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Según la Organización Mundial de la Salud, unos 1.100 millones de personas en el mundo son fumadoras y el consumo del tabaco es después de la hipertensión la mayor causa de muerte en el mundo.



La cifra de fumadores equivale a aproximadamente un tercio de la población global de 15 años de edad o más y abarca desde ciudadanos comunes y corrientes a personas que ocupan los más altos puestos en sus países y en el mundo, aunque algunos de estos últimos se esfuerzan por mantener oculta su condición, como un vicio privado.

El mandatario brasileño no es uno de esos. Su imagen ha inspirado la marca de cigarros "Dom Lula" y ha fumado durante 50 de sus 64 años de vida, desde pequeños puros a cigarrillos mentolados.

En enero pasado tuvo que dejar de fumar por una crisis de hipertensión, pero, según dijo en declaraciones publicadas hoy por la prensa, no está teniendo problemas para librarse de su dependencia y no ha necesitado pastillas u otros métodos de ayuda.

Y eso que en septiembre de 2008 defendía el derecho a fumar "en cualquier lugar" y proclamaba que en su despacho mandaba él, en respuesta a las restricciones al uso del tabaco en lugares públicos.


Lula y Obama, dos caras de la lucha contra el tabaquismo

El estadounidense Obama, que prometió dejar el tabaco al llegar a la Presidencia en enero de 2009 pero seis meses después reconoció que aún fumaba de vez en cuando, ni sueña con poder encenderse un cigarrillo en su despacho, pues desde el año 2006 está prohibido fumar en el interior de la Casa Blanca.

Según su médico, Jeffrey Kuhlman, el gobernante de 48 años "goza de una salud excelente", pero no debe cejar en "sus esfuerzos para dejar de fumar".

Por razones de salud tuvo hace años que dejar el consumo de tabaco el nuevo presidente de Uruguay, José Mujica, de 74 años, quien solía mezclar el tabaco con las barbas del maíz o choclo, una vieja costumbre de los campesinos de su país.

Su antecesor, Tabaré Vázquez, que dejó el cargo el 1 de marzo y es oncólogo de profesión, se destacó por ser el adalid de las campañas anti-tabaco en América Latina.

El 36,6% de los hombres y el 25,8 % de las mujeres de Uruguay fuman, según la OMS.

De acuerdo con estadísticas del organismo, elaboradas con datos de 2007, Cuba es el país de América con más fumadores varones, un 44,8%, y Chile es el que tiene más fumadoras, un 33,3%.

La OMS dedicará este año su Día Mundial Sin Tabaco, que se celebra el 31 de mayo, a destacar que las mujeres y las niñas son actualmente un importante objetivo para la industria tabacalera.

Las dos mujeres que son mandatarias actualmente en América Latina, la argentina Cristina Fernández y la chilena Michelle, son ex fumadoras.

"Yo era una fumadora compulsiva, fumaba dos atados (paquetes) por día como mínimo y encendía un cigarrillo con la colilla del otro", pero "el 31 de diciembre de 1988, a las 12 de la noche, dejé de fumar, apagué mi último cigarrillo y hasta el día de hoy no volví a encender uno", recordó Fernández en julio de 2008 al hablar de adicciones.

Bachelet fumó hasta comienzos de los años 90, según han contado algunas personas que la conocen desde su época de estudiante.

De su sucesor en la Presidencia de Chile, Sebastián Piñera, que asume el cargo el 11 de marzo, se desconocía que fumara, pero fue sorprendido con un cigarrillo en la boca cuando se disponía a presentar a sus ministros el mes pasado.

Al igual que hizo Obama, el jefe de Estado de Guatemala, Álvaro Colom, prometió dejar de fumar cuando llegó a la Presidencia en 2007, pero no ha cumplido del todo el compromiso.

Según fuentes de la Presidencia guatemalteca, Colom sigue fumando, "aunque cada vez menos", y "casi nunca en público".

Otros fumadores, en este caso de puros habanos, son el mandatario salvadoreño, Mauricio Funes, y el paraguayo, Fernando Lugo, aunque ninguno fuma en público.

Los gobernantes de Panamá, Ricardo Martinelli; de Nicaragua, Daniel Ortega, y de Honduras, Porfirio Lobo, no fuman o al menos no se les ha visto hacerlo.

El presidente de Costa Rica, Óscar Arias, no fuma, pues es asmático, y a su sucesora en la jefatura de Estado, Laura Chinchilla, que asumirá en mayo, tampoco se le ha visto echar humo, al igual que al mandatario de Bolivia, Evo Morales.

La tentación del gobernante peruano, Alan García, parece ser la buena mesa, según dicen sus compatriotas.

Los presidentes de Colombia, Álvaro Uribe, Ecuador, Rafael Correa, y Venezuela, Hugo Chávez, pese a sus diferencias están de acuerdo en algo: no les gusta el tabaco.

Al mandatario cubano Raúl Castro nunca se le ha visto fumar. Pero su hermano, el ex presidente Fidel Castro, fue durante años fumador de puros habanos.

En 1986 declaró públicamente que había decidido dejar de fumar y en 1997 se definió como un "fumador retirado" que aún soñaba "con los puros".

"Muchas veces se sueñan cosas prohibidas y eso es una pesadilla", afirmó Fidel Castro. La lucha contra el tabaquismo es algo que dura "toda la vida", dijo con otras palabras Obama.

Fuente: www.abc.es




Jesse Owens se convirtió en el atleta olímpico más recordado de la historia, cuando participó en los Juegos Olímpicos de Berlín. con 4 medallas de oro, 2 records mundiales y 1 record olímpico en los Juegos Olímpicos de 1936



Jesse Owens fue premiado en 1976 por el Presidente Gerald Ford con la Medalla Presidencial de la Libertad de los Estados Unidos, y más tarde en 1990 con la Medalla de Oro del Congreso por George H. W. Bush el 28 de marzo de ese año.

El record de cuatro medallas de oro en unas olimpiadas solo pudo ser igualado 48 años despúes, por otra leyenda olímpica llamado Carl Lewis.

Owens nació en Oakville, Alabama pero se trasladó a Cleveland, Ohio, cuando tenía nueve años. Era el séptimo de los once hijos de Henry y Emma Owens. Owens era el nieto de un esclavo y el hijo de un granjero. Recibió el sobrenombre de "Jesse" de un profesor de Cleveland, que no podía entender su acento cuando el joven Owens dijo que se llamaba "J.C."


Jesse Owens, el antílope de ébano

Owens siempre atribuyó su exitosa carrera en el atletismo al estimulo de su entrenador durante sus estudios en el instituro Fairview Junior High, Charles Riley, que le introdujo al atletismo. Riley, junto Harrison Dillard, un atleta de Cleveland, inspiraron al joven Owens. Como Owens trabajaba arreglando zapatos después de la escuela, Riley permitió a Jesse entrenar antes de las clases, en vez de en el horario habitual los entrenamientos.

Owens empezó a destacar a nivel nacional en 1933 cuando, como estudiante del instituto East Technical High School de Cleveland, rompe el récord mundial de salto de longitud para estudiantes de instituto, con una marca de 7,55 metros e iguala el récord mundial en 100 metros lisos con una marca de 10,4 segundos.







Jesse Owens fue premiado con la Medalla Presidencial de la Libertad de los EE.UU. en 1976 por Gerald Ford y, a título póstumo, la Medalla de Oro del Congreso por George H. W. Bush el 28 de marzo de 1990. En 1984, una calle de Berlín fue renombrada con su nombre, al igual que una escuela secundaria en el distrito Lichtenberg.

Owens, fumador de un paquete de tabaco diario durante 35 años, muere el 31 de marzo de 1980 con 66 años de edad debido a un cáncer de pulmón, en Tucson, Arizona. Es enterrado en el cementerio Oak Woods de Chicago.



Fuente: olimpiadas2008.net




Su médico personal Sergio Perrone habló con C5N sobre su experiencia con "El Gitano". Destacó que el cantante "logró sobrevivir 15 años" a la enfermedad obstructiva que le ocasionó su adicción al tabaco. "Contra esto se puede pelear y se lo puede vencer; se necesita fuerza de voluntad", afirmó



El médico personal que estuvo durante los últimos cinco años al lado del cantante Roberto Sánchez habló en exclusiva con C5N sobre la tarea que realizó para sostener su vida, asediada por las consecuencias de su empedernida adicción al cigarrillo.

En ese sentido, explicó que la muerte de Sandro dejó "varios mensajes", entre ellos que "el tabaquismo es altamente perjudicial y que las adicciones son altamente perjudiciales" para el organismo.




"No sólo el cigarrillo es peligroso y perjudicial; todas las adicciones. El alcohol, el abuso a las drogas de recreación. Yo cada vez recibo más chicos jóvenes con miocardías dilatadas, que son chicos que están consumidos en las denominadas drogas de recreación", consideró.

"Sandro dejó un mensaje claro: contra esto, contra las adicciones, se puede pelear y se las puede vencer, y se puede abandonar. Él lo hizo y creo que todos lo podemos hacer", afirmó Sergio Perrone.

"Se pelea contra estas adicciones, pero hay que tener fuerza de voluntad. Si se pelea, se puede lograr un beneficio. El logró sobrevivir 15 años", recordó el médico que ayer estuvo al lado del cantante hasta sus últimos momentos.

Fuente: www.infobae.com




  • Sufría una enfermedad respiratoria crónica por el tabaco
  • Fue el primer latinoamericano en llenar el Madison Square Garden


  • "...No quiero que me lloren
    cuando me vaya a la eternidad,
    quiero que me recuerden
    como a la misma felicidad;
    pues yo estaré en el aire,
    entre las piedras y en el palmar;
    estaré entre la arena
    y sobre el viento que agita el mar..."

    Una muchacha y una guitarra - Sandro



    El cantautor argentino Sandro ha muerto este lunes a los 64 años en una clínica de la provincia de Mendoza (Argentina), después de haber recibido en noviembre un trasplante múltiple de corazón y pulmones, informaron fuentes médicas.

    El músico ha sufrido complicaciones del trasplante múltiple practicado el 20 de noviembre a raíz de una enfermedad respiratoria crónica derivada de su adicción al tabaco.

    "Lamento informar que Sandro dejó de existir", ha afirmado el médico Claudio Burgos, del Hospital Italiano de Mendoza, donde el músico estaba internado.
    El artista ha sido intervenido este lunes dos veces en pocas horas a raíz de una nueva complicación bronquial.

    Los médicos del hospital Italiano de la ciudad de Mendoza también pidieron 40 donantes de sangre "para reponer" la que ya había sido destinada al cantautor, quien se sometió a cinco operaciones tras el doble trasplante que recibió.

    "No somos Dios, estamos luchando contra una enfermedad que es muy grave con todos los recursos tecnológicos y médicos que tenemos", había indicado el médico Claudio Burgos, del hospital situado a unos mil kilómetros de Buenos Aires.






    El 'Elvis Presley' argentino

    Sandro se consagró como el "Elvis Presley" argentino gracias a sus movimientos pélvicos y a centenares de temas que hicieron delirar a sus "nenas", como el artista llamaba a sus seguidoras, que se presentaban en cada cumpleaños del artista en la puerta de su casa de la localidad bonaerense de Banfield para transmitirle su admiración.

    El músico sufría un enfisema pulmonar desde hacía once años, lo que le había llevado a ser hospitalizado en varias ocasiones en un sanatorio de Buenos Aires, y después fue trasladado a Mendoza donde se le practicó el trasplante.

    A pesar de su delicada situación de salud, el autor llegó incluso a realizar conciertos ayudado por un respirador, hasta que su enfermedad no le permitió salir más a los escenarios.

    El artista contaba en su haber con medio centenar de éxitos discográficos en toda Latinoamérica y participó en una docena de películas.

    El Hospital Italiano de Mendoza, en el oeste de Argentina, se había convertido en las últimas semanas en una especie de "santuario" de "fans" de Sandro, ya que en su zona de admisiones se depositaban centenares de cartas de apoyo y ramos de flores para el cantautor.

    El popular cantante fue el primer artista de Latinoamérica en llenar el Madison Square Garden de Nueva York y mantuvo el fervor de sus seguidoras pese a que desde hacía tiempo no lanzaba discos nuevos ni ofrecía recitales.




    El autor de temas como 'Rosa, rosa', nació el 19 de agosto de 1945 en Buenos Aires, pero años más tarde se mudó a la periferia de la capital argentina, donde vivió hasta el pasado marzo.

    La primera vez que el "Gitano" irrumpió en un escenario fue a los 13 años, durante una actuación en el colegio en la que se puso en la piel del Rey del Rock, a quien imitó durante su carrera con sus clásicos movimientos y bailes, que escandalizaron a sectores conservadores.

    De hecho, su primera aparición en televisión terminó con protestas de personas que no veían con buenos ojos sus movimientos "obscenos", al punto que los realizadores se cuidaban mucho de mostrar los movimientos del cantante y se centraban en primeros planos.

    Durante su adolescencia, Sandro se interesó por la música, aprendió a tocar la guitarra y participó en varios conjuntos de música pop, como Los Caribes o Los caniches de Oklahoma, con éxito desigual, hasta que llegó a "Los de Fuego", el grupo con el que alcanzó la popularidad.

    Con esta banda llegó a la pantalla chica y el éxito fue tal que el grupo pasó a ser conocido como "Sandro y Los de Fuego".

    En la década de los 60 llevó así una carrera ascendente que le permitió ganar el Primer Festival de Buenos Aires de la Canción con el tema 'Quiero llenarme de ti' (1967) y a saltar a la pantalla grande con su primera película en 1969 del mismo título, a la que seguirían 'La vida continúa' y 'Gitano', entre otras.

    Convertido ya en una figura de la canción en Argentina, sus temas se colocaron en las listas de éxitos de otros países de la región, desde Venezuela a Ecuador, pasando por México y Estados Unidos, donde en 1970 colmó el Madison Square Garden.

    Fuente: www.rtve.es




    Sandro evoluciona de manera favorable



    Sandro vive horas decisivas tras exitoso trasplante cardiopulmonar

    BUENOS AIRES, (AP).— El cantante argentino Sandro “está evolucionando muy bien” de su doble trasplante de corazón y pulmones al que fue sometido el viernes, dijo ayer su médico personal.
    “Se encuentra estable, aunque recibirá asistencia respiratoria mecánica por los próximos siete días”, declaró su médico personal Juan Massei en reunión de prensa en la entrada del Hospital Italiano de la provincia de Mendoza, donde se realizó la cirugía.

    Juan Massei dijo después de una cirugía como la que se practicó al cantante la primera semana es crítica porque se pueden presentar eventualidades, una de ellas el sangrado o el rechazo.

    Por su parte, el cirujano Claudio Burgos, jefe del equipo médico que intervino en el trasplante a Sandro, destacó que el cantante de 64 años está “ganando la batalla” por recuperar su salud.

    Más de 70 personas participaron de la cirugía a Sandro, quien padecía de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y el trasplante era su única esperanza de vida. Había sido trasladado a Mendoza —mil 37 kilómetros al oeste de Buenos Aires— en la mañana del viernes, luego de que aparecieran los órganos, donados por un joven de 22 años que falleció el miércoles pasado.




    Una larga espera

    El gitano, un fumador empedernido cuyo verdadero nombre es Roberto Sánchez, se encontraba internado en una clínica privada de Buenos Aires desde marzo. Estaba en emergencia nacional en la lista de pacientes en espera para un trasplante.

    Decenas de fanáticas se concentraron en las inmediaciones del hospital para realizar una cadena de oración por su ídolo mientras duró la cirugía. Otros seguidores más se aparecieron afuera de la casa del cantante en Buenos Aires, también para desearle una pronta recuperación.

    Fuente: www.eluniversal.com




    La folklorista argentina, de 74 años, popularizó la música popular latinoamericana en todo el mundo






    La Negra, la cantante folklorista de América Latina por excelencia, Mercedes Sosa, ha fallecido este domingo en una clínica de Buenos Aires, a los 74 años, víctima de una enfermedad hepática. Miles de seguidores en América Latina y en España (donde estuvo exiliada cuatro años durante la dictadura militar argentina) cantaron con ella su extraordinaria interpretación de Alfonsina y el mar, y otras zambas, chacareras, milongas y tonadas que popularizaron en los años 70 y 80 el folklore latinoamericano en todo el mundo y la convirtieron en una de las mejores y más famosas intérpretes del continente. La presidenta argentina, Cristina Fernández, y su marido, Néstor Kirchner, han acudido al Palacio del Congreso de Buenos Aires, donde se instaló la capilla ardiente, para dar el pésame a la familia de la artista.


    Su muerte ha sido acogida con dolor también en los medios rockeros y de música pop de América Latina, a los que siempre prestó su generoso apoyo y colaboración. Su relación con los músicos jóvenes argentinos fue constante: era ella la que les buscaba para ofrecerles incorporar algunas de sus canciones en los álbumes de música folklórica que iba produciendo (más de 40 a lo largo de su carrera). En su último álbum doble, Cantora, ya enferma, fueron muchos de esos músicos quienes se ofrecieron a cantar duetos con ella: Shakira, Fito Paéz, Charly García, Caetano, Soledad, Julieta Venegas, Drexter o los españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina colaboraron para lanzar un disco que ahora esta nominado como mejor álbum del año para los Grammys Latinos 2009. "La Negra era la mejor cantante de Argentina y la voz de América Latina", ha asegurado Fito Páez. Ella, sin embargo, rehusó siempre el apelativo de "la voz de América Latina", que le parecía excesivo.

    Michelle Bachelet, presidenta de Chile, que se encontraba el viernes visitando precisamente el pueblo natal de la folclorista chilena Violeta Parra, expresó su cariño y su admiración por Mercedes Sosa y recordó la amistad que mantuvieron ambas cantantes. La Negra Sosa cantó insuperablemente algunos de los temas más famosos de Parra, entre ellos su Gracias a la vida. "Ella era, quizás, la voz mas vigorosa de América Latina", lamentó Bachelet.

    "Mercedes fue un ser bondadoso, sin ningún tipo de maldad y su presencia era una necesidad para todos los que actuamos o grabamos con ella", ha resumido el letrista Antonio Tarragó Ros, en nombre de los músicos argentinos.

    Mercedes Sosa fue siempre una cantante comprometida con causas políticas y sociales. Formó parte de la bohemia que acompañó el folklore argentino en los años 70-80, el llamado Movimiento del Nuevo Cancionero, y participó en cuanta marcha, manifestación o encuentro hubo en esa época a favor de las comunidades indígenas, luchas sindicales o encuentros políticos sobre los derechos humanos. Durante un concierto celebrado al inicio de la dictadura militar fue detenida, junto con buena parte de su público. Al recobrar la libertad, marchó al exilio (España y Francia), de donde no regresaría definitivamente hasta la llegada del presidente Raúl Alfonsín y la democracia. En una reciente entrevista comentó aquellos momentos de intensa lucha política: "Antes, los sueños eran más radicales; perfectos. Ahora, se hace lo que se puede".

    Viuda, con un hijo y dos nietas, Mercedes Sosa se distinguió por su magnífica voz, con registros de soprano y de una belleza muy singular, y su conexión con todas las grandes figuras del folklore latinoamericano, desde Atahualpa Yupanqui a Violeta Parra. Sus interpretaciones de la Cantata Suramericana o la Misa Criolla recibieron premios internacionales. Sin embargo ella siempre se consideró una "negra petisa (una mujer pobre, morena y pequeña), sin glamour, tal y como se refiere a mí la oligarquía de mi país". "Este es un país de negros", decía con ironía, "en el que todos son rubios".

    En los últimos tiempos, cansada y enferma, aseguraba encontrarse feliz, rodeada de afecto.
    "Tengo suerte", decía, "...pero me ha costado mucho". La Negra Sosa luchó hasta el final por cumplir los objetivos del Manifiesto del Nuevo Cancionero que firmó en Mendoza, en 1964, cuando sólo tenia 28 años, y en el que se proponía renovar la canción argentina popular para conseguir que "se integre en la vida de todo el pueblo, expresando sus sueños, sus alegrías, sus luchas y sus esperanzas".


    Su relación con el tabaco

    En una entrevista a "Página 12" mencionaba...“Lo que he fumado yo, lo que he hecho con mi garganta, no tiene nombre. Pobre mi marido, que no fumaba. Lo último que me dijo fue: ¿por qué le das tanta ventaja a la gente? Debía ser a los otros que cantan. Cuando murió mi marido llegué a fumar cuatro paquetes por día. Claro que los prendía y los apagaba, era un impulso, una desesperación, un dolor tan grande que solamente yo lo sé. Porque no era mi marido solamente: era mi compañero, mi representante. Y después ya dejé de fumar, cuando hicimos Corazón americano con Milton y León, en el ’85. No me salía bien la voz de Sólo le pido a Dios, porque fumaba. Empecé a sentir una falta de aire, como asma. Y dejé para toda la vida el cigarrillo. Cuando usted lo deja no hay que agarrarlo nunca más, ni prenderle a otro, no, no... No se debe jugar con lo que es un enemigo de uno"

    Fuente: ELPAÍS.com




    Fallece de cáncer de pulmón el músico Antonio Vega.
    El autor de 'El sitio de mi recreo' o 'Una décima de segundo' ha muerto en Madrid a los 51 años.



    Por momentos parecía otra vez el Madrid de los ochenta. Ambite, antiguo componente de Los Pistones, fumaba en una esquina; El Reverendo daba cuenta de una caña en un bar y el dibujante Ceesepe saludaba a Teresa, la primera mujer de Antonio Vega. Llegaba de Vizcaya para dar el último adiós al músico con el que compartió sus años de Nacha Pop. Las imágenes se sucedían ayer por la mañana, a unos metros de la cola que rodeaba el edificio de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), donde se instaló durante todo el día la capilla ardiente del creador de "La chica de ayer".

    Abundaban las gafas oscuras que escondían las lágrimas. Las camisetas lanzaban eslóganes: "Aprovecha las confusiones que se producen en la noche". Era la de una joven que estaba desde las 9.00 en la cola para despedir a su músico favorito. "Le voy a echar mucho de menos", dijo, y se puso a tararear "Se dejaba llevar por ti". También aguardaba una mujer madura con el pelo recogido, que aseguró conocer muy bien a Antonio Vega: "Le he tenido muchas veces viviendo en mi casa. Era amigo de mi hijo, que murió antes que él".




    Gafas oscuras, tabaco y lágrimas



    Las coronas de flores de Andrés Calamaro y Joaquín Sabina llegaron de las primeras. El coche fúnebre, cerca de las 13.00, fue recibido en el palacete de Longoria, impresionante edificio modernista, con un largo aplauso. En la sala Manuel de Falla estaban los padres y los tres hermanos del músico. Tres guitarras y un piano, alquilados por la SGAE, esperaban, bajo un retrato de Antonio Vega, que algún amigo del compositor de Lucha de gigantes se animara a cantarle algo. En la sala, en medio del fuerte aroma que desprendían las coronas, quedó instalado el féretro.

    Alba Flores, hija de Antonio Flores, inauguró el desfile de famosos. Luego llegaron, en medio de una nube de fotógrafos, Lolita, Nacho G. Vega, Miguel Ríos y Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura y rendida admiradora del músico. Ellos tenían acceso directo a la sala donde estaba instalada la capilla ardiente, mientras el público seguía en la cola las apremiantes instrucciones -"¡Rapidito!"- de los vigilantes de seguridad. Y entre el barullo, Eduardo Bautista, presidente de la SGAE y productor del primer disco de Nacha Pop, recordaba el valor de un artista que nos "ha dejado la banda sonora de una década".





    Fuente: www.elpais.com





    La ley Evin, que regula la publicidad en el transporte público en Francia,
    impide mostrar a personas fumando,
    por lo que el cartel oficial del film "Coco avant Chanel" fue censurado, obligando a los productores a sustituir los 1.100 carteles destinados al metro, por otras gráficas.





    Coco avant Chanel (trailer)



    Poco a poco ha ido caminando la cultura moderna por un camino lejos del tabaquismo. País por país se ha empezado a rechazar al cigarro y se empieza a cambiar la mentalidad de la gente a pasitos. Hoy en día los niños son fervientes defensores del “no fumar” y es común que arremetan enérgicamente con cualquier adulto que encienda un cigarro. Pareciera que vamos por un camino sólido pero en realidad, aún es frágil.

    Basta con que alguna figura famosa sea retratada con un cigarro en la mano para que cientos o tal vez miles de adolescentes consideren el fumar como una actividad admirable. Los gobiernos lo saben. Por esta razón, es de primerísima importancia que se cuiden esos detalles en cualquier lugar y en esta ocasión el gobierno francés lo ha hecho. La nueva película acerca de Coco Chanel se estrenó el 22 de Abril en Francia. Como todas las películas, cuenta con un póster, pero éste no será puesto en varios lugares públicos por presentar una imagen de Audrey Tautou (la actriz protagonista) con un cigarrillo en la mano, lo cual representa una publicidad indirecta del tabaco y, por tanto, incumple la ley. La sociedad que gestiona la publicidad en los transportes de París confirmó hoy que ha vetado los carteles de la película sobre Coco Chanel en cumplimiento de la ley antitabaco. Un portavoz de Metrobus explicó que se ha rechazado la difusión del cartel de la película, que se estrena en Francia: Coco avant Chanel.

    De los 5 mil 800 carteles de la película distribuidos en Francia, los mil 100 destinados al metro y autobuses parisinos han sido sustituidos; en su lugar se exhiben dos imágenes complementarias de la película en los que aparece Audrey Tautou con los dos actores masculinos.

    Olivier Snanoudj, director general adjunto de Warner Brothers France, productora de la película, ha hablado de un “celo destacable” de Metrobus en la aplicación de la ley antitabaco, en declaraciones al diario Le Monde.


    Fuente: nofumar.net

    Póster censurado.




    Muchos aseguran que los creativos supieron captar y plasmar en el cartel la esencia de Madame Chanel, revolucionaria diseñadora de modas, fumadora empedernida, amante de los hábitos que iban en contra de los convencionalismos de su época. Una Audrey Tautou, engalanada con un pijama masculinamente femenino y cigarrillo en mano, está colaborando con las tabacaleras? O simplemente está interpretando de forma magistral a Gabrielle Bonheur?


    Coco Chanel.



    ¿Ha tirado la toalla o espera un milagro?
    Patrick Swayze, consciente de que como mucho le quedan dos años de vida, no se separa de su cajetilla de tabaco pese a su reciente neumonía.



    Las fotos del actor gravemente enfermo
    entristecen a sus fans



    El actor Patrick Swayze vuelve a los titulares de periódicos y revistas. Una fotografía que le muestra inhalando el humo de un pitillo después de su estancia reciente en un hospital por una grave neumonía ha sorprendido a sus fans. ¿Significa que ha tirado la toalla?

    El intérprete de Dirty Dancing parece haber decidido hacer todo aquello que generalmente se considera nocivo para una vida sana y, sobre todo, fumar todo lo que le apetezca pese a su grave enfermedad, detectada hace 14 meses.

    A sus 56 años y consciente de que como mucho le pueden quedar dos años de vida el actor aseguró recientemente a la periodista Barbara Walters que decidió continuar fumando ya que él "siempre será un vaquero que no pierde sus hábitos". "Si tuviera la certeza de que sin fumar sobreviviría los próximos cinco minutos soltaría el pitillo como una patata caliente", comentó hace unos días.




    Sea como fuere, las imágenes son sobrecogedoras, como detalla el diario británico The Mirror. Un Patrick Swayze demacrado y pálido, escondido tras unas grandes gafas de sol, gorra de béisbol y barba, con aspecto cansado, fumando un pitillo detrás de otro, espera a las puertas de una clínica de Beverly Hills a su esposa Lisa que ha ido a comprar una pizza.

    Hace sólo unas semanas que salió del hospital. Entonces comentó, como informó El Semanal Digital, que "si se cree en las estadísticas como mucho me quedan dos años de vida aunque mi corazón y mi alma están abiertos para un milagro. Sigo rezando".

    Swayze, que negó tajantemente haber dejado la medicación, escribe actualmente sus memorias a la vez que siempre que las molestias que le produce su cáncer de páncreas se lo permite, sigue adelante con el rodaje de la serie The Beast.





    Fuente: www.elsemanaldigital.com




    Pepe Rubianes suma su nombre a la lista de víctimas del tabaco en pleno debate sobre las deficiencias de la ley.
    54.000 españoles mueren cada año por esa adicción



    La anécdota la cuentan así. Pepe Rubianes ya sabe que el cáncer le consume, pero aún sube a los escenarios. En plena actuación, alguien entre el público tose. No es nada fuera de lo común. Ocurría seguro en tiempos de Sófocles, en el Kabuki japonés y en el The Globe, donde William Shakespeare estrenaba sus obras. "¿Quién ha sido?", preguntaba entonces Rubianes. "Hazte unas placas de tórax, que yo también empecé así", bromeaba con el público.

    Cada año --aseguran los oncólogos-- mueren por culpa del tabaco 54.000 españoles, sin que el cáncer sea la única dolencia achacable a los venenos que contiene el humo de los cigarrillos. Es una cifra fría. Sin cara, por decirlo de algún modo. La muerte de Rubianes, como la también reciente de Alan Landers, el actor que protagonizó durante años los anuncios de Winston, no hace más que dar argumentos a los partidarios de endurecer en España la ley del tabaco, que, fruto del accidentado parto que tuvo en el Congreso por culpa de las presiones procedentes de los distintos sectores implicados, nació con serias deficiencias.

    El ministro de Sanidad, Bernat Soria, se mostró dispuesto el pasado 16 de febrero, en una entrevista publicada por el EL PERIÓDICO, a satisfacer dentro de esta legislatura las demandas de quienes, como los neumólogos y oncólogos, piden la prohibición total del tabaco en bares y restaurantes.


    Lo que el humo se llevó

    Mensajes amenazantes

    La muerte de Rubianes, o antes la de Terenci Moix --explican algunos expertos-- ilustra a la perfección la urgencia del debate. Tanto el actor como el escritor no dejaron de fumar una vez que conocieron sus respectivos males. En esa actitud, los especialistas ven clara la inutilidad de medidas como introducir mensajes amenazantes en las cajetillas de tabaco, e incluso, como hacen algunos países, reproducir en ellas la fotografía de pulmones ennegrecidos. Solo la prohibición resulta ser eficaz, dicen.

    De hecho, las encuestas del Ministerio de Sanidad tienen efectivamente constatado que la cifra de españoles que fuman permanece estancada en un 24%, tras la importante disminución que conllevó en un primer momento la aprobación de la ley del tabaco. Cualquier nuevo avance, sugieren las encuestas, depende de ampliar el número de espacios libres de humo. Bares y restaurantes, vamos.






    Fuente: www.elperiodico.com




    • Alan Landers fallece 40 años después de convertirse en la imagen de la marca

    • El modelo había demandado a la compañía y estaba a punto de ir a juicio



    Un hombre que la mayor parte de su vida fue por ahí con el rótulo de Winston man solo podía morir de cáncer, pensarán algunos. Y puede que tengan razón. El autoproclamado hombre Winston, imagen de la conocida marca de cigarrillos durante los años 60, falleció el pasado viernes después de librar una larga y encarnizada lucha contra la enfermedad; lo cual, dirán algunos, no es demasiado extraño, teniendo en cuenta que en su robusta juventud llegó a consumir hasta cuatro paquetes al día. Alan Landers, un judío nacido en Brooklyn que en realidad se llamaba Alan Stewart Levine, tenía 68 años y llevaba más de 20 flirteando con la muerte: cáncer en el pulmón derecho, en el pulmón izquierdo y en la laringe; enfisema pulmonar e infarto. Falleció sometido a un tratamiento de radioterapia diaria y quimioterapia semanal. Un infierno en toda regla, y con todos los ingredientes para dar al lobi contra el tabaco un nuevo icono. Así se acaba, dirán.


    La muerte por cáncer del icono de Winston rearma al lobi antihumo



    UN HOMBRE ARREPENTIDO

    Landers empezó a fumar cuando tenía nueve años, y fue, durante décadas, un consumidor empedernido, el angustiante vicioso que encendía un cigarrillo tras otro; pero acabó asqueado, escupiendo en las cajetillas rojas. ¿Quién lo iba a pensar? Su mueca de galán cosmopolita y los eslóganes de Winston fueron durante años un todo. Winston sabe bien, como sabe un buen cigarrillo. Y ahí estaba él, joven y sonriente, apretando un pitillo con los dientes. Se trataba del mismo sujeto que años después --al igual que su colega más famoso, el hombre Marlboro-- iba a encabezar una aguerrida campaña contra las tabacaleras, a las que acusó de engañar a sus clientes; el mismo que, cuando le echaban en cara sus 28 paquetes semanales ("¿qué esperabas?"), explicó que su adicción era muy fuerte, y las advertencias, la información de las empresas, mínima.
    "Cuando repaso mi carrera siento vergüenza de haber ayudado a promover un hábito tan letal y adictivo entre los niños y los adultos de este país", se lamentó alguna vez. Puede que su mayor tragedia haya sido que la muerte, después de acecharlo durante tanto tiempo --el primer cáncer se lo diagnosticaron en 1987--, lo sorprendiera justo ahora, en este febrero de este año 2009, cuando faltaba tan poco para que sus anhelos de justicia se convirtieran en algo concreto: el 13 de abril iba a afrontar el juicio contra la R. J. Reynolds Tobacco Company, propietaria de la marca Winston. Llevaba, desde 1995, cuando interpuso la demanda, 14 años esperando. "Quería tener su día en los tribunales --dijo su abogado--. Es el problema con todos estos casos de tabaco... cuando la justicia tarda demasiado, las personas mueren".


    ACTOR CON WOODY ALLEN

    Las leyes del estado de Florida, donde acabó viviendo Landers, permiten que sus padres, su pareja o sus hijos hereden la causa, pero el hombre Winston era un hombre solo: no tenía padres (muertos ambos, de cáncer), ni pareja (nunca se casó), ni hijos. Así que su demanda --alguna vez, refiriéndose al negocio de las tabacaleras, dijo que se trataba de "la mayor estafa del siglo XX"-- se la lleva a la tumba. Eso y otros detalles que configuran al personaje: su adicción a la cocaína, por ejemplo. Sus dos robos a mano armada. Su fugaz paso por el cine, de la mano de Woody Allen, como actor de reparto en Annie Hall.



    Fuente: www.elperiodico.com





    LOS FUMADORES, ENTRE EL ATRACO Y LA ESTAFA


    Pensaba dejar los cigarrillos el próximo febrero, dando por suficientes 40 y muchos años de gran fumador, pero el recrudecimiento de la cruzada antitabaco justifica un ejercicio de solidaridad con quienes siguen fumando, y aspiran a ser respetados.

    En efecto, los reglamentos no mandan que las tiendas de alpinismo estampen en sus artículos esquelas sobre peligros de la escalada; ni imponen a la manteca y la mantequilla esquelas parejas sobre los riesgos del colesterol. Ni siquiera los concesionarios de motos y coches deportivos deben incorporar algo análogo sobre accidentes de tráfico. Vendedores y bebedores de alcohol, quizá por respeto al vino de la misa, no son molestados. Quienes usan compulsivamente pastillas de botica resultan pacientes decorosos, y quienes toman drogas ilícitas son inocentes víctimas, redimibles con tratamiento. El tabacómano y el simple usuario ocasional de tabaco, en cambio, son una especie de leprosos desobedientes, que pueden curarse con sanciones y publicidad truculenta.

    Es indiscutible que el humo molesta, y que debe haber amplias zonas para no fumadores. Sólo se discute qué tamaño tendrán en cada sitio (edificios, barcos, aviones) las zonas para fumadores. Cuando algo que usa un tercio de la población recibe una centésima o milésima parte del espacio -o simplemente ninguna- oprimimos a gran número de adultos, capacitados todos ellos para exigir que las leyes no reincidan en defenderles de sí mismos. Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789, al reconocerse los Derechos del Hombre y del Ciudadano, gracias a lo cual en vez de súbditos-párvulos empezamos a ser tratados como mayores de edad autónomos. Y es llamativo que en un momento tan sensible al respeto por muy distintas minorías cunda un desprecio tan olímpico hacia la única minoría que se acerca a una mayoría del censo. Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.

    Con todo, la sustancia del atropello no cambia al sustituir sotanas negras por batas blancas. Si atendemos al asunto concreto, vemos enseguida que la fanfarria terapeutista disimula y deforma sus términos. En primer lugar, la nicotina estimula, seda y previene algunas enfermedades; los agentes propiamente nocivos son alquitranes derivados de asimilarla por combustión. El gendarme terapéutico ¿se ocupa acaso de promover alternativas al alquitrán? Las primeras patentes de cajetillas con una pila que calienta el tabaco a unos cien grados, hasta liberar la nicotina sin producir alquitranes, tienen más de 20 años. Esos revolucionarios inventos para inhalar selectivamente han ido siendo comprados por las grandes tabaqueras, como es lógico; pero que Philip Morris o Winston se arriesguen a poner en marcha tanto cambio pide un cambio paralelo en la actitud oficial, hoy por hoy anclada al simplismo de satanizar la nicotina.

    En segundo lugar, las incoherencias del terapeutismo coactivo brillan en el hecho de que sus desvelos por la salud del fumador no incluyen informar sobre o intervenir en qué fumamos, cuando el tabaco ronda una quinta parte del contenido de cada pitillo. El resto, llamado sopa, es una receta confidencial del fabricante, cuya discrecionalidad le permite novedades como añadir tenues filamentos de fósforo al papel, para que queme más deprisa. En tercer lugar, a este generalizado trágala se añaden promesas de doblar el ya exorbitante precio de las cajetillas, como si sumir en ruina al tabacómano le resultara salutífero.

    Así, los deleites unidos a fumar -que son básicamente energía y paz de espíritu-, y los inconvenientes de dejar esa costumbre -que son desasosiego, y resucitar la codicia oral del lactante- pretenden solventarse con un cuadro de castigos: no saber qué fumamos, no tener alternativas a una inhalación de ilimitados alquitranes, padecer atracos al bolsillo, sufrir discriminación social, o comulgar con falsedades (como que estaremos a salvo de cáncer pulmonar, bronquitis, arteriosclerosis e infartos evitando el tabaco). Curiosamente, el cruzado farmacológico norteamericano, que está en el origen de esta iniciativa, se niega por sistema a reducir sus emisiones de gases tóxicos firmando Kioto, sin duda porque tragar humo de modo involuntario y no selectivo es tan admisible como inadmisible resulta tragarlo de modo voluntario y selectivo.

    Ante tal suma de iniquidades, un grupo tan nutrido como el tabaquista debe reclamar los mismos derechos que cualquier minoría, empezando por regular él mismo sus propios asuntos. Actos de pacífica desobediencia civil en cada país, como encender todos los días varios millones de cigarrillos a cierta hora, parecen sencillos de organizar, y prometen tanta fiesta para los rebeldes como impotente consternación en el gendarme higienista.

    Moliére lo comenta ya en L'amour médecin: «el tabaco es droga de gente honrada, como el café». Reconozcamos también que en tiempos de Moliére no se había descubierto el cigarrillo, ni Hollywood había promocionado tan abrumadoramente su empleo. Doy por evidente que los ceniceros sucios despiden un olor asqueroso, que el tabacómano es una especie de manco, y que fumar muchos cigarrillos genera a la larga efectos secundarios funestos. No por ello resulta más arriesgado que conducir deprisa. Ni es más insensato que ignorar el cultivo del conocimiento, la práctica de la generosidad o prepararse cada uno para su venidera muerte. Lo arriesgado es que la ley saque los pies del tiesto, lanzándose a proteger a los ciudadanos de sí mismos, como si la sociedad civil pudiera administrarse a la manera de un parvulario.

    Cuando nos atracan entregamos el botín a disgusto, conscientes de padecer una agresión. Cuando nos estafan lo damos a gusto, imaginando hacer un buen negocio. Pero es estafa, y no buen negocio, cargar con planes eugenésico-paternalistas que siempre aúnan despotismo con frivolidad. Dejar de fumar sólo cuesta tanto porque sus efectos primarios -anímicos y coreográficos- generan un placer sutil. Sin duda, haremos bien dejando de fumar compulsivamente, mientras eso no nos amargue el carácter y desemboque en efectos secundarios como obesidad, inquietud o sustitutos químicos para la sedación-estimulación que obteníamos encadenando cigarrillos. Como dijo Epicteto, "nada hay bueno ni malo salvo la voluntad humana", y si lo olvidamos todo el horizonte se torna banal, no menos que proclive a confundir opresión con protección, estafa con benevolencia.

    Antonio Escohotado

    Fuente: www.escohotado.org




    N

    o puede negar que él mismo fuma, pero el mandato de Barack Obama se perfila como uno de los más drásticos contra el tabaco. Las mismas esperanzas que tiene puestas en él su mujer para que logre dejarlo, las albergan los principales grupos antitabaco de EEUU.

    La regulación de los cigarrillos por parte de la agencia estadounidense del medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) es uno de los principales bastiones de las políticas antitabaco y parece que Obama es su defensor. O así lo refleja 'The New York Times'.

    El último apoyo a esta medida lo dio el Congreso de EEUU en abril de 2008; sin embargo, la Administración Bush siempre se ha opuesto a ella. No así la tabaquera Philip Morris (fabricante de marcas como Marlboro), que se ha mostrado de acuerdo con este cambio.

    Si la FDA acabase regulando el tabaco, no significa que pueda prohibirlo sino que, por ejemplo, señalaría qué productos son los menos dañinos para la salud o establecería férreas regulaciones sobre la publicidad dirigida a los jóvenes. Además, se espera que la agencia cree un departamento específico para tratar todos los temas relacionas con el pitillo.


    Ratificar el Convenio Marco de la OMS

    Otro de los movimientos de ficha más codiciados tiene que ver con la firma del Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS) contra el tabaco. EEUU todavía no ha ratificado este pacto mundial y, junto con Indonesia, es uno de los países con mayor población que todavía no han dado ese paso.

    A pesar de que muchos de sus estados ya cuentan con medidas antitabaco similares a las que establece el citado convenio (regulación de la publicidad, del consumo en lugares públicos...), el gobierno de Bush tampoco se decidió a aprobar su entrada en vigor.

    "El pacto, que constituye el primer tratado mundial de salud pública, irá más allá y excluirá a los directivos de la industria de la toma de decisiones políticas", informa el diario neoyorquino. Y añade que, además, con él se pretende frenar los planes de expansión de las tabaqueras.




    Más impuestos sobre el tabaco

    El incremento de los impuestos sobre el tabaco -esencial para reducir el consumo- es otra de las medidas más esperadas. Según el 'NYT', los líderes demócratas abogan por aumentar estas tasas 61 centavos, hasta alcanzar un dólar por cajetilla.

    "Los esperados beneficios de 35.000 millones de dólares (25.900 millones de euros) del nuevo impuesto, pasados cinco años, ayudarían a financiar el programa estatal de la sanidad pública infantil. Como senador, Obama co-patrocinó la medida y en su campaña enumera esta acción entre las planeadas para relanzar los cuidados de salud", añade la citada publicación.

    Además de estas posibles iniciativas, la prensa norteamericana menciona algunos de los candidatos de Obama que podrían desempeñar una función muy importante en la ardua tarea de luchar contra el tabaco.

    Tom Daschle, que podría ocupar el cargo de secretario de servicios sanitarios y humanos, o Joshua M. Sharfstein, que opta a ser nuevo director de la FDA, son conocidos por su fervorosa oposición al consumo de tabaco.

    Precisamente, ambos expertos, y otros miembros del denominado 'equipo de transición de Obama', han recibido una polémica carta de la que se hace eco 'The Wall Streel Journal'.

    En esta misiva, un grupo de científicos aboga porque la FDA se reestructure ya que, aseguran, "ha intimidado y coaccionado a los investigadores para que manipulen los datos en contra de la ley".


    Fuente: www.elmundo.es




    El tabaquismo lo tuvo como esclavo durante décadas. Hoy lo tiene postrado en una cama, a la espera de un trasplante cardiopulmonar. A los 62 años, Sandro, el cantante conocido como el émulo argentino de Elvis, dice que no quiere perderse la vida.



    El popular cantante argentino Sandro, un émulo de Elvis Presley que se hizo famoso en América latina con sus baladas románticas, se debate entre la vida y la muerte en espera de un trasplante cardiopulmonar.

    “Fue una decisión mía. Prefiero no perderme la vida. Quedar tirado en una cama con un tanque de oxígeno es lo mismo que estar muerto”, dijo Sandro, de 62 años, quien de joven soñaba con ser cantante de rock.

    El caso de Sandro despertó en estos días una polémica sobre la invasión a la privacidad de los famosos, pues fue un funcionario quien sacó a la luz que el ídolo de América, como también se le llama, está en la lista de pacientes para un trasplante de órganos.

    “Pido perdón. No hubo ninguna mala intención, fue la inexperiencia en el manejo de los medios”, argumentó el funcionario, Armando Perichón, quien presentó luego su renuncia a la dirección del Incucai, el ente oficial que regula los trasplantes.

    Pero lo que impactó a los millares de fans fue el agravamiento del enfisema pulmonar crónico del artista, cuyo verdadero nombre es Roberto Sánchez.

    El cantante, que había aparecido en la escena musical a mediados de los años 60 con su grupo Sandro y los de Fuego , fue uno de los máximos impulsores del rock and roll en Argentina y uno de los primeros en cantarlo en español.


    Entre Gardel y Elvis

    “Sandro es (Carlos) Gardel porque fue lo más cercano a Elvis (Presley) que dio el sur del mundo y, para la industria de la música, porque vendió millones de discos”, escribió el periodista Víctor Pintos.

    Y es que la admiración de Sandro por Presley lo hizo copiar el vestuario, los sensuales movimientos de pelvis y hasta las patillas, las que aún conserva.

    Popular en Latinoamérica desde aquellos inicios, el Gitano , otro de sus apodos, se pasó luego al romanticismo e hizo delirar con temas como Rosa, Rosa y Quiero llenarme de ti a millares de mujeres que arrojaban su ropa interior al escenario, como muestra de entrega al ídolo.

    Pero hoy la historia es muy diferente: vive alejado de los escenarios y rodeado de tanques de oxígeno en su casa de la periferia sur de Buenos Aires.

    Como marca de su fama, cada 19 de setiembre, en el día de su cumpleaños, decenas de fanáticas ya veteranas –a las que él sigue llamando “mis nenas”–, se reúnen frente a su casa. El artista aparece entonces enfundado en su clásica bata roja y les arroja un beso de complicidad eterna.

    El enfisema pulmonar que padece por su tabaquismo lo tuvo al borde de la muerte en el 2005, aunque tras una complicada intervención quirúrgica, pudo incluso volver a cantar.

    En octubre del 2006, Sandro presentó su último disco Secretamente palabras de amor , el número 38 de su trayectoria, por el que recibió un disco de platino que le entregó la legendaria cantante Mercedes Sosa. En aquel momento, El Gitano confesó que tenía dos grandes anhelos: “grabar un disco de rock violento” y volver al cine con un “papel interesante”, que no demandara esfuerzo físico. Pero, cinco meses más tarde volvía a ser hospitalizado por un problema cardíaco.

    A partir de 1970, protagonizó una docena de películas como Gitano y La vida continúa, que se proyectaron en toda América Latina. Fue además el primer artista latino en llenar el famoso Madison Square Garden de Nueva York, en dos conciertos en 1970.

    Considerado un icono de los inicios del profuso movimiento de rock en Argentina, por ser el primero que cantó en español, es respetado por los rockeros que le “perdonaron” su pase a la música romántica. Así, dos emblemas del rock vernáculo como Charly García y Pedro Aznar, convocaron a Sandro para grabar juntos una versión de Rompan todo de Los Shakers , en su disco conjunto Tango 4 de 1991.

    En 1999 fue editada la placa Tributo a Sandro. Un disco de rock, en el que exitosas bandas como Divididos, Los Fabulosos Cadillac, Attaque 77 y Bersuit Vergarabat y Molotov, crearon versiones de diversos clásicos del intérprete y autor. Pese a su condición, parece mantener el buen humor. El martes, dijo a AFP: “Estoy bien; tranquilo. Pero bueno, me tienen que abrir el motor y sacar todo esto y chau, fuera”.






    “El tabaquismo es un viaje sin retorno”

    “No fumen”, implora hoy el cantautor argentino. Sandro confirmó que se someterá a un trasplante de pulmón y corazón para recuperar la vida que perdió hace una década, cuando se le diagnosticó un enfisema.

    Desde entonces padece una obstrucción pulmonar crónica debido a su adicción al cigarrillo, por lo que aconseja a los jóvenes que no fumar. “No hay retorno del tabaquismo. Gracias a Dios, ya no puedo fumar ni soñando”, comentó al admitir que consumía 60 cigarrillos al día los que han provocado que desde 1998, requiera un tanque de oxígeno para respirar.

    El artista negó que vaya a tener “privilegios” en la lista de espera para trasplantes.

    “Muchos van a pensar que, como soy Sandro, recibiré el trasplante primero. Pero los turnos se colocan según el grado de evolución de la enfermedad; tengo que pensar en esos compañeros que sufren lo mismo que yo” , comentó el artista, quien está en lista de espera.


    Fuente: www.nacion.com




    “Soy una firme defensora del bienestar de los niños alrededor del mundo y no justifico ni respaldo el tabaquismo”, aseguró la intérprete.



    Philip Morris International retiró afiches y carteleras que promovían un concierto de Alicia Keys en la capital de Indonesia después de que la cantante protestó por el patrocinio de la empresa fabricante de cigarrillos.

    El logotipo y las frases publicitarias de los cigarrillos A Mild, producidos por una filial de Philip Morris, eran mostrados ampliamente en materiales de promoción para el concierto de Keys.

    La organización Campaña en Favor de Niños Libres de Tabaco, con sede en Washington, D.C., atrajo la atención de Alicia Keys a la relación que tenía la empresa con su espectáculo.

    En una carta emitida por su sello de grabación, Sony BMG Music Entertainment, la cantante indicó que había pedido a la empresa tabacalera que suspendiera el patrocinio del evento.


    Molesta, Alicia Keys rechaza patrocinio de cigarrera

    "Soy una firme defensora del bienestar de los niños alrededor del mundo y no justifico ni respaldo el tabaquismo", agregó Alicia Keys.

    Philip Morris International no indicó si va a exigir la devolución de su dinero ni tampoco reveló cuánto había invertido en la promoción del concierto.

    "El que el patrocinio tabacalero a eventos musicales pudiera llevar a los jóvenes a fumar es un asunto de debate serio", indicó la empresa a través de un comunicado recibido el jueves.

    "Al haber considerado los hechos en esta instancia específica, hemos decidido retirar todas nuestras marcas relacionadas con este concierto", agrega el comunicado.

    Más del 30% de los 220 millones de habitantes de Indonesia fuman, lo que la convierten en el quinto mercado tabacalero más grande del mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.





    Fuente: www.terra.com




    El candidato demócrata confiesa que se ha relajado durante la campaña y admite que aún no puede deshacerse del hábito



    Desde que empezó su carrera presidencial, el senador por Illinois Barack Obama ha tenido una clara meta en su vida personal que nada tiene que ver con conseguir votos: dejar de lado los cigarrillos. Sin embargo, un año y medio más tarde, el candidato demócrata admite que, a pesar de la presión ejercida por Michelle, su mujer, aún no lo ha logrado del todo.

    "Ha habido un par de veces durante la campaña en que llevaba semanas sin fumar, pero luego no me aguantaba y le gorroneaba algún cigarrillo a algún compañero. Así, una y otra vez lo he venido dejando y volviendo a él", cuenta el candidato a la edición de noviembre de la revista Men's Health, que lo lleva en portada. "Pero bueno, me imagino que estando en un período tan estresante como una carrera presidencial, tengo derecho a relajarme un poco", bromea.


    El desafío más duro de Obama: dejar de fumar

    Barack Obama, de 47 años, aprovecha de dar sus recomendaciones personales a otros adictos al tabaco, a pesar de que a él estos consejos aún no terminan de resultarle. "Hay que eliminar cierta clase de conexiones clave con el tabaco: ese cigarrito de por la mañana, el otro de después de cenar o el típico sin el cual no te imaginas tomando una copa".

    Pero aparte de quitarse del vicio del tabaco, el candidato confiesa que sí intenta cuidarse lo más que pueda físicamente. De momento se las arregla para entrenar unos 45 minutos seis días a la semana. "Un día hago pesas y al siguiente, ejercicios cardiovasculares", admite, sin tardar en agregar que le gustaría que aquellas sesiones de gimnasio fueran más largas, pero no puede evitar que el sueño le quite el tiempo libre que necesitaría para lograrlo.

    "Me gustaría hacer unos 90 minutos de entrenamiento diario, pero como ese momento casi siempre es antes de empezar el día, me cuesta levantarme y negociar con el sueño para darle tiempo al ejercicio", bromea.

    Fuente: www.elpais.com




    El tabaco ligado fuertemente a la creación literaria, ¿mito o realidad?, buscando sobre este tema nos encontramos con este artículo de prensa plasmado por el escritor catalán Terenci Moix en la primavera del año 2000, en la que relata con maestría sus vivencias, emociones y opiniones en su relación de amor y odio con el tabaco.



    He estado a punto de morir con la gentil colaboración de Tabacalera Española. Puedo hacer esta afirmación con absoluta certeza, porque he sido fiel a los productos nacionales desde 1957. El consumo salvaje de las marcas Celtas y Ducados me permite afirmar que los asesinos hablan mi idioma. Tampoco hay duda respecto al color: es negro, negrísimo, color culpa. Cuando he residido en el extranjero han sido Gitanes y Gauloises, con la aportación decididamente cutre de los Nazionale cuando viví en Roma. Y todos en cantidades tan ingentes que justifican el título de este artículo, al estilo de «Yo fui una madre soltera» o «Yo fui un Frankenstein adolescente». O, siguiendo con el cine: «Me llamo Lillian Roth y soy una alcohólica». Así, pues, confesión pura y dura. (...)

    Estamos hablando, naturalmente, de una compulsión, pero en lenguaje llano puedo llamarlo obsesión, delirio y hasta locura. Sólo con epítetos un tanto desorbitados puedo calificar a los alucinantes momentos en que intenté desengancharme. Y esto en una época en que el enfisema ya había convertido mi caso en cuestión de vida o muerte. Vértigos, estados de histeria, alucinaciones, agresividad, eran algunos peldaños que me hacían subir directamente a la desesperación. Tales reacciones me hacían ver que casi cuarenta años de tabaquismo habían hecho su efecto. No era una constatación demasiado útil. El reconocimiento de un fallo y su enmienda no siempre van juntos; sobre todo cuando la adicción es tan traidora como para aportar a cada causa su justificación; sus coartadas a menudo múltiples. La primera de ellas: «Si no dejo el tabaco es porque no quiero. Y, después de todo, siempre hay tiempo para hacerlo».

    Pero el tiempo transcurre, las facultades menguan, la basura va invadiendo los pulmones, al final los devora y la dependencia crece hasta convertirse en una esclavitud. Lo más lógico es reconocer de una vez que me he convertido en una piltrafa, pero los Ducados pueden más. Pertenezco a la raza de fumadores que quieren dejarlo... sin quererlo dejar. Con mi enfisema debidamente diagnosticado continué consumiendo el veneno y reduciendo mi calidad de vida al mínimo, por no decir a la nada absoluta. Nunca faltaron excusas. ¿Cómo iba a escribir una sola página sin mis aliados, los cigarrillos? Pero los Ducados no me han convertido en Joyce. ¿Cómo hacer el amor sin aspirar, después, una calada, como hacían las heroínas de la nouvelle vague? Pero no se me presentó la oportunidad, porque gracias al tabaquismo entré directamente en la impotencia sexual, con el consiguiente deterioro de mis relaciones de pareja. Pero seguí prefiriendo los Ducados a un acto de amor; y al cabo los preferí a la posibilidad de caminar. Tanto es así que el pasado año, tuvo que llevarme un coche desde el hotel Ritz al Museo Thyssen, donde daba una conferencia. No podía cruzar el paseo del Prado, pero de mis tres paquetes de Ducados no me apeaba ni el dios Neptuno, testigo de aquel dislate.

    En tales circunstancias, no podía recurrir a las frases estilo «¡Virgencita mía, qué cruz me has mandado»! ; y no podía hacerlo porque la cruz me la busqué yo, aunque no sin ayuda A los dieciséis años recurrí al cigarrillo como tantos otros : no para hacerme el macho – comprenderán que esto siempre me importó un pito – sino como forma de distinción social aprendida en la moda y, desde luego, en los dioses del cine; pero las tabacaleras todavía no me alertaban con esa astuta advertencia que adornaría las cajetillas muchos años después, cuando ya era demasiado tarde: «El tabaco perjudica seriamente la salud». Santo aviso, pero ambiguo. El tabaco entraría a formar parte de las múltiples cosas que pueden dañar la salud en mayor o menor grado, pero nunca, en anuncios o cajetillas, he leído que los cigarrillos crean adicción. Y es aquí donde los fumadores perjudicados estamos en el derecho de exigir responsabilidad y de acusar a las tabacaleras de criminales.

    (...) Son más poderosos que cualquier droga, pues mientras me convertían en adicto, en obseso, en esclavo, me hacían creer que me estaban ayudando. Pero ¿a qué? Los problemas, cualesquiera que fuesen, seguían existiendo aunque los disfrazase tras una cortina de humo. Más aún: generaban un nuevo problema, que no era sino el reconocimiento de mi irresponsabilidad. Si no fumaba caía en la desesperación; si fumaba me desesperaba por ceder. Y a fe que intenté dejarlo por todos los medios aconsejados: libros de ayuda, acupuntura, ondas electromagnéticas, parches de nicotina, pastillas, boquillas... Sólo que faltaba lo más importante: la decisión verdadera, asumida, de querer dejarlo realmente. Los cojones que Tabacalera me había arrebatado.

    Mientras, el enfisema seguía su curso. Y el tabaco también. Una pintoresca pulmonía doble vino a completar el cuadro. Y a mayor peligro, más tabaco.
    Enlazo con el principio: he visto a la Muerte cara a cara. No era como la de Ingmar Bergman, negra, ni como la de Woody Allen, blanca. Era azul, como un paquete de Ducados, y cada vez que en la clínica me agujereaban venas y arterias para introducirme sueros o sondas, o yo qué coño sé, imaginaba que me estaban incrustando cigarrillos. Después de todo es lo que había estado haciendo yo mismo durante 40 años. En esta excursión a las fronteras del Más Allá descubrí el único final de la abominación, que no es otro que romper con ella a rajatabla. Con ayudas pertinentes, llámense parches, pastillas, comidas—nunca saboreada antes—, horas de sueño, lo que sea pero siempre como elección inevitable.

    Hace ya tres meses de esta decisión, y la esclavitud al cigarrillo se me aparece como algo lejano, como un engaño destinado a anularme. Y lo que más me maravilla es la rapidez de esta recuperación, la ausencia de sufrimiento —temor tan importante para quienes quieren dejarlo— la fácil eliminación de la nicotina —otro de los temores más extendidos—y, sobre todo, la insólita sensación de serenidad derivada de una autoestima que se va acrecentando a medida que pasan los días. ¡Esas sobremesas sin cigarrillos, cuando siempre pensé que serían el momento más delicado! Y esos mil actos que no podía efectuar sin ir fumando y que ahora cumplo tranquilamente. Sin añoranzas, sin recuerdos. No digamos ya el percatarme de que, en esos noventa días, mi cuerpo ha dejado de consumir más de seis mil cigarrillos. También el lujo de permitir que los demás fumen a mi lado, sin inmutarme, porque entre las cosas que no pienso hacer es convertirme en flagelo de fumadores; o sea, dictador de la salud ajena.

    Me siento muy orgulloso de mí mismo, pero al mismo tiempo me tengo por estúpido por no haberlo dejado antes. Y es que el deterioro ha sido inexorable. Por más que haga a partir de ahora seguiré viviendo con mis facultades considerablemente disminuidas. Ninguna reforma conseguirá devolverme el trozo de pulmón que me falta, por no hablar de deficiencias cardiovasculares, sexuales y algunas bendiciones más. Mi falta de voluntad me ha convertido en un medio hombre. Y todo gracias a Tabacalera Española, que me presentó a mis asesinos cuando tenía la tierna edad de dieciséis años y no estaba en condiciones de reconocer los variopintos disfraces de la Muerte.

    TERENCI MOIX


    Terenci Moix: Fumando muero

    Terenci Moix fallece tres años más tarde, en abril del 2003, a los 61 años. "Quiero vivir". Así se expresaba poco antes de abandonar la clínica Teknon de Barcelona para acabar sus días en su piso de la ciudad.

    Moix se aferró a la vida hasta el último instante, inmerso en su mundo personal y rodeado de sus amigos. Murió sin dolor. El escritor falleció a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio provocada por su afección "pulmonar obstructiva crónica". Sufría una fuerte adicción al tabaco y no dejó de fumar hasta apenas 30 días antes de su muerte, incluso cuando llevaba ya la bombona de oxígeno. Su enfermedad se complicó por una grave osteoporosis con rotura de una vértebra y debilitación general de todos los huesos, causada por la fuerte medicación que recibía.

    Fuente: www.elpais.com





    Hombre Marlboro, cuando la realidad cruza y borra la fantasía

    En la lucha contra el tabaquismo en nuestra sociedad, la ironía no podría estar mejor representada que en el hecho de que el símbolo de la publicidad de marlboro, cuya aparición en "Marlboro Country", publicidad decisiva en la colocación de Marlboro, de Philip Morris como la marca de cigarrillos mejor vendida del mundo, murió de cáncer de pulmón. Algunos reclamos sobre "el" Hombre Marlboro son un poco engañosos, sin embargo, desde 1954, muchos hombres han interpretado al duro vaquero de la publicidad de Marlboro. Un nativo de Oklahoma llamado Darrell Winfield fue el principal hombre de Marlboro desde mediados de los ‘70, pero docenas de otros hombres (muchos de ellos "verdaderos" vaqueros) también han modelado para comerciales de televisión, revistas y anuncios en periódicos, vallas publicitarias, publicidad y otros materiales para promocionar la marca Marlboro, y dos de ellos, fumadores de larga data, han muerto de cáncer de pulmón.

    Wayne McLaren, quien en 1976 poso para algunas fotografías promocionales de Marlboro, murió el 22 de julio de 1992 de cáncer de pulmón a la edad de 51 años. McLaren era un profesional del rodeo que actuó en varias películas y series de televisión (principalmente Westerns) en los ’60 y los ‘70, y fue modelo para la publicidad impresa a mediados de los ‘70 incluyendo una campaña de Marlboro en 1976. A McLaren, que fumaba un paquete y medio al día, se le diagnosticó cáncer de pulmón a la edad de 49. A pesar de la quimioterapia, la extracción de un pulmón, los tratamientos de radiación, el cáncer se extendió a su cerebro. Después de saber que tenía cáncer, McLaren inició una campaña antitabaco que incluyó la producción de un comercial que se describe como sigue:

    * En el potente anuncio de televisión, imágenes del brillante joven Wayne McLaren con un sombrero Stetson se sobreponen a imágenes recientes donde se le veía entubado en una cama de hospital. Su hermano, Charles, proporciona grabaciones de voz y reprende a las empresas tabacaleras por la promoción de un "estilo de vida independiente" y pregunta: "Yaciendo aquí, con todos estos tubos alrededor, que tan independiente crees que eres??"

    En los últimos meses de su vida McLaren compareció ante la legislatura de Massachusetts cuando estaban evaluando la posibilidad de un proyecto de ley para agregar impuestos a los cigarrillos para pagar la educación y la salud. También hablo en la Junta General de Accionistas de Philip Morris para apoyar una resolución en la que la empresa limitaria su publicidad. Philip Morris negó inicialmente que McLaren hubiera aparecido en la publicidad Marlboro, pero mas tarde, un vocero de la compañía admitió que la imagen de McLaren había sido utilizado en las “Marlboro Poker Texas Cards”. (La mujer que vivió con McLaren en los últimos ocho años de su vida también produjo un anuncio en la revista Marlboro que reivindica la foto McLaren).

    La fascinación del público con estas muertes es fácil de entender. Con el crecimiento de la lucha contra el tabaquismo, la proliferación de demandas judiciales contra las empresas tabacaleras, y la aprobación en los últimos años de leyes que restringen fumar en lugares públicos, la muerte del omnipresente símbolo del cigarrillo mejor vendido del mundo es una ironía que muchos partidarios de lucha contra el tabaco disfrutan.

    Fuente: SmokeFreeSociety.org




    Un jurado de Miami ha condenado a cinco empresas tabacaleras a indemnizar, a medio millón de fumadores físicamente perjudicados por los cigarrillos, con la astronómica suma de 145 mil millones de dólares. El tribunal había decidido, antes, que aquellas empresas delinquieron ocultando información sobre los perjuicios del tabaco y utilizando en la producción de cigarrillos sustancias que aumentaban la adicción. Aunque, desde que dejé de fumar, hace treinta años, detesto el cigarrillo y a sus fabricantes, la sentencia no me ha alegrado tanto como a otros ex-fumadores, por razones que me gustaría tratar de explicar.

    Empecé a fumar cuando tenía siete u ocho años de edad, en Cochabamba. Con mis primas Nancy y Gladys invertimos nuestras propinas en una cajetilla de Viceroys y nos la fumamos entera, bajo el árbol del jardín, en la casa de Ladislao Cabrera. Gladys y yo sobrevivimos, pero la flaca Nancy tuvo vómitos sobrecogedores y los abuelos debieron llamar al médico. Esta primera experiencia fumatélica me disgustó muchísimo, pero mi pasión por ser grande de una vez era más fuerte que el asco, y seguí fumando para parecerlo, aunque, estoy seguro, sin el menor placer y a escondidas, todos los años de la secundaria. Mi adolescencia universitaria es inseparable del cigarrillo, de los ovalados Nacional Presidente de tabaco negro y algo picante que fumaba sin parar, mientras leía, veía películas, discutía, enamoraba, conspiraba o intentaba escribir. Tragar y echar el humo, en argollas o tirabuzones o como una nubecilla que se iba descomponiendo en figuras danzantes, era una gran felicidad: una compañía, un apoyo, una distracción, un estímulo. Cuando llegué a Europa, en 1958, fumaba un par de cajetillas diarias cuando menos, y debían de haber acariciado mis pulmones ya los humos y humores de varios millares de cigarrillos.


    El descubrimiento de los Gitanes, en París, catapultó mi afición al tabaco; pronto pasé de dos a tres paquetes diarios. Fumaba todo el día, empezando inmediatamente después del desayuno. No podía fumar en ayunas, pero, luego del café cargado y el croissant, esa primera aspiración de humo espeso me hacía el efecto del verdadero despertar, del comienzo del día, del primer impulso vital, de la puesta en marcha del organismo. Recuerdo perfectamente bien que tener un cigarrillo encendido en la mano se convirtió en el requisito indispensable para cualquier acción o decisión, trivial o importante, de la vida: abrir una carta, contestar una llamada por teléfono o pedir un préstamo en el banco. Fumaba entre plato y plato a la hora de las comidas y en la cama, dando la última pitada cuando el sueño me había arrebatado ya parte de la conciencia.


    Por esa época, mediados de los sesenta, un médico me advirtió que el cigarrillo me estaba haciendo daño, y que, si no lo suprimía, debía por lo menos reducir drásticamente la ración de tabaco. Vivía atormentado con problemas de bronquios, y los inviernos parisinos me tenían estornudando y tosiendo sin cesar. No le hice caso, convencido de que sin el tabaco la vida se me empobrecería terriblemente, y que, incluso, hasta perdería las ganas de escribir. Pero, al trasladarme a Londres, en 1966, intenté un acomodo cobardón con mi vicio solitario: fumar, en vez de los amados Gitanes, los esmirriados y rubiones Players Number 6, que tenían filtro, menos tabaco y que nunca me acabaron de gustar. Lo hice porque empecé a sentir, en las tardes o noches, a causa de la intoxicación de nicotina, unas punzadas en el pecho que sólo amainaban bebiéndome un vaso de leche. Pero no fueron los bronquios maltratados ni las punzadas pectorales, sino un médico de Pullman, cuyo nombre, oh ingratitud humana, he olvidado, lo que me decidió por fin a dejar de fumar. Estaba allí, en esa remota localidad favorecida por las tormentas de nieve y las rojas manzanas del centro del Estado de Washington, de profesor visitante, y mi simpático vecino, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad, me veía fumar como un murciélago, día y noche, francamente espantado. Muy en serio, en nombre de nuestra flamante amistad, me pidió que le regalara medio día de mi vida. Lo hice, porque me caía muy bien, pero advirtiéndole que era genéticamente alérgico a las conversiones (religiosas, políticas o medicinales). Sonrió, comprensivo, y me llevó al hospital de la Universidad, donde, durante tres o cuatro horas, me dio una clase práctica contra el cigarrillo.


    Salí de aquella visita convencido de que los seres humanos somos todavía más estúpidos de lo que parecemos, porque fumar constituye un cataclismo sin remedio para cualquier organismo, como puede comprobar cualquiera que se tome el trabajo de consultar la enciclopédica información científica que existe al respecto y que no ha podido ser rebatida por ninguna de las comisiones de científicos contratadas por las compañías tabacaleras para tratar de contrarrestar las abrumadoras conclusiones de todas las investigaciones independientes sobre los efectos del tabaco, y, pese a ello, existen todavía -y sin duda seguirán existiendo- millones de fumadores en el mundo. Tal vez lo que más me impresionó fue advertir la absoluta desproporción que, en el caso del cigarrillo, existe entre el placer obtenido y el riesgo corrido, a diferencia de otras prácticas, también peligrosas para la salud -me resisto a llamarlas vicios-, pero infinitamente más suculentas que la tontería de tragar y expeler humo. Ahora bien, a pesar de haber sido tan fanáticamente persuadido por mi amigo de Pullman de la barbaridad criminal que era fumar, seguí haciéndolo por lo menos todavía un año más, sin atreverme a dar el paso decisivo. Pero, eso sí, descompuesto por el temor y la mala conciencia y los remordimientos cada vez que encendía un cigarrillo.


    Fumando espero. (Mario Vargas Llosa)

    Dejé de fumar el día de 1970 que abandoné Londres para irme a vivir a Barcelona. Fue mucho menos difícil de lo que temía. Las primeras semanas no hice otra cosa que no fumar -era la única actividad que tenía en la cabeza-, pero me ayudó mucho, desde el primer momento, empezar a dormir por fin como una persona normal, sin los accesos de tos que antes me despertaban varias veces en la noche, y despertar en la mañana con el cuerpo fresco, sin la fatiga de antes. Resultó divertidísimo descubrir que había olores distintos en la vida -que existía el olfato-, y, sobre todo, sabores, es decir que no era lo mismo dar cuenta de un churrasco con arroz que de un plato de garbanzos. Juro que no es una exageración, pero el tabaco me había estragado por completo el sentido del gusto. Dejar de fumar no afectó para nada mi trabajo intelectual; por el contrario, pude trabajar más horas, sin aquellas punzadas que antes me arrancaban del escritorio, mareado, en busca del vaso de leche. Las consecuencias negativas de dejar de fumar fueron el apetito, que se me multiplicó, y me obligó a hacer ejercicios, dietas y hasta ayunos, y una cierta alergia al olor del tabaco, que, en países donde todavía se fuma mucho y por doquier, como en España o América Latina, puede complicarle la vida bastante al ex-fumador.


    Como suele ocurrir con los horribles conversos, en los primeros tiempos me volví un apóstol del anti-tabaco. En Barcelona, una de mis primeras conquistas fue García Márquez, a quien, una noche, en un bar de la calle Tuset, lívido de horror con mis historias misioneras sobre los estragos de la nicotina, vi arrojar la cajetilla de cigarrillos a la pista y jurar que no fumaría más. Cumplió lo prometido. A varios de mis amigos de esos años convencí de que dejaran de fumar y adoptaran vicios más sabrosos y benignos, pero fracasé estrepitosamente con Carlos Barral. Mi celo apostólico fue mermando con los años, sobre todo a medida que, en buena parte del mundo, se multiplicaban las campañas contra el cigarrillo, y el tema adquiría en ciertos países, como Estados Unidos y Gran Bretaña, ribetes paranoicos, poco menos que de cacería de brujas. Hoy día es imposible, en esos países, no sentir una cierta solidaridad cívica con los fumadores, que han pasado a ser, en muchos sentidos, ciudadanos de segunda clase: perseguidos, prohibidos de practicar su adicción casi en todas partes, se los nota, además, acomplejados, avergonzados y conscientes de su lastimosa condición, como los leprosos en la Edad Media.


    Desde luego, es muy justo que las compañías que fabrican cigarrillos sean penalizadas si han ocultado información, o si -delito todavía más grave- han utilizado sustancias prohibidas para aumentar la adicción, pero ¿no es una hipocresía considerarlas enemigas de la humanidad mientras el producto que ofrecen no haya sido objeto de una prohibición específica por parte de la ley? Hay quienes reclaman esa prohibición, considerando que el Estado tiene la obligación de proteger la salud pública y precaverla contra un producto cuyos efectos son devastadores sobre el organismo. Quienes así piensan han olvidado, sin duda, lo ocurrido con la famosa ley seca en Estados Unidos, que, en vez de poner fin al consumo de alcohol, lo incrementó, y además trajo consigo un aumento feroz de la criminalidad, el contrabando y la violencia callejera. O lo que ocurre hoy mismo con drogas como la marihuana y la cocaína, cuyo consumo, pese a las prohibiciones y persecuciones, aumenta de manera sistemática, así como las mafias y la corrupción que rodea a la poderosísima industria del narcotráfico.


    El tabaco es muy dañino, y quienes fuman se juegan no sólo la vida sino la invalidez y la disminución paulatina o brutal de sus facultades físicas e intelectuales, y la obligación de los Estados, en una sociedad democrática, es hacérselo saber a los ciudadanos de modo que éstos puedan decidir, con conocimiento de causa, si fuman o no fuman. La verdad que esto es lo que hoy está ocurriendo en la mayor parte de los países occidentales. Si un estadounidense, francés, español o italiano fuma, no es por ignorancia de lo que ello significa para su salud, sino porque no quiere enterarse o porque no le importa. Suicidarse a pocos es un derecho que debería figurar entre los derechos de la persona humana. La verdad es que esta es la única política posible, si se quiere preservar la libertad del individuo, una libertad que sólo tiene sentido y razón de ser si este individuo puede optar no sólo por aquello que lo beneficia, sino también por lo que lo daña o perjudica. ¿Qué libertad sería aquella que sólo permitiera optar por el bien y lo bueno, y excluyera de la elección todo lo malo y perjudicial?


    El alcohol es probablemente tanto o más dañino que el cigarrillo, y sus consecuencias sociales son sin la menor duda más trastornadoras y trágicas que las de la nicotina, como lo prueban los accidentes de tráfico de cada día provocados por las borracheras de los conductores o los desmanes de los hooligans en los estadios ingleses. Y, sin embargo, todavía a nadie se le ha ocurrido desencadenar contra las compañías cerveceras, o las destilerías de whisky y de vodka, las campañas cívicas y legales con que son acosadas las tabacaleras. Si se reconoce al Estado el derecho de velar por la salud de los ciudadanos hasta sus últimas consecuencias, la libertad -el derecho de elegir- desaparecería incluso de los manteles del hogar. Porque la comida es, acaso, una de las mayores causantes de las enfermedades y catástrofes para la salud que devastan a la sociedad humana. Por exagerado que parezca, más bípedos mueren de comer mucho y de comer mal, que de comer poco o de no comer. De modo que si se confiere a los gobiernos o a los tribunales la decisión final del porcentaje de nicotina que debe permitirse ingerir a los individuos, con la misma lógica habría que autorizarlos a determinar las calorías lícitas e ilícitas que deben componer las dietas de las familias.


    Aunque, a primera vista, la decisión de aquel jurado de Miami de multar con esa cifra astronómica a las compañías tabacaleras parezca una medida de progreso, no lo es, pues ella establece un peligroso precedente para coartar la libertad humana.


    Fuente: geocities.com