El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se está planteando prohibir fumar en los parques y las playas de la ciudad. Esta medida ha originado las críticas de los fumadores, que creen que su intención cae en lo ridículo.
"Esto es absurdo. Bloomberg se cree que es la madre de todos nosotros y que, para cuidarnos, nos tiene que imponer normas constantemente", asegura Christian Lisa, un fumador neoyorquino que, como muchos otros, considera que los límites impuestos al tabaco y sus elevados precios en la ciudad son ya excesivos.
Desde 2003, en Nueva York no se puede fumar en restaurantes y bares, lo que incluso afecta muy a menudo a las terrazas de los establecimientos y a las zonas de la calle cercanas a sus puertas.
"Como fumadora, la medida me parece desproporcionada, aunque no me sorprende en absoluto. Además, me parece bien que las autoridades promuevan hábitos saludables entre la población", añade María José Gámez, una española que vive desde hace años en Nueva York.
El anuncio que hizo el responsable municipal de Salud, Thomas Farley, sobre que Bloomberg propuso que los más de 1.700 parques públicos de Nueva York y sus siete playas queden libres de humo, es el gran debate en numerosos blogs y medios locales.
"Es absurdo. Esto está llegando a un punto en el que no vamos a poder hacer nada por nosotros mismos", aseguró en el diario gratuito AM New York una fumadora de El Bronx.
En esta ciudad ya está prohibido beber en espacios públicos y en las veladas veraniegas no es extraño, por ejemplo, ver a grupos de personas sentadas en el Central Park sobre sus mantas de cuadros y en torno a una bolsa de papel marrón en la que ocultan una botella de vino para acompañar el 'picnic'.
El alcohol, también prohibido
El propio Bloomberg reconoció recientemente que la prohibición del alcohol en los espacios abiertos no tenía demasiado sentido, aunque desde luego no se muestra tan flexible con el tabaco, cuyo combate ha convertido casi en una batalla personal.
La eliminación del tabaco en parques y playas forma parte de un programa más amplio que prevé también más impuestos sobre las cajetillas, que en Manhattan ya superan los diez dólares.
Además, se pedirá a las empresas que no patrocinen ni acepten financiación de la industria. Se impulsarán mensajes contrarios al tabaco en las tiendas donde se vende y se reducirán las posibilidades publicitarias.
Las críticas hacia la polémica propuesta se han multiplicado hasta el punto de que el propio Bloomberg, inmerso en una campaña electoral por la reelección, ha tenido que salir al paso con un comunicado en el que suavizaron sus intenciones.
Una medida difícil de aplicar
Así, dijo que previamente "habrá que estudiar si fumar en los parques es negativo para la salud de la gente" y reconoció que "logísticamente puede ser imposible" garantizar el cumplimiento de la prohibición en parques tan grandes como el Central Park.
"Sin embargo, hay ciertas áreas de los parques en las que la restricción puede proteger la salud", añadió el alcalde, un ex fumador que ya se desató la ira de los dueños de restaurantes y bares en 2002 cuando, nada más llegar a la alcaldía, propuso acabar con el tabaco en prácticamente todos los espacios públicos cerrados.
En cualquier caso, sus esfuerzos parecen estar dando sus frutos, ya que en 2007 ya sólo fumaba el 16,9% de los neoyorquinos (frente al 21,5% de 2002) y, en general, existe un amplio rechazo social al tabaco en la ciudad.
Como era de esperar entre los no fumadores ,la idea ha sido mucho mejor recibida, pues consideran más agradable "no tener que aguantar el humo de nadie", asegura Barbara Nicos, una neoyorquina de 32 años, que añade: "Si se quieren matar ellos mismos, que lo hagan sin molestar a nadie más. Es de sentido común".
Cheryl Helton, responsable de la organización antitabaco American Legacy Foundation, recordó en una entrevista que el riesgo de los llamados "fumadores pasivos" es "real" y aseguró que "tener a alguien al lado fumando es una de las cosas más desagradables en los parques públicos".
Fuente: www.elmundo.es
Nueva York se plantea prohibir fumar en los parques y las playas
21:01 | campañas, medio ambiente, restricciones | 0 comentarios »Un asesor del Gobierno británico plantea la creación de un carné de fumador para frenar el consumo de tabaco |
"Yo, personalmente, no querría tener un carné de fumador, pero tampoco me gustaría que se adoptaran medidas de identificación de personas que compran pañales", critica Javier Blanco Urgoiti, del Club de Fumadores por la Tolerancia. "El tabaco es un producto legal, como el bacalao o los plátanos, por lo que no me hace ninguna gracia que haya alguien vigilando si compro mucho tabaco o bacalao", concluye Urgoiti, contrario al carné de fumador y convencido de que "en una democracia como la nuestra no puede funcionar con medidas salvadoras de última hora".
Administraciones y gobiernos se desviven por reducir el consumo de tabaco, pero los fumadores son tercos: campañas publicitarias, impuestos estratosféricos o pulmones castigados no han bastado para que abandonen la nicotina. Por no hablar de los espacios libres de humo, que invitan a los ciudadanos a colapsar las puertas de entrada de los establecimientos hosteleros en busca de una bocanada entre plato y plato (o, lo que es más duro para el que fuma, entre café y copa).
Si el consumidor, pese a todo, sigue en sus trece, ¿cómo frenar entonces el tráfico indiscriminado de humo por sus pulmones? En el Reino Unido, un ex asesor de Tony Blair en materia sanitaria dejó caer sobre la mesa una agresiva medida: que paguen un impuesto anual por su derecho a fumar. Más allá de la polémica que podría generar la hipotética implantación de esta gravosa ley, la tasa implicaría la creación de un carné, con su correspondiente foto, que podría ir acompañada por la imagen de unos pulmones putrefactos, como dejó caer Quin Parker en un blog del Guardian.
"No es un delito y no merece pagar ningún tipo de tasa", responde a ADN.es un fumador indignado (ver vídeo en gran formato) cuando le planteamos la posibilidad de que tuviese que pagar por su derecho a fumar la dolorosa suma de 300 euros, conversión bastante libre de las 200 libras a las que aludió Julian Le Grand, el consejero británico citado anteriormente, a quien no se le escapó la posibilidad de que la medida acarrease la creación de un mercado negro de licencias.
"No somos partidarios de señalar a nadie"
Otros fumadores, pitillo en boca, también valoraron negativamente la hipotética implantación de una tasa y dejaron claro que ya pagan suficientes impuestos por cada cajetilla, aunque Le Grand considera que el aumento gradual del precio no es un obstáculo suficiente para espantar de las expendedurías a los actuales fumadores. "Las subidas no afectan a las ventas y la implantación de una tasa anual me parecería una gilipollez", explica un estanquero madrileño. "Si sube una marca, el cliente compra otra más barata, pero pasados unos días suele volver al tabaco de siempre".
José María Vázquez, director de la Clínica Capistrano y experto en adicciones, considera que "todo lo que sea desincentivar conductas nocivas es positivo, pero eso no significa que con la aplicación de una medida concreta se deje de fumar". También desde el sistema sanitario algunas voces optan por desvincularse de este tipo de políticas. "No trabajamos en esa línea", deja claro Carmen Cabezas, subdirectora de Promoción de la Salud de la Generalitat de Cataluña.
"Y tampoco somos partidarios de señalar a nadie con un carné", añade la doctora, partidaria de otras medidas desincentivadoras. "Pedimos que no haya máquinas en los bares y que los precios sean adecuados, porque eso repercutirá en los más jóvenes y en las personas englobadas en un universo económico bajo"
"No me hace gracia que vigilen cuánto tabaco compro"
Según este defensor de la causa humeante, supondría un paso más allá en la "estigmatización" del colectivo. "Los políticos hablan de salud pública, pero también hay una salud privada, que pertenece a las personas. El derecho no es a tener salud, porque eso no lo puede garantizar ninguna ley. El derecho es a administrársela. Nacemos con una salud buena, regular o mala y tenemos derecho a tomar decisiones como nos parezca mejor".
En ese sentido, José María Castro comenta desde su clínica que "la responsabilidad del Gobierno sería no quebrantar los principios básicos de la democracia, como el derecho del ciudadano a hacer con su salud lo que quiera, siempre y cuando no perjudique a los demás".
"Es más, para aprobar la ley antitabaco de 2006, el Gobierno se excusó con la protección del derecho de los no fumadores", concluye Urgoiti, "pero lo curioso es que la encuesta de salud de ese año refleja que el 74% de los españoles asegura vivir el 100% de su tiempo en ambientes libres de tabaco".
Fuente: www.adn.es