
Veinte minutos después del último cigarrillo:
- La tensión arterial baja a cifras normales.
- La frecuencia cardiaca recupera los niveles normales.
- La temperatura de las manos y de los pies aumenta hasta valores normales.
- El nivel de monóxido de carbono en la sangre disminuye hasta su valor normal.
- El nivel de oxígeno en la sangre aumenta hasta su valor normal.
- Disminuye el riesgo de un ataque al corazón.
- Las terminaciones nerviosas comienzan a rebrotar.
- Mejora el gusto y olfato.
- Mejora la circulación.
- Se camina con más facilidad.
- El funcionamiento de los pulmones aumenta en un 30%.
- Disminuye la tos, la congestión, el cansancio y la sensación de ahogo.
- Aumenta la sensación de bienestar y energía.
- Los pulmones recuperan su capacidad normal para expulsar la mucosidad, reduciéndose las infecciones.
- Se reduce a la mitad el riesgo de padecer enfermedades coronarias.
- El riesgo de derrame cerebral se iguala al de un no fumador.
- El riesgo de cáncer de boca, garganta y esófago es la mitad que el de un fumador.
- Las células precancerosas han sido reemplazadas.
- Reducción de la tasa media de muerte por cáncer a un 12 por 100.000.
- Reducción a niveles equiparables a los que nunca han fumado de padecer cáncer de boca, laringe, esófago, vejiga, riñón y páncreas.
- El riesgo de padecer una enfermedad coronaria se iguala al de un no fumador.
Fuente: Sociedad Americana contra el Cáncer.
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