Tres laringectomizados hablan de la nueva ley antitabaco a partir de sus propias experiencias. «Cuando te operan, tu vida empieza de cero. Tienes que volver a aprender a hablar» |
La clase tiene lugar en la Asociación de Laringectomizados de Gipuzkoa (Aslagui), situada en el Instituto Oncológico de Donostia. Los alumnos superan los sesenta años y se juntan en grupos de cuatro personas. La asignatura es única: volver a aprender a hablar. Todos son víctimas del tabaco, y del cáncer de laringe. «Todos hemos empezado la vida de cero», admiten. Si hay alguien que puede ofrecer su experiencia a la hora de aportar una nueva opinión sobre la ley antitabaco son ellos. Del grupo, Juan, Vicente y Félix se animan a contar quiénes eran y quiénes son. Recuerdan cuándo empezaron a fumar, los paquetes que se fumaban, y el dramático día en que «algunos quisimos morir» cuando les dijeron que padecían cáncer de laringe. «Nos vaciaron por dentro», confiesan. Juan, Vicente y Félix hablan de vida y de muerte, de momentos dramáticos, pero también de esperanza, de familias destrozadas y de familias que empiezan otra vez a conocerse. Son tres vidas, tres historias y un enemigo común: el tabaco.

De izquierda a derecha, Vicente Bergara, Juan Arranz y Félix Aso, en la Asociación de Laringectomizados de Gipuzkoa, que tiene su sede en el Instituto Oncológico de Donostia. [AYGÜES]
FÉLIX ASO
«Un día, de repente, me quedé sin poder hablar»
«Continuamente se habla de los males del tabaco, pero la gente sigue fumando. Resulta increíble ver la reacción de la gente cuando les dicen que tienen cáncer. Todos hablamos mucho, pero cuando te toca a ti...». Félix Aso (Errenteria, 1948) pregunta si se le entiende bien. Pero Félix, tras años de esfuerzo, ha aprendido a hablar con claridad. Su nueva voz, tras la laringectomía que le realizaron en 1991, resulta fina y suave. Su nueva voz transmite tranquilidad. «Hay mucha gente que cuando entro en un bar y ve que me han operado, tira el cigarro al instante. Pero, ojo, otros muchos no», señala.
Casado y con un hijo, Félix trabajó durante muchos años de impresor. Ahora enseña a hablar a decenas de personas que han sido operadas de cáncer de laringe. En Aslagui hablan de todo y, por supuesto, hablan de la ley antitabaco, a favor de la cual las asociaciones de laringectomizados de España han trabajado durante años. «Es un paso adelante, pero es una ley que se ha quedado a medias. No tiene sentido que se deje fumar en bares de menos de 100 metros cuadrados. Deberían haber prohibido hacerlo en todos los bares. De hecho, al final, el 99% de los bares permite que se fume. De todas formas, habría que luchar contra las tabaqueras, no contra el consumidor», apunta.
A los quince años. Esa fue la edad a la que comenzó este impresor de Errenteria a fumar. «Entonces no estaba mal visto, ni te advertían de que era malo. Donde más fumé fue en la mili. Yo cumplí el servicio en la cantina y allí fumaba dos paquetes al día. No hacíamos mucho más. Desde que acabé la mili seguí con mis dos cajetillas».
Félix siguió con sus dos paquetes diarios hasta que un día se quedó literalmente sin habla. «Tenía 38 años y salí una tarde a tomar algo. De repente, no podía hablar. Lo intentaba pero no articulaba palabra. Fui al otorrino y a más médicos y me dijeron que tenía un tumor. Así que me operaron. Cuatro años después me dijeron que se había vuelto a reproducir. Entonces fue cuando me vaciaron. Me extirparon la laringe. Aquello no se puede explicar. Empecé de cero».
Cuando se compara el alcohol con el tabaco, se suele recurrir, a modo de atajo, al tópico de que el tabaco daña a los demás, mientras que el alcohol sólo mata al alcohólico. Pero Félix cree que hay una tercera víctima del tabaco que sufre aún más que el fumador: la familia. «Ellos lo pasan peor que el paciente. Tú sufrirás por el tabaco, pero tu familia lo hará aún más. Incluso cuando estás en la cama del hospital, antes de operarte, tienes que tranquilizarles».
JUAN ARRANZ
«Es triste que los enfermeros salgan a fumar al pasillo»
Juan Arranz (Donostia, 1939) fue operado de cáncer de laringe el mismo año que el errenteriarra Félix Aso, en 1991. Esa fue la fecha del cambio. La fecha en la que Juan empezó «una nueva vida». «Pero yo no era muy fumador. Comencé a los 13 años y fumaba un paquete diario», recuerda. «Era algo normal. Nadie te decía que era perjudicial. De pequeño fumabas a escondidas, pero no pensabas lo malo que podía llegar a ser. Cómo es posible que un producto que viene precintado contenga sustancias tan malignas», se pregunta.
Como presidente de la Asociación de Laringectomizados de Gipuzkoa, Juan Arranz remarca que «los laringectomizados hemos sido los que más hemos luchado contra el tabaco. Hemos combatido a las tabaqueras y al Estado, quien en 2003 recaudó en impuestos por tabaco 7.000 millones. De hecho, la demanda que pusimos contra las tabaqueras está en el Tribunal de Estrasburgo».
Aunque considera «estupenda» la ley antitabaco, cree que en este país «no se le va a hacer ni caso. No es de recibo que en un bar de fumadores se vea a madres dando la papilla a su hijo con una mano y en la otra sostengan el cigarro. No hay derecho».
Juan Arranz lo tiene claro. «Para concienciar a la gente, una imagen vale más que mil palabras. Al día se diagnostican 50 casos de cáncer de pulmón a mujeres de 45 años. Eso es lo que habría que mostrar en imágenes en la televisión y en la prensa. ¿Qué es lo que va a pasar con sus hijos? Habría que insertar en las cajetillas imágenes aún más impactantes», señala Juan, que se levanta para mostrar en varias diapositivas un pulmón enfermo –negro– y otro sano. Juan Arranz, cocinero de profesión aunque ya jubilado, frunce el ceño. Su tono adquiere un cariz más melancólico cuando afirma «lo triste que es ver cómo los enfermeros que atienden a enfermos de cáncer salen a fumar al pasillo».
El presidente de Aslagui refuerza sus posiciones de alerta con datos. «Un joven de 18 a 24 años que fuma dos paquetes al día habrá sido intervenido o habrá fallecido antes de los 55 años». Arranz recuerda a muchos amigos suyos que han sido víctimas del tabaco. «En la asociación hemos visto morir a muchos compañeros a los que les habíamos enseñado a hablar. El laringectomizado debe tener mucho cuidado con el aire y los fríos. Hacemos vida normal pero tenemos un 20% más de probabilidades de padecer otro cáncer».
Tras recibir la embestida del tabaco, Juan Arranz subraya que «mucha gente que se somete a una laringectomía sufre unas depresiones terribles. La gente sale de la operación y muchos nos dicen que quieren morir. Afortunadamente, luego ven a gente que ha aprendido a hablar tras ser operados y se animan».
Mientras recuerda cómo vivió los días tras ser operado y subraya las clases que se imparten en Aslagui, Arranz critica la falta de logopedas. «En nuestra asociación hemos dado clases a logopedas, que luego se han marchado a dar clases a Baleares, Cataluña e incluso, a Ceuta».
VICENTE BERGARA
«Habría que indicar el veneno que añaden al tabaco»
«Indicar en la cajetilla todas las sustancias que le añaden al tabaco». Esa sería una de las primeras medidas que tomaría Vicente Bergara (Lasarte-Oria, 1944) para luchar contra la adicción. «Amoníaco... Quizá, la gente cogería así más miedo al tabaco», señala Bergara. Operado en 1994, casado y con dos hijos, Vicente Bergara compara a los fumadores de Occidente con los de Oriente. «En la India un niño de nueve años que empieza a fumar puede vivir hasta los 90 años. Y eso se debe a que a sus cigarros no les añaden tanto veneno».
Al igual que sus dos compañeros en Aslagui, Vicente también cree que la ley antitabaco se ha quedado «a medias. Yo, además, creo que si se mostraran más a menudo imágenes de un pulmón sano y de otro enfermo, la gente se lo pensaría dos veces antes de encender un pitillo».
Pero Vicente Bergara se aleja del prototipo de fumador empedernido al que a nadie le coge de sorpresa que haya contraído un cáncer de laringe. «Yo hice la mili en África, y allí sí que fumábamos, porque teníamos todo el tiempo del mundo para ello. Ya desde niño había empezado a fumar. Incluso cuando trabajábamos en el golf de Cádiz les quitábamos tabaco a los golfistas. Pero cuando regresé del servicio militar apenas fumaba en casa. Solía encender un pitillo al mediodía y otro a la noche».
Aprendiz de tornero desde los 14 a los 23 años, trabajador de Michelín en Lasarte y encargado de almacén de maderas en Urnieta, Vicente Bergara esboza una leve sonrisa melancólica cuando recuerda su operación de laringe. «Tuve que animar a mi familia. Se derrumbaron. Subí del quirófano a la habitación. Tenía el cuello hinchado y ya no hablaba. Es algo muy fuerte».
Bergara lamenta los efectos que puede causar en la gente una laringectomía debida al consumo de tabaco. «Hay gente a la que se le ha operado y se ha quedado en casa apalancada, sin querer salir porque le da apuro. Yo he ido a casa de algunas de estas personas para animarles a aprender a hablar».
Fuente: www.drogomedia.com(.pdf)
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