Las adicciones y su recuperación.
Las adicciones son enfermedades que empobrecen la calidad de vida de quienes las padecen como así también las de sus familias y seres queridos. Uno de los mayores problemas de nuestra sociedad es que estas enfermedades se esconden, se silencian o se niegan. A esto se suma el hecho de que lamentablemente la gente común sabe poco sobre el tema de las adicciones. Normalmente estamos llenos de prejuicios y temores, pero sobre todo "negamos" la importancia de las adicciones y la presencia de las adicciones en nuestra propia vida y la de nuestros seres queridos.
Necesitamos informarnos y reeducarnos, para permitir que se produzca la toma de conciencia de las propias adicciones como la de aquellos que nos rodean, permitiendo así abrir la posibilidad a la "recuperación". Cada persona que toma conciencia del tema se convierte automáticamente en un "agente de salud" de nuestra sociedad, y esto es un acto responsable hacia nosotros mismos y como seres humanos.
Sistema de creencias adictivo.
Las personas somos empujadas a las adicciones por una cantidad de pensamientos y emociones aprendidas que generan con el tiempo un enorme vacío emocional, sentimiento de culpa e insatisfacción. La baja autoestima característica particularmente del hombre urbano cuenta de un ser humano que nunca puede satisfacer un patrón cultural que se le impone y lo aplasta implacablemente.
Toda adicción se asienta sobre un sistema de creencias que proviene de nuestra educación y que ha nacido en nuestra cultura. En primer lugar aparece los paradigmáticos "Perfeccionismo y Sobreexigencia" que nos dicen que "Todo debería ser perfecto" y que "Siempre se puede algo más". Como esta es una fantasía que no corresponde a la realidad, para poder sostener esos pensamientos utilizamos la "Idealización" que además agrega que "La vida debería estar libre de dolor y no requerir esfuerzo" o que "Existen relaciones perfectas o estados perfectos que yo no puedo alcanzar". Generalmente esto implica que si hay otros que pueden lograr lo que yo no puedo. Es claro para cualquier observador que estas propuestas ideológicas no pueden sino producir insatisfacción y malestar con uno mismo.
El sistema de creencias adictivo nos lleva también a La búsqueda de aprobación, ya que nos han enseñado que " La imagen lo es todo" , o que "Si aparento ser, o me comporto de cierto modo, finalmente seré querido". El resultado de esto: una persona "enajenada", que trata permanentemente de satisfacer el deseo del otro y que cada vez mas se aleja de su verdadero ser, de su autenticidad. Este sistema de creencias propone también montarnos sobre La omnipotencia que dice que "Yo debería ser todopoderoso" o bien que "Yo debería conseguir siempre lo que quiero". Como tampoco ninguna de estas propuestas es viable, no nos queda más que la negación de la realidad, para poder seguir sosteniendo esa fantasía o bien entregarnos al sentimiento de Impotencia que nos dice que si no consigo lo que quiero y no soy todopoderoso es porque "Yo no soy bastante".
La misma cultura comienza a seducirnos con la No tolerancia a la frustración, o a los límites, convenciéndonos de que "Algo o alguien puede darme el poder del que carezco". Y como niños a quienes cuando lloran se les coloca un chupete, aparece el Adormecimiento emocional, ya que "Los sentimientos y emociones son peligrosas". Finalmente nos encontramos con un ser humano, luchando contra si mismo, contra sus naturales emociones, frustrado, comparado permanentemente con un modelo idealizado e irrealizable, tratando de aliviar su dolor con conductas de Arreglo Rápido, que por un rato lo dejarán tranquilo. Pero ese hombre o mujer, tiene Temor a la intimidad, siente que "No puede confiar en nadie" seguramente rodeado de gente, pero se siente profundamente solo.
Objetivos de la Conducta Adictiva.
Las personas que quedan atrapadas en esta compleja red de pensamientos y emociones, creen hallar en la adicción un alivio para el aislamiento y la soledad emocional, una posibilidad de evadir por un lapso de tiempo ciertos sentimientos y dolores muy profundos. Obtienen en conductas o sustancias, lo que llamamos seudoplacer, ya que éstos suelen esconder en realidad situaciones intensamente masoquistas. Provee de la ilusión de control sobre aquellas situaciones de su vida que se viven como ingobernables. Mientras tanto la adicción produce crisis constantes que son, paradójicamente, buscadas por la adicción al golpe de adrenalina. En apariencia la conducta adictiva insinúa una aparente parálisis del tiempo, la detención del dolor y el conflicto o sentimiento de impotencia irresoluble. Algunas adicciones entre tanto buscan conseguir el realce de la propia imagen, tal como vemos claramente en las adicciones a la cocaína, la anorexia, o la adicción al ejercicio físico.
Una Sociedad Adictiva.
En Estudios sobre la Historia, dice el historiador Arnold Toynbee que las sociedades nacen, se desarrollan y mueren como los organismos vivos. Cuando una civilización llega al auge de la vitalidad tiende entonces a perder el ímpetu cultural y a decaer. Un elemento esencial de esta decadencia es la pérdida de flexibilidad. Cuando las estructuras sociales y los modelos de comportamiento se tornan tan rígidos que la sociedad ya no puede adaptarse a los cambios de la evolución cultural, se derrumba y eventualmente se desintegra. Las sociedades decadentes se caracterizan además por su uniformidad y la falta de inventiva y creatividad. Lo cual se acompaña de una falta de armonía general entre sus elementos lo que inevitablemente deriva en conflictos y discordias sociales.
Creo que esta es la decadente sociedad consumista que nos ha tocado vivir, y que ha perdido los valores éticos de responsabilidad y respeto por el ser humano, convirtiéndose en el caldo de cultivo del hombre adicto. Una sociedad estereotipada que está mas preocupada por el parecer que por el ser, permitiendo que el como si, sea nuestra moneda de cambio. Una sociedad altamente tecnificada, que en aras de un presunto pensamiento científico ha perdido su conexión con "algo mas" que uno mismo. Las comunidades humanas se han convertido en grupos de personas que suelen vivir juntas pero aisladas padeciendo una dolorosa soledad en medio del bullicio de las grandes ciudades. Mientras que un perturbador instantaneismo nos ha alejado de la clara noción del tiempo y del proceso que tan claramente nos enseña la naturaleza como necesario e indispensable en la construcción de cualquier elemento de la vida.
Fuente: Cristina Meyrialle – Las adicciones y la Recuperación Transpersonal.
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