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En Europa se ha duplicado la mortalidad por cáncer de pulmón en la mujer, y en Estados Unidos mueren ya más mujeres por cáncer de pulmón que por el de mama.




Hasta los años 50, cuando se comenzó a investigar sobre los efectos del consumo de tabaco en la salud, el fumar se consideraba un hábito banal, un estilo de vida. Pero los estudios realizados ya entonces por los investigadores Doll y Hill evidenciaron que el tabaco perjudica a cualquier persona independientemente de su edad, sexo, raza, nivel social y tipo de tabaco consumido, y que su asociación con muertes por cáncer de distintas localizaciones, así como con otras enfermedades respiratorias y cardiovasculares, era clara y precisa. No obstante, a pesar del conocimiento de todo ello y de las intensas campañas contra el tabaquismo, éste sigue provocando estragos en la salud pública en todo el mundo. En Norteamérica el 46% de la población adulta consume tabaco de forma habitual –algo más de 104 millones de habitantes- y 1, 056,000 muertes al año son atribuibles a este hábito. En la última década se ha incrementado la mortalidad provocada por el tabaco, a pesar de que en el conjunto de ese país el porcentaje fumadores ha disminuido del 38% al 36% entre 1987 y 1997. Esta aparente contradicción se explica porque prácticamente se ha duplicado el porcentaje de mujeres fumadoras en una década- hemos pasado del 8% de fumadoras en 1987, al 25% en 1997- y ha aumentado notablemente la mortalidad provocada por el tabaco entre las mujeres. Pero, sin duda alguna, el dato llamativo y preocupante es el alto porcentaje de chicas de entre 15 años y 18 años que fuma habitualmente: el 31%, frente al 23% de chicos de la misma edad.

Fumadoras adolescentes, enfermas adultas.

Una elevada cifra de adolescentes fumadoras resulta preocupante por todo lo que conlleva esta edad: se trata de una etapa muy marcada por los cambios en el estilo de vida y en el comportamiento, un periodo en el que se consolida la personalidad. Los hábitos de vida adquiridos en esta etapa se mantienen, por lo general, en la vida adulta, y son muy difíciles de modificar una vez establecidos. Además de causar las mismas enfermedades que en el hombre — cáncer de pulmón, de laringe y de otras partes del cuerpo, enfermedades coronarias y respiratorias — el tabaquismo adelanta la menopausia y aumenta el riesgo de osteoporosis y de fracturas de hueso. Asimismo, resulta desaconsejable durante el embarazo por todos los problemas de salud que puede provocar en el feto. Otro dato preocupante relacionado con el tabaquismo femenino: el riesgo de enfermedad coronaria se incrementa si una mujer que toma anticonceptivos fuma, pero aumenta especialmente el riesgo de trombo-embolismo pulmonar, que es de 20 a 40 veces superior entre las fumadoras.

El futuro del tabaquismo femenino no es nada alentador y aunque todavía no ha transcurrido tiempo suficiente para que aparezcan en la salud de la mujer todas las nefastas consecuencias del consumo de tabaco, en los países industrializados ya se vislumbran los primeros efectos: en Europa la mortalidad por cáncer de pulmón en la mujer se ha duplicado, pasando de 18,822 muertes en 1973 a 36,772 víctimas de esta enfermedad en 1992 y en Estados Unidos mueren ya más mujeres por cáncer de pulmón que por el de mama.


las mujeres fuman mas que los hombres

El rol de la mujer en la prevención.

Los resultados logrados en la lucha contra el tabaquismo son notorios, pero todavía insuficientes, especialmente en las edades más críticas de la vida, infancia y adolescencia, y sobre todo entre las mujeres. Los programas desarrollados para dar a conocer lo pernicioso de este hábito han cosechado un éxito más bien limitado en las escuelas. Algunos expertos achacan estos flojos resultados a la franja de edad elegida para esos programas de concienciación, niños y adolescentes de 11 a 18 años, y afirman que probablemente a esas edades puede haberse establecido ya cierta receptividad ante el tabaco y la experimentación con cigarrillos. Por ello proponen enseñar a los niños unos hábitos de vida saludables, y es ahí donde el papel de la mujer resulta clave, debido a su rol en la sociedad actual. La mujer es la protagonista en el núcleo familiar y su papel de agente de salud y educadora puede utilizarse para concienciar a los más pequeños. Si ellos ven fumar a su madre, difícilmente creerán que se trata de un hábito nocivo por mucho que ella misma se lo asegure.


El poder de la publicidad.

Diversos factores sociales influyen en el consumo del tabaco. A pesar de ser una droga dura, resulta fácil disponer de ella debido a que fumar es un hábito socialmente aceptado. No podemos dejar de citar la presión de la publicidad, que ha jugado un papel decisivo para el inicio y mantenimiento de este hábito en las mujeres. Primeramente se explotó la idea de la equiparación con el hombre, después el miedo a engordar si se dejaba de fumar. La modificación sufrida por el rol de la mujer en la sociedad es también determinante en el mantenimiento del hábito. Su incorporación al mundo laboral asumiendo, a la vez, la mayoría de las tareas domésticas genera en las mujeres un exceso de presión y estrés: la imagen del cigarrillo relajante después de una jornada agotadora ha sido también explotada por las tabaqueras. El concepto de lo light, asimismo, ha sido utilizado hasta la saciedad por las tabacaleras. El consumo de cigarrillos light es elevado entre las mujeres bajo la creencia de que no dañan a la salud tanto como los normales y de que son menos perjudiciales, por lo que parece menos necesario dejar de fumarlos. Estas ideas equivocadas han contribuido a autenticar su consumo y a obstaculizar el abandono del tabaco.

Cómo dejar de fumar….

Acupuntura, para-medicinas, magia, hipnosis, psicoanálisis, psicoterapia individual y de grupo, rezar, encantos… han sido probados para dejar de fumar. Pero ningún método ha conseguido reunir las dos condiciones que lo harían ideal: ser adecuado para todos los fumadores y convertirlos en ex fumadores perpetuos. La dificultad radica en que no todos los fumadores son iguales. La seriedad de la dependencia en la nicotina y psicológica, la cantidad consumida, el grado de complacencia con el hábito y la voluntad para dejar el tabaco, por citar algunas, son distintos en cada fumador y hacen que el método de deshabituamiento haya que adecuarlo al perfil de cada uno. El miedo a engordar, más presente en las mujeres, motiva que la mitad de las que intentan dejar el tabaco fracasen, por lo que se torna fundamental que una terapia para abandonar este hábito introduzca estrategias dietéticas y de control del peso.

Actualmente hay dos pilares fundamentales en el tratamiento para dejar de fumar, especialmente indicados para fumadores con gran dependencia del tabaco: el apoyo psicológico y el complemento farmacológico. Hay una clara relación entre la intensidad del apoyo psicológico (frecuencia de las sesiones, duración, convicción…) y su eficacia, que aumenta con el tratamiento farmacológico, en los casos que lo precisen. También se ha observado que hay más probabilidades de éxito en tratamientos con apoyo social, lo que se consigue con el trabajo en grupo. La dinámica del mismo aporta respaldo emocional, permite conocer experiencias de personas en una situación similar y ofrece soluciones prácticas.


En resumen.

La dependencia a la nicotina no es diferente a ninguna otra, sino fuera porque las compañías tabacaleras producen un tabaco reforzado con melazas derivadas de la manufactura del azúcar para incitar la dependencia con más intensidad y con la consecuencia paradójica de incrementar la incidencia, la posibilidad y la gravedad de los tumores cancerosos resultantes.

El fumar, que, para algunos, debiera tratarse como una adicción similar a las de las comidas, no lo es — a pesar de que existen correlaciones establecidas entre el uso de la comida por placer y el consumo del tabaco.

Si una mamá es gorda, padece de hipertensión y diabetes y se mantiene en una dieta de fast foods — ¿qué les importará a sus hijos? — piensa ella…

Para empeorarlo todo, muchas mujeres creen que fumar y beber son hábitos masculinos pero comen, beben y fuman como si fueran hombres…

Allá ellas, en su desvaríos.

Fuente: Felix Larocca (Sistema Límbico)




* No es lo mismo fumar a los cinco que a los 60 minutos después de despertarse



¿Cuántos minutos pasan desde que se levanta hasta que se fuma su primer cigarrillo? Un grupo de científicos afirma que no es lo mismo encenderlo a los cinco que a los 60 minutos. Según los resultados de su estudio, publicado en 'Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention', los niveles de nicotina que se ingieren en el primer caso son el doble que si se espera un poco para darse a este hábito.

El trabajo muestra que el consumo de tabaco en los primeros cinco minutos del día incrementa la nicotina en sangre hasta los 437 nanogramos por mililitro (ng/mL.); entre los seis y los 30 minutos, 352 ng/mL; y después de una hora, 215 ng/mL.

Los investigadores observaron que las "personas que consumían tabaco durante los 30 primeros minutos del día y que fumaban 10 cigarros diarios tenían mayores niveles de nicotina que aquellos que consumían 20 y empezaban a partir de la primera media hora". Así lo explica el principal autor del trabajo, Joshua Muscat, profesor del Colegio de Medicina de la Universidad Penn State (Pensilvania).

Con este estudio, confirman los científicos en su artículo, "demostramos que no sólo el número de cigarrillos que se consumen al día está relacionado con los niveles de nicotina, también influye el tiempo que pasa desde que uno se despierta hasta que se fuma el primer cigarro".

El hallazgo es importante porque, tal y como señalan los investigadores, "teniendo en cuenta la asociación entre nicotina y el riesgo de sufrir cáncer de pulmón, las personas que fuman poco tiempo después de levantarse son más susceptibles a padecerlo, por lo que este indicador es especialmente relevante a la hora de diseñar un plan de intervención".

"Hoy en día, es uno de los parámetros que los terapeutas tienen en cuenta para determinar el tratamiento más eficaz para evitar posibles fracasos en el abandono del tabaco", argumenta María Ángeles Planchuelo, presidenta del Comité Nacional de Prevención al Tabaquismo, quien además puntualiza que "también se consideran otros como cuántos cigarrillos se consumen diariamente, dónde..." Junto con las características biológicas de cada individuo, ayudan a hacer una historia completa del fumador, fundamental para realizar el tratamiento individualizado.


El momento en el que se fuma el primer cigarrillo sí importa


La investigación

Para llegar a las anteriores conclusiones, los investigadores midieron los niveles de nicotina en sangre y en la orina de un total de 252 personas que fumaban, al menos, cinco cigarrillos al día durante un mínimo de dos años. Las medidas entre los sujetos que consumían una media de 20 cigarros diarios oscilaron entre los 16 y los 1.180 nanogramos por mililitro.

Entre los participantes se distinguieron dos grupos: de baja y alta adicción. Los primeros no fumaban más de 20 cigarrillos y esperaban a encender el primero a partir de los 30 minutos de despertarse. Los segundos consumían tabaco antes de la primera media hora, independientemente de los cigarros consumidos.

En el incremento de los niveles de nicotina que se produce con el primer cigarro de la mañana hay un elemento que desempeña su particular papel. Según María Ángeles Planchuelo, "normalmente, por la noche no se fuma y las medidas de nicotina bajan. Por esta razón, con los primeros cigarros se produce el mayor pico del día, que después se mantendrá o no según lo que se fume".

Aunque los expertos admiten que aún son necesarios más estudios que confirmen sus hallazgos, insisten en que el momento en el que se fuma el primer cigarro podría ser un importante factor de riesgo del cáncer de pulmón y, por ello, debería considerar en los programas para dejar de fumar.

Fuente: elmundo.es




El craving se evalúa como deseo a consumir, urgencia o gran urgencia, ganas de fumar y es considerado como la principal causa de la recaída de los fumadores



En el abordaje de las adicciones frecuentemente nos encontramos con un fenómeno referido por los adictos y que describen como la necesidad o el impulso irrefrenable de consumir la droga. Esta experiencia, denominada craving, constituye uno de los principales obstáculos para el mantenimiento de la abstinencia una vez que ésta se ha conseguido. Su existencia es ampliamente aceptada por clínicos e investigadores, aunque a pesar de ello no hay un acuerdo completo en su definición y etiología. Producto de ello es la diversidad de modelos explicativos, cada uno de los cuales considera un aspecto parcial del fenómeno.

El craving es un fenómeno dinámico que varía de unas personas a otras y que incluso en una misma persona es diferente según la situación y el tiempo de evolución de la dependencia. Esta variabilidad del craving y la multitud de factores que influyen en su aparición, es una de las principales causas de la dificultad para su definición y para seleccionar medidas adecuadas que permitan su evaluación. Por otra parte, en ocasiones nos encontramos con personas alcohólicas, que desde el inicio de la abstinencia niegan la aparición de cualquier tipo de craving. Por tanto, otra dificultad añadida para entender qué es el craving son las ocasiones en las que las recaídas aparentemente no son precedidas por este deseo de consumir la sustancia. Esto también ha dado lugar a planteamientos que abogan por la independencia entre el craving y el consumo y aceptan que es posible la aparición de cualquiera de ellos sin llevar asociada la aparición del otro. Aunque, queda sin resolver la cuestión de si en esas ocasiones en las que el alcohólico no informa de craving, es porque no lo experimenta, lo experimenta pero no lo identifica, o incluso lo percibe pero, no lo refiere.

El estudio del craving desde los diferentes modelos existentes ha dado lugar a distintas perspectivas de abordaje. Si bien, suelen ser coincidentes en el estudio de determinados conceptos relacionados con el aprendizaje, los factores cognitivos o los factores biológicos. La no existencia de un modelo único que lo explique en su totalidad, hace que los modelos explicativos existentes se limiten a características parciales del fenómeno. Esta diversidad de perspectivas teóricas sobre el craving también ha dado lugar a una gran variedad de instrumentos de evaluación dirigidos igualmente a diferentes aspectos del craving.


Craving respecto al tabaco

Existen distintas escalas para evaluar el craving respecto al tabaco. Varias tienen un solo ítem y unas pocas no más de cinco ítems. Por ejemplo, la de Doherty et al. (1995) en sus cinco ítems cubre las dimensiones de deseo, dificultad de estar sin consumir, preocupación, ganas y falta de tabaco. Y, la de Tiffany y Drobes (1991) en sus 32 ítems, 8 de ellos para cada una de las cuatro siguientes categorías: los de deseo de fumar, anticipación de los resultados inmediatos positivos por fumar, anticipación del alivio inmediato de los síntomas de la abstinencia o alivio del afecto negativo, y la intención a fumar. Otras más actuales incrementan el número de ítems, muestran su utilidad, pero sigue sin quedar claro qué elementos componen exactamente el craving.

Fuente: grupoaulamedica.com - adicciones.es



La adicción es una enfermedad primaria, que afecta al cerebro, caracterizada por una conducta repetida que surge de una necesidad orgánica o psicológica, que escapa del control del individuo. Está constituida por un conjunto de signos y síntomas característicos, que dependen de la personalidad de cada adicto, así como de las circunstancias socio-culturales que lo rodean. La adicción es, frecuentemente, progresiva, es decir, la enfermedad persiste a lo largo del tiempo y los cambios físicos, emocionales y sociales son acumulativos y progresan mientras el uso continúa. La adicción suele causar muerte prematura a través de complicaciones orgánicas que involucran al cerebro, hígado, corazón, y otros órganos, dependiendo del tipo de adicción y contribuye a la ocurrencia de suicidios, homicidios, violencia, maltrato, violación y abuso sexual, accidentes y otros eventos traumáticos interpersonales y/o familiares.

Los cambios bioquímicos que suceden en el cerebro del adicto son los responsables de la compulsión observada en los episodios del consumo descontrolado, así como de muchas de las perturbaciones cognitivas propias de la adicción. Las últimas investigaciones implican a diversos neurotransmisores como factores claves en el desarrollo de la sintomatología adictiva. Los neurotransmisores (Dopamina, Endorfinas, son sustancias químicas naturales que existen dentro del cerebro y que son responsables de las actividades cerebrales, entre otras: la motivación, las emociones y los instintos. Estas sustancias naturales son las que median en el estado de ánimo provocando euforia o desgano, de acuerdo a una sucesión compleja de estímulos, condicionamientos y aprendizajes, cuyo objetivo es el de responder constructivamente a los estímulos del medio ambiente.

Las sustancias psicotrópicas externas o drogas, así como los estados de excitación extrema provenientes de conductas de estimulación, afectan estos neurotransmisores de manera que el cerebro los produce en exceso. Estos cambios, unidos a la predisposición a la adicción, producen una respuesta aberrante, que es el reflejo de un desequilibrio bioquímico persistente.


bioquimica adiccion



Las dos partes en las que puede dividirse el cerebro, en términos de función y de vías neurológicas, son responsables de la adicción:

El cerebro racional, correspondiente a la corteza cerebral, en ella se asientan las funciones superiores intelectuales y abstractas. En el proceso de adicción esta área también se afecta produciéndose el sistema desilusional de la adicción, el cual es un conjunto de pensamientos adictivos que complotan junto al cerebro primitivo para facilitar y mantener activo el proceso adictivo;

El cerebro primitivo, que incluye el área de funciones vitales, las zonas mediadoras de las emociones y estados de ánimo, la generación de instintos de supervivencia y regulación corporal. Esta parte del cerebro esta involucrada directamente en el desarrollo de la adicción, y allí se encuentran los desequilibrios bioquímicos responsables de la compulsión, la memoria eufórica y los deseos automáticos, además del sistema de recompensa cerebral.

El sistema de recompensa cerebral es un sistema cerebral encargado de mediar en las repuestas de condicionamiento a los estímulos, produciendo recompensas bioquímicas a las repuestas adecuadas, para manejar constructivamente los estímulos. La estimulación excesiva de este sistema conlleva, en las personas predispuestas, a cambios bioquímicos permanentes, que median la reacción adictiva, de modo que cambia su funcionamiento y su respuesta a los estímulos ambientales. Este el sistema más importante implicado en el desarrollo de la adicción.

Síntomas Comunes de la Adicción

- Pérdida del control de la adicción, caracterizado por episodios de trastornos compulsivos;

- Negación o autoengaño, cuya función es la de separar al adicto de la conciencia que las consecuencias que la adicción tienen en su vida, reduciendo así la ansiedad;

- Daño o deterioro progresivo de la calidad de vida de la persona debido a las consecuencias negativas de la práctica de la conducta adictiva;

- Memoria eufórica de episodios del pasado, con el consiguiente olvido del sufrimiento o de las consecuencias negativas de la actividad adictiva. Esta es una de la causas de la dificultad de la rehabilitación y de las recaídas;

- Distorsión del pensamiento, desvinculándose el adicto de la realidad de sus enfermedad;

- Obsesión o preocupación excesiva con respecto a las situaciones de uso, ya sea consumo de sustancias psicotrópicas o prácticas de conductas;

- Parálisis emocional, producto de los cambios bioquímicos en el cerebro, además de las distorsiones psico-emocionales del proceso adictivo. Dificultad para identificar, manejar e interpretar los sentimientos, así como una actitud de intolerancia a algunas emociones, buscando el uso como una forma de anestesia emocional.

En el origen de la adicción están involucrados factores biológicos, genéticos, psicológicos, y sociales.

Adicción Psicológica o de Conducta

Dentro de este grupo existen una gran variedad de adicciones, aunque, además de no tener un origen químico, su elemento común es un desorden y descontrol en algún aspecto de la conducta diaria. Muchas de estas adicciones vienen provocadas por otros desajustes emocionales debido al entorno familiar, de trabajo, de amistades, etc. Dentro de este grupo se incluye la ludopatía o adicción al juego. En España, esta adicción es tres veces mayor en hombre que en mujeres. Además, un 76 por ciento de los jugadores patológicos tienen tendencia a sufrir algún tipo de desorden emocional, mientras que un 28 por ciento tiene depresiones recurrentes.

En los últimos años, el número de adictos al trabajo ha aumentado como consecuencia de la evasión de los problemas personales. El 8% de la población activa española dedica más de 12 horas al día a su profesión voluntariamente. La ciberadicción o adicción a Internet puede ser detectable cuando las personas pasan 40 o más horas por semana en la Web, durante un período de 12 meses.

Adicción a las relaciones (codependencia), al sexo (hipersexualidad) y/o pornografía se caracteriza por una necesidad incontrolable de sexo de todo tipo, desde relaciones sexuales con otras personas hasta masturbación o consumo de pornografía. Se estima que hasta el 6% de la población lo padece, y que sólo el 2% de los afectados son mujeres. Tiene tratamiento siempre y cuando la persona que lo padece sea capaz de reconocerlo.

El adicto a la Religión y a las Sectas usa a Dios como si fuera una droga para suavizar los problemas y escapar de ellos. Como en otras adicciones está relacionado con la baja autoestima, la culpabilidad, el miedo, la vergüenza, los sentimientos de aislamiento y de sentimiento de diferencia con los demás. La anorexia y la bulimia son enfermedades asociadas a la adicción a la comida.



cerebro adicto




Adicción química

Se caracterizan por una dependencia física y psicológica de una sustancia, que se escapa del control voluntario de la persona, por tanto, estas adicciones hacen referencia a las drogas, sean legales o ilegales. Se las puede clasificar según sus efectos sobre el Sistema Nervioso Central (SNC):

Efectos depresores del SNC: bloquean el funcionamiento del cerebro. Se incluyen los opiáceos (heroína, morfina, metadona), los tranquilizantes (valium, tranxilium...) y los hipnóticos (barbitúricos).

Efectos estimulantes del SNC: aceleran el funcionamiento del cerebro.
Se dividen en estimulantes mayores (anfetaminas, cocaína) y en estimulantes menores (nicotina).

Efectos perturbadores del SNC: alteran el funcionamiento del cerebro, dando lugar a distorsiones en la percepción o alucinaciones. Las sustancias que producen estos efectos son los alucinógenos (LSD), los derivados del cannabis (marihuana, hachís), los inhalantes (acetonas, benzenos) y las drogas de diseño como el éxtasis.


Fuente: cienciapopular.com



Para que exista dependencia de una sustancia tiene que haber:

--Una administración repetida. Los consumos puntuales no son dependencias, aunque pueden favorecer su génesis. Evidentemente, el primer consumo antecede a todos los demás; además, por ser una sustancia reforzadora, su administración aumenta las probabilidades de ser posteriormente administrada. En cualquier caso, por definición, toda dependencia implica un consumo repetido.

-- Un consumo por encima del deseado. No todo consumidor regular de una sustancia adictiva es dependiente; puede ser simplemente un consumidor regular (en nuestro medio esto se ve claramente con el consumo de alcohol). Dependencia implica dificultad en el control del consumo; por ello, mientras no existan dificultades en reducir o eliminar el consumo, ésta no se manifiesta. El consumo suele ser al principio totalmente voluntario (si no se tienen en cuenta las presiones sociales). A medida que se instaura la dependencia, el consumo pasa a ser regular y el sujeto fracasa reiteradamente en el intento de cesar o reducirlo.

Una dependencia no es un fenómeno todo o nada, es un síndrome que presenta diversos grados: se es más o menos dependiente en virtud de la mayor o menor dificultad para restringir el consumo; por ello, no siempre es fácil delimitar la frontera entre un consumo periódico, regular o frecuente y una dependencia.

El grado de dependencia presenta una enorme variabilidad interindividual. Hay personas que consumen labores de tabaco con moderación o de forma ocasional o social, hay otras en cambio que, tras un período de consumo, se convierten en consumidores compulsivos, con gran dificultad para abandonarlo. El grado de dependencia puede variar también a lo largo de la historia personal de cada consumidor.


Dependencia del tabaco (de la nicotina)

No todos los fumadores son dependientes de la nicotina, algunos son simples consumidores regulares que, cuando lo deseen, pueden abandonar su consumo fácilmente. Sin embargo, esto no es lo que ocurre a la mayor parte de los fumadores; poco después de intentar reducir o eliminar el consumo de tabaco, la mayoría de ellos vuelve a sus niveles habituales de consumo. La nicotina es la sustancia responsable de la dependencia que ocasiona el tabaco; en ocasiones se habla de dependencia del tabaco porque la dependencia se instaura con relación a labores de tabaco concretas, a cuyas propiedades y características se asocia el consumo. El grado de dependencia que produce la nicotina es variable, y depende por una parte del producto que se consuma y por otra de la relación que se establezca entre la persona y el tabaco.

dependencias

Labor de tabaco consumida

En los cigarros puros y tabacos de pipa, de carácter alcalino, la nicotina se absorbe por la cavidad orofaríngea sin necesidad de tragar el humo; en los cigarrillos, el humo --más ácido-- debe ser inhalado y la nicotina se absorbe sobre todo en pulmón. Por ello:

-- Toxicidad general: En las preparaciones alcalinas, al absorberse mejor, la acción irritante local de la nicotina es también mayor, por lo que las concentraciones sanguíneas de nicotina son habitualmente menores en los fumadores de puros y pipas. Esto explica que en ellos el tabaco produzca una mayor toxicidad local y menor toxicidad general que en los fumadores de cigarrillos.

-- Adicción: La absorción a través de la vía pulmonar es muy rápida, de los alvéolos pulmonares pasa a circulación pulmonar, corazón izquierdo y de ahí al resto del organismo. De hecho, por vía inhalatoria la nicotina --y cualquier sustancia que resista la combustión-- alcanza el cerebro más rápidamente incluso que por vía intravenosa (8-10 frente a 12-15 segundos). Por un principio general farmacocinético, a igualdad de dosis, cuanto más rápida es la absorción de una sustancia, mayores son las concentraciones plasmáticas que se alcanzan y también más rápida es la subida y la caída de estas concentraciones. Por ello, con los cigarrillos se alcanzan nicotinemias mayores, más rápidas y más breves que las que se alcanzan con puros y pipas. Como la adicción depende directamente de lo rápido que se produzcan las acciones centrales y de lo intensas que éstas sean, la inhalatoria es una vía particularmente adictiva. Esto también explica por qué los cigarrillos son más adictivos que los cigarros puros y que el tabaco de pipa, y que a su vez éstos sean más adictivos que otras formas de consumir tabaco, como el mascar. Por su potencial adictivo, los cigarrillos son a los puros o pipas como el crack es al clorhidrato de cocaína que se esnifa, o como la heroína es a la morfina, que es menos liposoluble.


Fuente: elsevier.es





Legales e ilegales


El drogadependiente suele ser visto como persona que necesita de sustancias ilegales para lograr un estado placentero que le permita evadir una realidad no deseada. Como conjunto social discriminamos esa actitud en una forma casi unánime. Sin embargo, toleramos otras dependencias que, si bien no son penadas por la ley, tienen causas y efectos similares en las personas. Hoy, en la era de la idealización del consumo, nuestra idea de "persona dependiente" debería ampliarse, reduciendo la carga negativa que se impone a quienes consumen drogas.



Uno de los colectivos más castigados por la discriminación es el de las personas que usan drogas. Al afirmar esto debemos aclarar que la sociedad condena el uso de drogas ilegales como la marihuana o la cocaína, y no el uso indiscriminado de otras sustancias de consumo legal.

En efecto, las sustancias adictivas más usadas en nuestro país son el alcohol, el tabaco y los psicofármacos. Estos últimos usados a modo de paliativo de situaciones de ansiedad, y en forma generalmente solitaria, ya que su uso grupal es visto por el conjunto social como una práctica de drogadicción y, por lo tanto, condenada de la misma manera que las drogas ilegales.


Droga y discriminación del adicto

Salvo alguna restricción -como la edad en el caso del alcohol y las recetas médicas en el de las pastillas-, todas estas sustancias circulan por la sociedad en forma legal. Burlar esos límites resulta fácil, sobre todo cuando se pone en marcha la imaginación y creatividad de quien necesita comprarlos, y la negligencia o corrupción de algunos venedores. Ante esa realidad, estos productos prácticamente han pasado a formar parte de la canasta familiar.


Imaginario y discriminación

Con el uso de drogas ilegales pasa algo muy distinto. Existe una construcción social que origina un fuerte rechazo hacia la persona adicta o dependiente de sustancias como la marihuana, la cocaína y los psicofármacos, ahora sí usados grupalmente y con el claro objetivo de alcanzar un estado de euforia. Entre los antivalores que nuclea esta construcción o imaginario colectivo se encuentran la marginalidad, la peligrosidad, el carácter de vagos o vividores de las personas adictas, su improductividad social, su imposibilidad de llevar a cabo algún proyecto y un alto riesgo con respecto al VIH/sida, entre otros.

Cabe acotar que cuando decimos riesgo, en el imaginario social no se representa la posibilidad de daño para sí mismos, sino para los demás. Discriminación: una traba a la prevención y la recuperación. Como toda construcción social, la que nos formamos del adicto está en buena medida fundada en mitos, prejuicios y desconocimiento. Es por lo tanto inexacta y origina reacciones, conductas y juicios discriminatorios.


Prevención y recuperación

¿De que nos sirve reflexionar sobre esto?


La conducta social de rechazo y estigmatización parece generar como reacción un encapsulamiento de los grupos usuarios de drogas, reflejado en un comportamiento de clan, con un código sumamente cerrado que actúa como escudo. Difícilmente puedan franquear esa barrera los mensajes que provienen del exterior, entre ellos, los de prevención y recuperación.

La discriminación del resto no aporta nada bueno al momento de reflexionar sobre las propias opciones. Por el contrario, para un colectivo que se rige por reglas tan cerradas, la agresión que representa una actitud discriminatoria funciona como un acicate para profundizar en los propios modelos. La discriminación, como siempre, sólo produce un efecto adverso para el conjunto.

Si viéramos al consumo desde un punto de vista más general, como dependencias al parecer más cotidianas o inofensivas, entenderíamos que la discriminación sólo crea barreras entre las personas. Podríamos entonces iniciar un camino de comprensión, prevención y recuperación que no es otra cosa que un proceso de liberación personal y social.


Fuente: www.latinsalud.com




Si bien la dependencia a la nicotina es un factor importante en la mantención del consumo, existen otros factores que influyen y dificultan los intentos por dejar de fumar; también estos factores son diferentes en hombres y mujeres.

• La nicotina afecta en forma diferente a las mujeres y a los hombres ya que su metabolismo, distribución y eliminación por el organismo son diferentes.

• Las mujeres tienden a experimentar el síndrome de privación en forma más frecuente y severa que los hombres.

• Las mujeres tienen más temor que los hombres a subir de peso al dejar de fumar y tienen tendencia a fumar como una forma de controlar el peso.

• Las mujeres tienden a tener menos confianza en sus habilidades para dejar de fumar y temen anticipadamente que tendrán mayores dificultades para lograrlo.

• Las diferentes fases del ciclo menstrual pueden afectar la severidad de los síntomas de privación y el éxito de los intentos por dejar de fumar.

• Algunos de los síntomas de privación son similares a los síntomas asociados al síndrome premenstrual y se han apreciado diferencias en los índices de éxito en los intentos de dejar de fumar relacionados con las distintas etapas del ciclo menstrual.

• El comportamiento fumador entre las mujeres no puede ser disociado de los factores sociales, personales y económicos, los cuales están interrelacionados; por lo tanto, los programas de cesación dirigidos a mujeres no pueden desconocer las situaciones de vida relacionadas con el consumo de tabaco.

• El efecto del apoyo farmacológico puede ser diferente para mujeres que para hombres.

• A las mujeres el soporte de la familia, los amigos y otras redes de apoyo social les ayuda más que a los hombres a manejar el estrés y hacer cambios de comportamiento.

• Las mujeres, a diferencia de los hombres, prefieren la interacción en grupos informales, cerrados y pequeños más que programas de grandes grupos formales.

• La participación de las mujeres mejora en calidad y cantidad en grupos de sólo mujeres.

• Más mujeres que hombres expresan preferencia por programas de grupo.

• Más mujeres que hombres expresan que a ellas les gustaría tener ayuda profesional para dejar de fumar.


Hombres y mujeres frente al proceso de cesación

Factores fisiológicos.

Dependencia a la nicotina y variación en el peso. Como se ha dicho, las mujeres se mantienen fumando por temor a subir de peso ya que la nicotina acelera el metabolismo e inhibe el apetito.


Factores psicosociales.

La persistencia del tabaquismo se puede deber a conductas de aversión frente a factores psicosociales no placenteros como el estrés y las emociones negativas (soledad, tristeza, etc.), situación más frecuente en las mujeres. Por otro lado, en los hombres la persistencia del hábito tabáquico se puede deber al deseo de experimentar sensaciones placenteras al fumar y el entorno en que esta actividad se produce (fiestas, salidas, reuniones, consumo de alcohol, etc.).


Fuente: Red Salud - Chile




Fumar, una 'trampa' psicológica

Sensación asociada.

Hay una tolerancia mayor, aparente que no real, sustentada por el placer psíquico que se busca y experimenta al fumar. Esto se produce de forma inconsciente en las personas. Cuando el dolor físico se hace más presente y manifiesta de forma constante el rechazo del organismo, a través de un análisis más consciente, el fumador se da cuenta de que el cigarrillo no le produce placer físico, sino que es una sensación de placer que tiene asociada la que le impulsa a fumar. El daño que produce el tabaco en el organismo es una de las razones que induce a mayor número de fumadores a dejar el hábito.

En la privación del hábito tiene gran importancia la motivación que cada persona tiene para abandonarlo. Si el fumador, al dejar de fumar, siente gratificación de conseguir el objetivo no sólo no aparecerá ansiedad, sino por el contrario estará contenta y relajada. Para esto ha de conseguir un convencimiento propio y responsable de que esto es lo que quería conseguir, que esta forma de vivir le gusta más y que mejora su calidad de vida. Es decir, el placer por no fumar ha de ser superior al placer que le producía fumar.

Dejar de fumar supone un proceso de deshabituación más o menos largo (en función de las resistencias o gratificaciones que de ello se deriven), en el que en pocos días desaparece el gesto o acto reflejo de coger un cigarrillo, hay una notable recuperación física, intelectual y también psicológica (mayor autoestima), se rompen las asociaciones que se habían establecido entre el hábito de fumar y las actividades diarias: comidas, trabajo, reuniones sociales, familiares y otras que hubiera asociadas. Este bienestar físico es gratamente recibido por el fumador. Esta recuperación estará en función del deterioro al que haya llegado. En muchas personas es suficiente esta recuperación para hacer firme la decisión de no volver a fumar. Algunas personas dicen: "Dejar de fumar ha supuesto un cambio muy positivo en mi vida." En otras no es suficiente para hacer frente al placer psicológico, o mejor lo llamamos beneficios psicológicos de fumar.


Significados de un acto.

La dependencia psicológica o contenidos psicológicos de la conducta de fumar está formada por los valores y atribuciones que el fumador deposita en esta conducta (que relaja, ayuda a pensar, a dormir, a relacionarse, etc.); es decir, es el significado que tiene para cada persona el acto de fumar. Puede compararse a un cofrecito donde se guardan, de manera inconsciente, sensaciones, asociaciones, recuerdos, valores y todo el contenido que encierra el cigarrillo en su vida y que no sabe llamar o, mejor, sólo lo identifica con el nombre de placer.

Al depositar este contenido psicológico en el cigarrillo el fumador le otorga atribuciones y poderes que le llevan a necesitarlo y a depender de él. Uno de los poderes del cigarrillo viene dado por el tipo de asociaciones que los fumadores establecen con él: "El cigarrillo me inspira, me ayuda a relajar, a concentrarme, me hace sentirme seguro, me ayuda a pensar, da estilo, etc." Parece como si fuera el cigarrillo el que piensa, la fuente de inspiración y relajación, el control. En base a esto, el fumador hace una transferencia de valores, los proyecta en el cigarrillo y se cambian los roles, de forma que la persona queda a merced del cigarrillo y no el cigarrillo a merced de la persona. En esta relación de causa-efecto el cigarrillo va a ser la causa del éxito y logros del fumador.

Otra fuerza importante del cigarrillo es el protagonismo que tiene en la vida del fumador: está presente en todas las actividades y situaciones de su vida, en los momentos difíciles, adversos y en los momentos buenos de alegría, disfrute. Todas las situaciones propician y justifican fumar, con él se sellan todos los acontecimientos, los buenos y los menos buenos. El cigarrillo lleva también el contenido contaminación social que motiva e impulsa el comienzo de la conducta, el valor que le otorga la publicidad y el significado que tiene en el momento del inicio para el propio fumador. Estos contenidos se llevan a lo largo de los años de fumador y son una base fundamental en el mantenimiento de la conducta.

La falta de información sobre el tabaquismo favorece el inicio y desarrollo de la conducta. Los daños más conocidos y asociados al tabaco son los relacionados con el aparato respiratorio: tos, numerosos catarros, dolor en el pecho, bronquitis, cáncer de pulmón, dolores de cabeza, adormecimiento de las piernas, cansancio y fatiga. Menos conocido es que, además de disminuir el rendimiento físico, también hay disminución del rendimiento intelectual: produce cansancio mental, dispersa la atención y concentración, disminuye la capacidad de memoria y reflejos (he conocido personas que se han quedado sorprendidas a los dos días de dejar el tabaco por recordar hechos del día anterior con claridad y que no atribuían esta pérdida de memoria al tabaco); no se conoce suficientemente que fumar excita (por la liberación de adrenalina) e impide que el sueño sea reparador, en muchas personas produce insomnio, y esto, a su vez, provoca más tensión y fatiga, además del deterioro en los sentidos del gusto, olfato y la vista.

Una información adecuada que esclarezca todos los aspectos que rodean la conducta de fumar, desde su inicio hasta la deshabituación es decir, el contenido psicológico que encierra el cigarrillo para cada persona, son el mejor argumento que llevará a las personas a tener libertad sobre esta conducta, lo mismo en el sentido de querer fumar como en el sentido de abandonarlo y superar ese antagonismo de "querer y no poder" que parece que se ha convertido en la característica más notable de la conducta de fumar.


Fuente: Rosa Maria Boal




Fumar, una 'trampa' psicológica

Es frecuente oír a los fumadores, el día que deciden dejar de fumar, que no pueden. Aparece en ellos un estado de ansiedad, irritabilidad, mal humor, conocido como síndrome de abstinencia, que no pueden soportar y llega un momento que, en contra de su "deseo", empiezan a fumar de nuevo, porque prefieren "estar mal fumando" a "estar mal sin fumar". Es cierto que en algunas personas aparece este estado descrito anteriormente al dejar de fumar, pero no es menos cierto que no tiene por qué aparecer, como también ocurre en otras.

Existen dos grupos de personas al dejar de fumar: los que quieren dejar el hábito y disfrutan cuando lo consiguen (en estas personas no aparece ansiedad ni irritabilidad, sino que se encuentran más relajadas y de mejor humor) y los que al dejar el hábito sienten que no quieren dejarlo (y aparecen dudas, impasse, piensan en justificaciones que les permita volver a fumar [trampas] que es lo que genera ansiedad y estrés).


Un placer psicológico.

Las justificaciones o trampas psicológicas son el mayor obstáculo con que se encuentran las personas al dejar de fumar. Este obstáculo lo ponen ellas mismas. Las justificaciones son múltiples: "Un cigarrillo no importa", "Si fumo dos o tres al día no pueden hacerme daño", "¿Por qué esa persona puede fumar y yo no?", "Qué pena, toda la vida sin fumar", "Si dentro de dos o tres meses me voy a sentir mal por no fumar, pues ya fumo desde hoy mismo", "No sé pensar si no fumo", "No tendré el éxito que tenía fumando", "Argumento fuerte dependencia física", etc.


Las trampas psicológicas tienen dos funciones:

1. Indican que la persona no tiene claro que quiere dejar de fumar; lo está consiguiendo, tienen incertidumbre sobre qué es mejor fumar o no fumar.

2. Precipitan a fumar de manera muy justificada para el fumador: "Yo no puedo dejar de fumar", "Esta situación es insostenible, tengo que fumar".

Son sobradamente conocidas las consecuencias de fumar en el organismo y los males que origina (tos, cansancio, dolores de cabeza, catarros, cáncer de pulmón, etc.). Al dejar de fumar se experimenta un placer o mejoría física (desaparece o se frena el daño causado por el tabaco) e intelectual (mayor capacidad de atención y concentración, mayor rendimiento intelectual, recuperación de la memoria, reflejos, etc.), pero se pierde el placer psicológico y bloquea el proceso de dejar de fumar, aparece la resistencia a dejar el hábito. El placer físico que se consigue no es importante comparado con el placer psicológico que se deja.

Las personas, al dejar de fumar, sólo hablan de lo mal que se encuentran sin fumar, de la pérdida de placer psicológico; menos importancia parece tener lo bien que se encuentran físicamente. ¿Por qué es más importante sentirse mal psicológicamente sin fumar que sentirse mal físicamente fumando? ¿No es un placer sentirse bien físicamente? ¿En qué medida valoramos el cuerpo que se le puede privar de salud? ¿Es tan importante estar bien psicológicamente como para renunciar el bienestar físico?


De lo expuesto hasta aquí surgen dos cuestiones:

1. ¿Es la dependencia física, atribuida a la nicotina, la responsable de que se fume y de la dificultad para dejarlo?, o

2. ¿Es la dependencia psicológica, basada en los valores que se depositan en el cigarrillo, la que mantiene esta conducta?

En cuanto a la dependencia física, las observaciones que vamos a exponer llevan a pensar que no tiene la responsabilidad del arraigo de la conducta de fumar. Si no, ¿cómo explicar que haya fumadores que en intentos anteriores de dejar de fumar sufrieran el síndrome de abstinencia y en intentos posteriores no lo hayan sufrido al abandonar el hábito? ¿Por qué si la nicotina tiene una duración en el organismo de cuarenta y ocho-setenta y dos horas, después de abandonar el consumo el síndrome a ella atribuido puede durar semanas e incluso meses? Y según esto, ¿cómo explicar las recaídas después de pasadas estas horas? ¿Por qué personas que llevan cuarenta-cincuenta años fumando dos y tres cajetillas diarias dejan de fumar con extremada facilidad, sin sufrir ansiedad y jóvenes adolescentes que llevan fumando pocos años y pocos cigarrillos sí pueden sufrir e incluso fracasar al intentar dejar el hábito? Es decir, parece que no importa ni el número de cigarrillo fumados ni el número de años de fumador.

Por otra parte, los fumadores, cuando abandonan el tabaco, hablan de un "placer" y una "necesidad física" que les lleva a fumar. Pero, por el contrario, exponen como una de las razones para dejar de fumar que el mayor número de cigarrillos de los fumados en un día no los quieren fumar, son automáticos, no les proporcionan placer, les produce dolor, fatiga, tos, rechazo físico, pero no pueden evitar fumarlos, aunque quieran, ni tampoco reducir la cantidad al número de cigarrillo que creen sí serían de placer. Hay varios puntos a tener en cuenta:

a) Al mismo tiempo hablan de "necesidad física" y de "rechazo físico".

b) No pueden evitar fumar o reducir la cantidad, aunque sí quieren. El deseo psicológico parece más fuerte que el rechazo físico.

c) Su organismo los rechaza, sufre al fumar y se enfadan con ellos mismos por esta autoagresión que no pueden evitar. En ocasiones, después de pocas caladas, tiran el cigarrillo con rabia.

Vemos que no hay correlación entre la sensación de placer que impulsa a fumar un cigarrillo y el placer que de él se deriva en el momento de fumarlo. Algunos fumadores dicen: "No es esto lo que yo quería". Parece, por lo tanto, que no sólo el organismo no tiene dependencia física del tabaco, sino que, por el contrario, lo rechaza, no admite este agente dañino. Esto en los comienzos de empezar a fumar está muy claro: todas las personas han de superar la repugnancia y rechazo que el organismo hace al cigarrillo.


Fuente: Rosa Maria Boal




Más adictos y más enganchados. Así son los fumadores que buscan hoy tratamientos para dejar de fumar. Poseen una dependencia mayor a la nicotina que la que tenían los fumadores de hace dos décadas, según un estudio de un grupo de investigadores estadounidenses presentado en el congreso de la asociación americana de enfermedades respiratorias. La conclusión tiene un valor importante a la hora de orientar los tratamientos para decir adiós definitivamente al tabaco. Se sabe que cuanto mayor es la dependencia de un fumador, más agresiva debe ser la terapia.

Los médicos del Centro para la Prevención de la Enfermedad Pulmonar de Palo Alto (California) han llegado a esta conclusión tras estudiar los niveles de dependencia de 600 fumadores que entraron en programas de deshabituación tabáquica durante tres periodos diferentes, entre 1989 y 2006.

En este estudio no se analizan las causas de la mayor adicción. Aunque se pueden presumir. Hace dos años un informe, realizado por el Departamento de Salud Pública de Massachusetts en 2006, encontró que la concentración de nicotina en la mayoría de los cigarrillos pasó a ser un 10% mayor desde 1998 a 2004.


A los fumadores de hoy les cuesta más dejar de fumar que a los de hace 20 años

Fumadores pasivos en España

La noticia del tabaco en España, según la Sociedad Española de Cardiología, es la situación de los fumadores pasivos. Denuncian que pese a la ley del tabaco, tres de cada cuatro no fumadores están expuestos al humo ambiental. Los datos pertenecen a un estudio realizado en la Unidad de Investigación y Control del Tabaquismo del Instituto Catalán de Oncología.Esta cifra es muy elevada en comparación con países europeos como Italia, Irlanda o Finlandia, donde menos de una cuarta parte de la población no fumadora está expuesta al humo ambiental del tabaco.

El 74,3% de los varones y el 70,1% de las mujeres no fumadoras están expuestos al humo ambiental de tabaco en alguno de los cuatro ámbitos estudiados (domicilio, trabajo/centro de estudios, ocio y trasporte).

La Sociedad Española de Cardiología reclama un endurecimiento de la ley para extender la prohibición de fumar en lugares públicos, incluida «sin excepciones» los establecimientos de hostelería.

Fuente: www.abc.es




La investigación sobre la dependencia del tabaco publicado en la edición digital de Adiction, ha puesto de manifiesto que los ex-fumadores que encuentran agradable la exposición al humo de los cigarrillos no tiene más probabilidades de recaída que aquellos a los que les resulta desagradable.



En el estudio dirigido por Hayden McRobbie y Peter Hajek, de la Unidad de Investigación de Dependencia al Tabaco y la Escuela de Londres de Medicina y Odontología, los investigadores examinaron la hipótesis de que los que han dejado el tabaco recientemente y encuentran el olor de los cigarrillos agradable tienen más probabilidades de recaída que los que tienen una reacción neutral o negativa a la misma. Sorprendentemente, se llegó a la conclusión de que encontrar dicho olor agradable no hace a los ex fumadores más propensos a las recaídas.

Los investigadores estudiaron a un grupo de más de un millar de fumadores que reciben tratamiento para dejar de fumar. Durante sus seis semanas de tratamiento (dos semanas antes de dejar de fumar y cuatro semanas después) los fumadores completaron un cuestionario semanal para medir la gravedad de las molestias por dejar de fumar, y también se les pidió que evaluaran cómo de agradable encuentran el olor de los cigarrillos que fuman otras personas.


Encontrar agradable el humo del tabaco no supone una recaída para los ex-fumadores

Los resultados mostraron que durante su primera semana de abstinencia, el 23 por ciento de los encuestados consideró que el olor de los cigarrillo era agradable. Este hecho no está relacionado con el tabaquismo en las semanas siguientes.

Según McRobbie, “los ex-fumadores pueden estar seguros de que encontrar el olor del humo del cigarro agradable no está relacionados con volver a fumar".

Fuente: www.diariomedico.com





El tabaquismo es una adicción que causa graves daños a la salud integral de consumidores y no consumidores de tabaco




En la actualidad se ha descubierto que fumar no sólo es causa de cáncer o enfisema pulmonar como se pensaba hasta hace unos años, hoy sabemos que también está relacionado con diversas enfermedades graves que cada día adquieren mayor importancia, como causa de muerte e incapacidad, por tal motivo se ha convertido en uno de los problemas de salud más severos en nuestro país (México).

El tabaquismo es un padecimiento que se basa en el consumo inmoderado de tabaco, ésta dependencia es ya un problema social y de salud pública, debido a las múltiples consecuencias que deterioran la salud, no solamente de las personas que lo consumen, sino de las que conviven en ellas, pues según la Organización mundial de la Salud cada ocho segundos alguien muere a causa del consumo de tabaco.

El consumo de nicotina provoca que los vasos sanguíneos se estrechen, por tal motivo la circulación de la sangre se vuelve lenta y el corazón trabaja de manera forzada, además de estos problemas cardiacos, se ha detectado que el cáncer de pulmón, boca, laringe, esófago, riñón, vejiga y páncreas, así como asma, bronquitis y enfisema pulmonar, estan fuertemente ligados al consumo de cigarro. Otras consecuencias de su consumo son envejecimiento prematuro de la piel, daños a la dentadura, mal aliento, manchas en las uñas de los dedos, así como cataratas, impotencia sexual, osteoporosis úlceras gástricas y duodenales.


El tabaquismo: una terrible adicción que poco a poco acaba con la vida

Dicho padecimiento, es considerado como una adicción de riesgo voluntario, es muy difícil de abandonar y controlar, por lo que una vez iniciado el hábito la persona se va volviendo dependiente, pues el cigarro pasa a ser parte del estilo de vida de una persona, y aunque esté consciente del mal que produce el hecho de fumar, le resulta complicado abandonar esta práctica

Por tal motivo muchos especialistas en el tema afirman que para dejar el cigarro no sólo se necesita fuerza de voluntad, es necesario además de eso recurrir a un especialista.

Sin embargo en los últimos tiempos se ha notado que las personas son mucho más conscientes de sus efectos y por ello se han implementado varios métodos para controlar esta adicción y dejar de fumar, con cada vez menos riesgos de recaer: pastillas, chicles, parches, medicamentos, terapias grupales, clínicas de tabaquismo y otras formas de ayuda, se ofrecen a los que desean dejar este hábito, tan dañino para la salud.

Los números son crueles pues según organizaciones de salud hay 16 millones de fumadores tan sólo en nuestro país, y normalmente el hábito hacia el cigarro comienza en la adolescencia, pues la edad promedio en la que se empieza a consumir tabaco es 13 años, eso no es todo, lo más alarmante es que alrededor de 160 mexicanos mueren al día por causas asociadas a esta adicción.

¿No son estas razones suficientes para dejar el cigarro? En conclusión podemos decir que dejar de fumar es la mejor decisión que se puede tomar en materia de salud y de calidad de vida, que al final de cuentas es lo que todos deseamos: tener una vida longeva y gozando de buena salud.

Fuente: Alianza Tex



El tabaquismo como trastorno clínico

Una dependencia es un trastorno psiquiátrico perfectamente definido. Como tal, todas las personas dependientes de una sustancia pueden ser diagnosticadas como enfermas o, al menos, como padecedoras de un trastorno psiquiátrico. Indudablemente, la gravedad de los diversos trastornos psiquiátricos varía notablemente. Lo mismo ocurre con las adicciones: Ser fumador o ser heroinómano o alcohólico, no conlleva a las mismas consecuencias, ni para los pacientes, ni para quienes les rodean. Sin embargo, cara a las implicaciones terapéuticas, tan trastorno adictivo es uno como otro.

Los fumadores que no son dependientes del tabaco, no pueden ser considerados «enfermos»; son simplemente consumidores regulares con una conducta de riesgo. En un país en el que fuma regularmente un 30-40% de la población, una notable parte de los fumadores no son dependientes o tienen un grado de dependencia muy bajo.

Las adicciones no se ajustan del todo al concepto de enfermedad de la población. A diferencia de otras enfermedades, las adicciones requieren ineludiblemente la participación activa del paciente en el proceso terapéutico. En este sentido son peculiares, no basta con «abandonarse» en las manos de un profesional competente; por el mismo motivo, nadie puede ser «curado» de una adicción contra su voluntad. Una adicción es un trastorno conductual adquirido, aprendido. Su tratamiento implica un cambio de conducta, cambio que debe realizarlo el propio paciente. La ayuda de los terapeutas, y la de los fármacos y herramientas psicológicas que éstos le puedan suministrar, es simplemente eso, una ayuda que puede servir --o no-- para facilitar que el paciente cambie de conducta, pero es éste quien ha de cambiarla y quien ha de realizar los esfuerzos necesarios. Precisamente por esto, una de las misiones de todo terapeuta es reforzar la motivación para el cambio.


Cronicidad

No se puede dejar de fumar en una hora. Una decisión se puede tomar en un segundo o menos, pero conseguir los cambios necesarios de conducta (extinguir asociaciones, crear nuevos mecanismos de afrontamiento, reemplazar mecanismos sustitutivos de déficit, etc.) es un proceso bastante más largo. Es un proceso de deconstrucción y de aprendizaje, que --cuando hay una dependencia instaurada-- lleva meses y, en ocasiones, más tiempo. Por ello, la eficacia de los tratamientos siempre se mide con la tasa de abstinencia que se obtiene tras pasar, al menos, un año desde el inicio del tratamiento.

Los tratamientos farmacológicos se aplican solamente durante 2-3 meses, período en el que han demostrado eficacia. Esto no quiere decir que el proceso terapéutico no pueda y no deba ser continuado con el fin de evitar las recaídas. Las causas de recaídas suelen ser distintas al principio y al final del tratamiento. Al principio, predominan los estímulos condicionados y la posible presencia de sintomatología de abstinencia. Pasados unos meses, adquieren más relieve la sensación de poder controlar el consumo y la carencia o insuficiencia de los mecanismos de afrontamiento desarrollados.

¿Cuándo deja un fumador de ser dependiente? No se sabe. A medida que pasa el tiempo se va adquiriendo mayor control y los estímulos van perdiendo su fuerza asociativa; con el tiempo, los deseos de fumar son menos frecuentes, menos intensos y más controlables. Aún así, la principal causa de recaída tras varios años de abstinencia suele ser el probar un cigarrillo, bien sea en circunstancias festivas o en presencia de estados de ánimo negativos a los que anteriormente estaba asociada la conducta de fumar. Por ello, se considera que si se ha sido dependiente, siempre queda una mayor vulnerabilidad a la recaída.


Adecuada valoración de la recaída

Si una persona pudo dejar de fumar sin especiales esfuerzos, claramente esa persona no era dependiente de la nicotina, era simplemente un consumidor regular. De la misma manera, si una persona deja de fumar al primer intento, muy probablemente pueda concluirse que esa persona no era dependiente o, al menos, no muy dependiente.

El propio concepto de dependencia implica la recaída; sin recaídas no podría hablarse de dependencias. Por ello, la recaída no debe ser vista como un fracaso en el proceso terapéutico: es una parte integrante del proceso de dejar de fumar, a través de la cual se puede adquirir mayor experiencia sobre estímulos insospechados (o sospechados) que precipitan el consumo, sobre la ausencia de habilidades de abordaje y manejo de situaciones, sobre las ideas desadaptadas o irracionales y sobre la propia debilidad respecto al tabaco.

Esto no implica que en todas las recaídas haya una ausencia total de responsabilidad por parte del terapeuta o del paciente. Hay quien recae por simple falta de motivación; a muchos pacientes la recaída no les aporta experiencia alguna. Por otro lado, hay quien recae porque su terapeuta no fue capaz de orientarle para sustituir los potenciales beneficios de la nicotina; así, por ejemplo, hay quien deriva la ansiedad de la nicotina a la comida (y engorda sobremanera) o hay quien simplemente se la "traga" (hasta que estalla); hay quien sencillamente reprime sus deseos, idealizando el consumo de tabaco (y recayendo cuando se harta), y hay a quien se le aplica terapia farmacológica sin haber estudiado los estímulos asociados con el consumo.


Estímulos asociados al consumo

Lo característico de una adicción no es que existan deseos más o menos irrefrenables de consumir una sustancia; éstos pueden existir siendo fruto de un gusto o de un capricho, y no de una dependencia. Lo característico de una adicción es que estos deseos por consumir están precipitados por unos estímulos originalmente neutros a los que posteriormente fue asociado el consumo. Por eso, una de las claves del tratamiento de toda adicción es el conocimiento, reconocimiento y afrontamiento de estos estímulos. Hay muchas personas que esto lo adquieren sin necesidad de ayuda profesional, otros en cambio, necesitan ayuda para este proceso.

Los estímulos asociados al consumo pueden ser múltiples: descolgar un teléfono, tomar un café, entrar en el coche, acostar a los niños, charlar con los amigos, salir a cenar o de copas, estar apurado de tiempo, estar enfadado, estar solo o aburrido, tener algo que celebrar, etc. Lo importante en estos estímulos asociados es conocerlos y saber reconocerlos. Simplemente reconocerlos puede disminuir la intensidad de las urgencias que ocasionan. Hablar con el paciente sobre qué hacer cuando éstos se produzcan, o se vayan a producir, ayuda a enfrentarse a ellos. No hay una forma unívoca de enfrentarse a un estímulo, cada persona debe desarrollar aquellos recursos que le sean más convenientes. Así, por ejemplo, si fumar está asociado a descolgar el teléfono, una persona puede descolgar con la otra mano, coger un bolígrafo, meterse la mano en el bolsillo, ir a hablar a una habitación en la que nunca se ha fumado, comer un chicle o un caramelo o, en el peor de los casos, recortar la conversación.

El análisis funcional de la conducta mediante auto-registro, el test de Russell (o su versión ampliada, RAM) y la escala de confianza de Bauer y Lichtenstein son útiles para que el paciente adquiera un cierto conocimiento de qué estímulos están asociados a su conducta de fumar. En cualquier caso, es imposible precisar de antemano todos los posibles estímulos que una persona concreta ha ido asociando a la conducta de fumar a lo largo de los años; muchos de ellos se manifestarán una vez que se haya empezado a dejar de fumar.


Fuente: doyma.es




Estoy preparado para dejar el cigarrillo? Esa es la pregunta que el 40 por ciento de la población que se declara fumadora en Chile se hace al momento de decidir si serán capaces de cumplir con un objetivo que, según los expertos, la mayoría abandona por dos factores, el primero y más importante, la adicción y el segundo, la falta de decisión.

“Es una adicción física, psicológica y social. La física es la necesidad de la droga, la psicológica cuando me siento solo o me quiero dar un gusto y la social cuando se fuma en alguna reunión”, señaló el doctor Sergio Bello, médico especialista en enfermedades respiratorias del Instituto Nacional del Tórax y experto en tabaquismo.

Dejar el cigarro no es una tarea fácil, así lo comprueba el estudio realizado en Colombia por Yanhas en el mes de julio del 2008 (programa creado por Johnson and Johnson que se preocupa de recoger y analizar información en todo el mundo sobre el fumador) y donde el 81,33 por ciento de los fumadores encuestados intenta dejar esta adición mínimo una vez al año, aunque recaen debido a que los modelos tradicionales de cesación implican el abandono de su consumo.

Países como Italia y Canadá son algunos de los que implementaron medidas para terminar con esta adicción. En este tema Chile no se quedó atrás y luego de un año de promulgada la ley -que no permite fumar en centros comerciales y separar zonas de fumadores con la de no fumadores, además de la campaña realizada en cajetillas con fotografías que muestran claramente los daños que producen los cigarrillos, entre otras- se logró una baja del 1,7 por ciento en su consumo. Sin embargo, y a pesar de todas estas campañas, hay fumadores que no renuncian a este hábito por lo que para ellos se han creado diversas alternativas como por ejemplo la terapia de reemplazo de nicotina (TRN), tratamiento que demuestra ser dos veces más efectivo que depender sólo de la fuerza de voluntad.


dificil tarea dejar el cigarrillo

“Una lección de vital importancia que se ha aprendido tras la implementación de la prohibición en Chile es que, con el fin de que estas medidas funcionen, los fumadores deben tener una amplia gama de opciones como grupos de apoyo y terapias de reemplazo de nicotina, o una mezcla de éstas ya que, ayudan a los fumadores a que dejen el cigarrillo”, explicó Florencio Meza, Grouper CHC/OTC J &J Personal Care.

De igual manera opina el Dr. Bello, quién señala que es de vital importancia una vez que el paciente ha tomado la decisión de dejar el tabaco trabajar conjuntamente con terapias y apoyo farmacológico. “El tratamiento del tabaquismo debe tener dos componentes: el de apoyo psico-social y el farmacológico. El primero tiene que ver con descubrir cuales son los factores que más influyen para fumar y así trabajar en ellos. La segunda donde se utilizan diversos tratamientos entre los que se encuentran los sustitutos de nicotina como parches o chicles, además de otros medicamentos que ofrece el mercado”, agregó el médico.

La terapia de reemplazo de nicotina tiene como finalidad calmar las ansias que se sienten al dejar el cigarro, para ello la idea es que el fumador reciba dosis más pequeñas de nicotina terapéutica comparadas con las cantidades que reciben normalmente de un cigarrillo y donde una de las alternativas actuales son los chicles de nicotina que reemplazan una dosis correspondiente a dos cigarrillos, una manera simple de disminuir los daños que causa este mal hábito al organismo como por ejemplo, cáncer y enfermedades cardiacas, entre muchas otras. Y, a su vez, reemplazarlas por mejoras en el sistema circulatorio, disminución de padecer cáncer pulmonar y reducir a la mitad el riesgo de sufrir un ataque al corazón, sólo al dejar de fumar durante un año.

“Este tratamiento es efectivo. No se trata de que reemplaces el cigarro por chicle, la idea es utilizarlo cuando se toma la decisión de dejar de fumar para tener menos síntomas por la falta de nicotina, pero en forma regulada, controlada y por un tiempo de uno a tres meses, hasta dejarlo definitivamente y acompañado de una prescripción médica”, aseguró el doctor Bello.

La idea del tratamiento es que los fumadores junto con tomar conciencia puedan suplir la dosis diaria de cigarrillos ya que, según la Organización Mundial de la Salud el tabaquismo es actualmente la principal causa única prevenible de enfermedad y provoca la defunción prematura de casi cinco millones de personas al año. Además, de persistir las tendencias actuales, el número de defunciones se habrá duplicado hasta 10 millones anuales en 2020.


Fuente: www.lasegunda.com




El tabaquismo sigue ganando espacio en la sociedad. A pesar de las limitaciones y prohibiciones a la venta y la publicidad, cada día que pasa más y más gente prende un cigarrillo. Además disminuyó la edad de iniciación y la tasa de mortalidad crece en el país a ritmo acelerado.



La relación entre el hábito de fumar y el desarrollo de numerosas enfermedades graves se encuentra cada vez más clara. Esto ha provocado un aumento de las consultas en la comunidad sanitaria y de salud mental.

La OMS considera una adicción a la dependencia al tabaco. Este tipo de dependencia, así como muchas otras, debe ser atendida adecuadamente, ya que la nicotina puede llegar a controlar algunos aspectos importantes del comportamiento de una persona.
Al igual que otras sustancias euforizantes (alcohol y cocaína), el tabaco es capaz de producir efectos que intervienen en el estado de ánimo de la persona y con su privación desencadena un comportamiento de búsqueda de la sustancia. Las personas fumadoras de cigarrillos tienen una expectativa de vida considerablemente disminuida con respecto al resto de la población.

Algunos autores han estimado que se pierden 5,5 minutos de vida por cada cigarrillo que se ha fumado. En una persona de 30 - 35 años de edad que fuma dos paquetes de cigarrillos diarios, la expectativa de vida disminuye entre 8 - 9 años, en relación a una no fumadora de la misma edad. No ha podido establecerse ampliamente, a diferencia de otras adicciones, que el tabaquismo provoque trastornos psicológicos importantes, aparte del impulso o la necesidad de consumirlo y lo dificultoso que resulta abandonarlo.

El humo del cigarrillo contiene una inmensa cantidad de sustancias tóxicas, entre ellas el monóxido de carbono (CO). El CO tiene gran afinidad por la hemoglobina, componente del glóbulo rojo que transporta el oxígeno a los tejidos, por lo que los glóbulos rojos de las personas fumadoras pierden un 15% de la capacidad de transportar el oxígeno. Esto puede lesionar al corazón y el sistema circulatorio. También pueden encontrase otros gases como el óxido nitroso y el óxido de hidrógeno, responsables de la tos y la disminución del pasaje de aire por los bronquios. El alquitrán es una sustancia carcinógena absoluta que provoca y fomenta el desarrollo de diversos tumores. La nicotina produce un aumento de la frecuencia cardiaca, de la presión arterial, del gasto cardiaco y del consumo de oxígeno en los tejidos.

El riesgo de padecer un cáncer de pulmón es 10 veces mayor en una persona fumadora, y en los fumadores intensos (2 ó más paquetes por día) el riesgo es 15 a 25 veces mayor. Los hijos de madres fumadoras tienen un peso menor al nacer en comparación a los hijos de madres no fumadoras.


Dejar de fumar es posible

Actualmente existe una gran variedad de intervenciones para ayudar al tabaquista a abandonar su hábito, muchos de los cuales tienen mejores resultados a largo plazo, entre los 6 y los 12 meses. Numerosos estudios han demostrado que los tratamientos que incorporan enfoques en el cambio del comportamiento de la persona son los que ofrecen mayor posibilidad de éxito.

Últimamente se ha incorporado el uso terapias de sustitución con nicotina, en forma de chicles y parches. Para que el tratamiento sea efectivo deben cumplirse tres etapas: Compromiso a abandonar el hábito y establecimiento de objetivos, cambio inicial o base principal del tratamiento, incluye la terapia de grupo, sustitución con nicotina, técnicas de control del comportamiento y relajación, seguimiento individual, etc.

Por último, la fase de mantenimiento del abandono del hábito: principalmente preparándose para afrontar los síntomas de la abstinencia, ya que muchas de las personas que recaen tienen por lo menos un síntoma de la abstinencia a la nicotina.
Este último es muy importante, ya que es responsable de que el 70% de los que dejan de fumar recae en ese mismo año.


Dejar de fumar ya es cuestión de vida o muerte


¿Por qué hay que dejar de fumar?

Porque el consumo de tabaco constituye la principal causa de enfermedad evitable y de mortalidad prevenible en los países desarrollados. En un 19% de los casos de mortalidad es el tabaco la causa de su prevención.

En el tabaco se han encontrado múltiples sustancias que en gran parte son perjudiciales para la salud. Entre ellas, destacan por sus efectos nocivos los alquitranes (benzopirenos y nitrosaminas) responsables del 30 % de todos los tipos de cáncer (vejiga, riñón, páncreas, estómago,etc.), y del 90% del cáncer de pulmón. Asimismo, el monóxido de carbono, que es el causante de más del 15% de las enfermedades cardiovasculares y la nicotina, que produce la dependencia física. Además el tabaco es el causante del 80% de la mortalidad por procesos pulmonares crónicos.

Fuente:www.tiempofueguino.com.ar




adiccion al tabaco

Para la mayoría de las personas, la primera experiencia con el tabaco provoca náuseas, tos y otros síntomas que dicen, "Da marcha atrás. Esta es una mala idea".

Pero para otros esta planta aporta una sensación de placer.

Los del segundo grupo probablemente cargan con un tipo de gen que no sólo aumenta su riesgo de adicción, sino que también ha sido implicado en el desarrollo de cáncer de pulmón, según dijeron el viernes investigadores estadounidenses.

"Si usted tiene esta variante, le va a gustar su primera experiencia con el cigarrillo", dijo Ovide Pomerleau de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan, cuya investigación aparece publicada en la revista de salud Addiction.

Pomarleau explicó que el descubrimiento sugiere que para algunos, fumar aunque sea un solo cigarrillo es una mala idea. "Es una trampa", comentó en una entrevista telefónica.

"Lo que ellos no saben es que si tienen este tipo de gen, están en camino hacia la dependencia", dijo, y esto aumenta el riesgo de contraer cáncer pulmonar.

La investigación forma parte de un intento por comprender los factores genéticos involucrados en la adicción a la nicotina y el cáncer al pulmón.

Equipos de científicos divulgaron anteriormente este año que los fumadores que tenían cambios en tres genes receptores de nicotina, que controlan la entrada de la sustancia a las células cerebrales, son más propensos a desarrollar cáncer de pulmón que otros fumadores.

Esta semana, investigadores canadienses dijeron que, manipulando los receptores para la dopamina química, pudieron determinar en un estudio qué ratas disfrutarían de su primera exposición a la nicotina y cuáles la rechazarían.

Pomerleau dijo que el campo podría llevar pronto a nuevos tratamientos para la adicción a la nicotina y a pruebas para evaluar los riesgos de desarrollar una adicción.

El hábito de fumar provoca nueve de cada 10 casos de cáncer de pulmón, que es la principal causa de las muertes de hombres por cáncer a nivel mundial y el segundo mayor en el caso de las mujeres.

Fuente: es.reuters.com




El cigarrillo mata


Sí. El tabaquismo aumenta 10 veces la posibilidad de un infarto al miocardio. El 85% de las muertes por cáncer de pulmón tiene relación directa con el hábito de fumar.

El consumo de tabaco constituye la principal causa de enfermedad evitable y de mortalidad prevenible en los países desarrollados. Los hijos de padres fumadores tienen un 70% más de probabilidades de ser internados por enfermedades respiratorias. Finalmente, el peso de los recién nacidos cuyas madres fuman es menos comparado son el de aquellos hijos de no fumadoras. El número de personas que muere diariamente en forma prematura a causa del cigarrillo, equivale a tres aviones Jumbo 747 que se estrellan sin sobrevivientes. Además, es el tabaco el causante del 80% de la mortalidad por procesos pulmonares crónicos.


¿Por qué se fuma?

Fumar no es sólo un hábito, también es una drogadicción, ya que el hecho de fumar tabaco cumple con todos lo criterios que definen al consumo de sustancias como tal:

--Existencia de Tolerancia (necesidad de fumar cada vez más cantidad para saciarse)
--Dependencia (necesidad imperiosa de seguir fumando)
--Síndrome de Abstinencia en ausencia de la misma (síntomas que aparecen al suspender el cigarrillo)
--Comportamiento compulsivo.


¿Qué genera la dependencia?

El máximo responsable de la dependencia es la nicotina, sustancia con gran poder de adicción, similar al de otras drogas como la heroína o cocaína. La forma de dependencia que genera el hábito de fumar es física, responsable del síndrome de abstinencia; psicológica ya que el cigarrillo se ha convertido en una compañía de todo tipo de situaciones (después de las comidas, con el café, al hablar por teléfono, mirando TV, etc.) Y parece difícil modificar esta relación social ya que se practica en grupos, en ciertas reuniones de ocio, tras cenas con los amigos, y sobre todo sigue siendo un hábito que distingue a cierto grupo de adolescentes dándole un valor social de rebeldía y de madurez malentendidos.


¿Qué le ocurre al organismo cuando se prende un cigarrillo?

Estimulación del Sistema Nervioso Simpático: esto genera aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial, por lo tanto aumenta el consumo de oxigeno por el corazón. El transporte de oxígeno por la sangre se halla dificultado, ya que el monóxido de carbono incorporado por el cigarrillo lo desplaza de la hemoglobina que es el transportador de estos gases.

Constricción de las arterias coronarias y de todo el organismo por sustancias (prostaglandinas, vasopresinas, catecolaminas) estimuladas por el cigarrillo, sobre todo en los vasos con lesiones ateroescleróticas. Este (la alteración de la circulación) es un temible efecto pues también repercute en los vasos periféricos con el consiguiente aumento de la presión sanguínea y el trabajo cardíaco.

Aumento de la actividad de las plaquetas, lo que facilita un fenómeno favorecedor de la formación de trombos que causa infarto de miocardio o formas severas de angina de pecho.

Liberación de catecolaminas por la médula adrenal con una rápida producción de arritmias cardiacas graves, algunas causantes de muerte súbita en pacientes coronarios.

Reducción de la capacidad de la sangre para disolver sus propios coágulos (fibrinolísis).

Modfificación del transporte de lipoproteínas con tendencia a aumenta el colesterol sanguíneo.


¿Qué le ocurre a los fumadores pasivos?

Se estima que en los Estados Unidos aproximadamente 53.000 muertes por año son el resultado de fumar en forma pasiva. 37.000 de estas muertes ocurren por enfermedad cardiovascular. En la República Argentina mueren 6.000 según el Ministerio de Salud y Ambiente, 4.000 de las cuales son debidas a patologías cardiocirculatorias.

El efecto de inhalar el tabaco es tan perjudicial, si no peor, en no fumadores que en fumadores. Todos los riesgos a los que se encuentran expuestos los fumadores, son también sufridos por los fumadores pasivos. La parte final que se quema del cigarrillo tiene partículas mas pequeñas y más peligrosas que el cigarrillo. Estas pequeñas partículas al ser inhaladas llegan a la parte profunda del pulmón y generan el mayor daño. El monóxido de carbono inhalado por los fumadores pasivos causa pérdida de oxígeno en la sangre, lo que genera que los pulmones, corazón y cerebro no funcionen adecuadamente. En forma crónica, se generan cambios en las estructuras de estos órganos.

La convivencia con un fumador incrementa dos veces el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón o enfermedad cardiovascular. Los niños fumadores pasivos están más expuestos a este problema que los adultos, desarrollando fácilmente problemas pulmonares (alergias, asma, bronquitis crónica, problemas cardiacos). Se registran más hospitalizaciones por estas patologías comparándose con hijos de padres no fumadores. Muchos desarrollan cáncer cuando son adultos.

fuente: www.chaupucho