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Muchos adictos al tabaco buscan contención en grupos de ayuda



A los que desconfían de la adicción que puede crear el cigarrillo les convendría darse una vuelta por algún grupo de autoayuda a los que se acerca gente desesperada porque no consigue abandonarlo. El miércoles pasado, en una reunión del Chau Pucho Club, que funciona en la sede de Lalcec, se escuchó este testimonio: "Cuando llegué acá hace unos meses era un fumador tremendamente compulsivo. Si no encontraba un kiosco abierto, era capaz de levantar un pucho de la calle. Hoy por suerte ya hace 104 días que no fumo; ya deben ser 5.000 los cigarrillos que evité fumar en este tiempo".


Dejar de fumar, una lucha cada vez más desesperada

Al terminar su relato, Carlos (en los encuentros sólo se identifican por su nombre de pila) fue aplaudido por todo el grupo. Así es como se celebra que un compañero haya logrado un día más sin encender un cigarrillo. En la reunión a la que asistió Clarín había 11 personas (7 mujeres y 4 varones), coordinados por Salvador Gentile. Dos de ellas aún fuman. "Soy Esteban, tengo 44 años. Fumo hace 22 años, no puedo dejar", se escuchó en medio del silencio."Estuve 11 días sin fumar, pero ayer compré un atado", confesó Patricia con los ojos llenos de lágrimas. Para ellos no hubo aplausos.

Fuente: www.clarin.com




Nestor Szerman Bolotnér: La entrada en vigor de la ley del tabaco aprobada por el Parlamento ha puesto de manifiesto el problema de las conductas adictivas, y con él, todos los tópicos, valoraciones morales y prejuicios sobre este tema en el que curiosamente se olvidan los conocimientos que las neurociencias han aportado en estas últimas décadas.

Todos podemos comprender las motivaciones psicológicas y sociales por las cuales una enorme proporción de jóvenes y adultos usa el tabaco, así como otras sustancias con capacidades adictivas; pero cuesta entender cuáles son las razones que subyacen cuando esta conducta va mas allá de las intenciones y de la voluntad de algunos individuos, trayendo desastrosas consecuencias para sus vidas.

Y es que la adicción no se produce por el único efecto de tomar contacto con la droga o con cantidades ingentes de ésta, como en el caso del tabaco. Así, del porcentaje de fumadores, que puede rondar cifras cercanas al 31 % de la población (Encuesta Nacional de Salud 2003), se estima que entre un 5% y un 20% sufrirá dependencia. (En el caso de la cocaína, los dependientes son aproximadamente un 16% de los que la consumen).


¿En qué se diferencia una persona con malos hábitos de salud que abusa o consume perjudicialmente tabaco u otras drogas, de otra persona que sufre de la enfermedad denominada "adicción o dependencia"?

-En que la primera puede plantearse dejar de consumir con su propia voluntad, con ayuda y con consejos; mientras que para la persona que sufre dependencia la droga es tan necesaria que le cuesta imaginar que pueda vivir, trabajar y disfrutar sin su droga objeto. Se preguntará por qué tiene que abandonar lo que le está proporcionando su "impulso vital", e irá posponiendo la decisión de abandonar la droga con razonamientos diversos.

En este caso, abandonar la droga no depende de la voluntad o de la firme determinación del individuo, porque nos encontramos ante una enfermedad perfectamente conocida, denominada "conducta adictiva o dependencia" y que se define como una enfermedad cerebral caracterizada en lo fundamental por el uso y la búsqueda compulsiva de la droga objeto, y cuyo curso es persistente, crónico y con recaídas habituales cuando el enfermo intenta abstenerse.


Adicción al tabaco ¿Es suficiente la voluntad?

¿Cuál es el motivo por el que algunas personas puedan acercarse a las drogas y detener con su voluntad el consumo, mientras otras desarrollan la adicción o dependencia y se sienten incapaces de dejarlo?

-La investigación en neurociencias ha puesto de manifiesto que mientras que los factores sociales (prestigio, permisividad... etcétera) son los más relevantes en el acercamiento y uso inicial de las drogas, son, sin embargo, los factores individuales -genéticos, de personalidad, y otros trastornos mentales- los determinantes fundamentales de la adicción.


¿Cuál es el aporte fundamental de las neurociencias en el estudio de la adicción?

-Todas las drogas de abuso, desde el alcohol, pasando por la heroína y cocaína, hasta el tabaco, actúan sobre mecanismos cerebrales comunes denominados circuitos de recompensa localizados en el cerebro medio y que conectan con la corteza cerebral. Este circuito cerebral indica a otros centros cerebrales cuan satisfactoria es una actividad, y cuanto más, intentará repetirla. Este mecanismo normal se involucra en las recompensas naturales como la comida, el sexo o una buena sinfonía. Pero las alteraciones en estos circuitos pueden producir una menor capacidad hedónica, por lo que algunos individuos presentan una especial predisposición hacia la dependencia cuando se acercan a las sustancias adictivas. Este concepto de enfermedad adictiva permite entre otras cosas luchar contra el estigma negativo que rodea al adicto: "El que se droga es porque quiere y sólo su falta de voluntad no le permite luchar contra su adicción".

Hasta hace pocos años, el problema de las conductas adictivas se vinculaba a un origen social -la sociedad todavía tiende a aceptar esta visión-, lo que provocó que las adicciones hayan sido tratadas en dispositivos terapéuticos cuyo único método era la reeducación (en algunos casos los enfermos eran encerrados y privados de sus derechos), con métodos que se apoyaban en ideologías sin ningún fundamento científico, al igual que había ocurrido anteriormente con otras enfermedades psíquicas, cuyo caso paradigmático es la esquizofrenia. También estas conductas adictivas han sido tratadas con enfoques exclusivamente psicologicistas, desconociendo las bases biológicas de la enfermedad mental, de las cuales la adicción es una más.

Hoy, gracias a la investigación epidemiológica, se sugiere que ciertas características de la personalidad infantil, así como trastornos mentales preexistentes (depresión, ansiedad, trastornos de conducta, etcétera), incrementan el riesgo de los adolescentes de iniciar consumos que deriven en adicción.

Las estadísticas indican que más de la mitad de los cigarrillos vendidos en EE UU lo son a personas que tienen algún trastorno mental, lo que ilustra la íntima relación entre adicciones y otras enfermedades mentales. La concurrencia de ambas patologías se denomina por los expertos "patología dual".


En consecuencia: ¿es suficiente la voluntad para dejar de fumar?

-Los fumadores que pretenden dejar de hacerlo buscan ayudas en una variedad y diversidad de tratamientos, algunos muy alejados del conocimiento científico, y la mayoría de ellos lo consigue sólo con su determinación y fuerza de voluntad para dejar "el hábito". Pero un porcentaje de ellos, que como sabemos es minoritario, sentirán tal grado de malestar o deseos de volver a fumar, que volverán a recaer una y otra vez: son los adictos, que necesitarán la ayuda y el tratamiento adecuados que aportan las neurociencias, para apoyar su determinación y fuerza de voluntad.

Nestor Szerman Bolotnér es psiquiatra adjunto del hospital Virgen de la Torre de Madrid y es presidente de la Asociación Española de Patología Dual.

Fuente: www.elpais.com



PPara sortear cada uno de los obstáculos que se nos van presentando, necesitamos fuerza de voluntad. En todas las resoluciones difíciles que deseamos llevar a la práctica, nos hace falta una fuerza interior que nos impulse a enfrentarnos al reto y a no cejar en nuestro propósito. Pero con muchísima frecuencia nos quedamos a medio camino y nos lamentamos: Es por demás: me falta fuerza de voluntad". La verdad es que la fuerza de voluntad no constituye una característica inmutable con la que se nace o con la que no se nace. Al contrario: es una habilidad que podemos desarrollar y robustecer de manera que, con la mirada bien enfocada, nos ayude a lograr nuestras metas. "Entre los muchos poderes internos del ser humano, destaca por su importancia el inmenso poder desaprovechado de la fuerza de voluntad", escribió hace 25 años el psicólogo italiano Roberto Assagioli. "La voluntad disciplinada es un arma formidable", añade Alan Marlatt, psicólogo que está llevando a cabo estudios sobre la forma en que la fuerza de voluntad ayuda a las personas a romper los malos hábitos y a cambiar su vida. "Algunos diccionarios definen la fuerza de voluntad como el control sobre los impulsos y los actos propios. Las dos palabras clave de esta definición son fuerza y control. La fuerza existe, pero hay que controlarla" He aquí lo que el psicólogo Marlatt y otros expertos aconsejan para conseguirlo:

Adopte una actitud positiva. No cometa el error de confundir la fuerza de voluntad con el sacrificio. La fuerza de voluntad se torna más dinámica cuando se aplica a propósitos positivos y estimulantes.

Cierto hombre de negocios reconocía, por una parte, que abusaba del alcohol; pero, por la otra, le parecía que unas cuantas copas antes de la cena atenuaban la tensión a la que vivía sometido. Ahora bien, como el licor aunado al trabajo intenso lo aletargaban, minutos después se quedaba dormido. "Un día me di cuenta de que estaba desperdiciando mi vida", confiesa. Y en vez de seguir cultivando "la hora del aperitivo", se propuso dedicarle más tiempo a su hijo. Al principio le costó mucho trabajo; echaba de menos el efecto relajante de las bebidas alcohólicas, pero se dijo que con este cambio iba a salir ganando. Y estaba en lo, cierto: el hecho de que las relaciones familiares fueran ahora más gratificantes le dio nuevas energías para el trabajo; mas incluso que el alcohol.

La fuerza de voluntad, aplicada en lo positivo, nos ayuda a superar la inercia y a enfocar los pensamientos en el futuro. Cuando se le acumulen las dificultades, imagínese a si mismo gratamente ocupado en pos de su meta: esto lo estimulará a seguir adelante.

Decídase a cambiar. El catedrático de psicología James Prochaska ha identificado cuatro etapas en el proceso de un cambio de conducta; las denomina precontemplación (resistirse al cambio), contemplación (ponderar los pros y los contras del cambio), acción (ejercitar la fuerza de voluntad para llevar a efecto el cambio) y sostenimiento (activar la fuerza de voluntad para apuntalar el cambio). Algunas personas son "contempladores crónicos", señala James Prochaska. Saben que deberían ingerir menos alcohol, pero se beben otra copa mientras meditan en ello. Quizá nunca pasen de la contemplación a la acción. Para concentrar y movilizar sus esfuerzos, fíjese una fecha límite. Fíjese objetivos muy específicos.

Marlatt observó a un grupo de personas que el día de Año Nuevo se propusieron modificar ciertos aspectos de su conducta. Comprobó que cosecharon mejores resultados quienes habían especificado mejor sus metas. Un señor que se propuso elogiar diariamente a su mujer, a los tres meses seguía cumpliendo esta resolución. Otro, que vagamente se comprometió a "ser más amable con la familia", a los cuatro días olvidó sus propósitos.

"No diga: Voy a hacer más ejercicio, voy a leer más", aconseja Marlatt. "Diga: Todas las mañanas voy a caminar durante 45 minutos, o tres noches por semana voy a leer durante una hora".
Tenga fe en su causa. Si hace ejercicio sin mucho convencimiento porque no ve resultados, recuerde que no basta desear algo para lograrlo.

Marlatt aconseja a sus clientes que preparen un cuadro dividido en cuatro secciones, y que anoten en ellas las ventajas y las desventajas esperadas a corto y a largo plazo. Así, por vía de ejemplo, una persona que resolvió dejar de fumar, en una de las secciones superiores del cuadro apuntará las desventajas a corto plazo ("Al principio me sentiré espantosamente mal") y, en la otra, los beneficios inmediatos ("Dispondré de más dinero para otras cosas"). En las dos secciones inferiores anotará, en un lado, las ventajas a largo plazo ("Mejorará mi salud") y, en el otro, las desventajas ("No tendré a la mano un buen medio para mitigar el estrés"). El sujeto reafirma su fuerza de voluntad anotando claramente las ventajas y desventajas..

Estimule su amor propio. Ahora bien, no basta conocer los beneficios, observa Prochaska. El más potente incentivo es el deseo de mejorar la imagen de uno mismo y de empuñar las riendas de la propia vida. "Los argumentos racionales son convincentes", prosigue, "pero la gente no responde de verdad hasta que entran en juego las emociones".Un señor que fumaba tres cajetillas diarias de cigarrillos, contrajo bronquitis. Por supuesto, no prestaba atención a las advertencias de su médico. "De buenas a primeras advertí la insensatez de mi conducta", refiere. "Me estaba haciendo daño deliberadamente. Hasta por amor propio debía yo dejar de fumar". En esta forma, el deseo de formarse una mejor opinión de sí mismo le infundió la fuerza de voluntad necesaria para mandar a volar los cigarrillos.

Reafirme constantemente su voluntad. En 1915, el psicólogo Boyd Barrett propuso una lista de actos que, practicados repetidamente, reafirmarían la voluntad. Por ejemplo: subirse a una silla y bajar de ella 30 veces seguidas, Q arrojar al piso una caja de fósforos que a continuación se recogerán con sumo cuidado para colocarlos uno a uno donde estaban. Los ejercicios de esta índole, aseguraba el psicólogo, reafirman nuestra fuerza de voluntad y la capacitan para arrostrar situaciones especialmente difíciles. Las sugerencias de Barrett bien pueden parecernos anticuadas, pero puede actualizar el concepto que inspiró. Prevea las dificultades. El viejo dicho de "querer es poder" no refleja toda la verdad. Aunque tenga usted el firme propósito de lograr algo, debe prever los obstáculos que le saldrán al paso, y la manera en que habrá de arrostrarlos. Si ha dejado usted de fumar, ensaye mentalmente qué dirá cuándo le ofrezcan un cigarrillo. Si se ha propuesto correr por las mañanas para hacer ejercicio, tenga preparado un programa de gimnasia bajo techo por si un día amanece lloviendo. Sea realista. Hasta la voluntad más firme puede flaquear cuando, por ejemplo, la meta consiste en bajar 20 kilos en tres meses o hacer ejercicio tres horas diarias. Y el fracaso refrena el deseo de volver a intentarlo.

A veces conviene más fijarse objetivos modestos, que uno demasiado difícil. Siguiendo el lema de Alcohólicos Anónimos ("Sólo por hoy"), divida su objetivo en segmentos que abarquen un solo día, y renueve su resolución al día siguiente. Al cabo de una semana contará usted con una serie de triunfos que le servirán de acicate. Sea paciente. La fuerza de voluntad no se adquiere de la noche a la mañana. Se logra paso a paso, y, algunas veces hay recaídas. Averigue qué ocasionó el tropiezo, y redoble sus esfuerzos. Una amiga fracasó la primera vez que se propuso dejar de fumar. Analizó las circunstancias de la reincidencia, y cayó en la cuenta de que necesitaba tener las manos ocupadas. En su segundo intento, sacaba estambre y agujas de tejer apenas sentía la tentación de encender un cigarrillo. A la vuelta de unos meses acabó de tejer un suéter para su marido y, al parecer, había desechado de una vez por todas, su adicción al tabaco.



voluntad

No flaquee. La voluntad se robustece con cada victoria. Cuando, a base de voluntad, se ha logrado vencer un mal hábito o renunciar a un empleo sin porvenir, aumenta la confianza en uno mismo para emprender otros propósitos. En palabras de Assagioli, una trayectoria de éxitos hace surgir una voz interior que nos proporciona "un firme asidero para detenernos al borde del precipicio". Acaso tenga usted que arrastrar, tareas más arduas, pero ya antes ha triunfado, y bien puede volver a triunfar.


Tomado del Reader’s Digest




Tener fuerza de voluntad es la clave para dejar de fumar y es básico para llegar a ignorar los clásicos efectos secundarios de la deshabituación tabáquica: irritabilidad, insomnio y/o sudoración.



U

tilizar únicamente la fuerza de voluntad es el método más sencillo para dejar de fumar. Simplemente dejas de fumar y decides no volver a empezar de nuevo. Esto implica que optas por ignorar cualquier síntoma relativo al síndrome de abstinencia nicotínico que puedas experimentar, así como rechazar cualquier tipo de tentación que pueda hacerte desear de nuevo "echar un pitillo".

Tu capacidad para dejar de fumar tomando la fuerza de voluntad como motor de tu decisión dependerá del nivel de motivación para abandonar el citado hábito.

La nicotina es una sustancia altamente adictiva, y la mayoría de los fumadores no logran mantener su decisión de dejar el tabaco debido a dicha adicción a la nicotina.

En términos generales, si 100 personas escogen dejar de fumar confiando únicamente en su fuerza de voluntad, sólo tres de ellos seguirán sin fumar al cabo de un año. Frente a tan baja tasa de éxito, puede ser de ayuda saber que dejar de fumar mejorará tu salud y que todos los profesionales de la salud lo recomiendan.

De este modo, partiendo de la fuerza de voluntad, se sabe que con la utilización de otro tipo de tratamientos (entre los que se encuentran los parches de nicotina, los chicles o los inhaladores) existe una mayor probabilidad de éxito en el abandono del hábito tabáquico.


Dejar de fumar. Cuestión de fuerza de voluntad


Aspectos a tener en cuenta

Como principal aspecto positivo para dejar de fumar basándose únicamente en la fuerza de voluntad destaca el hecho de que no se toman ni sustancias químicas ni fármacos. Por lo tanto, la decisión no implica ningún coste económico ni la utilización de sustitutos de la nicotina

Por otro lado, aunque tal y como acabamos de ver, no sea el método más efectivo, sí es el más seguro y el más sencillo. Obviamente, no presenta ningún tipo de efectos secundarios más allá de los síntomas del síndrome de abstinencia.


Consejos que pueden servirte de ayuda

* Encontrar un hábito sustitutivo de fumar como, por ejemplo, masticar chicle o beber agua

* Dejar de fumar completamente, mejor que ir dejándolo poco a poco.

* Ser riguroso en el cumplimiento de la fecha marcada para dejar de fumar. Obviamente cualquier fecha es útil, pero escoger una fecha cuya significación sea en cierta medida especial (aniversario, principio de mes, festivo) puede motivar mucho más.

* Dejar de fumar a la vez que lo hace un pariente o un amigo. Tendrás a mano alguien que te entenderá en todo momento así como un recurso de apoyo mutuo.


Fuente: www.sanitas.es