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La mayoría de los fumadores asocian la cesación del tabaquismo con un aumento considerable de peso. Esto, sumado a la dura tarea del fumador al enfrentar la abstinencia, pasa a ser una razón importantísima, y para muchos la fundamental, a la hora de decidir dejar de fumar.



¿En qué se basa la idea de asociar el tabaquismo con el peso corporal?

Si bien la nicotina actúa sobre ciertas sustancias reguladoras del apetito esto no es suficiente para producir un incremento importante de peso. La causa del posible aumento de peso (digo posible porque no es una cuestión generalizada), es multifactorial aunque basada fundamentalmente en tres elementos que se hacen presentes al dejar de fumar:

1- La forma de alimentarse (hábito alimentario).
2- Alteraciones psíquicas.
3- El sedentarismo.

1.-Hábito alimentario

Es necesario considerar, que el fumador tiene un hábito alimentario particular, propio de las alteraciones que el consumo de cigarrillo produce tanto por la combustión (humo) como por la nicotina, a saber:

- La comida resulta en general poco sabrosa y aromática porque el gusto y el olfato están dañados.
- El fumador elige preferentemente (por el daño en su gusto y olfato) comidas proteicas muy condimentadas y ricas en grasas saturadas.
- El consumo de grasas saturadas y la escasa ingesta de frutas y verduras contribuyen al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
- Existe en el fumador una disminución de la absorción de determinadas vitaminas y minerales, lo que produce deficit nutricional.
- Se suelen reemplazar algunas comidas por un cigarrillo y un café.
- El tabaco desempeña un papel favorecedor de numerosas afecciones en el aparato digestivo cuya lista se alarga año tras año: genera úlceras gastroduodenales, aumenta el reflujo duodenogastroesofágico, aumenta del peristaltismo intestinal. Para algunos fumadores la aceleración del tránsito intestinal da origen a diarreas prolongadas que cesan al dejar el tabaco.

Al dejar de fumar los hábitos alimentarios adquiridos, las anomalías producidas en el aparato digestivo, la normalización en los sentidos del gusto y el olfato y el aumento de la ingesta en reemplazo del cigarrillo podrían llevar a un aumento de peso.

2.-Alteraciones psíquicas

El cigarrillo es un potente antidepresivo y ansiolítico. Al suspender el consumo de tabaco la ansiedad que antes se combatía con el cigarrillo encuentra refugio en la comida. La ansiedad, el nerviosismo y el malestar que llevaban a prender un cigarrillo pueden ahora llevar a buscar consuelo en la heladera.

3.-El sedentarismo

El sedentarismo contribuye a una disminución del gasto metabólico basal. De esta manera lleva a una reducción del consumo calórico diario con el consiguiente aumento del tejido graso.

dejar de fumar alimentacion


Teniendo en cuenta estas tres problemáticas, el tratamiento para la supresión del tabaco debe contener:

a- un plan alimentario específico basado en los siguientes puntos:


-- Restablecer el equilibrio nutricional perdido.
-- Constante recambio de dietas especiales acordes a las etapas por las que se atraviesa en la deshabituación del tabaco.
-- Las dietas deben ser siempre individualizadas.

b- una actividad física programada.

c- la utilización de recursos farmacológicos para la ansiedad, de ser necesarios.

De esta manera se logra con efectividad dejar de fumar sin aumentar de peso y sin carencias nutricionales.

Dra. Georgina Alberro


Los alimentos adecuados para contrarrestar
los efectos del cigarrillo en el organismo


No es algo nuevo el asegurar que fumar afecta la salud. Incluso, las mismas cajetillas de los cigarrillos traen esta advertencia. No obstante, éste es un hábito a nivel mundial, y que una vez comenzado, resulta difícil dejar. Si usted es de esas personas, sería muy recomendable el comer de forma adecuada para que su organismo aumente sus defensas, a la vez que elimina todas las toxinas de éste más fácilmente.

Existe una ‘Dieta contra el Tabaco’, que si bien no pretende ayudar a dejar el cigarro, si le ayudará a contrarrestar los efectos nocivos del mismo en su organismo, al incluir alimentos que le ayudarán a reforzarlo. Estos son:


Vitamina C

Esta vitamina es muy mal absorbida por los fumadores, por eso se recomienda introducir cítricos en la dieta diaria ya que estos aportarán la ración diaria de ésta, normalmente se necesitan unos 90 ml., diarios. Las frutas que más la contienen son las naranjas, pomelos, kiwis y las frutas rojas. También algunas verduras contienen esta vitamina como la coliflor, el brócoli, las espinacas y las coles.


Calcio

Hay que tomar grandes cantidades de alimentos que contengan calcio, como leche, queso o yogures. De esta forma aportamos un suplemento importante para el buen estado de los huesos.


Alimentos antioxidantes

Los alimentos antioxidantes contribuyen a reforzar el sistema inmunitario de nuestro organismo y por consiguiente, tienen un efecto anticancerígeno muy importante. Se recomienda tomar té verde porque contiene bioflavina, una sustancia con propiedades altamente anticancerígenas. También contienen estas propiedades antioxidantes los frutos secos, ricos en minerales como el magnesio y el zinc.


Evitar la sequedad de la piel

La mayoría de los fumadoras tienen la piel más seca y de un color apagado, para evitarlo hay que hidratarse más. Lo óptimo sería tomar mucha agua complementarlo con una dieta en la que no falte el aceite de oliva o de girasol crudos.


Dieta Contra el Tabaco

Frutas y verduras

Además de desintoxicar el organismo, las frutas y las verduras son grandes aliados contra el tabaco, especialmente las de color amarillo, naranja y rojo, por su alto contenido de beta caroteno, con su acción antirregenerativa del cáncer pulmonar y su efecto protector. Se recomiendan la zanahoria, el ají, el tomate, el zapallo o la naranja, las moras, la sandía y las cerezas.

En la dieta contra el tabaco también debes incluir huevos, zanahorias y leche que contienen vitamina A; aceite de oliva y alimentos integrales con vitamina E, y proteínas en forma de pollo y pescado. Disminuye el consumo de carne roja ya que aporta más toxinas.


¿Es inevitable engordar al dejar de fumar?

Es opinión generalizada que cuando se deja de fumar se engorda. Es bueno saber por qué ocurre esto, y tomar medidas para evitarlo, pues estamos hablando de las dos principales epidemias sanitarias de nuestros días (el tabaco y la obesidad), y debemos luchar contra ambas.

El tabaco tiene un alto poder adictivo debido a que activa diversos centros cerebrales del placer. Estos centros se habitúan a ser estimulados por la nicotina, de forma que, si se deja de recibir este estimulante, la sensación de placer se transforma en ansiedad y angustia. Y es esta ansiedad lo que nos lleva a comer más, como medida compensatoria por la falta de tabaco. Y la báscula lo delata.

Quienes fuman, deben intentar dejar el tabaco de forma que no engorden o engorden lo menos posible, para ello es bueno seguir ciertas normas.

En primer lugar, hay que intentar que la primera vez que se deje de fumar sea la definitiva. Si no se hace así, ante cada fracaso se acumularán unas cuantas libritas de más, que por lo general no se pierden del todo cuando se vuelve a fumar.

Para asegurarse del éxito en el primer intento, conviene mentalizarse adecuadamente la importancia de dejar de fumar (puede ser interesante anotar en un papel las ventajas de dejarlo), y elegir el momento adecuado.

Durante las primeras semanas, hay que intentar beber muchos liquidos (agua y zumos), no tomar alcohol ni otros excitantes como café o té, realizar comidas ligeras y frecuentes, evitando las copiosas, y tomar muchas frutas y verduras.

Es difícil, pero hay que recordar la importancia del primer intento, y que las ganas de fumar no durarán eternamente: después de cuatro a seis semanas irán disminuyendo, hasta quedar reducidas a una inclinación latente durante meses, y al final a nada.

Fuente: www.elaviso.com





Combinar el ejercicio físico y una dieta equilibrada durante los primeros meses tras dejar de fumar ayuda a que no se produzca una ganancia de peso producto del 'síndrome de abstinencia', según la Unidad de Drogas y Adicciones del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba, y experta del Comité Nacional para la Prevención del Tabaco (CNPT), la doctora Justa Redondo.



Las mujeres, los menores de 55 años, y quienes fumaban más de 15 cigarrillos diarios son, según el criterio de esta especialista, los principales candidatos a notar esos kilos de más, cuya génesis empieza a ser conocida ahora. No obstante, advierte de que "la ganancia coyuntural de peso, que está establecida en una media de 2,5 kilos persona, puede ser fácilmente neutralizada".

El aumento de peso se produce por la falta de la habitual de nicotina que "modifica los procesos termorreguladores y tiene como efecto el que se depositen más sustancias grasas en el organismo", explica. Además, también afecta que aumente la ingestión de alimentos debido a la recuperación del olfato y el gusto.

El aumento de peso y la irritabilidad, provocados por el ansia de nicotina, según los expertos, son una de las más importantes razones para dudar en dejar de fumar, insiste la doctora Redondo.

"Tales síntomas están relacionados con un síndrome de abstinencia que se presenta escasas horas después de haber dejado el tabaco, aunque alcanzan su cota máxima durante los dos días siguientes y no desaparecen hasta pasado un mes, aproximadamente, si bien el aumento del apetito puede llegar a mantenerse durante meses", señala.

En cuanto a los beneficios, recuerda que, aunque los problemas con el peso inciden más en las mujeres, también son ellas las que obtienen más beneficios de un eventual abandono del tabaco, ya que mejora del cutis y retrasa la aparición de arrugas. Aunque, a su juicio, "lo principal es que mejorarán todos sus parámetros de salud y de prevención, y no digamos si además están embarazadas".


El ejercicio físico y una dieta ayudan a neutralizar el aumento de peso tras dejar el tabaco


BENEFICIOS PARA LA GESTACIÓN

Por otra parte, recuerda que los hijos de madres fumadoras suelen nacer con un significativo déficit de peso, "aunque basta que se deje de fumar al comienzo de la gestación para que el niño nazca con las mimas características que los de madres no fumadoras".

Asimismo, indica que la eliminación del tabaco durante la gestación puede prevenir el 5 por ciento de las muertes perinatales, un 20 por ciento de nacimientos con bajo peso y un 8 por ciento de casos de prematuridad.

Por otro lado, y por si no fuera suficiente aliciente saber que la retirada del tabaco es el mejor freno contra el cáncer de pulmón y otras patologías respiratorias y cardiovasculares, junto a la mejor manera de ganar en años y calidad de vida, las mujeres que dejan de fumar retrasan también la menopausia hasta la edad en que generalmente aparece en las no fumadoras.

La preocupación por la ganancia de peso como factor inhibitorio a la hora de tomar la decisión de abandonar el tabaco es uno de los aspectos que conforman el programa del VIII Congreso Nacional de Prevencíon y Tratamiento del Tabaquismo, que tendrá lugar en Córdoba entre los próximos días 19-21 de febrero, y del que la doctora Redondo actuará como presidenta.


Fuente: Noticias Yahoo





dejar de fumar sin engordar

Evitar los dulces y las comidas picantes, practicar deporte para disminuir la ansiedad o consumir unas cinco comidas ligeras al día son algunas de las claves para dejar el cigarrillo, según algunos expertos.

Pero para muchos no es tan sencillo y, además, está demostrado que abandonar el tabaco podría estar ligado a un aumento de peso.

Entre las razones médicas que justifican ese aumento de libras se encuentra la disminución del metabolismo como consecuencia de la falta de nicotina, esto supone un aumento de la sensación de hambre y una reducción del gasto energético. La privación de nicotina puede producir ansiedad, que se intenta aliviar con el consumo de algunos alimentos. Al dejar de fumar se vuelven más sensibles los sentidos del gusto y el olfato, con lo que se disfruta más de la comida.

Los beneficios de dejar de fumar superan con creces el riesgo para la salud que supone este aumento de peso, que podemos controlar si seguimos los siguientes consejos:

* Consumir alimentos ricos en hidrato de carbono complejos, ya que contribuyen a regular la síntesis de neurotransmisores implicados en la regulación del humor.

* Aumentar el consumo de frutas y verduras. Son alimentos de gran volumen y con un contenido calórico bajo, que ayudan a crear sensación de saciedad.

* Elegir carnes magras y lácteos bajos en grasa, limitando los alimentos con alta densidad calórica.

* Cocinar al vapor, hervir, al horno o a la plancha, evitando las grasas.

* Aumentar el consumo de líquidos, preferiblemente agua, infusiones, caldos y zumos de fruta y verduras. Si se eligen otras bebidas, dar preferencia a las que no tengan azúcar añadida, cafeína o alcohol. Conviene evitar el consumo de cualquier otra bebida que el fumador asocie al hábito.

* Para que la sensación de saciedad sea mayor, son preferibles las comidas calientes a las frías.

* Repartir los alimentos a lo largo del día de manera que se hagan cinco o seis comidas más ligeras. Esto ayuda a que los niveles de glucosa se mantengan más constantes. Además, se disminuye la sensación de "estómago vacío" y la ansiedad ante las principales comidas.

* Evitar los dulces y comidas picantes, ya que pueden estimular el deseo de fumar.

* Cuando aparecen ataques de ansiedad, puede ser útil tener a mano trozos de zanahorias, manzanas o apio cortados en tiras. Además de tener bajo contenido calórico, al masticarlos se alivia la tensión.

* Es conveniente aumentar la actividad física. Esto ayuda a disminuir el nivel de estrés y ansiedad.

Cuando se mantiene exactamente la misma dieta, es inevitable un primer aumento de peso (unas siete libras suele ser lo normal) debido al cambio en el metabolismo provocado por la falta de nicotina. Lo importante es no permitir que ese aumento sea superior, como consecuencia de una dieta desequilibrada.


Fuente: La opinión




La nicotina es el componente más adictivo del tabaco. Ella modifica el metabolismo incrementando el consumo energético y disminuyendo artificialmente la masa grasa del organismo. En la persona que fuma, dicha sustancia actúa disminuyendo su apetito, y reduciendo la función de la vesícula biliar, necesaria para la asimilación de las grasas, y de otras secreciones digestivas, lo que dificulta el aprovechamiento de los nutrientes de los alimentos. No sólo la nicotina, sino el resto de componentes del tabaco, actúan sobre el organismo. Cuando se deja de fumar y se mantiene la ingesta calórica se tiende a ganar el peso equivalente a ingerir cada día unas 300 calorías. Por ello, al no recibir nicotina el cuerpo acusa una serie de efectos a distintos niveles, como son:

Aumenta el estrés y la ansiedad: Por un estímulo extra del sistema nervioso (se produce más adrenalina) lo que puede conducir a comer más de lo debido, y sobre todo peor, o alimentos más calóricos y menos nutritivos. Dejar el tabaco genera ansiedad, que se traduce en mal humor, nervios y sensibilidad extrema, incluso, malestar físico y taquicardias. Por lo general, a todos estos síntomas, que se prolongan por espacio de cuatro meses, se les une otro: hacer frente a la angustia que se siente al comer de manera desordenada y demasiada cantidad, en especial alimentos grasos y dulces.

Mejora el sentido del gusto y del olfato: Se disfruta más de lo que se come. Esto puede hacer que se coma más cantidad de alimentos de los que se está acostumbrado, haciendo la dieta más calórica. Las terminaciones sensitivas del gusto y el olfato se regeneran en pocos días y se disfruta mucho más de los sabores, los aromas y las fragancias.

La digestión y el aprovechamiento de los nutrientes es más eficaz: El consumo de tabaco se acompaña de una mayor secreción ácida en el estómago. Cuando se deja de fumar los niveles de estas sustancias ácidas se normalizan y mejora el movimiento de las paredes intestinales con lo cual aumenta la absorción de los alimentos y mejora su asimilación.

En el fumador existe una conducta sustitutiva como es la tendencia de contrarrestar la adicción con comida. Los psicoanalistas dicen que muchos fumadores tienen cierta fijación oral y necesitan ponerse algo en la boca las primeras semanas después de dejar de fumar. Para no ganar peso habría que consumir cada día menos calorías desde el día que se deja de fumar. Habitualmente se hace lo contrario y se tiende a picotear alimentos calóricos como frutos secos. Aún así, si se lleva a cabo una alimentación adecuada y se realiza algo de ejercicio, dejar de fumar no implica que forzosamente se vaya a engordar.


¿Cómo evitar el aumento de peso al dejar de fumar?

El plan de alimentación se basa en tres pilares: ayudar a limpiar al organismo de las toxinas del tabaco, calmar la ansiedad para superar la abstinencia de la nicotina y aprender a comer sano para mantenerse en un peso saludable, no engordar más de cuatro kilos y, algo muy importante, no comenzar una dieta de adelgazamiento hasta pasados seis meses desde que se abandonó el tabaco. Ése será el momento de volver al peso anterior. Hacer del ejercicio una rutina diaria. Llevar una actividad física activa, esto ayudará a controlar el peso al aumentar la cantidad de calorías que el cuerpo utiliza. Hacer cambios saludables al hábito alimentario. Controlar la cantidad de calorías que se ingiere y mejorar la selección de alimentos con las siguientes recomendaciones:

* Comer una variedad de alimentos para asegurarse de obtener los nutrimentos necesarios para una buena salud. Añadir variedad a la dieta incluyendo vegetales, frutas y granos secos.

* Seleccionar carnes magras, alimentos bajos en grasa y bebidas bajas en azúcar y calorías. Además, productos lácteos bajos en grasa, pescado y aves para obtener los nutrimentos necesarios sin añadir calorías extras ni grasa.

* Evitar las "calorías huecas" seleccionando menos alimentos altos en grasa y azúcar y bajos en nutrimentos.

* Reemplazar el cigarrillo con meriendas de frutas frescas, frutas enlatadas en su propio jugo o jugos 100% fruta y sin azúcar. Usar goma de mascar libre de azúcar para satisfacer cualquier antojo dulce.

* Sustituir el deseo de fumar por un vaso de ocho onzas de agua. El agua no tiene calorías y de esta forma se cumple con el requisito de ingerir de 8 a 10 vasos de agua al día.


La importancia de cuidar la alimentación.

Una persona que ha sido capaz de dejar una droga tan adictiva como el tabaco, con todo el esfuerzo que supone, no puede permitirse caer en una mala alimentación y transformar la ingesta de patatas fritas o chocolate en una costumbre que sustituya al cigarro. La comida debe ser una aliada, no una trampa. En estos momentos la alimentación debe cuidarse especialmente para garantizar un bienestar físico de base que se ve amenazado por el fuerte síndrome de abstinencia a la nicotina. El peligro es cambiar un mal hábito (fumar) por otro mal hábito (comer mal, comer demasiado). Esto explica lo injustificable: muchas personas culpan al "dejar de fumar" por los 12-15 kilos o más que han engordado, y eso no es cierto. Únicamente los cuatro primeros kilos responden a un cambio metabólico acompañado de una fase de ansiedad en la que algunos alimentos pueden funcionar como "ansiolíticos". Los siguientes, no.

Ahora bien, seguir ganando peso cuando se ha superado la fase física de dependencia -los cuatro primeros meses- que origina la ansiedad, sí puede convertirse en un problema de salud de primer orden. La comunidad médica ha constatado que el abandono del tabaquismo genera un sobrepeso, y también ha comprobado que este aumento es transitorio y no supone riesgo alguno para la salud. La razón: el peso que se gana durante los cuatro primeros meses, entre dos y cuatro kilos, se puede perder con la misma facilidad, una vez que haya desaparecido la ansiedad y superado la dependencia. Lo habitual es que una persona que dice adiós al tabaco engorde los primeros meses; es fundamental que se asuma este hecho y no se infravalore porque puede convertirse en una excusa para volver a tener un cigarrillo entre los labios. Perder el peso ganado es factible. No se trata de ponerse a régimen. Se trata de aprender a comer bien. Por ello, el seguimiento de una correcta conducta alimentaria puede ser un gran aliado para los ex fumadores.


Por qué se aumenta de peso al dejar de fumar


En diciembre de 2006, el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo hizo pública la "Encuesta sobre conocimientos, actitudes, creencias y conductas en relación al consumo de tabaco", en la que se constató que una de cada cuatro mujeres y un 5,5% de los hombres no dejaban de fumar por el miedo a engordar.

Si Ud. es un fumador activo, y no se atreve a dejar de fumar por temor a engordar, recuerde que la posible pérdida o mantenimiento de peso sin fluctuaciones, se relaciona con varios factores, entre ellos:

* Mayor motilidad intestinal, lo cual significa más rapidez de tránsito de alimentos y por tanto menor tiempo de digestión y absorción.

* Acción del ácido nicotínico del tabaco en el metabolismo de las grasas.

* Aumento del gasto energético en un 10%, relacionado con estímulo de producción de noradrenalina, hormona que activa el metabolismo de las grasas, también responsable del aumento de tensión arterial.

* Efectos tóxicos metabólicos que inciden en la transformación hepática de alimentos en nutrientes.

Investigaciones recientes sugieren que la tendencia de los fumadores es:
Descenso del colesterol “bueno” (HDL).
Mantener una dieta escasa en fibra y frutas (de 16% a 60% menor a la habitual).
Coincidir con un consumo elevado de alimentos grasos.

Este último hecho, es causa probable de la alta incidencia de los fumadores de diabetes tipo II y aumento de grasas en sangre, con sus consecuencias indeseables. Es innecesario insistir en que el hábito de fumar tabaco intoxica y envejece las células.

Definitivamente no es un medio adecuado ni practicable para perder peso.. Fumar para perder peso sería... ¡un error “galáctico”


Fuentes: www.sanitas.es – www.alimentación-sana.com.ar – www.revista.consumer.es – www.educoweb.com




Algunos productos facilitan el abandono gradual del hábito al hacer que la nicotina esté más tiempo en el organismo.



Alimentos para dejar de fumar

Dejar el tabaco no es tarea fácil, como bien saben el 60% de los fumadores que han intentado abandonar el nocivo hábito sin conseguirlo. Sin embargo, los fumadores que quieran dejar el tabaco tienen en algunos alimentos un aliado inesperado: se trata de las verduras, la mayoría de las frutas y los lácteos. ¿Su función? Retrasan la eliminación de la nicotina del organismo a través de la orina, por lo que los efectos de los parches y chicles de nicotina se prolongan y el fumador puede afrontar con mayores probabilidades de éxito un abandono gradual del hábito.

Según Ana María López Sobaler, profesora del Departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, todas las verduras, las frutas excepto los arándanos y las ciruelas, las legumbres menos las lentejas y los lácteos, a excepción del queso curado, cumplen con esta función. Según explicó recientemente en el marco de unas jornadas sobre nutrición celebradas en Madrid, estos productos hacen que la orina alcance un PH alcalino, lo que provoca una eliminación más lenta no sólo de la nicotina, sino también de la mayoría de los medicamentos.

Por otro lado, las frutas y las verduras son más necesarias sin cabe en la dieta de los fumadores, porque están sometidos a un mayor estrés oxidativo y suelen mantener además regímenes dietéticos más ricos en grasas animales.


El miedo a engordar

Al mismo tiempo, una mayor ingesta de frutas y verduras puede ayudar a conjurar uno de los motivos por el que muchas personas no se deciden a dejar el hábito: el aumento de peso asociado al abandono del tabaco. “De hecho, muchas mujeres adolescentes incluso empiezan a fumar pensando que van a estar más delgadas”, explica López Sobaler, que indica que está demostrado que la nicotina tiene un efecto en el Sistema Nervioso Central que hace que los fumadores tengan menos sensación de hambre y comen menos. Asimismo, la nicotina hace aumentar el gasto energético en reposo que hacen los fumadores, al aumentar la termogénesis, un proceso metabólico por el que el cuerpo elimina la energía en forma de calor.

“Al tener menos energía, por un lado, y gastar más, por otro, los fumadores acaban teniendo un peso menor, aunque eso no significa que su disposición sea la más correcta, porque suelen tener más grasa depositada a nivel central, lo que no es muy favorable desde el punto de vista cardiovascular”, señala la especialista, que advierte de que tratar de perder peso mediante el tabaco supone pagar “un precio elevado” en términos de salud.

Además, el efecto de la nicotina sobre el metabolismo puede motivar una ganancia de peso de unos cinco kilogramos, según las personas, aunque el principal problema es cuando la persona que intenta dejar el hábito utiliza la comida para tratar de calmar la ansiedad, alcanzándose en algunos casos ganancias de peso de 12 a 20 kilos.

“Los ex fumadores pueden buscar un efecto recompensa en alimentos ricos en azúcar o grasa, independientemente del efecto de ganancia de peso que supone la ausencia de nicotina”, señala López Salober. En estos casos, medidas como los parches ayudan a reducir la ansiedad, al proporcionar nicotina al organismo, y si además la alimentación es la adecuada, el fumador que intenta dejarlo tendrá más probabilidades de éxito.

Fuente: Publico.es




Normas básicas para no engordar al dejar de fumar.


Cantidades a medida

Las cantidades de cada plato deben distintas según las particularidades de cada uno; teniendo en cuenta que las raciones medias para los primeros platos son 2 cazos, y 130 - 150 gramos para las carnes y pescados.


Pan

Incluir pan en comida y cena, y la cantidad que se propone en cada una de esas tomas es de unos 50 gramos (1 rebanada de 5 dedos de grosor del de barra). Si en el menú del día hay pasta o arroz o legumbre, es preferible reducir la cantidad que se sugiere de pan. La mejor elección es el integral, puesto que al ser rico en fibra aporta mayor sensación de saciedad.


Azúcar

Puedes reemplazarlo por edulcorantes no calóricos como la sacarina y el ciclamato.
Aceite comida y cena
Se ha de utilizar con moderación. El aceite de oliva es más adecuado para freír porque aguanta más las altas temperaturas que los de las semillas - girasol, maíz, soja - pero en crudo pueden emplearse todo tipo de aceites. Eso sí, al tener un sabor más fuerte, el de oliva suele precisarse en menor cantidad que los de semillas, lo que supone menos calorías.


En la despensa hay que tener:

Leche desnatada o semidesnatada, pan tostado, fruta del tiempo, lechuga, yogures desnatados, huevos, patatas, infusiones, soja, pasta, queso fresco, arroz.


Los menús deben contener en gran medida:

Verduras frescas o congeladas, fundamentalmente espinacas, acelga, tomate, puerro, brócoli y judías verdes y guisantes. Legumbres: lentejas y garbanzos. Pescado fresco o congelado, fundamentalmente merluza y bacalao. Pollo, conejo o pavo.


Cada vez que se sientan ganas de fumar, beber un vaso de agua

La nicotina es soluble en agua por lo que es bueno beber abundante agua durante todo el día (al menos 6-8 vasos diarios).


Echar mano de alimentos que limpian el organismo

Haz acopio de frutas y verduras fáciles de comer y muy eficaces para combatir el apetito y la ansiedad como el apio, los espárragos fresco, peras y las manzanas.


Si se necesita, ayudarse de complementos dietéticos



  • Cola de caballo


  • Diente de león


  • Ortosifón


  • Vara de oro


  • Gayuba



Además de agua se pueden beber infusiones

  • té rojo


  • té verde



O bebidas light u otras bebidas vegetales


No al chocolate

Cuando se sientan las ganas de dulce, optar por un yogur de frutas desnatado, unos biscotes que se toman junto con una mermelada sin azúcar añadido o un plátano. Son alimentos de agradable sabor dulce, menos energéticos que el chocolate y que aportan mayor sensación de saciedad.


Caramelos y chicles sin azúcar

También son útiles como sustitutivo del cigarrillo.


No al alcohol

Bajo sus efectos se pueden sentir de nuevo ganas de fumar. En caso de tener el hábito, se debe consumir con moderación. Limitar a 1 vaso ó 1 botellín pequeño la ingesta diaria de bebidas alcohólicas de baja graduación como cerveza o sidra o vino si eres mujer, o a 2 de dichas unidades, si eres hombre.


Moderar los estimulantes

Sustituir las bebidas y alimentos estimulantes -café, bebidas de cola, chocolate…-, por malta o descafeinado, infusiones relajantes, zumos, etc., ya que los estimulantes aumentan la ansiedad y pueden hacer que comas mayor cantidad de lo que necesitas en realidad.


Evitar condimentos fuertes

La mostaza, la pimienta, y el chile estimulan el apetito y crean hábito.


Fuente: alimentacion-sana