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El craving se evalúa como deseo a consumir, urgencia o gran urgencia, ganas de fumar y es considerado como la principal causa de la recaída de los fumadores



En el abordaje de las adicciones frecuentemente nos encontramos con un fenómeno referido por los adictos y que describen como la necesidad o el impulso irrefrenable de consumir la droga. Esta experiencia, denominada craving, constituye uno de los principales obstáculos para el mantenimiento de la abstinencia una vez que ésta se ha conseguido. Su existencia es ampliamente aceptada por clínicos e investigadores, aunque a pesar de ello no hay un acuerdo completo en su definición y etiología. Producto de ello es la diversidad de modelos explicativos, cada uno de los cuales considera un aspecto parcial del fenómeno.

El craving es un fenómeno dinámico que varía de unas personas a otras y que incluso en una misma persona es diferente según la situación y el tiempo de evolución de la dependencia. Esta variabilidad del craving y la multitud de factores que influyen en su aparición, es una de las principales causas de la dificultad para su definición y para seleccionar medidas adecuadas que permitan su evaluación. Por otra parte, en ocasiones nos encontramos con personas alcohólicas, que desde el inicio de la abstinencia niegan la aparición de cualquier tipo de craving. Por tanto, otra dificultad añadida para entender qué es el craving son las ocasiones en las que las recaídas aparentemente no son precedidas por este deseo de consumir la sustancia. Esto también ha dado lugar a planteamientos que abogan por la independencia entre el craving y el consumo y aceptan que es posible la aparición de cualquiera de ellos sin llevar asociada la aparición del otro. Aunque, queda sin resolver la cuestión de si en esas ocasiones en las que el alcohólico no informa de craving, es porque no lo experimenta, lo experimenta pero no lo identifica, o incluso lo percibe pero, no lo refiere.

El estudio del craving desde los diferentes modelos existentes ha dado lugar a distintas perspectivas de abordaje. Si bien, suelen ser coincidentes en el estudio de determinados conceptos relacionados con el aprendizaje, los factores cognitivos o los factores biológicos. La no existencia de un modelo único que lo explique en su totalidad, hace que los modelos explicativos existentes se limiten a características parciales del fenómeno. Esta diversidad de perspectivas teóricas sobre el craving también ha dado lugar a una gran variedad de instrumentos de evaluación dirigidos igualmente a diferentes aspectos del craving.


Craving respecto al tabaco

Existen distintas escalas para evaluar el craving respecto al tabaco. Varias tienen un solo ítem y unas pocas no más de cinco ítems. Por ejemplo, la de Doherty et al. (1995) en sus cinco ítems cubre las dimensiones de deseo, dificultad de estar sin consumir, preocupación, ganas y falta de tabaco. Y, la de Tiffany y Drobes (1991) en sus 32 ítems, 8 de ellos para cada una de las cuatro siguientes categorías: los de deseo de fumar, anticipación de los resultados inmediatos positivos por fumar, anticipación del alivio inmediato de los síntomas de la abstinencia o alivio del afecto negativo, y la intención a fumar. Otras más actuales incrementan el número de ítems, muestran su utilidad, pero sigue sin quedar claro qué elementos componen exactamente el craving.

Fuente: grupoaulamedica.com - adicciones.es




Llevo unos días sin fumar
¿podría fumarme algún cigarrillo de vez en cuando?



La respuesta es un gran NO. Sobre todo aquellos fumadores y fumadoras que ya tienen experiencia en esto, saben que es el inicio de la recaída.

El error principal que se comete en esta situación es que al no haber fumado durante un tiempo, que al principio parecía imposible, se cree que ahora ya no se tiene adicción y por eso se puede fumar un cigarrillo. Una idea que debe quedar marcada en todo fumador/a que quiere dejarlo es que al final del proceso se convertirá en un exfumador y no en un nofumador, lo que quiere decir que si se vuelve a fumar, aunque sea una calada, todos los recuerdos, hábitos, receptores nicóticos que hasta ese momento estaban siendo controlados van a dar rienda suelta a sus necesidades. El resultado: le costará cada vez más no darse un premio en forma de cigarrillo. Al principio parece una situación controlable pero al poco tiempo se hace insostenible. Es más fácil mantenerse sin fumar que fumar 2 o 3 al día Además no hay una cantidad de consumo que podamos considerar menos dañina.

Por lo tanto no caiga en la trampa de pensar que "por uno no pasa nada". Es la llamada Fantasía de Control: aquella situación en la que el fumador/a cree ser el que controla la situación, cuando es la situación la que se está desbordando. Además, ¿tirará por la borda todo el esfuerzo realizado? ¿No quería dejar de fumar? ¿El cigarrillo no era su peor enemigo hace unas semanas? Pues piense que no ha cambiado nada en el cigarrillo, sí en usted: está dispuesto a seguir sin fumar.


y si fumo uno


Situaciones de riesgo a tener muy en cuenta.

01.- Situaciones estresantes y de ansiedad: Muchos fumadores que recaen afirman que lo hacen ante situaciones estresantes sufridas sobre todo durante la primera parte del proceso de dejar de fumar. Por lo que a medida que pasa el tiempo el fumador/a aprende a superar estas situaciones teniendo claro que lo único que el cigarrillo puede hacer es crearle un segundo problema y no resolverle otro. Piensa en fumar porque ha aprendido a enfrentarse a esas situaciones o a situaciones parecidas fumando y ahora que tiene que volver a afrontar esas situaciones no fuma. Además, fumar comparado con esas situaciones le puede parecer realmente un problema menor.

02.- Celebraciones: Cuando un fumador se encuentra con una situación de diversión también ve que le cuesta mantenerse sin fumar ya que el consumo de tabaco se relaciona muy estrechamente con diferentes celebraciones. Una cuarta parte de las recaídas se dan cuando la persona se encuentra muy contenta y relajada en situaciones como bodas, bautizos, comuniones, fiestas de cumpleaños, despedidas de soltero/a…

03.- Situaciones Habituales: Son aquellas situaciones que ha relacionado con el consumo de tabaco, es decir, aquellas en las que solía fumar. Por ejemplo: cuando toma café, cuando conduce, cuando habla por teléfono… Pero debe tener muy claro que la forma de solucionar esta urgencia o ganas de fumar es precisamente no fumando, ya que a medida que se enfrente y supers estas situaciones las ganas de fumar serán cada vez menores. En poco tiempo podrá ir reduciendo las situaciones que le provocan ganas de fumar hasta llegar a olvidarse del tabaco.

04.- Consumo de Alcohol: El efecto del alcohol es bifásico, es decir, tiene dos fases. En un principio desinhibe por lo que se puede encontrar fumando casi sin darse cuenta. No en vano el 50% de los fumadores que han recaído lo han hecho tras el consumo de alcohol.

Vida emocional.com




Para un día de San Valentín sin malos humos
* La tercera parte de los exfumadores considera que abandonar el tabaco fue una de las acciones más difíciles de su vida.
* 20 cigarrillos incrementan un 60% el riesgo de padecer disfunción eréctil en el hombre y disminuye la excitabilidad en la mujer.



Llega el día de San Valentín y las parejas aparcan por un momento el estrés rutinario del trabajo, la hipoteca o los niños, para dedicarse a un día de romanticismo y demostrar a la pareja cuánto se la quiere. Pero en muchos casos, cuando la pareja es fumadora, ese momento idílico se difumina entre el humo del tabaco. Ayudarle a dejar de fumar puede ser el mejor regalo de San Valentín.

Abandonar el tabaco supone un gran esfuerzo en la mayoría de las ocasiones. Superar la dependencia a la nicotina conlleva implicaciones físicas, psicológicas y sociales. Una tercera parte de los exfumadores la considera una de las acciones más difíciles de su vida . Por eso la pareja juega un papel muy importante en esta decisión, convirtiéndose en el apoyo y la motivación más importante para dejar de fumar, que junto con la ayuda de un médico y un tratamiento médico adecuado pueden incrementar el éxito de dejar de fumar en un 44%.



Más amor y menos humo en el Día de San Valentín

Fumar es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, provoca cáncer, envejecimiento de la piel y muchas otras patologías derivadas. Además, esta adicción aumenta las probabilidades de disfunciones sexuales en el hombre y en la mujer, hasta el punto de que veinte cigarrillos diarios son suficientes, por ejemplo, para incrementar hasta un 60% el riesgo de padecer disfunción eréctil. En las mujeres el tabaquismo reduce la excitabilidad, dificulta la lubricación vaginal y retarda el orgasmo.

“La diferencia entre ambos sexos es que la mujer valora más sus sensaciones subjetivas y no concede tanta importancia a su respuesta fisiológica. Además, como es menos evidente por su situación anatómica, la respuesta sexual puede verse afectada sin que la mujer sea demasiado consciente de ello”, indica el doctor Facund Fora, del Centro Médico Teknon de Barcelona. “Según un estudio de la British Medical Association, las posibilidades de embarazo se reducen hasta en un 40% en las mujeres fumadoras y, por si fuera poco, el riesgo de trombosis venosa si se consume tabaco y se toman anticonceptivos simultáneamente es mayor”, añade.

Pero el tabaquismo afecta también a numerosos aspectos de la salud de forma global a ambos miembros de la pareja como, por ejemplo, limitando la capacidad respiratoria y empeorando la tolerancia al esfuerzo. Abandonar el tabaco sólo aporta ventajas. “Dejar de fumar implica superar el síndrome de abstinencia y la sensación de duelo que aparece al no utilizar el cigarrillo frente a determinadas emociones negativas o positivas o relaciones sociales”, establece el doctor Eugeni Bruguera, Jefe de la Unidad de Conductas Adictivas del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Vall d´Hebron. “Desde el punto de vista sexual, que la pareja deje de fumar es un beneficio para los dos”.

Además, resulta evidente el rechazo que induce el mantener relaciones sexuales con un fumador, simplemente por el mal aliento que provoca el tabaco. “Más allá de la halitosis y la sequedad de la piel, la ansiedad de algunas personas fumadoras por encender un cigarrillo tras las relaciones sexuales, una imagen recurrente en el cine, puede delatar una personalidad ansiosa, además de convertir en fumadora pasiva a la pareja que está a su lado”, concluye el doctor Fora.


El mejor regalo de San Valentín: Ayudar a tu pareja a dejar de fumar



El perfecto regalo de San Valentín: salud

Los beneficios de dejar de fumar no son solo físicos, sino que el bolsillo también lo nota. Con los 2,65 € de media que cuesta una cajetilla de tabaco, la persona que fuma una cajetilla diaria tiene ahorrados en tan solo un mes hasta 80 € para el perfecto regalo de San Valentín.

Sin embargo, el mejor regalo para la pareja es el apoyo. El 95% de los fumadores que intenta dejarlo sin ayuda fracasa, mientras que cuando existe la ayuda psicológica-conductual de un profesional sanitario y una medicación efectiva, la tasa de éxitos llega hasta el 44%. “La pareja juega un papel muy importante en la vida de una persona y puede llegar a motivarle y convencerle de que tiene que dejarlo y acudir al médico”, añade el doctor Bruguera. Pero también puede ser al revés. “El mejor regalo para tu pareja puede ser dejar de fumar ya que siendo fumador pasivo, también se está en riesgo”, concluye.

Según el doctor Bruguera “los tratamientos farmacológicos existentes para el tabaquismo no parecen tener un efecto relevante sobre la vida sexual. Ninguna de las 3 alternativas de primera línea, entre ellos vareniclina diseñado específicamente para dejar de fumar, provoca la aparición de efectos adversos en la vida sexual de los fumadores”.

En 48 horas sin fumar la nicotina desaparece del cuerpo y aumentan los sentidos del gusto y el olfato. En semanas mejora la elasticidad de la piel, que recobra su brillo natural y, en un año, el riesgo cardiovascular se disminuye en un 50%.


"Ayudar a tu pareja en su cesación tabáquica es fácil; define con ella las principales razones para dejarlo, descubre por qué fuma y cuáles son las ocasiones en las que más te necesita y procúrale planes alternativos que la mantengan alejado de la tentación. Y a disfrutar del amor sin humos".


Fuente: www.acceso.com












Apagar el último cigarrillo, es el primer paso de un cambio positivo en la vida de un fumador.

El miedo a enfrentar los síntomas de la abstinencia, es capaz de paralizarte y peor aún, de hacerte posponer indefinidamente el dejar de fumar.

Atrévete a dar ese gran primer paso.

Concéntrate en lo que ganas y no en lo que pierdes.

El síndrome de abstinencia no dura toda la vida.

Toma acción… Apaga y no vuelvas a encender.




P

asados unos días, comenzaremos a ser conscientes del gran camino que llevamos andado. Ahora no tiene por qué parecernos una misión imposible, pues, del mismo modo que hemos conseguido pasar uno o varios días sin fumar, podremos pasar el resto. Sin embargo, deberemos estar atentos para que esos acontecimientos no nos creen una euforia incontrolada que nos incite a volver a fumar por considerar una tarea fácil dejar de hacerlo. Como siempre, nuestra ansiedad buscará todo tipo de argumentos para hacernos caer en las redes de sus deseos, en este caso fumar. Esa euforia puede ser motivo para volver a fumar, dada la confianza que hemos adquirido de nuestras posibilidades en esta reciente experiencia. Lejos de dejarnos engatusar por el deseo de fumar, disimulado ahora y fácilmente desapercibido tras esa euforia, deberemos continuar atentos y ser capaces de detectar las nuevas argucias de nuestro deseo, sin subestimarlo, aprendiendo a cada instante cómo es y cómo se manifiesta; felicitándonos por ser capaces de hacerlo.

Así, podrán pasar los días, las semanas, los meses y los años, y nosotros deberemos continuar atentos a nuestras sensaciones y pensamientos; pues, éste, como cualquier otro problema derivado o provocado por nuestra ansiedad, tendrá las mismas características y cualidades que los demás de su género. Así, nuestra ansiedad intentará abrirse paso con otra conducta compulsiva encaminada a evitar esa ansiedad, a mitigar nuestro insaciable deseo. Fácilmente nos encontraremos inducidos a comer desmesuradamente tras el abandono de ese hábito, o a beber, o a realizar cualquier otra actividad compulsiva que supla al hábito que hemos abandonado o genere otro distinto sin necesidad de suplir. Sin embargo, si no cesamos en nuestra práctica, si ésta pasa a formar parte de nuestra vida, no como una obligación tediosa más, sino como una interesante actividad de aprendizaje y descubrimientos, aprenderemos a conocernos cada vez mejor a nosotros mismos, a disfrutar de todas aquellas cosas que, aun insignificantes en apariencia, componen de forma grata y amable nuestra vida; a no ansiar.

No deberemos bajar la guardia aun con el paso de los meses e incluso de los años, pues, si nuestro esfuerzo queda sólo en la mera demostración de que somos capaces de dejar ese hábito, muy probablemente volveremos a caer en él. Aun teniendo controlada nuestra apetencia, mientras exista el más mínimo rastro de ella, deberemos machacar y meditar sobre lo traicionero de ese deseo, de lo falso de los pensamientos que lo provocan; pues, a buen seguro, si continúa existiendo el deseo de fumar es porque no hay un pleno convencimiento de lo negativo de ese hábito. Y si no hay un pleno convencimiento de lo negativo de ese hábito, es porque no se ha trabajado adecuadamente la meditación y el cambio de pensamientos, por lo que deberemos continuar haciéndolo una y otra vez, de forma calmada, meditando acerca de los predicados de esos pensamientos que despiertan en nosotros el deseo de fumar, y empleando el pensamiento adecuado en sustitución del pensamiento que enuncia nuestro deseo de fumar, desmantelando los argumentos que intenten convencernos para hacerlo.

Al comienzo de nuestra práctica en detectar las sensaciones y pensamientos que se relacionan con nuestra adicción, nos costará mucho trabajo detectarlos y modificarlos; sin embargo, practicando llegará a resultarnos muy fácil esa tarea; a la par, adquiriremos pleno convencimiento interior, plena comprensión, de que no nos conviene fumar, y nuestro deseo de hacerlo cesará; y si surgiera de forma puntual, nuestro pensamiento intuitivo, cultivado con esa práctica, resolvería de forma rápida y eficaz neutralizando ese deseo.

A estos consejos sólo resta añadir que tengan especial cuidado en los ratos de somnolencia, cuando nuestra atención es menor y nuestro deseo puede crecer con más libertad. Estos periodos de tiempo es frecuente que se den, entre otros, después de las comidas, lo que, sumado a la costumbre general entre los fumadores de encender un cigarrillo después de las mismas, supone una ligera dificultad añadida. El consejo es que aprovechen para practicar relajación durante ese rato, o que realicen alguna actividad que les mantenga más despiertos y entretenidos.


Fuente: Dejar de fumar










Deberemos estar atentos
a los pensamientos producidos por el deseo de fumar.

Observaremos todo tipo de argucias producidas por
"nuestra mente"
en forma de pensamientos que intentan
convencernos
de lo positivo que para nosotros resulta fumar,
sólo para evitar...

...la ansiedad que nos produce
el hecho de no hacerlo.





N

uestro siguiente paso consistirá en exponernos gradualmente a la ansiedad que nos produce no fumar. Es decir, al igual que hacemos con las situaciones o pensamientos a los que tememos, que gradualmente vamos exponiéndonos a ellos y aprendiendo así a fortalecer nuestra voluntad, los fumadores deberán aprender a exponerse, poco a poco; a no fumar. Para ello se ejercitarán seriamente en posponer cada cigarrillo que deseen fumarse un cierto tiempo. Unos minutos durante los primeros días y unas horas posteriormente. Durante esos periodos de tiempo sin fumar deberán estar atentos para poder seguir aprendiendo, comprendiendo. Así, deberán observar con atención todas sus sensaciones y pensamientos.

A las primeras deberán aprender a tolerarlas, como todo aquel que quiere aprender a superar su ansiedad. Para ello será suficiente con observarlas atentamente sin rechazarlas, sin huir o luchar contra ellas, sino atendiéndolas valientemente. Nuevamente, el empleo de preguntas y pensamientos adecuados del tipo... “¿Qué son?” “¿Qué es lo que me mantiene adicto a este hábito?” “Son sensaciones, sólo sensaciones que puedo tolerar”.


Al principio será suficiente con aprender a observar los pensamientos que producen el deseo de fumar; pero pronto deberemos participar de una forma más activa en nuestro aprendizaje, debatiendo y desmintiendo cada pensamiento que intente convencernos de lo apropiado que resulta fumar un cigarrillo. Pensamientos como... “Venga, si no es tan malo; total, por uno”, o “realmente, a mí no me afecta tanto”, o “para mi salud (o mi ansiedad) es preferible fumar un poco”, deberemos ser capaces de detectarlos con facilidad; y pensar, aunque nos cueste trabajo, a modo de diálogo interior que contradiga los postulados de esos pensamientos que intentan echar nuestra labor por tierra, otros como... “Ya, ya; sé muy bien que estos pensamientos son sólo producto de mi ansiedad, que el tabaco es perjudicial para mí, y que si cedo a este cigarrillo, detrás vendrá nuevamente el deseo de fumar otro, y tendré que volver a luchar contra estos mismos pensamientos que ahora intentan hacerme ceder, si quiero dejar de fumar”.

Y así, iremos posponiendo activamente nuestro próximo cigarrillo hasta que, un día, decidamos dejarlo definitivamente. Cuando decidamos dejarlo definitivamente deberemos estar muy atentos prácticamente todo el día y a todas horas, pues nuestro deseo estará presente muy a menudo, al igual que lo está cuando fumamos habitualmente, sólo que ahora nos limitaremos a observar nuestras sensaciones de ansiedad cuando surja ese deseo, y las observaremos sin llevar a cabo la compulsión de fumar cuando surjan. Sencillamente, observaremos cómo vienen y las experimentamos, y cómo se van, aun sin hacer otra cosa que observarlas. Observaremos que no siempre tienen una intensidad elevada, sino que hay numerosos momentos puntuales en los que experimentamos esa ansiedad, tantos como momentos podremos observar cómo esa ansiedad vuelve a bajar de intensidad, limitándonos únicamente a observar y tolerar las sensaciones que nos produce, y a observar y cambiar los pensamientos que intentan convencernos de que volvamos a encender un cigarrillo, por otros más prácticos y realistas, que se adecúen a la determinación que hemos tomado. El modo de cambiar esos pensamientos, al principio podrá parecer un intenso diálogo interior en el que surjan una y otra vez pensamientos en forma de frases que nos inciten a volver a fumar, y a los que nosotros respondamos con otras frases, una y otra vez, que contradigan con decisión y cierto argumento esos pensamientos tan inadecuados.

Un ejemplo podría ser el siguiente:

* Tipo de pensamiento que surge e incita a fumar (surge solo): “Un cigarrillo tampoco es tan malo; calmará mi ansia, me sentiré mejor y me hará esta dura tarea más llevadera”.

* Tipo de pensamiento práctico y realista que deberemos emplear para ayudarnos a superar nuestra ansiedad y a mitigar los efectos del tipo de pensamiento anterior (no surge solo, debemos esforzarnos para pensarlo): “Cómo que un cigarrillo tampoco es tan malo; un cigarrillo es seguir fumando”. “¿Qué conseguiré con un cigarrillo?” “¿Calmar por unos minutos mi ansiedad?” “Después de esos minutos vendrán otros cargados nuevamente de ansiedad, exactamente igual que si ahora no me fumo ese cigarrillo; mi ansiedad pasará, y después volverá a surgir, con una salvedad, y es que, pasado un poco tiempo, ya no tendré tanta ansiedad por fumar”.

Y así, un momento tras otro, deberemos pasar los días que nuestra abstinencia manifieste una ansiedad elevada. Durante esos días deberemos practicar los ejercicios de meditación que más nos relajen. Por ejemplo, los ejercicios en los que nuestra atención se concentra en un punto u objeto determinado pueden resultarnos tranquilizadores; no obstante, si algún otro nos gusta más, esos días aprovecharemos para llevarlos a cabo. Igualmente, aprovecharemos para realizar todo tipo de actividades que nos resulten agradables y relajantes, como pasear, leer o cualquier otro hobbie que nos sea de agrado, a la vez que nos distraiga, en la medida de lo posible, de nuestro nocivo hábito. Hemos de tener en cuenta que, muy posiblemente, experimentemos la emoción de la pérdida y tristeza mientras dura nuestra adaptación a la nueva situación, por lo que nos conviene esforzarnos en llenar ese vacío que parece dejarnos ese hábito.

La ansiedad elevada, hace emerger esa emoción de pérdida o depresión tan paralizante y triste; por ese motivo será conveniente que nos motivemos adecuadamente. Para ello podremos servirnos de la meditación. En un lugar y en una postura cómoda para nosotros, comenzaremos a fijarnos en nuestra respiración, y procuraremos que sea calmada. Igualmente, observaremos por unos minutos nuestros pensamientos, procurando no involucrarnos en ellos, procurando soltarnos de ellos y observarlos como meros espectadores. Seguidamente, comenzaremos a motivarnos, reflexionando y poniendo en nuestra mente pensamientos de ánimo, para lo que no hay que ser exagerados. Intentaremos ser realistas y positivos. Surgirán pensamientos y estados de escepticismo y apatía. Da igual. Nosotros, conscientes de ellos, continuaremos animándonos y desacreditando ese tipo de pensamientos negativos. No debemos intentar engañarnos a nosotros mismos poniendo en nuestra mente ilusiones o falsas expectativas en las que no creamos poco ni mucho; sin embargo, sí debemos motivarnos ensalzando nuestras expectativas reales.

Por ejemplo, no debemos pensar que lo vamos a superar sin ni si quiera experimentar ansiedad y altibajos; pero sí debemos pensar que somos capaces de soportar nuestra ansiedad, y observarla una y otra vez hasta aprender a tolerarla, aunque ahora nos parezca imposible, al igual que nuestros altibajos. No debemos pensar en la ansiedad que experimentaremos, pues esa la podemos imaginar mucho más terrible que lo que realmente será, y sí centrarnos en la ansiedad que estamos experimentando en el momento presente, sin huir ni luchar contra ella; eso nos facilitará enormemente la tarea, aunque continúe resultando ardua.

Durante esos días en los que la ansiedad sea más elevada debido a nuestra desintoxicación y al síndrome de abstinencia, deberemos estar atentos a no abusar de otras drogas; pues resulta frecuente que cuando se deja un vicio se inicia o potencia otro, y no nos interesa hacerlo, principalmente, por varios motivos. El primero, porque las drogas son malas; de hecho si hemos decidido dejar de fumar es gracias a esa consideración. El segundo, porque nuestro síndrome de abstinencia cesará en el momento en que hayamos aprendido, interiormente, a vivir sin el tabaco, y para ello, cuanto más serenos y atentos podamos estar, mejor, más fácil y rápido nos resultará. El tercero, porque debido a nuestra condición y a las características de la misma resulta muy fácil traspasar nuestra conducta adictiva de un vicio a otro. Es decir, resulta muy fácil caer en las redes de otras drogas y vicios cuando estamos dejando una adicción, pues encontramos con ello cierto consuelo a la ansiedad que nos provoca la desintoxicación. Lógicamente, eso es aún peor que seguir fumando, pues habremos adquirido una nueva adicción, tal vez aún más nociva, y no habremos aprendido a dejar la otra, con lo que puede que tengamos dos en lugar de ninguna. Por ello deberemos prestar especial atención a no tomar ninguna droga, o a no abusar del alcohol si se encuentra entre nuestros hábitos, durante nuestra desintoxicación (ni en otra ocasión).

Cada día que pasemos sin fumar deberemos pensar conscientemente en el grandioso mérito que tiene, pues, aunque para otros pudiera parecer coser y cantar, nosotros somos conscientes del gran esfuerzo que estamos realizando y del mérito que ello conlleva, de los beneficios que para nuestra salud y para el resto de áreas de nuestra vida estamos obteniendo, incluyendo el beneficio que aporta a otros; por ello, no debemos dejar pasar un día sin meditar unos minutos acerca de tal logro y sin motivarnos a continuar en nuestra tarea.


Fuente: Dejar de fumar











Cada vez
que fumemos un cigarrillo procuraremos fijarnos en lo traicionero de su sabor,
y recordar,
en la medida de lo posible,
sus efectos nocivos para nosotros.

Ello nos producirá
cierto rechazo de
la acción de fumar y del tabaco
en general;
si bien, por sí solo no será suficiente para dejar de hacerlo.

Ciertamente, se trata de
“machacarnos”
a nosotros mismos con la evidencia de la realidad,
una y otra vez.

Ello nos creará angustia y malestar,
pero es el único modo fiable para superar
una adicción.





H

ace unos años, el tabaco pasaba por ser un vicio casi inofensivo para nuestra percepción. Hoy por hoy, gracias a los avances tecnológicos y a los distintos estudios, sabemos que es la droga más peligrosa para nuestra sociedad, pues es la que más muertes y enfermedades causa. Miles y miles de fumadores desean dejar de fumar, dado lo nocivo que resulta para la salud, amén de otros inconvenientes socio-laborales y económicos. Sin embargo, la mayoría quisiera que existiese una fórmula que, bien sea de la mano de la medicina, con algún tratamiento farmacológico o similar, o de algún tipo de terapia exótica y poco comprometida, solucionara su problema adictivo. Ese tipo de solución, simplemente no existe. Ello no exime que algún tratamiento médico nos pueda ayudar en esta cuestión; pero, si queremos erradicar la adicción al tabaco o a cualquier otra droga, deberemos realizar un trabajo interior amplio y comprometido.

Lo primero que debemos hacer para erradicar nuestra adicción es plantearnos si verdaderamente queremos hacerlo, y por qué; qué nos aporta su consumo y cuáles son sus perjuicios para nosotros. Para ello, el empleo de las técnicas de meditación resultará de indudable valía. Así, gracias a nuestro manejo en la atención a nuestras sensaciones y pensamientos, podremos discernir con claridad qué es lo que verdaderamente pensamos y creemos acerca del tabaco respecto de nuestro bienestar.

Si somos adictos al tabaco y nos fijamos en todo lo positivo que nos aporta, posiblemente veremos que calma nuestra ansiedad en determinados momentos, que nos gusta su sabor, que nos ayuda a relacionarnos socialmente con otros fumadores, y poco más. Si nos fijamos en su lado negativo, podremos observar que, realmente, la ansiedad que calma es únicamente la que nos produce su adicción; respecto de su sabor, únicamente nos gusta gracias a nuestra adicción, que ha cambiado nuestra percepción del mismo, pues a todo aquel que fuma por primera vez su sabor le resulta repudiable. Respecto de las relaciones sociales a las que nos une, lógicamente, si hemos sido fumadores durante largo tiempo, nos habremos relacionado preferentemente con otros fumadores, a muchos de los cuales tendremos apego y afecto, y nuestro abandono de ese hábito pudiera quebrar, en mayor o menor medida, nuestra relación con algunas de esas personas; pero, no debemos olvidar que, posiblemente, debido a nuestra adicción al tabaco habremos desestimado otras amistades y relaciones que, tal vez, ahora serían motivo de nuestro afecto. Por lo demás, sigue habiendo numerosos motivos por los que no fumar; el mero hecho de ser conscientes de que es perjudicial para nuestra salud siempre será motivo de malestar para nosotros, máxime cuando los problemas de salud derivados de su consumo comienzan a hacer acto de continuada presencia en nuestras vidas, desde nuestra forma física, la cual pronto comienza a mermar cuando adquirimos ese hábito, hasta problemas tan fatales como el cáncer, pasando por infinidad de otros problemas serios de salud, como la infertilidad o la bronquitis crónica. Así pues, como todos sabemos, sólo nuestra salud ya es suficiente motivo para dejar de fumar.

A estos motivos se les pueden añadir muchos otros. Por ejemplo, el simple respeto a los demás; pues, resulta francamente difícil fumar sin perjudicar la salud de otras personas, al menos si vivimos en sociedad. Y, siendo responsables y considerados con nuestros iguales, podemos meditar acerca de cómo se extiende su consumo gracias a la imitación. Si reflexionamos un poco y miramos tanto el presente como el pasado, podremos ver que el consumo de tabaco de forma cotidiana y extendida entre los distintos sectores de la sociedad, resulta un hábito adquirido recientemente. Antes del siglo XX y hasta el comienzo de la humanidad, no era normal que la gente fumara, si bien puede que hubiera determinados rituales y momentos en los que se fumara, no era lo común, cotidianamente, entre las personas. Resulta un vicio adquirido en nuestra historia reciente, el cual ha sido extendido con tanta facilidad debido, entre otras muchas razones, a nuestra tendencia a copiar el comportamiento de otros individuos. En esto, los medios de comunicación, como en otras muchas cuestiones, juegan un papel muy importante. En cualquier caso, podríamos decir que nosotros no hubiésemos sido fumadores si nunca hubiésemos visto fumar a otros. Eso implica que nuestro hábito será un posible modelo a seguir por nuestros hijos o por otros niños y jóvenes en los que creamos cierta influencia; otro motivo más por el que no fumar.

Y un motivo que resulta muy importante es por el mero hecho de sentirnos un poco más libres, más a gusto con nosotros mismos, siendo conscientes de que no tenemos esa adicción que nos encadene. Así pues, nuestro primer trabajo deberá consistir en valorar todos sus aspectos positivos y todos sus aspectos negativos de forma adecuada; esto es, meditándolo con la debida atención y concentración, poniendo en nuestra mente estos aspectos de forma ordenada y meditándolos con tranquilidad.

Para ello utilizaremos el lugar y la posición de meditación que nos resulten más cómodos. Tranquilizaremos nuestra respiración y el corriente ajetreo de nuestros pensamientos, en la medida en que nos sea posible, y pondremos frente a la atención de nuestra mente alguna de esas cuestiones. La analizaremos en profundidad, procurando que no se nos escapen detalles por una visión pobre de la misma. Así, no deberemos juzgar lo bueno que nos resulta el sabor del tabaco, por poner un ejemplo, sin considerar que esa percepción agradable es únicamente fruto de nuestro hábito. Ni tampoco deberemos obviar que nos gusta fumar, aunque en esa apreciación deberemos añadir siempre el por qué; es decir, nos gusta fumar, pero gracias a nuestra adicción. Así, poco a poco, deberemos meditar todos los aspectos que nos presente nuestra relación con el tabaco, por duro que nos parezca, si queremos valorarlo adecuadamente, y que nuestros valores tengan la suficiente consistencia como para guiar nuestros actos aun con la ansiedad que nos produzca la abstinencia.

De ese modo tendremos una clara y honda visión de nuestro compañero, el tabaco. Al principio nos resultará angustioso admitir esa cruda realidad, al igual que las campañas antitabaco impactan por las duras imágenes que presentan, tanto en los paquetes como en anuncios televisados. Si queremos erradicar nuestra adicción, deberemos concienciarnos de cuantos efectos negativos advirtamos en él. Para ello deberemos observar de forma consciente en nuestra mente esos efectos. Visualizar los pensamientos, las imágenes que nuestra imaginación pueda reproducir respecto de los perjuicios que para nosotros consideremos del tabaco. Ese trabajo nos resultará angustioso y pesado; pero deberemos llevarlo a cabo si realmente queremos aprender a dejar de fumar, y erradicar nuestra adicción. Aprenderemos a llevarlo a cabo, también, de forma improvisada y cotidiana, toda vez que tengamos ocasión, procurando no evitar de tratar esa cuestión si realmente estamos decididos a dejar de fumar.


Fuente: Dejar de fumar




Los recién nacidos expuestos durante la gestación a la nicotina se convierten en adictos al tabaco en el útero materno y pueden presentar signos del síndrome de abstinencia al nacer como irritabilidad, temblores y alteraciones del sueño, según advirtió la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

A más largo plazo, los efectos nocivos del tabaco podrían ser indicativos de deficiencias conductuales, un menor coeficiente de inteligencia y del trastorno de deficiencia de atención e hiperactividad, dicen los neumólogos.

Estos especialistas, que señalan que hasta el 34% de las embarazadas fuma, aluden a un artículo titulado "Síndrome de abstinencia neonatal a la nicotina", firmado por Óscar García-Algar, del Servicio de Pediatría del Hospital del Mar de Barcelona, y publicado en el último número de la revista Archivos de Bronconeumología, que concluye que la nicotina parece alterar el neurodesarrollo normal del recién nacido, además de inducir síntomas de abstinencia neonatal.

El grupo de estudio del doctor García-Algar, llevó a cabo un estudio con 33 recién nacidos de madres fumadoras para evaluar la existencia del síndrome de abstinencia, cuyas conclusiones mostraron que los recién nacidos de madres fumadoras durante el embarazo presentan irritabilidad y temblores durante las primeras 24 horas de vida y los valores aumentan en asociación a la concentración de nicotina en orina y pelo.


El síndrome de abstinencia aparece en el primer día de vida

El síndrome de abstinencia en los bebés aparece en las primeras 24 o 48 horas de vida porque el parto interrumpe la exposición continuada a la nicotina. Lo mismo ocurre en los casos asociados a la lactancia. En estos niños, los síntomas de abstinencia pueden aparecer poco después de abandonar la leche materna y a veces se confunden con un cólico.

Por este motivo, afirma el presidente de Separ, el doctor Julio Ancochea, "es absolutamente imprescindible convencer a las mujeres embarazadas fumadoras de la necesidad de abandonar este hábito y de sensibilizar a todos los padres de que eviten al máximo someter a sus hijos a ambientes contaminados con humo de tabaco", ya que las consecuencias del tabaquismo pasivo pueden ser "gravísimas" en los más pequeños.

De hecho, subrayan en su nota, el tabaquismo pasivo es el causante del 80% de los casos de muerte súbita en los bebés. Según la última Encuesta Nacional de Salud, en España hay casi diez millones de fumadores habituales, lo que representa el 26,4% de la población, y otro millón de fumadores ocasionales.

Se calcula que cada año, más de 50.000 personas fallecen prematuramente en España debido al consumo de tabaco, que provoca siete veces más fallecimientos que los accidentes de tráfico en este país.

Fuente: ecodiario.eleconomista.es




Uno de los principales causantes de resistencia a dejar de fumar es el temido síndrome de abstinencia. El ser humano en línea general, tiende a evitar todo aquello que pueda traer dolor, ansiedad inmanejable, desesperación, es por eso que el fumador intenta alejarse del tabaco a través de cualquier método que le ofrezcan.



"No hay fórmulas mágicas para dejar de fumar".




Esa es la triste y cruel realidad que deben enfrentar los fumadores en el momento que deciden dejar de fumar. Sin una firme voluntad y una fuerte convicción, cualquier ayuda puede resultar ineficaz. Ciertamente existen técnicas, métodos, productos, plantas, medicamentos, terapias alternativas y muchas cosas más que pueden ayudar a que el síndrome de abstinencia sea más “soportable”, pero solo eso: “más soportable”. Cada quien deberá buscar el que más le convenga. A continuación mencionamos algunos:

Sustitutos de la nicotina: Algunos de venta libre como los chicles y los parches proveen dosis de nicotina, eliminan el alquitrán y los gases tóxicos que emiten los cigarrillos. Los inhaladores o aerosoles nasales se venden con prescripción. Todos los sustitutos de nicotina deberían usarse previa recomendación médica.

Medicamentos: Los más conocidos son: Bupropion: un antidepresivo que altera los neurotransmisores cerebrales que están relacionados con la adicción. Vareniclina: una sustancia desarrollada para actuar en el receptor cerebral de la nicotina que ayuda a aliviar la ansiedad por fumar y disminuye la satisfacción asociada con fumar. Todos los medicamentos tienen efectos secundarios, por lo tanto deben ser suministrados previa aprobación médica.

Hidroterapia: Tomar baños de vapor o saunas permite que a través del sudor se eliminen las toxinas y con ello la memoria celular que impide dejar de fumar.

Auriculoterapia: Consiste en la aplicación de una serie de pequeñísimas agujas en determinados puntos de la oreja. Con esto se busca disminuir la ansiedad y favorecer el drenaje del pulmón.

Gemas: Cuarzo ahumado para relajarse, evitar la depresión y eliminar toxinas. Cuarzo amatista para limpiar la sangre. Aguamarina para eliminar la ansiedad.

Terapia Floral: Flores de Bach es la más conocida. Es una terapia basada en 38 preparados de flores que actúan sobre la esfera emocional. Solo un buen terapeuta podrá indicar la combinación de flores que cada quien necesita.

Fitoterapia: Su función consiste en el empleo y uso de plantas medicinales con fines curativos: Aceite de lavanda contra la ansiedad. Infusiones de azahar, pasiflora, valeriana, amapola para alejar el deseo de fumar. Infusiones de diente de león, manzanilla, abedul, ortiga verde para purificar la sangre. Kuzu para favorecer el abandono de las adicciones. Bastoncitos de regaliz (prohibido para los hipertensos) cuando se necesite tener algo en la boca.

Reiki: Un proceso de encuentro de la energía universal con la energía física de cada individuo, que semejante a las ondas de radio, penetra en el organismo a través de los siete chakras principales para aliviar los dolores físicos y recuperar el estado natural de equilibrio que produce bienestar y felicidad que aliviara los síntomas del síndrome de abstinencia.

Ayurveda: Una ciencia completa basada en el equilibrio de los tres Doshas o bioenergías del cuerpo, que se aplica para tratar las enfermedades aumentando o disminuyendo los Doshas causantes de la misma. Es un sistema holístico de medicina de la India, reconocido mundialmente por la OMS y otras organizaciones como la primera medicina alternativa del mundo.

Homeopatía: Se basa en el principio de similitud al utilizar dosis mínimas, incluso infinitesimales, de aquellas sustancias que, en individuos sanos y en cantidades mayores, pueden provocar afecciones similares a las de la enfermedad a tratar. La homeopatía dispone de un extracto de tabaco, una dilución homeopática de la planta que actúa como una vacuna contra el propio tabaco o bien la caladio, la más empleada y cuyos efectos desintoxicantes de la nicotina parecen ser muy efectivos.

Shiatsu: Una terapia que actúa con una suave presión sobre determinados puntos del organismo. Ayuda a superar la ansiedad, la depresión, el insomnio, las tensiones musculares entre muchas otras, todos síntomas que se presentan al dejar de fumar.

Yoga: Su filosofía centrada en el espíritu y la meditación y sus asanas permiten descubrir al fumador que existe un modo de vivir saludablemente. Enseña que se sufre mientras hay deseo y el deseo existe mientras hay apego.

Nicostopper: Es un dispositivo electrónico terapéutico de feedback de tamaño reducido que consigue que el usuario llegue a un control voluntario de la conducta de fumar, reduciendo progresivamente el número de cigarrillos consumidos hasta su completo abandono.

Libros: “Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo”. Un libro de Allen Carr, basado en la experiencia de muchos años ayudando y consiguiendo, por medio de charlas presenciales, que miles de fumadores dejen el tabaco para siempre.

Hipnoterapia: Una técnica que lleva al fumador a un estado en fase de sueño ligero, relajación mental o meditación profunda en el que se desconectan temporalmente los sentidos que lo comunican con el mundo y en el que puede ser sugestionado fácilmente.

Método Rowshan: Un sistema basado en técnicas de relajación hipnótica.

Biorresonancia: Regula al cuerpo por sus ondas electromagnéticas. Utilizada generalmente como complemento de la homeopatía y la acupuntura, al igual que de los sustitutos de la nicotina y los medicamentos.

Acupuntura: Una técnica milenaria, que consiste en pinchar una serie de agujas en puntos estratégicos del cuerpo. Al igual que cuando un fumador se enciende un cigarrillo, las punciones consiguen que el organismo libere endorfinas, que están relacionadas con la sensación de placer.

Láser: Consiste en aplicar un láser clínico sobre el hipotálamo y actúa igual que la acupuntura, con la ventaja de que no usa agujas.


Ayudas para dejar de fumar


Existen cientos de métodos que ayudan a dejar de fumar pero no existe la terapia perfecta. Lo importante es comprometerse consigo mismo y marcarse la meta de convertirse en un exfumador para toda la vida, porque nunca seremos no fumadores. Si logramos llegar a la meta, habremos cumplido con un acto de respeto hacia nosotros mismos y volveremos a tener el control de nuestros impulsos y de nuestra vida.



"Sin fuerza de voluntad y con poca convicción, no existe método, terapia, o producto que de resultado".





Cada ser humano tiene un tiempo de aprendizaje, de entendimiento y el mismo está basado en sus necesidades y en lo que siente en ese instante..



El yoga no es un método para dejar de fumar, ni para quitarnos ninguna adicción, sin embargo sus técnicas pueden servirnos de ayuda. Los motivos por los que fumamos no son racionales ni evidentes, y están arraigados en el sistema nervioso de la persona. Este es capaz de producir gran cantidad de substancias químicas que generan estados de ansiedad, alegría, dolor, placer, felicidad, tensión, relajación... el tabaco igual que el resto de las drogas contiene substancias químicas muy similares a las que genera nuestro cerebro, que producirán esas sensaciones. El resultado es que el cerebro deja de sintetizar esos neurotransmisores y parte de él se vuelve inútil, con lo cual el adicto cree que necesita repetir el mismo acto para enlazar con esas sensaciones.

El yoga simplemente nos dice que no necesitamos el tabaco para sentirnos bien, sino que nosotros somos los que creamos nuestros propios estados emocionales. Aunque exista el síndrome de abstinencia, (eso es inevitable y temporal), si cambiamos nuestros hábitos, nuestro sistema nervioso y psíquico empezará a funcionar por si mismo y mejor,. Somos libres de dejar cualquier cosa cuando queramos, sin excusas, cuando tenemos un motivo real para ello. El problema es que casi nadie, en el fondo, quiere dejarlo. Es posible dejar de fumar en forma sana, por un proceso de desarrollo de conciencia y no por la simple autorepresión ni la sola fuerza de voluntad. Parar de fumar es un acto de voluntad, dejar el cigarrillo es otra cosa, es simplemente no desear fumar. Para dejar el cigarrillo es requisito eliminar los poderosos condicionantes al cigarrillo que están actuando sobre nosotros. Así recuperaremos la vía de la respiración limpia y clara con todos los elementos que determinan y dinamizan nuestra noble vida orgánica. El cigarrillo no solo afecta el fundamental sistema respiratorio. El cigarrillo anula los flujos electromagnéticos que son la energía de vida, salud y evolución. En la química del cuerpo elimina la vitamina C, que es el factor de recuperación de los epitelios en las mucosas de los millones y millones de tubos que contiene nuestro cuerpo, ante lo cual este se defiende mediante el decaimiento y la depresión.

Hay momentos en la vida en que nos llega algo tan bueno, que nos llena tanto, que aunque dejemos cosas, no tenemos sensación ninguna de pérdida o vacío, sentimos que no hemos perdido nada sino que hemos ganado mucho. Impulsados por ese sentimiento dejamos de mirar atrás y nos enfocamos en un nuevo mundo de posibilidades que se abre, y que realmente nos gusta y nos entusiasma.

“”Cuando me inicié en el Yoga hace unos treinta y cinco años a lo menos, yo era un fumador dependiente de no menos de una cajetilla de 20 cigarrillos al día. Me encontré con un slogan de bienvenida que me hizo sentir bastante cómodo: “Si Ud. fuma y bebe, practique Yoga para que no le haga tan mal”. A las pocas sesiones empecé a experimentar un notable desinterés por el cigarrillo lo que me permitió romper la adicción que había mantenido y me trasformé en un fumador esporádico y solamente social. Me sentía perfectamente capaz de prescindir del cigarrillo y finalmente sin mayores esfuerzos, pude dejar de fumar. Con el tiempo, pude advertir que muchos fumadores, al empezar a practicar Yoga y descubrir la importancia de vida y salud que implica la respiración de aire limpio, puro y con calidad energética, experimentaban un rechazo al cigarrillo propio y al de los demás.“”

El Yoga es una investigación permanente sobre sí mismo. Es un avance en el autoconocimiento con una óptica de mayor jerarquía que la convencional y eso permite frutos y hallazgos siempre asombrosos. Nos vamos valorando cada vez más en el proceso de autoconocimiento.

No es que el yoga y el camino espiritual de perfección y salud sea el impulso para todos, pero si para algunos. Esto es una invitación para aquellos que sienten la llamada a una vida más sana, más natural y libre.


Yoga y dejar de fumar

Fuentes: yoga, dejar de fumar y otras cosas (yogavalencia) – yoga para fumadores (laligov).




Definición de la Recaída

La recaída se define como el proceso de retroceso a los patrones de comportamiento y pensamiento típicos de la adicción activa, que ya se habían superado, y que finalmente llevan de vuelta al uso, retrocediendo hasta llegar de vuelta al estado de enfermedad adictiva que existía antes de comenzar la recuperación.

Para poder hablar de recaída una persona debe haber estado previamente en recuperación, o sea abstinente y con cambios de conducta, por un período significativo de tiempo. Por el simple hecho de no haber fumado por un tiempo, el volver a fumar, no necesariamente es una recaída. Podría tratarse de episodios de consumo alternos, dentro de un período de adicción activa. Muchas personas consideran la recaída un signo de fracaso total y los largos periodos de abstinencia un éxito completo. A veces, una recaída puede sentar las bases de una completa libertad. En otras ocasiones, esa libertad puede lograrse sólo por una inflexible y obstinada voluntad de aferrarnos a la abstinencia, hasta que pase la crisis.

A pesar de que una recaída puede ser peligrosa y se traduce finalmente en sufrimiento y pérdida de tiempo y energía, a veces también son períodos de aprendizaje, para una persona que desea recuperarse. A pesar de estar conscientes de su problema y de tener buena disposición para la recuperación, un adicto puede recaer, si no maneja bien las situaciones de riesgo o descuida su proceso de cambios. Luego de una recaída es mas probable que el adicto esté más claro en que cosas ha estado haciendo mal. Aún así no es necesario recaer para poder aprender o avanzar en la recuperación.


El Proceso de Recaída.

La adicción, como enfermedad crónica está asociada con una tendencia natural a la recaída. Eso no significa que sea inevitable o apropiado tener recaídas, sino que son una realidad, y la mejor forma de prevenirlas, es aceptando el riesgo y conociendo mejor el proceso de la recaída, también llamado síndrome de la recaída.

Uno de las malentendidos más frecuentes es que la recaída es simplemente la vuelta a fumar. Aunque esto es parcialmente cierto, en realidad se le llama recaída a todo el proceso, que lleva desde un estado de abstinencia sostenida, hasta el consumo o adicción activa. Este proceso ocurre a lo largo del tiempo y se manifiesta como una serie de síntomas o cambios, que son en realidad regresiones a los antiguos patrones de conducta y pensamiento que ya se habían superado.

Usualmente este proceso está formado por pequeñas decisiones riesgosas que la persona toma, y que, enlazadas unas con otras, van llevando a construir el camino de la recaída. Estas pequeñas decisiones, llamadas también "decisiones de riesgo relativo", son aparentemente sin importancia, pero su efecto es acumulativo y van llevando al adicto hacia una situación imposible de resistir, donde será inevitable el uso, pues los márgenes de susceptibilidad se sobrepasan. Existe una línea imaginaria, o línea de no-retorno luego de la cual no es posible dar marcha atrás a la conducta de búsqueda y el fumar es inminente. Aún así en la zona de transición entre la línea de no retorno y el fumar, la recaída es primariamente conductual y de actitud, sin que hubiese ocurrido aún el hecho.


Síntomas de una recaída.

Una persona en recuperación puede comenzar a mostrar síntomas de una recaída mucho antes del consumo. Poder identificar estos síntomas y tratarlos a tiempo puede ayudar a prevenir una recaída:


  • Retorno del pensamiento obsesivo con respecto al fumar: Podrían ser pensamientos relativos al cigarrillo, sueños o deseos de fumar que vuelven luego de que habían desaparecido.

  • Actitud de desafío con respecto al plan de recuperación: Volver a los lugares de riesgo, volver a ver las personas relacionadas con el fumar.

  • Descuidar el plan de recuperación:, dejar de hacer ejercicio.

  • Aislamiento o pérdida de contacto: con las nuevas relaciones de recuperación.

  • Irritabilidad: especialmente en las relaciones significativas del adicto.

  • Obsesión con la imagen o los defectos físicos: dietas excesivas, preocupación excesiva acerca del peso.

  • Sentimientos de depresión y ansiedad flotantes: sobrevienen estados emocionales incómodos que no necesariamente se relacionan con ningún evento externo.

  • Renacen o se exaltan los resentimientos hacia otras personas.

  • Discusiones frecuentes en el hogar y la familia.

  • Defensividad al hablar del tema de su recuperación o al ser retroalimentados.

  • Insomnio, intranquilidad y dificultad para descansar.

  • Preocupación obsesiva por el dinero y por la seguridad financiera.


Estos son solo algunos de los síntomas relacionados al síndrome de la recaída. Cada persona es diferente y por lo tanto mostrará síntomas propios, pero en general es marcadamente notable la presencia y evolución de este síndrome. Una de las paradojas de la recaída es que mientras más marcados son los síntomas, menos capacidad tiene el adicto para poder aceptar las críticas constructivas de las personas que lo rodean, y que podrían preocuparse por la posibilidad de una recaída.


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El proceso de recaída puede ser detenido ya sea por propia iniciativa o por la intervención de personas que rodean al adicto y que le sirven de apoyo tales como familiares, terapistas o compañeros de grupo.


Fuente: Adicciones.org




Cuanto más entiendas tu adicción, más comprenderás el desafío al que te estás enfrentando y mejor situado estarás de cara a desarrollar un nuevo estilo de vida libre de humos.


Hay dos grandes estrategias que se pueden adoptar para entender la adicción. La primera de ellas, reflexionar sobre experiencias anteriores en caso de que se haya intentado dejar de fumar y no se haya logrado por cualesquiera razones. Después, explorar sistemáticamente la relación existente entre el tabaco y las cosas que uno hace.


Reflexiona sobre experiencias pasadas

Haz una lista de aquellas situaciones que te han sido difíciles de llevar porque no podías fumar (o aquellas que no has sido capaz de resistir), y otra lista con aquellas ocasiones en las que pasar sin fumar no ha supuesto mayor problema. Anota qué estabas haciendo en cada caso, qué gente se encontraba contigo y quienes de ellos estaban fumando, cómo te sentías y todo lo que te parezca relevante. Ahora, compara ambas relaciones. ¿Cuáles son las principales diferencias? Si se encuentran coyunturas similares en ambos listados, las diferencias pueden ser importantes. ¿La diferencia la marcan tus sentimientos al respecto de esas situaciones?

Intenta elaborar estrategias para manejar las diferentes situaciones, usando siempre que sea posible la comparación con aquellas experiencias propias que te resultaron menos duras.


Explora tus hábitos como fumador

Uno de los retos a la hora de entender la adicción es separar las veces que se necesita fumar inducido por la coyuntura de aquellas en que el deseo de fumar lo despierta la necesidad fisiológica de nicotina.

Para conocer tus pautas como fumador, elige ciertas situaciones y decide no fumar (al menos una vez) en cada una de ellas para ver qué ocurre. Incluso si resulta que la tentación es tan fuerte que cedes y fumas casi de inmediato, habrás aprendido algo más de ti mismo y de tus límites. La próxima vez podrías intentar fumar un cigarrillo justo antes de entrar en situación o, si esto no es posible, permanecer en esa situación durante unos minutos después de apagarlo. Cuando hagas esto, observa si no fumar en esa coyuntura la hace más dura o no. Si es así, ello sugiere que tendrás que aprender de nuevo cómo enfrentarte a esa situación sin fumar. En cambio, si te sientes igual en esa escena con y sin tabaco, entonces el problema tendrá que ver más con la necesidad física de nicotina. Es algo que debería desaparecer en unas pocas semanas al dejar de fumar.


Conoce tus motivos

Si por el contrario, logras pasar sin tabaco en una de esas situaciones (cuando ya llevas un tiempo sin fumar), una escena similar en el futuro tampoco debería representar un problema cuando lo hayas dejado por completo. Asegúrate de hacer una relación de aquellas situaciones que es probable sean difíciles sin tener en cuenta la nicotina, de aquellas que es probable sean complicadas cuando hay ansia de nicotina y de aquellas en las que crees que te las apañarás razonablemente bien. Hay algunas cosas que deberías tener en cuenta cuando experimentes de este modo. Sobre todo, observar cómo te sientes. ¿Influyen tus sentimientos de partida en la magnitud de tus ansias por fumar? Si influyen ¿en qué medida? ¿Cambian tus sentimientos cuando puedes fumar y cuando no puedes (sientes mayor ansiedad o disgusto)? ¿Te sientes más o menos confuso? Si en una de esas escenas te sientes inadaptado o a disgusto, eso es un claro síntoma de que necesitarás practicar más pasando sin fumar en ese contexto.

Necesitarás aprender a estar sin el apoyo de un cigarro, a vivir sin el tabaco como pilar. Observa también cómo te trata la gente en estas situaciones, tanto los fumadores como los no fumadores. En aquellas circunstancias en las que tengas dificultades (particularmente en situaciones de interacción social), es buena cosa prestar atención a lo que hacen los no fumadores; ya que pueden aportarte pautas útiles sobre qué podrías hacer tú mismo en esa situación. Una estrategia adicional para identificar escenas potencialmente difíciles o tentadoras es masticar chicles de nicotina antes y, quizá, durante la situación que quieres poner a prueba. Puedes hacerlo en lugar de fumar de antemano. Si el chicle hace la escena más llevadera, entonces los problemas con dicha situación se deben enteramente a tu adicción. Si, de cualquier forma, sigues teniendo dificultades aún con los chicles de nicotina, ello indica que hay nuevos hábitos que debes aprender. Los chicles de nicotina están de venta en farmacias, pero si no los has usado nunca es mejor que consultes antes con tu farmacéutico, dado que hay personas en las que estas gomas de mascar parecen no ser útiles y otras que deben tomarlas con precaución.

Si aplicas sistemáticamente estas estrategias comprenderás mejor tu adicción, tendrás identificadas las situaciones potencialmente conflictivas y estarás mucho mejor situado para lograr dejar el tabaco. No sólo estarás mejor preparado para resistir posibles tentaciones, sino que habrás empezado a transformar esas escenas relacionadas con el tabaco en situaciones en las cuales te sientas igual de cómodo sin tus cigarrillos. Asimismo, al principio de dejarlo, podrás evitar algunas escenas problemáticas y pasar más tiempo en aquellas en las que te sientas a gusto.


Fuente: www.sanitas.es




Regiones cerebrales asociadas al deseo de fumar.

Investigadores de Estados Unidos han detectado un aumento de actividad en áreas cerebrales encargadas de la atención, el control de la conducta, la memoria y la recompensa.

El deseo de fumar está asociado a un aumento de la actividad en regiones específicas del cerebro encargadas de la atención, el control de la conducta, la memoria y la recompensa, según un estudio del Centro del Cáncer Abramson de la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos) que se publica en el "Journal of Neuroscience". Los científicos han utilizado un método nuevo para medir el flujo sanguíneo del cerebro desarrollado por John Detre, profesor de Neurología en la Universidad de Pensilvania y coautor del estudio, que muestra cómo la abstinencia de nicotina produce patrones de activación cerebral asociados al deseo de fumar. Estos hallazgos podrían contribuir a comprender los mecanismos cerebrales del deseo de fumar, un factor de riesgo clave para las recaídas. Según señalan los autores, este deseo sentido como una necesidad constituye una de las principales características de la dependencia a las drogas y en este sentido también se incluye la dependencia a la nicotina.

"Existen varios estudios de imágenes cerebrales que muestran cómo los sujetos responden a estímulos visuales asociados al tabaquismo, como una imagen de un cigarrillo o de alguien fumando. Sin embargo, se conoce menos sobre las bases neuronales de la necesidad que surge de forma natural cuando se deja de tomar nicotina. El estudio se diseñó para solventar este desconocimiento", señalan.

Los científicos utilizaron una tecnología de resonancia magnética que mide el flujo sanguíneo cerebral para compararlo en dos sesiones diferentes en las que variaba la duración de períodos sin fumar de los participantes, un total de 15 fumadores. Cada participante pasaba por el escáner en un estado de reposo en dos ocasiones diferentes: los participantes fumaban un cigarrillo en el transcurso de una hora de una de las sesiones y se abstenían de fumar a lo largo de la noche para pasar por la otra sesión. Los resultados muestran que el deseo espontáneo por la abstinencia inducida está asociado con una mayor activación de las regiones cerebrales importantes en la atención, el control de la conducta, la memoria y la recompensa.



El deseo de fumar

Según indican los investigadores, "las evaluaciones del deseo utilizadas en el estudio predicen la recaída en el tratamiento para dejar de fumar. Estos resultados podrían tener importantes implicaciones clínicas si se confirman en estudios más grandes. Por ejemplo, la resonancia magnética de perfusión podría ayudar a identificar a los fumadores que tienen un mayor riesgo de recaída y que podrían requerir terapias más intensivas".


Fuente: azprensa.com