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Dos tercios lo intentaron sólo con fuerza de voluntad



El pasado 1 de enero cerca de 3,9 millones de fumadores en España se propusieron dejar de fumar. Sin embargo, a finales del mes, la mitad de los mismos (48%) había fracasado en el intento, cifra que en febrero aumentó al 67 por ciento y que se prevé que se eleve hasta el 80 por ciento a finales del presente mes de marzo, según los datos de una encuesta realizada por YouGov.

El estudio, financiado por la farmacéutica Pfizer, ha contado con la participación de más de 33.000 personas de 16 países de la UE, incluyendo a 1.000 personas seleccionada al azar, 1.002 fumadores y 100 médicos españoles. En este sentido, los resultados ponen de manifiesto que el método más usado para dejar de fumar sigue siendo la fuerza de voluntad (66%).

Sin embargo, es evidente que esta vía "no funciona", ya que tan sólo el 3 por ciento de los fumadores que han intentado abandonar el tabaco mediante este método siguen sin fumar pasado un año. A este respecto, en España, cuatro de cada cinco personas (82%) perciben el tabaquismo como "un estilo de vida".

De hecho, más de un tercio de los fumadores (37%) no se plantea de forma proactiva acudir a un especialista para abandonar el tabaco y un 13 por ciento ni siquiera ha hablado del asunto con su médico habitual cuando se le ha presentado la ocasión. Sin embargo, cuando se les pregunta específicamente sobre la adicción a la nicotina, dos tercios de la población (64%) lo clasifican como "una enfermedad".

Quienes sí tienen muy claro que "fumar es una enfermedad" son los médicos españoles, pues el 97 por cuento de los mismos ya lo considera "una enfermedad crónica", una cifra muy superior a la media europea y, en particular a la visión de países como Reino Unido donde sólo el 43 por ciento de los médicos comparte este punto de vista.


Cuatro millones de españoles dejaron de fumar en Año Nuevo pero el 80% ya ha recaído

PEDIR CONSEJO AL MÉDICO

En esta línea, el 93 por ciento de los doctores creen que si la población modificase su percepción respecto al tabaco, el impacto en la reducción del consumo sería "más que notable". De hecho, el 61 por ciento de los fumadores se plantearían "seriamente" acudir al médico si el tabaquismo fuera reconocido como una enfermedad.

Según los responsables de la investigación, un "breve asesoramiento" por parte de un profesional sanitario aumenta la posibilidad de dejar de fumar con éxito en un 30 por ciento. "Cuando un fumador hace un serio esfuerzo por abandonar el tabaco y no lo acompaña de un tratamiento médico adecuado, sus posibilidades de éxito no superan el 10 por ciento", aseguró el jefe médico de Atención Primaria de Pfizer, el doctor José Chaves.

"Es necesario cambiar la consideración que se otorga a la adicción a la nicotina y la dependencia del tabaco, de modo que se deje de asociar con un hábito social y pase a ser considerado una enfermedad crónica", afirmaron desde la compañía estadounidense. El tabaquismo es responsable del 17 por ciento de las muertes en España y mata a 124 personas por día o, lo que es lo mismo, cinco personas cada hora, recordaron.

Fuente: www.europapress.es




Los ex fumadores estarían solos a la hora de prevenir recaídas

N

o hay evidencia de que las terapias conductuales permitan que los fumadores que acaban de abandonar la adicción no vuelvan a fumar, concluyeron los autores de una revisión de las estrategias de prevención de recaídas.

Asimismo, mientras que la vareniclina (Chantix) le ayudó a algunos fumadores a evitar recaídas, el tratamiento de largo plazo con bupropion (Zyban) "no tendría efectos clínicos importantes", escribió en The Cochrane Library el equipo dirigido por el doctor Peter Hajek, de la University of London.

Los autores revisaron 54 estudios para identificar qué herramientas están disponibles para prevenir recaídas en ex fumadores.

El enfoque de la terapia conductual, que "mantiene su monopolio en este campo", incluye enseñarles a los ex fumadores cómo identificar situaciones que los tentarían a fumar y cómo evitarlas. La revisión no halló evidencia de que eso sea efectivo.

Los pocos estudios sobre otro enfoque, con un seguimiento telefónico o en persona de los participantes después de la cesación tabáquica, también dieron resultados negativos.

"La mayoría de los ex fumadores no siguió yendo a las clínicas ni usando las líneas gratuitas", indicó Hajek en un comunicado del Center for the Advancement of Health difundido con el estudio.


Sólo estudios pequeños analizaron la terapia extendida de reemplazo de la nicotina, "en paradigmas que únicamente generarían una baja adherencia al tratamiento", de modo que el equipo opina que se necesitan más estudios sobre ese enfoque.

Otra revisión, publicada en la revista sobre estrategias para prevenir el aumento de peso al dejar de fumar, reveló que las intervenciones conductuales no individualizadas no son efectivas y hasta estarían asociadas con una reducción de la abstinencia.

Al dejar de fumar, la mayoría de las personas engordan unos 7 kilos en promedio, señaló el equipo de la doctora Amanda C. Parsons, de la University of Birmingham.

Mientras que el bupropion, la fluoxetina (Prozac), la terapia de reemplazo de la nicotina y la vareniclina evitaron que los pacientes engordaran mientras los usaban, el efecto no se mantuvo cuando los participantes dejaron de consumirlos o los habían usado a largo plazo.

El mejor enfoque fue la terapia cognitiva conductual individualizada, que les permitió a los pacientes mantener la abstinencia y controlar el peso, indicó el equipo. Hubo evidencia también de que el ejercicio resultó útil.

"Se necesitan más estudios para confirmar ese efecto", concluyeron los autores.




Fuente: www.buenasalud.com

El tabaquismo como trastorno clínico

Una dependencia es un trastorno psiquiátrico perfectamente definido. Como tal, todas las personas dependientes de una sustancia pueden ser diagnosticadas como enfermas o, al menos, como padecedoras de un trastorno psiquiátrico. Indudablemente, la gravedad de los diversos trastornos psiquiátricos varía notablemente. Lo mismo ocurre con las adicciones: Ser fumador o ser heroinómano o alcohólico, no conlleva a las mismas consecuencias, ni para los pacientes, ni para quienes les rodean. Sin embargo, cara a las implicaciones terapéuticas, tan trastorno adictivo es uno como otro.

Los fumadores que no son dependientes del tabaco, no pueden ser considerados «enfermos»; son simplemente consumidores regulares con una conducta de riesgo. En un país en el que fuma regularmente un 30-40% de la población, una notable parte de los fumadores no son dependientes o tienen un grado de dependencia muy bajo.

Las adicciones no se ajustan del todo al concepto de enfermedad de la población. A diferencia de otras enfermedades, las adicciones requieren ineludiblemente la participación activa del paciente en el proceso terapéutico. En este sentido son peculiares, no basta con «abandonarse» en las manos de un profesional competente; por el mismo motivo, nadie puede ser «curado» de una adicción contra su voluntad. Una adicción es un trastorno conductual adquirido, aprendido. Su tratamiento implica un cambio de conducta, cambio que debe realizarlo el propio paciente. La ayuda de los terapeutas, y la de los fármacos y herramientas psicológicas que éstos le puedan suministrar, es simplemente eso, una ayuda que puede servir --o no-- para facilitar que el paciente cambie de conducta, pero es éste quien ha de cambiarla y quien ha de realizar los esfuerzos necesarios. Precisamente por esto, una de las misiones de todo terapeuta es reforzar la motivación para el cambio.


Cronicidad

No se puede dejar de fumar en una hora. Una decisión se puede tomar en un segundo o menos, pero conseguir los cambios necesarios de conducta (extinguir asociaciones, crear nuevos mecanismos de afrontamiento, reemplazar mecanismos sustitutivos de déficit, etc.) es un proceso bastante más largo. Es un proceso de deconstrucción y de aprendizaje, que --cuando hay una dependencia instaurada-- lleva meses y, en ocasiones, más tiempo. Por ello, la eficacia de los tratamientos siempre se mide con la tasa de abstinencia que se obtiene tras pasar, al menos, un año desde el inicio del tratamiento.

Los tratamientos farmacológicos se aplican solamente durante 2-3 meses, período en el que han demostrado eficacia. Esto no quiere decir que el proceso terapéutico no pueda y no deba ser continuado con el fin de evitar las recaídas. Las causas de recaídas suelen ser distintas al principio y al final del tratamiento. Al principio, predominan los estímulos condicionados y la posible presencia de sintomatología de abstinencia. Pasados unos meses, adquieren más relieve la sensación de poder controlar el consumo y la carencia o insuficiencia de los mecanismos de afrontamiento desarrollados.

¿Cuándo deja un fumador de ser dependiente? No se sabe. A medida que pasa el tiempo se va adquiriendo mayor control y los estímulos van perdiendo su fuerza asociativa; con el tiempo, los deseos de fumar son menos frecuentes, menos intensos y más controlables. Aún así, la principal causa de recaída tras varios años de abstinencia suele ser el probar un cigarrillo, bien sea en circunstancias festivas o en presencia de estados de ánimo negativos a los que anteriormente estaba asociada la conducta de fumar. Por ello, se considera que si se ha sido dependiente, siempre queda una mayor vulnerabilidad a la recaída.


Adecuada valoración de la recaída

Si una persona pudo dejar de fumar sin especiales esfuerzos, claramente esa persona no era dependiente de la nicotina, era simplemente un consumidor regular. De la misma manera, si una persona deja de fumar al primer intento, muy probablemente pueda concluirse que esa persona no era dependiente o, al menos, no muy dependiente.

El propio concepto de dependencia implica la recaída; sin recaídas no podría hablarse de dependencias. Por ello, la recaída no debe ser vista como un fracaso en el proceso terapéutico: es una parte integrante del proceso de dejar de fumar, a través de la cual se puede adquirir mayor experiencia sobre estímulos insospechados (o sospechados) que precipitan el consumo, sobre la ausencia de habilidades de abordaje y manejo de situaciones, sobre las ideas desadaptadas o irracionales y sobre la propia debilidad respecto al tabaco.

Esto no implica que en todas las recaídas haya una ausencia total de responsabilidad por parte del terapeuta o del paciente. Hay quien recae por simple falta de motivación; a muchos pacientes la recaída no les aporta experiencia alguna. Por otro lado, hay quien recae porque su terapeuta no fue capaz de orientarle para sustituir los potenciales beneficios de la nicotina; así, por ejemplo, hay quien deriva la ansiedad de la nicotina a la comida (y engorda sobremanera) o hay quien simplemente se la "traga" (hasta que estalla); hay quien sencillamente reprime sus deseos, idealizando el consumo de tabaco (y recayendo cuando se harta), y hay a quien se le aplica terapia farmacológica sin haber estudiado los estímulos asociados con el consumo.


Estímulos asociados al consumo

Lo característico de una adicción no es que existan deseos más o menos irrefrenables de consumir una sustancia; éstos pueden existir siendo fruto de un gusto o de un capricho, y no de una dependencia. Lo característico de una adicción es que estos deseos por consumir están precipitados por unos estímulos originalmente neutros a los que posteriormente fue asociado el consumo. Por eso, una de las claves del tratamiento de toda adicción es el conocimiento, reconocimiento y afrontamiento de estos estímulos. Hay muchas personas que esto lo adquieren sin necesidad de ayuda profesional, otros en cambio, necesitan ayuda para este proceso.

Los estímulos asociados al consumo pueden ser múltiples: descolgar un teléfono, tomar un café, entrar en el coche, acostar a los niños, charlar con los amigos, salir a cenar o de copas, estar apurado de tiempo, estar enfadado, estar solo o aburrido, tener algo que celebrar, etc. Lo importante en estos estímulos asociados es conocerlos y saber reconocerlos. Simplemente reconocerlos puede disminuir la intensidad de las urgencias que ocasionan. Hablar con el paciente sobre qué hacer cuando éstos se produzcan, o se vayan a producir, ayuda a enfrentarse a ellos. No hay una forma unívoca de enfrentarse a un estímulo, cada persona debe desarrollar aquellos recursos que le sean más convenientes. Así, por ejemplo, si fumar está asociado a descolgar el teléfono, una persona puede descolgar con la otra mano, coger un bolígrafo, meterse la mano en el bolsillo, ir a hablar a una habitación en la que nunca se ha fumado, comer un chicle o un caramelo o, en el peor de los casos, recortar la conversación.

El análisis funcional de la conducta mediante auto-registro, el test de Russell (o su versión ampliada, RAM) y la escala de confianza de Bauer y Lichtenstein son útiles para que el paciente adquiera un cierto conocimiento de qué estímulos están asociados a su conducta de fumar. En cualquier caso, es imposible precisar de antemano todos los posibles estímulos que una persona concreta ha ido asociando a la conducta de fumar a lo largo de los años; muchos de ellos se manifestarán una vez que se haya empezado a dejar de fumar.


Fuente: doyma.es





"Expertos explican las razones químicas y psicológicas por los que algunos ex fumadores recaen en la adicción al tabaco años después de haberse librado de ella



Fumadores caídos

En la película 'La guerra de los Rose', el abogado especialista en divorcios Gavin D'Amato (Danny de Vito) llevaba trece años sin fumar. Todo ese tiempo conservó el último cigarrillo de su último paquete en una pequeña urna de cristal. Pero entonces apareció por su despacho la explosiva Barbara Rose (Kathleen Turner) y todo acabó: cuando ella se fue, Gavin rompió la caja y se fumó el pitillo de una única, larga y ávida calada. Volvía a ser un abogado fumador.

Que la estupenda mujer de un amigo intente seducirle a uno para sacar provecho del divorcio es una excusa tan mala como cualquier otra para volver a fumar después de varios años sin hacerlo. El problema es que esa primera calada casi nunca es aislada: la mayoría de las veces, el ex adicto vuelve a fumar regularmente en días o semanas.

¿Cómo es posible que un poco de humo aspirado venza a la voluntad, a la razón, al miedo? El médico Rodrigo Córdoba, directivo del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, afirma que el dicho de que un fumador lo es para toda la vida «tiene una base cierta»: por un lado, porque la nicotina es una droga muy adictiva y, por otro, porque el propio acto de fumar engancha psicológicamente.


Ciclo diabólico

Córdoba recuerda que «el cerebro de un fumador es distinto al de una persona que no ha fumado nunca». Los fumadores tienen más receptores de nicotina -las uniones entre neuronas que hacen que fumar resulte placentero, primero, y 'necesario', después- y los ex fumadores, también; sólo que estos últimos, con el tiempo, los tienen «dormidos».

Un solo cigarrillo, asegura el médico, es suficiente para estimularlos y restablecer el circuito químico: cigarrillo-placer, no cigarrillo-ansiedad. Y el cerebro no se conforma con una sola dosis; cada vez pide más. «Los receptores de nicotina se 'despiertan' en segundos, y la persona tiene una sensación de culpabilidad y frustración. Y para afrontarla, fuma. Es un ciclo diabólico».

Los tiempos varían de un sujeto a otro, pero, en general, el -de nuevo- fumador empezará con un cigarrillo aislado, seguirá con dos y en días o semanas estará consumiendo su dosis de siempre.

«Entre el 80% y el 90% de los ex fumadores recaen por un solo cigarrillo -afirma Córdoba-. Hay que ser muy estricto en evitar ese cigarrillo si quieres mantenerte sin fumar».

Por eso es tan frecuente oír a los 'ex fumadores' lamentarse de que volvieron a su vicio una noche loca en que sucumbieron a un pitillo, o en una boda en la que los amigotes insistieron en que probara el puro, o un día en el que el estrés del trabajo pudo más que su fuerza de voluntad.

En algunos casos, es un acontecimiento trágico, como la pérdida de un ser querido, lo que desencadena la recaída en el tabaquismo. El periodista de televisión Peter Jennings -cuya muerte por cáncer de pulmón a los 67 años en 2005 desató una oleada de peticiones de tratamiento para dejar de fumar en Estados Unidos- confesó que, tras 20 años sin humos, había recaído el 11-S.


Fantasía del control

«En todas las adicciones, y esta es una más -asegura Rodrigo Córdoba- hay que evitar la fantasía del control. 'Esto lo tengo yo controlado', 'Por uno no pasa nada'... Es absolutamente mentira».

Obviamente, hay que mantener la guardia especialmente alta en las primeras semanas después de abandonar el hábito. «El síndrome de abstinencia es muy variable, pero suele durar entre ocho y doce semanas», recuerda el experto. El deseo compulsivo de fumar, la irritabilidad, el aumento del apetito y otros síntomas del 'mono' son muy intensos en ese periodo. Por eso cualquier tratamiento para dejar de fumar debe incluir un seguimiento durante todo ese tiempo, a ser posible con ayuda profesional.

Sin embargo, cuando el 'enganche' físico ha desaparecido, aún hay que luchar contra el psicológico. El doctor Córdoba recuerda que el fumador «aprende durante años a utilizar el cigarrillo como estrategia de afrontamiento» en un gran número de situaciones, por lo que es normal echarlo de menos durante más de dos o tres meses.

El psicólogo David Briones señala que, casi siempre, fumar se asocia a «conductas sociales reforzantes», como tomar un café, conversar con un grupo de amigos, una agradable sobremesa...

La terapia de modificación de conducta intenta «romper esa asociación». Por ejemplo, al paciente se le sugiere que, cuando tenga ganas de fumar, abandone ese lugar agradable y esa simpática compañía y se vaya a fumar solo al retrete.

Briones resalta que una aplicación estricta de la Ley Antitabaco ayudaría a romper esa asociación entre el cigarrillo y la diversión. «En Italia, por ejemplo, para fumar tienes que salir del bar, dejar una conversación a medias, pasar frío... Eso impide fumar de forma automática, ser insconsciente del hábito».

El problema es que, cuando uno deja de fumar, se ve inmerso a diario en ese tipo de situaciones que relaciona con el cigarrillo. «El cuerpo lo recuerda», afirma el psicólogo. Él mismo fue víctima de esa asociación: llevaba dos años sin fumar cuando recayó como 'fumador social', y en poco tiempo estaba otra vez enganchado. «Mantener un consumo puntual es muy difícil», afirma.

«Cuando se vuelve a fumar después de mucho tiempo sin hacerlo, al principio es tan desagradable como la primera vez: el sabor, la sensación en los pulmones... pero rápidamente se vuelve a asociar a estímulos agradables», explica.

Para Briones, esta adicción llega incluso a cambiar la identidad del individuo. Por eso algunas personas no sólo dejan de fumar sino que se vuelven auténticos militantes antitabaco: «Es un mecanismo de defensa para no recaer». Porque la alternativa es reconocer que está sacrificando algo que le gustaba. Y lo contrario: hay fumadores que se justifican a sí mismos diciendo que el tabaco no es tan dañino. «Pero desde hace unos años es muy difícil negarlo». No sólo la ciencia añade cada día nuevas enfermedades a la lista de las causadas por el tabaco; también la percepción social del fumador ha variado... a peor.


La segunda vez

El doctor Córdoba asegura que no hay datos de que el tipo de tratamiento utilizado influya en las recaídas a largo plazo, pero cree que si el adicto está asesorado por un profesional, el riesgo de recaída será menor.

En cambio, el médico y psicólogo Luis Girela asegura que «recae quien se ha quitado mal». «Cuando la persona deja de fumar a las bravas, sigue teniendo el deseo interno de fumar; lo que pasa es que su voluntad puede sobre el deseo y se mantiene sin fumar durante un tiempo. Pero el problema no está resuelto».

Este especialista en drogodependencias aboga por los métodos que hagan que el fumador «aborrezca el tabaco» y elimine el «automatismo» de fumar. Él sugiere uno que dura varios meses: primero, cambiar de una marca normal a una 'light' y, cuando el consumo se estabilice en el número de cigarrillos habitual -al principio aumenta porque se absorbe menos nicotina-, cambiarla por una 'ultralight'. Una vez acostumbrado, debe empezar a fumar tabaco de liar sin filtro: es incómodo de preparar, está mal visto y su sabor es desagradable porque se apaga continuamente. O sea, aborrecible.

Para el doctor Girela, lo difícil es vencer la dependencia psicológica. No es lo mismo desintoxicar a una persona que consume morfina porque no le gusta su vida que a otra que la toma por prescripción médica porque tiene una neuralgia del trigémino.

Y la nicotina es una droga que aumenta la concentración y reduce el apetito. «El organismo lo percibe, inconscientemente le gusta y lo mantiene», concluye.

Rodrigo Córdoba asegura que la única diferencia entre dejar el tabaco por primera vez y hacerlo como repetidor es que se gana experiencia. «Pero hay que volver a empezar desde el principio», recuerda. Eso sí, debe saber que el 60% de los fumadores consigue dejar de fumar definitivamente a lo largo de su vida, pero un 40% de quienes lo intentan fracasan.

«Intentarlo es un aprendizaje positivo, pero fumar menos o estar unos días sin fumar no da muchos beneficios para la salud -advierte-. Hay que dejarlo y, cuanto antes, mejor: si lo haces demasiado tarde hay una parte del daño que es irreversible».

El médico recomienda no bajar nunca la guardia. Eso incluye no abusar del alcohol, para evitar la pérdida de control sobre la voluntad. Y, si alguna vez asalta el deseo de fumar, resistir y dejarlo pasar. Sólo dura un minuto.

Fuente: www.diariosur.es




Definición de la Recaída

La recaída se define como el proceso de retroceso a los patrones de comportamiento y pensamiento típicos de la adicción activa, que ya se habían superado, y que finalmente llevan de vuelta al uso, retrocediendo hasta llegar de vuelta al estado de enfermedad adictiva que existía antes de comenzar la recuperación.

Para poder hablar de recaída una persona debe haber estado previamente en recuperación, o sea abstinente y con cambios de conducta, por un período significativo de tiempo. Por el simple hecho de no haber fumado por un tiempo, el volver a fumar, no necesariamente es una recaída. Podría tratarse de episodios de consumo alternos, dentro de un período de adicción activa. Muchas personas consideran la recaída un signo de fracaso total y los largos periodos de abstinencia un éxito completo. A veces, una recaída puede sentar las bases de una completa libertad. En otras ocasiones, esa libertad puede lograrse sólo por una inflexible y obstinada voluntad de aferrarnos a la abstinencia, hasta que pase la crisis.

A pesar de que una recaída puede ser peligrosa y se traduce finalmente en sufrimiento y pérdida de tiempo y energía, a veces también son períodos de aprendizaje, para una persona que desea recuperarse. A pesar de estar conscientes de su problema y de tener buena disposición para la recuperación, un adicto puede recaer, si no maneja bien las situaciones de riesgo o descuida su proceso de cambios. Luego de una recaída es mas probable que el adicto esté más claro en que cosas ha estado haciendo mal. Aún así no es necesario recaer para poder aprender o avanzar en la recuperación.


El Proceso de Recaída.

La adicción, como enfermedad crónica está asociada con una tendencia natural a la recaída. Eso no significa que sea inevitable o apropiado tener recaídas, sino que son una realidad, y la mejor forma de prevenirlas, es aceptando el riesgo y conociendo mejor el proceso de la recaída, también llamado síndrome de la recaída.

Uno de las malentendidos más frecuentes es que la recaída es simplemente la vuelta a fumar. Aunque esto es parcialmente cierto, en realidad se le llama recaída a todo el proceso, que lleva desde un estado de abstinencia sostenida, hasta el consumo o adicción activa. Este proceso ocurre a lo largo del tiempo y se manifiesta como una serie de síntomas o cambios, que son en realidad regresiones a los antiguos patrones de conducta y pensamiento que ya se habían superado.

Usualmente este proceso está formado por pequeñas decisiones riesgosas que la persona toma, y que, enlazadas unas con otras, van llevando a construir el camino de la recaída. Estas pequeñas decisiones, llamadas también "decisiones de riesgo relativo", son aparentemente sin importancia, pero su efecto es acumulativo y van llevando al adicto hacia una situación imposible de resistir, donde será inevitable el uso, pues los márgenes de susceptibilidad se sobrepasan. Existe una línea imaginaria, o línea de no-retorno luego de la cual no es posible dar marcha atrás a la conducta de búsqueda y el fumar es inminente. Aún así en la zona de transición entre la línea de no retorno y el fumar, la recaída es primariamente conductual y de actitud, sin que hubiese ocurrido aún el hecho.


Síntomas de una recaída.

Una persona en recuperación puede comenzar a mostrar síntomas de una recaída mucho antes del consumo. Poder identificar estos síntomas y tratarlos a tiempo puede ayudar a prevenir una recaída:


  • Retorno del pensamiento obsesivo con respecto al fumar: Podrían ser pensamientos relativos al cigarrillo, sueños o deseos de fumar que vuelven luego de que habían desaparecido.

  • Actitud de desafío con respecto al plan de recuperación: Volver a los lugares de riesgo, volver a ver las personas relacionadas con el fumar.

  • Descuidar el plan de recuperación:, dejar de hacer ejercicio.

  • Aislamiento o pérdida de contacto: con las nuevas relaciones de recuperación.

  • Irritabilidad: especialmente en las relaciones significativas del adicto.

  • Obsesión con la imagen o los defectos físicos: dietas excesivas, preocupación excesiva acerca del peso.

  • Sentimientos de depresión y ansiedad flotantes: sobrevienen estados emocionales incómodos que no necesariamente se relacionan con ningún evento externo.

  • Renacen o se exaltan los resentimientos hacia otras personas.

  • Discusiones frecuentes en el hogar y la familia.

  • Defensividad al hablar del tema de su recuperación o al ser retroalimentados.

  • Insomnio, intranquilidad y dificultad para descansar.

  • Preocupación obsesiva por el dinero y por la seguridad financiera.


Estos son solo algunos de los síntomas relacionados al síndrome de la recaída. Cada persona es diferente y por lo tanto mostrará síntomas propios, pero en general es marcadamente notable la presencia y evolución de este síndrome. Una de las paradojas de la recaída es que mientras más marcados son los síntomas, menos capacidad tiene el adicto para poder aceptar las críticas constructivas de las personas que lo rodean, y que podrían preocuparse por la posibilidad de una recaída.


Qué_es_y_como_ayudar_a_prevenir_una_recaída

El proceso de recaída puede ser detenido ya sea por propia iniciativa o por la intervención de personas que rodean al adicto y que le sirven de apoyo tales como familiares, terapistas o compañeros de grupo.


Fuente: Adicciones.org