Lisa Morrison siempre se consideró una persona sana. Comía nada más que alimentos orgánicos, hacía ejercicio y meditaba. El único desliz en su existencia ejemplar era el atado de cigarrillos que fumaba a diario desde sus 18 años. Cuando cumplió 50 y fue a ver a Vincent Giampapa, un cirujano plástico matriculado de Montclair, New Jersey, ya lo había probado todo para dejar ese mal hábito. "
0 comentarios
Publicar un comentario