte y peor aún, de hacerte posponer indefinidamente el dejar de fumar.

Atrévete a dar ese gran primer paso.

Concéntrate en lo que ganas y no en lo que pierdes.

El síndrome de abstinencia no dura toda la vida.

Toma acción… Apaga y no vuelvas a encender.




P

asados unos días, comenzaremos a ser conscientes del gran camino que llevamos andado. Ahora no tiene por qué parecernos una misión imposible, pues, del mismo modo que hemos conseguido pasar uno o varios días sin fumar, podremos pasar el resto. Sin embargo, deberemos estar atentos para que esos acontecimientos no nos creen una euforia incontrolada que nos incite a volver a fumar por considerar una tarea fácil dejar de hacerlo. Como siempre, nuestra ansiedad buscará todo tipo de argumentos para hacernos caer en las redes de sus deseos, en este caso fumar. Esa euforia puede ser motivo para volver a fumar, dada la confianza que hemos adquirido de nuestras posibilidades en esta reciente experiencia. Lejos de dejarnos engatusar por el deseo de fumar, disimulado ahora y fácilmente desapercibido tras esa euforia, deberemos continuar atentos y ser capaces de detectar las nuevas argucias de nuestro deseo, sin subestimarlo, aprendiendo a cada instante cómo es y cómo se manifiesta; felicitándonos por ser capaces de hacerlo.

Así, podrán pasar los días, las semanas, los meses y los años, y nosotros deberemos continuar atentos a nuestras sensaciones y pensamientos; pues, éste, como cualquier otro problema derivado o provocado por nuestra ansiedad, tendrá las mismas características y cualidades que los demás de su género. Así, nuestra ansiedad intentará abrirse paso con otra conducta compulsiva encaminada a evitar esa ansiedad, a mitigar nuestro insaciable deseo. Fácilmente nos encontraremos inducidos a comer desmesuradamente tras el abandono de ese hábito, o a beber, o a realizar cualquier otra actividad compulsiva que supla al hábito que hemos abandonado o genere otro distinto sin necesidad de suplir. Sin embargo, si no cesamos en nuestra práctica, si ésta pasa a formar parte de nuestra vida, no como una obligación tediosa más, sino como una interesante actividad de aprendizaje y descubrimientos, aprenderemos a conocernos cada vez mejor a nosotros mismos, a disfrutar de todas aquellas cosas que, aun insignificantes en apariencia, componen de forma grata y amable nuestra vida; a no ansiar.

No deberemos bajar la guardia aun con el paso de los meses e incluso de los años, pues, si nuestro esfuerzo queda sólo en la mera demostración de que somos capaces de dejar ese hábito, muy probablemente volveremos a caer en él. Aun teniendo controlada nuestra apetencia, mientras exista el más mínimo rastro de ella, deberemos machacar y meditar sobre lo traicionero de ese deseo, de lo falso de los pensamientos que lo provocan; pues, a buen seguro, si continúa existiendo el deseo de fumar es porque no hay un pleno convencimiento de lo negativo de ese hábito. Y si no hay un pleno convencimiento de lo negativo de ese hábito, es porque no se ha trabajado adecuadamente la meditación y el cambio de pensamientos, por lo que deberemos continuar haciéndolo una y otra vez, de forma calmada, meditando acerca de los predicados de esos pensamientos que despiertan en nosotros el deseo de fumar, y empleando el pensamiento adecuado en sustitución del pensamiento que enuncia nuestro deseo de fumar, desmantelando los argumentos que intenten convencernos para hacerlo.

Al comienzo de nuestra práctica en detectar las sensaciones y pensamientos que se relacionan con nuestra adicción, nos costará mucho trabajo detectarlos y modificarlos; sin embargo, practicando llegará a resultarnos muy fácil esa tarea; a la par, adquiriremos pleno convencimiento interior, plena comprensión, de que no nos conviene fumar, y nuestro deseo de hacerlo cesará; y si surgiera de forma puntual, nuestro pensamiento intuitivo, cultivado con esa práctica, resolvería de forma rápida y eficaz neutralizando ese deseo.

A estos consejos sólo resta añadir que tengan especial cuidado en los ratos de somnolencia, cuando nuestra atención es menor y nuestro deseo puede crecer con más libertad. Estos periodos de tiempo es frecuente que se den, entre otros, después de las comidas, lo que, sumado a la costumbre general entre los fumadores de encender un cigarrillo después de las mismas, supone una ligera dificultad añadida. El consejo es que aprovechen para practicar relajación durante ese rato, o que realicen alguna actividad que les mantenga más despiertos y entretenidos.


Fuente: Dejar de fumar










Deberemos estar atentos
a los pensamientos producidos por el deseo de fumar.

Observaremos todo tipo de argucias producidas por
"nuestra mente"
en forma de pensamientos que intentan
convencernos
de lo positivo que para nosotros resulta fumar,
sólo para evitar...

...la ansiedad que nos produce
el hecho de no hacerlo.





N

uestro siguiente paso consistirá en exponernos gradualmente a la ansiedad que nos produce no fumar. Es decir, al igual que hacemos con las situaciones o pensamientos a los que tememos, que gradualmente vamos exponiéndonos a ellos y aprendiendo así a fortalecer nuestra voluntad, los fumadores deberán aprender a exponerse, poco a poco; a no fumar. Para ello se ejercitarán seriamente en posponer cada cigarrillo que deseen fumarse un cierto tiempo. Unos minutos durante los primeros días y unas horas posteriormente. Durante esos periodos de tiempo sin fumar deberán estar atentos para poder seguir aprendiendo, comprendiendo. Así, deberán observar con atención todas sus sensaciones y pensamientos.

A las primeras deberán aprender a tolerarlas, como todo aquel que quiere aprender a superar su ansiedad. Para ello será suficiente con observarlas atentamente sin rechazarlas, sin huir o luchar contra ellas, sino atendiéndolas valientemente. Nuevamente, el empleo de preguntas y pensamientos adecuados del tipo... “¿Qué son?” “¿Qué es lo que me mantiene adicto a este hábito?” “Son sensaciones, sólo sensaciones que puedo tolerar”.


Al principio será suficiente con aprender a observar los pensamientos que producen el deseo de fumar; pero pronto deberemos participar de una forma más activa en nuestro aprendizaje, debatiendo y desmintiendo cada pensamiento que intente convencernos de lo apropiado que resulta fumar un cigarrillo. Pensamientos como... “Venga, si no es tan malo; total, por uno”, o “realmente, a mí no me afecta tanto”, o “para mi salud (o mi ansiedad) es preferible fumar un poco”, deberemos ser capaces de detectarlos con facilidad; y pensar, aunque nos cueste trabajo, a modo de diálogo interior que contradiga los postulados de esos pensamientos que intentan echar nuestra labor por tierra, otros como... “Ya, ya; sé muy bien que estos pensamientos son sólo producto de mi ansiedad, que el tabaco es perjudicial para mí, y que si cedo a este cigarrillo, detrás vendrá nuevamente el deseo de fumar otro, y tendré que volver a luchar contra estos mismos pensamientos que ahora intentan hacerme ceder, si quiero dejar de fumar”.

Y así, iremos posponiendo activamente nuestro próximo cigarrillo hasta que, un día, decidamos dejarlo definitivamente. Cuando decidamos dejarlo definitivamente deberemos estar muy atentos prácticamente todo el día y a todas horas, pues nuestro deseo estará presente muy a menudo, al igual que lo está cuando fumamos habitualmente, sólo que ahora nos limitaremos a observar nuestras sensaciones de ansiedad cuando surja ese deseo, y las observaremos sin llevar a cabo la compulsión de fumar cuando surjan. Sencillamente, observaremos cómo vienen y las experimentamos, y cómo se van, aun sin hacer otra cosa que observarlas. Observaremos que no siempre tienen una intensidad elevada, sino que hay numerosos momentos puntuales en los que experimentamos esa ansiedad, tantos como momentos podremos observar cómo esa ansiedad vuelve a bajar de intensidad, limitándonos únicamente a observar y tolerar las sensaciones que nos produce, y a observar y cambiar los pensamientos que intentan convencernos de que volvamos a encender un cigarrillo, por otros más prácticos y realistas, que se adecúen a la determinación que hemos tomado. El modo de cambiar esos pensamientos, al principio podrá parecer un intenso diálogo interior en el que surjan una y otra vez pensamientos en forma de frases que nos inciten a volver a fumar, y a los que nosotros respondamos con otras frases, una y otra vez, que contradigan con decisión y cierto argumento esos pensamientos tan inadecuados.

Un ejemplo podría ser el siguiente:

* Tipo de pensamiento que surge e incita a fumar (surge solo): “Un cigarrillo tampoco es tan malo; calmará mi ansia, me sentiré mejor y me hará esta dura tarea más llevadera”.

* Tipo de pensamiento práctico y realista que deberemos emplear para ayudarnos a superar nuestra ansiedad y a mitigar los efectos del tipo de pensamiento anterior (no surge solo, debemos esforzarnos para pensarlo): “Cómo que un cigarrillo tampoco es tan malo; un cigarrillo es seguir fumando”. “¿Qué conseguiré con un cigarrillo?” “¿Calmar por unos minutos mi ansiedad?” “Después de esos minutos vendrán otros cargados nuevamente de ansiedad, exactamente igual que si ahora no me fumo ese cigarrillo; mi ansiedad pasará, y después volverá a surgir, con una salvedad, y es que, pasado un poco tiempo, ya no tendré tanta ansiedad por fumar”.

Y así, un momento tras otro, deberemos pasar los días que nuestra abstinencia manifieste una ansiedad elevada. Durante esos días deberemos practicar los ejercicios de meditación que más nos relajen. Por ejemplo, los ejercicios en los que nuestra atención se concentra en un punto u objeto determinado pueden resultarnos tranquilizadores; no obstante, si algún otro nos gusta más, esos días aprovecharemos para llevarlos a cabo. Igualmente, aprovecharemos para realizar todo tipo de actividades que nos resulten agradables y relajantes, como pasear, leer o cualquier otro hobbie que nos sea de agrado, a la vez que nos distraiga, en la medida de lo posible, de nuestro nocivo hábito. Hemos de tener en cuenta que, muy posiblemente, experimentemos la emoción de la pérdida y tristeza mientras dura nuestra adaptación a la nueva situación, por lo que nos conviene esforzarnos en llenar ese vacío que parece dejarnos ese hábito.

La ansiedad elevada, hace emerger esa emoción de pérdida o depresión tan paralizante y triste; por ese motivo será conveniente que nos motivemos adecuadamente. Para ello podremos servirnos de la meditación. En un lugar y en una postura cómoda para nosotros, comenzaremos a fijarnos en nuestra respiración, y procuraremos que sea calmada. Igualmente, observaremos por unos minutos nuestros pensamientos, procurando no involucrarnos en ellos, procurando soltarnos de ellos y observarlos como meros espectadores. Seguidamente, comenzaremos a motivarnos, reflexionando y poniendo en nuestra mente pensamientos de ánimo, para lo que no hay que ser exagerados. Intentaremos ser realistas y positivos. Surgirán pensamientos y estados de escepticismo y apatía. Da igual. Nosotros, conscientes de ellos, continuaremos animándonos y desacreditando ese tipo de pensamientos negativos. No debemos intentar engañarnos a nosotros mismos poniendo en nuestra mente ilusiones o falsas expectativas en las que no creamos poco ni mucho; sin embargo, sí debemos motivarnos ensalzando nuestras expectativas reales.

Por ejemplo, no debemos pensar que lo vamos a superar sin ni si quiera experimentar ansiedad y altibajos; pero sí debemos pensar que somos capaces de soportar nuestra ansiedad, y observarla una y otra vez hasta aprender a tolerarla, aunque ahora nos parezca imposible, al igual que nuestros altibajos. No debemos pensar en la ansiedad que experimentaremos, pues esa la podemos imaginar mucho más terrible que lo que realmente será, y sí centrarnos en la ansiedad que estamos experimentando en el momento presente, sin huir ni luchar contra ella; eso nos facilitará enormemente la tarea, aunque continúe resultando ardua.

Durante esos días en los que la ansiedad sea más elevada debido a nuestra desintoxicación y al síndrome de abstinencia, deberemos estar atentos a no abusar de otras drogas; pues resulta frecuente que cuando se deja un vicio se inicia o potencia otro, y no nos interesa hacerlo, principalmente, por varios motivos. El primero, porque las drogas son malas; de hecho si hemos decidido dejar de fumar es gracias a esa consideración. El segundo, porque nuestro síndrome de abstinencia cesará en el momento en que hayamos aprendido, interiormente, a vivir sin el tabaco, y para ello, cuanto más serenos y atentos podamos estar, mejor, más fácil y rápido nos resultará. El tercero, porque debido a nuestra condición y a las características de la misma resulta muy fácil traspasar nuestra conducta adictiva de un vicio a otro. Es decir, resulta muy fácil caer en las redes de otras drogas y vicios cuando estamos dejando una adicción, pues encontramos con ello cierto consuelo a la ansiedad que nos provoca la desintoxicación. Lógicamente, eso es aún peor que seguir fumando, pues habremos adquirido una nueva adicción, tal vez aún más nociva, y no habremos aprendido a dejar la otra, con lo que puede que tengamos dos en lugar de ninguna. Por ello deberemos prestar especial atención a no tomar ninguna droga, o a no abusar del alcohol si se encuentra entre nuestros hábitos, durante nuestra desintoxicación (ni en otra ocasión).

Cada día que pasemos sin fumar deberemos pensar conscientemente en el grandioso mérito que tiene, pues, aunque para otros pudiera parecer coser y cantar, nosotros somos conscientes del gran esfuerzo que estamos realizando y del mérito que ello conlleva, de los beneficios que para nuestra salud y para el resto de áreas de nuestra vida estamos obteniendo, incluyendo el beneficio que aporta a otros; por ello, no debemos dejar pasar un día sin meditar unos minutos acerca de tal logro y sin motivarnos a continuar en nuestra tarea.


Fuente: Dejar de fumar