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Nueve de cada diez fumadores están convencidos de que dejar de fumar depende de la voluntad, pero la mitad de los que lo intentan declaran que es lo más difícil que han intentado en su vida. La nicotina engancha mucho y por eso dejar de fumar requiere en muchos casos, mucha ayuda.



La sola advertencia que asegura que fumar es perjudicial para la salud parece no ser suficiente para quienes la leen en las innumerables publicidades de cigarrillos y hasta en los mismísimos atados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al tabaquismo como una enfermedad contagiosa que se transmite a través de las innumerables imágenes publicitarias que desbordan las pantallas de televisión y los millones de carteles que tapizan las ciudades de todo el mundo. Cierto es que también hizo lo suyo el cine, a través de la fabricación de mitos, con sus hombres duros y sus mujeres fatales, fumadores todos. Para saber más acerca de esta adicción que afecta a gente de todas las edades, Infobae.com consultó a los doctores Alejandro Videla, neumonólogo y director del Consultorio de Cesación Tabáquica del Hospital Austral, y Reynaldo Smith, neumonólogo y coordinador de la Unidad Especializada en Tabaquismo del Hospital Británico de Buenos Aires.




¿Por qué cuesta tanto dejar de fumar?

Alejandro Videla: Dejar de fumar cuesta porque el tabaquismo es una adicción compleja, apoyada sobre tres aspectos: uno biológico, que es el efecto de la nicotina en el cerebro, uno comportamental, que hace que la persona vincule todas sus actividades placenteras y su manejo de las situaciones de tensión al cigarrillo, y uno social, por el que la persona se relaciona con los demás a través del cigarrillo, que sobre todo en la adolescencia, ayuda a construir una imagen personal. Se empieza a fumar por el mecanismo social y después se establece la dependencia neurobiológica.

Reynaldo Smith: Desde el punto de vista médico el tabaquismo es una adicción y ésta es la principal razón por la cual al fumador le cuesta abandonar el consumo. La nicotina es la droga que determina que el fumador sea adicto. El síndrome de abstinencia hace que el fumador necesite encender otro cigarrillo para incorporar la dosis de nicotina habitual en su organismo. Para comprender el proceso de la adicción nicotínica es necesario recorrer la neurobiología de la adicción.


¿Cómo actúan las sustancias que componen el cigarrillo? ¿Por qué generan adicción?

Alejandro Videla: El responsable químico de la adicción es la nicotina, que se une a receptores específicos localizados en las partes más profundas del cerebro. Al unirse a esos receptores produce mejoría del ánimo, de la atención y estimulación general. La inhalación frecuente de nicotina genera aumento del número de receptores, entonces la persona necesita fumar más para obtener el mismo efecto. Además de la nicotina, que es una sustancia adictiva pero relativamente inocua, el cigarrillo contiene 400 sustancias químicas, muchas de las cuales son carcinógenas o tóxicas, como el alquitrán, monóxido de carbono, amoníaco, arsénico, etc.. Estas sustancias son las responsables de que una persona fumadora viva en promedio 10 años menos que una no fumadora.

Reynaldo Smith: El cerebro tiene receptores para la nicotina. Está demostrado que a mayor consumo de nicotina existe mayor número de receptores cerebrales para ella. Estudios de experimentación con animales demostraron que quienes estaban expuestos a la nicotina aumentaban hasta el 100% estos receptores. La nicotina penetra en la sangre a través de los pulmones y llega al sistema nervioso central en apenas 7 a 10 segundos. Allí se une a los receptores correspondientes y produce la liberación de diversas neurohormonas -dopamina, adrenalina, noradrenalina, serotonina, etc-. Estas sustancias químicas son las responsables de las sensaciones sedantes, antidepresivas, de placer o alegría, así como la disminución del apetito, el aumento de la concentración y la atención, generando una sensación de bienestar denominada recompensa positiva. Cuando el organismo no recibe la dosis de nicotina acostumbrada, dispara una violenta reacción llamada síndrome de abstinencia. Unas pocas horas después de que el fumador se abstiene de fumar experimenta síntomas tremendamente molestos (enojo, irritabilidad, angustia, depresión, insomnio, alteraciones en la capacidad de atender y concentrarse, aumento del apetito). Claro que la nicotina es apenas una de las 400 sustancias químicas escondidas detrás de la presunta inocencia de un cigarrillo. Su poder es tal que según estimaciones internacionales, ninguna droga, guerra, epidemia o catástrofe ha matado tanta gente en la historia de la humanidad como lo hizo el tabaco.


¿Puede una persona decidir abandonar y lograrlo sola? ¿Es bueno que lo haga de un día para otro o debe seguirse un método?

Alejandro Videla: Como el organismo sufre la falta brusca de la nicotina, el 95% de las personas que dejan de golpe y sin apoyo vuelven a fumar en el intervalo de un año. Por eso dejar no es sólo cuestión de fuerza de voluntad sino que se trata de combatir una adicción y se puede lograr un porcentaje mucho mayor de éxito si se encara dejar de fumar en el contexto de un tratamiento supervisado que prevea tratar los tres aspectos de la adicción.


¿Cuál es la eficacia de los tratamientos para abandonar? (parches, chicles)

Alejandro Videla: Existen tres procedimientos efectivos para dejar de fumar: reemplazar la nicotina del cigarrillo por productos que entregan nicotina de forma no adictiva, y permiten dejar el cigarrillo, un antidepresivo llamado Bupropion y un medicamento que bloquea los receptores de la nicotina, la Vareniclina. Estos medicamentos duplican y hasta triplican las posibilidades de éxito de dejar de fumar. Pero son aún más efectivos si se combinan con apoyo cognitivo conductual.


Fuente: respireonline.com




  • Un estudio explica cómo las circunstancias incitan al consumo adictivo de drogas
  • La nicotina o la cocaína refuerzan las memorias de las vivencias asociadas a su uso


Desengancharse de una droga es un proceso costoso que conlleva, a menudo, un cambio de hábitos radical encaminado a sacar a la persona del ambiente relacionado con el consumo. Las raíces de la dependencia que generan la nicotina o la cocaína son más profundas de lo que se pensaba. Ésta no se limita a una recompensa placentera sino que implica el refuerzo de ciertos recuerdos, como el sitio o las circunstancias habituales de consumo, que motivan al sujeto a continuar con su uso.

Fumar sólo cuando otros lo hacen, ser incapaz de perdonar el cigarro de después de comer o tener que esnifar una raya cuando se han tomado algunas copas. Las evidencias científicas y empíricas indican que la información contextual, espacial y del lugar está relacionada con las vivencias relativas a la toma de drogas hasta el punto de que las circunstancias empujan muchas veces a su consumo.

Aunque suene a excusa, no lo es. Esa es la conclusión de un trabajo publicado en la revista 'Neuron', que ha analizado el efecto de la nicotina sobre los procesos de aprendizaje y memorización en ratones. Sus conclusiones señalan que tanto el consumo adictivo de una droga como los acontecimientos que lo rodean pueden considerarse aprendizaje condicionado.

Para que nuestro cerebro aprenda y memorice necesita modificar constantemente sus conexiones en el hipocampo. Este fenómeno se conoce como plasticidad neuronal e implica cambios en las sinapsis neuronales existentes (intensidad, funcionalidad), desaparición y aparición de otras nuevas. El neurotransmisor implicado en estos cambios es la dopamina.

El rol de la dopamina en el desarrollo de una adicción es bien conocido, gracias a los estudios 'in vitro' y con animales vivos sedados. Sin embargo, estos experimentos no permiten conocer las consecuencias últimas que la exposición a la nicotina, por ejemplo, causa en el cerebro.

¿Por qué cuesta tanto dejar el cigarro del café?

Al trabajar con ratones vivos en movimiento, los autores de este estudio, procedentes del Baylor College of Medicine de Houston (Estados Unidos) pudieron salvar esa barrera. Los animales, a los que se les habían implantado electrodos en el cerebro para recoger la actividad de las neuronas del hipocampo, podían deambular libremente por dos compartimentos en los que recibían bien una dosis de nicotina bien una de solución salina (inocua).

"El cambio en la actividad cerebral era alucinante", ha explicado uno de los autores, John Dani, profesor de neurociencia de Baylor. "Comparado con las inyecciones salinas, la nicotina fortalecía las conexiones neuronales; a veces hasta un 200%. Este fortalecimiento indica formación de nuevas memorias".

Eso es lo que ocurría en el cerebro de los animales, ¿pero qué se veía desde fuera? Dani y su colega Jianrong Tang observaron el comportamiento de los roedores y comprobaron que pasaban más tiempo en el compartimento en el que recibían la nicotina. La actividad desencadenada por la nicotina en el hipocampo sólo podía indicar una cosa: habían aprendido a preferir ese espacio.

Estos hallazgos concuerdan con la idea de que las memorias asociadas con comportamientos adictivos se transforman en motivaciones internas para seguir con el consumo de esa droga. Como salir por la noche incita a esnifar cocaína, beber café a encender un cigarro o tomar éxtasis a fumar porros.

Fuente: elmundo.es




Aquellos niños cuyas madres han fumado una cajetilla de tabaco o más durante el embarazo serán el doble de propensos a ser adictos a la nicotina cuando lleguen a la edad adulta.



La exposición al tabaco altera la estructura cerebral del feto, traduciéndose en una mayor disposición a ser dependientes de los cigarrillos. Los resultados no quieren decir que los niños cuyas madres han fumado durante la gestación consuman más cigarrillos sino que "si lo intentan tienen más riesgo de llegar a ser dependientes" comenta el doctor Stephen L. Buka, de la Universidad de Harvard en Boston (Estados Unidos) y principal autor del estudio.

Los investigadores realizaron entrevistas a 1.248 mujeres embarazadas y les preguntaron sobre sus hábitos tabáquicos. Una vez dieron a luz, se volvió a contactar con sus hijos cuando ya eran adultos y se les interrogó sobre sus propias costumbres. Más del 60% de las mujeres entrevistadas habían fumado durante su embarazo y alrededor del 35% habían consumido al menos un paquete de cigarrillos en alguna ocasión a lo largo de la gestación. La explicación a ese gran porcentaje de fumadoras se debe, según explica este médico, a que los datos son de hace muchos años, cuando todavía no había conciencia de lo perjudicial que era el tabaco para el feto.

adictos desde el utero


Tras analizar los datos, lo que se detectó es que los niños de las mujeres más fumadoras durante su embarazo, fueron el doble más propensos a la adicción a la nicotina durante su etapa adulta que aquellos de madres que no presentaron este hábito tóxico a lo largo de la gestación. Esta tendencia a la adicción no se registró en aquellos adultos cuyas madres fumaron menos de un paquete en su embarazo, según explican los autores del estudio publicado en el 'American Journal of Psychiatry'. Los autores sugieren que las madres que han fumando durante el embarazo lo siguen haciendo tras el parto y el efecto de la nicotina que se filtra a través de la leche materna y al respirar el aire del hogar, se suma al que tuvo lugar a lo largo de la gestación, todo ello afecta a la estructura cerebral del bebé. Esta exposición al tabaco parece que no afecta a la adicción a otras sustancias como la marihuana.

Se estima que en Estados Unidos el 12% de las mujeres que dan a luz fumaron durante su embarazo, lo que da un resultado de que 500.000 bebés han estado expuestos al humo del tabaco antes de su nacimiento. Este hecho puede ocasionar otros trastornos como un mayor riesgo de abortos, de bajo peso del recién nacido y de muerte súbita infantil


elmundo.es



Los cigarrillos y las demás labores de tabaco son instrumentos para la administración de nicotina. Ésta, es el principal ingrediente psicoactivo que buscan los consumidores de tabaco. De hecho, la eliminación de la nicotina de los diversos preparados del tabaco evita su consumo regular y repetitivo.


Lo característico de toda dependencia --trastorno conductual en el que está disminuido el control sobre el consumo de una determinada sustancia-- es la existencia de una necesidad o compulsión hacia la toma periódica o continuada de esa sustancia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconsejó la sustitución del término adicción, por el concepto más preciso y con menores connotaciones negativas, dependencia. A pesar de esto, el término «adicción» (y «adicto») está muy arraigado y frecuentemente se utiliza de forma más o menos equivalente al de dependencia.

En la base de toda farmacodependencia coinciden siempre 3 constantes:

1. La existencia de un producto psicoactivo cuyos efectos se consideran merecedores de ser reexperimentados. Una sustancia es psicoactiva si altera alguna función del sistema nervioso central (SNC): si produce cambios perceptibles en el humor, en la cognición o en la conducta; no es necesario que altere la consciencia o que «coloque». La nicotina reúne plenamente estos criterios.

2. La instauración de un condicionamiento de tipo operante en el que el fármaco actúa como elemento reforzador: la conducta de autoadministración queda condicionada por sus consecuencias, es decir, por sus efectos, y tiende a perpetuarse. Con el tiempo la conducta va haciéndose menos voluntaria, con lo que disminuye --o incluso desaparece-- el control existente sobre ella.

3. La existencia de diversos estímulos que se presentan simultáneamente a la administración de la sustancia y que quedan asociados por un condicionamiento clásico a ella o a sus efectos.

Tipos de condicionamientos

Los deseos de consumir, habitualmente se suelen desencadenar por la presencia de estímulos, originalmente neutros, que por condicionamiento clásico--pavloviano-- han adquirido «un valor añadido», se han incentivado. Los estímulos asociados al consumo pueden ser externos (un cenicero, encender el ordenador, una canción, un anuncio) o internos (sensación de frustración, tristeza, ira, ganas de comer, etc.), y no están necesariamente relacionados con las propiedades farmacológicas de la sustancia.

De esta manera, los estímulos ambientales, la conducta de fumar y el reforzamiento de la nicotina ocurren juntos muchas veces al día, así, estos elementos quedan fuertemente asociados. El sabor, olor y vista de un cigarrillo, o el de un anuncio, los estímulos generalmente presentes al fumar (amigos que fuman, una llamada de teléfono, una taza de café, una indecisión, un enfado) y el ritual de obtener, manejar, encender y fumar el cigarrillo se vuelven estímulos que señalan (señalizan) el fumar y que, por sí mismos, pueden ser altamente agradables para el fumador. Igualmente, al intentar dejar de fumar, estos estímulos aumentan las probabilidades de recaída ya que señalan el fumar y pueden precipitar deseos intensos y urgentes (craving) de fumar.

Para que la conducta de autoadministración se instaure es necesario que la sustancia consumida tenga propiedades reforzadoras. El concepto reforzador (opuesto al de aversivo) se utiliza en psicología experimental para eludir el empleo de términos difícilmente objetivables, como necesidad, deseo o compulsión. Un estímulo es reforzador si su aplicación aumenta las posibilidades de que vuelva a ser aplicado; la conducta queda así reforzada por sus consecuencias: es un condicionamiento instrumental u operante. Si éste no existe, no hay conducta de búsqueda y, consecuentemente, no existe dependencia alguna.

Las sustancias con un alto poder reforzador en los modelos de autoadministración animal son muy adictivas en humanos. En este contexto «muy adictivo» no hace relación a la intensidad de la dependencia, que puede ser muy grande con cualquier sustancia, sino que hace relación al número de personas que, tras entrar en contacto con la sustancia, desarrollan una dependencia. Ésta es la gran diferencia que se observa en los humanos entre las sustancias que en los modelos de autoadministración animal son muy adictivas (heroína, cocaína, nicotina) y las que lo son poco (etanol, cannabis, éxtasis); mientras que la mayor parte de las personas pueden consumir, por ejemplo, bebidas alcohólicas con mayor o menor regularidad, más o menos intensamente, incluso emborrachándose a veces, sin convertirse en dependientes del alcohol, con la nicotina esto no parece ser posible, la mayor parte de los consumidores regulares --no todos-- son dependientes.

Al igual que en otras adicciones, los efectos biológicos aislados de la nicotina no son suficientes para generar una dependencia; en su desarrollo intervienen también las características de la persona y del entorno. De esta manera, la nicotina puede ser utilizada para paliar o compensar determinados déficit personales (como afrontamiento de situaciones generadoras de estrés o deficiencia de habilidades sociales) o realizar determinadas funciones sociales (incorporarse a determinado colectivo, aparentar ser mayor o independiente, etc.). Las funciones psicológicas y sociales atribuidas al tabaco varían mucho según las personas, los ambientes y las épocas; conocer qué aporta la sustancia adictiva a cada persona en concreto es especialmente relevante cara al tratamiento, al proceso de deshabituación.




Fuente: elsevier.es





Es muy relevante conocer lo que fumar aporta a cada fumador.
Si no se realiza esto, es probable que el fumador desarrolle carencias o vacíos, o mecanismos alternativos deficientes,
que --en ambos casos-- pueden acabar precipitando la recaída.



Mecanismos de afrontamiento y de sustitución de conductas

Es característico de las sustancias adictivas reducir el número de mecanismos de afrontamiento a la realidad. Así, mientras que una persona no dependiente dispone de variados recursos --algunos de ellos peregrinos-- para enfrentarse a una situación de estrés, quien es dependiente sólo suele ser capaz de recurrir a la sustancia. Así, ante una situación generadora de estrés (o de incertidumbre o soledad, según sea el caso), algunos fumadores siempre acuden a la nicotina. Acostumbrados durante años a enfrentarse así al estrés (o a cualquier otro estado de ánimo negativo), han ido perdiendo u olvidando recursos que en el pasado utilizaban ante esas situaciones.

.-- Quien usa el tabaco como herramienta de afrontamiento de estados de ánimo negativos, debe desarrollar mecanismos alternativos para enfrentarse a los mismos, ya que éstos no van a desaparecer sólo por dejar de fumar. Cuando no se desarrollan mecanismos alternativos, se aguanta un cierto tiempo (más o menos prolongado), pero al final casi siempre llega una situación que desborda la ausencia de los muros de contención.

-- Cuando el tema del desarrollo de estrategias alternativas no es abordado, es posible que los fumadores desarrollen mecanismos de afrontamiento que produzcan beneficios a corto plazo, pero que pueden resultar perjudiciales a más largo plazo. Ejemplos de esto son: usar la comida para enfrentarse a las situaciones de nerviosismo (acaba siendo devastador), renunciar a salir con los amigos (puede ser útil sólo temporalmente), no buscar placeres alternativos en quienes consideran que fumar es su único placer (origina una sensación de frustración o de vacío notable). Los tests Russell, RAM, Baer y Lichtenstein, así como el Glover-Nilsson también sirven para analizar básicamente qué aporta o sustituye el tabaco.

Utilización de recursos para el cambio

Si tomamos en centa el perfil de problemas de 2 mujeres cocainómanas: una médico con una dependencia 7.0 y otra adolescente embarazada con dependencia 5.5, se podría pensar que a la médico le resultaría más difícil salir de la dependencia a la cocaína; sin embargo, cualquier persona que haya trabajado en drogodependencias sabe que no es así: la médico tiene mucho mejor pronóstico que la adolescente. Esto es así porque el pronóstico no depende sólo del grado de adicción, sino también y fundamentalmente de qué recursos tenga la persona para enfrentarse a la adicción, de su estabilidad psicológica y de sus habilidades personales y de con qué apoyos sociales cuente para abordar el cambio de conducta. Lo mismo ocurre en el tabaquismo. El grado de dependencia es importante, pero aún lo son más los recursos con los que cuenta el fumador. Una persona depresiva, o con problemas de alcohol, o en una situación laboral o afectiva inestable, o con todo su microambiente en contra, tiene más dificultad en conseguir la cesación del tabaquismo. Aún así, ésta no es imposible.

Por ello, es importante indagar y descubrir la amplia gama de recursos que toda persona dispone, con el fin de que el adicto pueda apoyarse en ellos para realizar el cambio de conducta. Aunque en los ejemplos citados resalta el efecto nocivo de las carencias, en la actividad profesional habitual tienen mayor relevancia los recursos y factores motivadores de cada persona. Éstos son muy variados, hay quien sólo cambia por alguno de sus hijos, otros por una apuesta, otros han realizado ímprobos esfuerzos en otros campos, o aguantado situaciones insoportables o se han acostumbrado a resistir otro tipo de impulsos. Se trata de averiguar los puntos fuertes de la manera de ser y actuar de cada persona.




Reestructuración cognitiva
La mayoría de quienes intentan dejar de fumar se muestran ambivalentes respecto a su consumo. Esto es lógico; dejar de fumar suele basarse habitualmente en argumentos de razón, y en las decisiones humanas hay muchos otros factores que influyen, además de argumentos racionales.

La ambivalencia --un querer sin querer-- de los fumadores puede tener muchas manifestaciones, desde «me gustaría fumar sólo uno cada día» hasta «simplemente le enciendo los cigarrillos a mi marido». En cualquier caso, suele presentar 2 características relevantes: por una parte, se manifiesta más cuanto menor es la motivación para el cambio. Como la motivación suele disminuir tras las primeras 4-6 semanas de tratamiento (cuando dejar de fumar sigue costando más o menos y los apoyos externos disminuyen), esto puede influir en la recaída. Por otro lado, la ambivalencia tiende a racionalizarse.

Dado que la decisión de dejar de fumar se basa en motivos primariamente racionales, cualquier intención de volver a fumar también suele buscar este mismo tipo de argumentos, justificaciones y/o engaños, con el fin --consciente o inconsciente-- de evitar una disonancia cognitiva. Por ello, es importante --sobre todo, tras unas semanas de abstinencia-- ayudar a los fumadores a percibir cuáles son sus posibles ideas erróneas, irracionales o desadaptativas, ayudarles a comprender que su percepción de la realidad del consumo o de la abstinencia está distorsionada.

Parte de la reestructuración cognitiva es identificar situaciones de riesgo, así como descubrir también aquellas decisiones irrelevantes o «minidecisiones» que pueden conducir a ellas. Otro aspecto es valorar adecuadamente el consumo, con la gratificación inmediata que produce, sin realizar un análisis neurótico de sus ventajas. Unido a esto se encuentra el (re)descubrimiento de otras actividades gratificantes (si no existieran). Un tercer aspecto hace relación a las ganas de fumar (si deberían desaparecer, si implican que va todo mal, si a veces son irresistibles, etc.), a las expectativas respecto al tratamiento (el terapeuta, la medicación o la psicoterapia «lo soluciona todo») o las influencias de las experiencias pasadas (como desesperanza aprendida).

Indudablemente, los aspectos más importantes de la reestructuración cognitiva se relacionan con la percepción de consumo controlado y el efecto de violación de la abstinencia.

El consumo controlado suele ser el sueño de casi todas las personas dependientes, también en tabaquismo. La experiencia muestra que, en la inmensa mayoría de los casos, la presencia de una dependencia previa impide la posibilidad de un consumo controlado. Es distinto si no existía dependencia previa. Es una de las principales causas de recaídas pasados varios meses de abstinencia. Muy frecuentemente, quien por primera vez lleva bastantes meses sin fumar realiza un consumo con la intención --a menudo, inconsciente-- de comprobar que ya se está «por encima» del tabaco. Aunque esto puede prevenirse informando a los pacientes, debe tenerse en cuenta que es muy humano no escarmentar en cabeza ajena, quedando la abstinencia definitiva para un intento posterior.

El efecto de violación de la abstinencia consiste en la valoración --junto con las respuestas emocionales asociadas-- que el paciente lleva a cabo de las circunstancias de su vuelta al consumo después de un tiempo de abstinencia. Tiene un componente de atribución subjetiva de la responsabilidad y otro de reacción afectiva que ocasiona. Es responsable del paso de la caída (slip) a la recaída (relapse). Junto a la idea de que no existen deseos irresistibles si se evitan las circunstancias resistibles, los fumadores deben tener claro que es muy importante evitar los consumos puntuales (caídas) y que una caída no implica una recaída.

Lo más difícil en el tratamiento de toda dependencia es conseguir cómo disminuir al máximo la posibilidad de consumos puntuales (que son efectivamente predictores de recaídas) y, simultáneamente, relativizar su potencial influencia en la recaída. Es prácticamente imposible realizar ambas cosas a la vez; por eso es un arte.


Fuente: elsevier.es





Para que exista dependencia de una sustancia tiene que haber:

--Una administración repetida. Los consumos puntuales no son dependencias, aunque pueden favorecer su génesis. Evidentemente, el primer consumo antecede a todos los demás; además, por ser una sustancia reforzadora, su administración aumenta las probabilidades de ser posteriormente administrada. En cualquier caso, por definición, toda dependencia implica un consumo repetido.

-- Un consumo por encima del deseado. No todo consumidor regular de una sustancia adictiva es dependiente; puede ser simplemente un consumidor regular (en nuestro medio esto se ve claramente con el consumo de alcohol). Dependencia implica dificultad en el control del consumo; por ello, mientras no existan dificultades en reducir o eliminar el consumo, ésta no se manifiesta. El consumo suele ser al principio totalmente voluntario (si no se tienen en cuenta las presiones sociales). A medida que se instaura la dependencia, el consumo pasa a ser regular y el sujeto fracasa reiteradamente en el intento de cesar o reducirlo.

Una dependencia no es un fenómeno todo o nada, es un síndrome que presenta diversos grados: se es más o menos dependiente en virtud de la mayor o menor dificultad para restringir el consumo; por ello, no siempre es fácil delimitar la frontera entre un consumo periódico, regular o frecuente y una dependencia.

El grado de dependencia presenta una enorme variabilidad interindividual. Hay personas que consumen labores de tabaco con moderación o de forma ocasional o social, hay otras en cambio que, tras un período de consumo, se convierten en consumidores compulsivos, con gran dificultad para abandonarlo. El grado de dependencia puede variar también a lo largo de la historia personal de cada consumidor.


Dependencia del tabaco (de la nicotina)

No todos los fumadores son dependientes de la nicotina, algunos son simples consumidores regulares que, cuando lo deseen, pueden abandonar su consumo fácilmente. Sin embargo, esto no es lo que ocurre a la mayor parte de los fumadores; poco después de intentar reducir o eliminar el consumo de tabaco, la mayoría de ellos vuelve a sus niveles habituales de consumo. La nicotina es la sustancia responsable de la dependencia que ocasiona el tabaco; en ocasiones se habla de dependencia del tabaco porque la dependencia se instaura con relación a labores de tabaco concretas, a cuyas propiedades y características se asocia el consumo. El grado de dependencia que produce la nicotina es variable, y depende por una parte del producto que se consuma y por otra de la relación que se establezca entre la persona y el tabaco.

dependencias

Labor de tabaco consumida

En los cigarros puros y tabacos de pipa, de carácter alcalino, la nicotina se absorbe por la cavidad orofaríngea sin necesidad de tragar el humo; en los cigarrillos, el humo --más ácido-- debe ser inhalado y la nicotina se absorbe sobre todo en pulmón. Por ello:

-- Toxicidad general: En las preparaciones alcalinas, al absorberse mejor, la acción irritante local de la nicotina es también mayor, por lo que las concentraciones sanguíneas de nicotina son habitualmente menores en los fumadores de puros y pipas. Esto explica que en ellos el tabaco produzca una mayor toxicidad local y menor toxicidad general que en los fumadores de cigarrillos.

-- Adicción: La absorción a través de la vía pulmonar es muy rápida, de los alvéolos pulmonares pasa a circulación pulmonar, corazón izquierdo y de ahí al resto del organismo. De hecho, por vía inhalatoria la nicotina --y cualquier sustancia que resista la combustión-- alcanza el cerebro más rápidamente incluso que por vía intravenosa (8-10 frente a 12-15 segundos). Por un principio general farmacocinético, a igualdad de dosis, cuanto más rápida es la absorción de una sustancia, mayores son las concentraciones plasmáticas que se alcanzan y también más rápida es la subida y la caída de estas concentraciones. Por ello, con los cigarrillos se alcanzan nicotinemias mayores, más rápidas y más breves que las que se alcanzan con puros y pipas. Como la adicción depende directamente de lo rápido que se produzcan las acciones centrales y de lo intensas que éstas sean, la inhalatoria es una vía particularmente adictiva. Esto también explica por qué los cigarrillos son más adictivos que los cigarros puros y que el tabaco de pipa, y que a su vez éstos sean más adictivos que otras formas de consumir tabaco, como el mascar. Por su potencial adictivo, los cigarrillos son a los puros o pipas como el crack es al clorhidrato de cocaína que se esnifa, o como la heroína es a la morfina, que es menos liposoluble.


Fuente: elsevier.es





La mayor parte de los fumadores son dependientes de la nicotina o, en un sentido más amplio, de la labor de tabaco que consumen. Por ello, cualquier intento de cesación del tabaquismo requiere fundamentalmente un abordaje de éste como una adicción.




Cada calada produce un efecto cerebral discernible --que puede ser asociado-- unos 10 segundos después. A 10 caladas por cigarrillo, un fumador de un paquete diario tiene la posibilidad de reforzar su hábito en unas 70.000 veces al año. El momento, lugar, situación, circunstancias y condiciones de preparación pueden quedar así íntimamente asociados con los efectos de la nicotina. Cada fumador tiene su propia historia y los efectos psicoactivos de la nicotina pueden ser utilizados con diversos fines: afrontamiento de situaciones de estrés o incertidumbre, como recurso para engañar el hambre, como herramienta para relacionarse con otras personas, para buscar concentración en el trabajo, para aliviar el malestar de los síntomas de deprivación, etc. Conocer qué aporta el tabaco a cada fumador es una de las claves de la prevención de recaídas y, por tanto, una herramienta básica para realizar un tratamiento adecuado; si no se hace (lo cual frecuentemente puede ocurrir cuando se abandona el tabaco por sí mismo), casi siempre se está en una situación más vulnerable, en la que el riesgo de recaída es mucho más elevado.

La nicotina se encuentra entre las sustancias más adictivas conocidas. Esto viene refrendado por los siguientes hechos:

a) presenta alta adictividad en los modelos animales de administración;
b) quienes buscan tratamiento por su adicción a la heroína, cocaína o al alcohol afirman que dejar de fumar les resulta al menos tan difícil como abandonar su droga problema;
c) tras levantarse, uno de cada 6 fumadores enciende su primer cigarrillo antes de que transcurran 5 min, y la mitad antes de la media hora;
d) un 50% de los fumadores nunca ha permanecido 7 o más días sin fumar en los últimos 5 años y un 30% no lo ha estado nunca;
e) los fumadores suelen mostrar patrones típicos de consumo;
f) pese a sus deseos e intentos por abandonar el tabaco, sólo la mitad de aquellos que han sido fumadores regulares se convierten en ex fumadores.

Muchos grandes fumadores se comportan --inconscientemente-- como si estuvieran intentando ajustar su concentración de nicotina dentro de límites relativamente estrechos. Cuando se les da cigarrillos con un elevado contenido de nicotina, ellos reducen el número fumado y alteran sus patrones habituales, alcanzando así concentraciones plasmáticas de nicotina sólo algo superiores a las que están acostumbrados. Lo contrario también se observa.

Propiedades reforzadoras de la nicotina

En la actualidad está fuera de discusión el potencial adictivo de la nicotina, sus propiedades reforzadoras. Éstas pueden ser debidas a:

-- Al igual que otras sustancias adictivas y la aplicación de estímulos novedosos y/o relevantes, la nicotina aumenta la concentración de dopamina extracelular en el núcleo accumbens. Aunque esta acción reforzadora primaria es debida a la estimulación de receptores nicotínicos, parte de la acción reforzadora puede deberse a una desensibilización de los receptores nicotínicos.

-- Los fumadores que reciben 1-2 mg de nicotina intravenosa (i.v.) definen los efectos como placenteros; en escalas ideadas para medir efectos euforizantes, la nicotina presenta puntuaciones elevadas, aunque no tanto como la morfina y la anfetamina, por ejemplo.

-- Fumar produce, en fumadores, un alivio inmediato de la sintomatología de abstinencia, sea ésta sutil o florida. Esto puede ejercer una notable influencia reforzadora, ya que libera de una situación desagradable (reforzamiento negativo). Si bien en bastantes personas este factor carece de importancia, en muchas otras puede tener una considerable importancia y los síntomas de abstinencia, algunos de los cuales duran bastante, pueden contribuir a la dificultad del abandono. La reversión de síntomas de abstinencia (especialmente detectables al levantarse por la mañana tras el período nocturno de deprivación) puede también contribuir a varios de los efectos positivos que los fumadores suelen atribuir al tabaco, como ayuda a despejarse y a concentrarse, a la relajación y a la mejora de la atención, sobre todo al realizar tareas repetitivas.

-- Otros efectos de la nicotina (o de algún otro compuesto del tabaco) pueden actuar como reforzadores: activación y facilitación de la memoria o de la atención, disminución de la irritabilidad o del estrés, modulación del estado anímico, así como su capacidad de alterar el apetito y suprimir el aumento de peso.

-- Además, la adicción de la nicotina depende de la cantidad y de la vía por la que se consuma. Como se ha descrito, la vía inhalatoria es la forma de administración de nicotina más adictiva. La alcalinización de los cigarrillos (p. ej., con amoniaco) facilita la biodisponibilidad de la nicotina --base débil-- haciéndola más adictiva a igualdad de dosis.

-- Por otro lado, un estado de ánimo deprimido (trastorno distímico o afectivo) se asocia con la presencia de dependencia a la nicotina. La depresión aumenta significativamente durante la abstinencia de nicotina y es citada como una de las razones para las recaídas

¿Es la nicotina más adictiva que la heroína o la cocaína?

Quienes buscan tratamiento por su adicción a la heroína, la cocaína o al alcohol afirman que dejar de fumar les resulta al menos tan difícil como abandonar su droga problema. ¿Significa esto que la nicotina es más adictiva que la heroína o la cocaína? No exactamente.

En modelos animales se ve que la nicotina es muy adictiva, pero no más que la cocaína o la heroína. La percepción de la dificultad del abandono del tabaco probablemente sea debida a:

-- Un peor balance costes-beneficios. Aunque la dificultad fuera la misma para abandonar una adicción, quienes se ven obligados a dejar la heroína o el alcohol, perciben unos beneficios en su mejora de calidad de vida, que rara vez obtienen cuando intentan dejar el tabaco; por ello, a menores beneficios, un mismo esfuerzo (o un esfuerzo incluso menor) se hace más costoso.

-- Al condicionamiento universal del craving. En otras adicciones los estímulos asociados al consumo no suelen ser omnipresentes; suele ser necesario cambiar algunas circunstancias o estilos de vida, pero no siempre todo; en el caso del tabaco prácticamente todas las circunstancias de la vida de un fumador están condicionadas al consumo (el trabajo, el descanso, la diversión, las relaciones..., lo siguen haciendo los amigos o familiares, se ve en la calle, en las películas, en los bares...). Esto hace que el decondicionamiento de los estímulos pueda percibirse --y ser-- como más costoso.

-- En tabaco raramente se toca fondo. Los fumadores suelen intentar dejarlo por motivos más o menos racionales, por mayores o menores presiones, pero pocas veces lo hacen por «haber tocado fondo». Esto hace que la motivación para perseverar en el intento sea menor o que pueda disminuir más fácilmente ante las dificultades.

Consecuentemente, aunque la nicotina es altamente adictiva --y probablemente lo sea tanto como otras sustancias-- no es exacto decir que la nicotina es más adictiva que la heroína o la cocaína.



Importante no olvidar:

Considerar el tabaquismo como una adicción implica ser consciente de que es un proceso crónico del que forman parte las recaídas. También implica valorar la importancia que tienen los diversos estímulos --internos y externos-- que a lo largo de los años han ido asociándose al consumo, así como reconocer el posible valor adaptativo que para cada fumador tiene su conducta y de qué herramientas dispone para conseguir el cambio de conducta.

Gran parte de los fracasos en cesación del tabaquismo, más que de un uso inadecuado de la medicación, derivan de la falta de profundización práctica en el componente adictivo del tabaquismo.


Fuente: elsevier.es




La nicotina podría alterar la actividad de áreas del cerebro que participan en la inhibición de emociones negativas como la ira.



Investigadores de la Universidad de California en Estados Unidos han demostrado científicamente los efectos neurológicos calmantes de la nicotina en un grupo de no fumadores durante un experimento de provocación de la ira. El trabajo se publica en la revista Behavioral and Brain Functions, sugiere que la nicotina podría alterar la actividad de áreas del cerebro que participan en la inhibición de emociones negativas como la ira.

Los científicos, dirigidos por Jean Gehricke, estudiaban el efecto de los parches de nicotina sobre la tendencia de los sujetos a desquitarse en respuesta a una provocación. Los sujetos jugaban a un juego informático y podían ver una pantalla de vídeo de otro jugador que creían que era su oponente aunque en realidad jugaba en solitario.



Demuestran científicamente los efectos neurológicos calmantes de la nicotina


Después de cada ronda, el vencedor podía arrojar a su oponente un ruido desagradable de una duración y volumen que deseara. En algunos sujetos, la nicotina se asoció con una menor tendencia a la revancha incluso después de la provocación del oponente.

Según señala Gehricke, "los participantes que mostraron cambios inducidos por la nicotina en la experimentación con la ira también mostraron cambios en el metabolismo cerebral. Las reducciones inducidas por la nicotina en la duración de la revancha se asociaron con cambios en el metabolismo del cerebro en respuesta a la nicotina en áreas cerebrales asociadas con la orientación, la planificación y el procesamiento de los estímulos emocionales".

Los autores señalan que sus descubrimientos apoyan la idea de que las personas predispuestas al enfado son más susceptibles a los efectos de la nicotina y que por ello son más propensas a convertirse en adictas a los cigarrillos.

Los investigadores concluyen que los nuevos tratamientos conductuales que afectan a las áreas cortical y límbica del cerebro, como el aprendizaje para el control de la ira, podrían ayudar a dejar de fumar en situaciones de provocación que aumentan los efectos de la abstinencia y el deseo de fumar.

Fuente: www.azprensa.com