E

l cigarrillo dejó de ser un símbolo de estatus y libertad para asociarse a la muerte. Descubra sus intimidades, y un fármaco que combate la adicción.

Cada ocho segundos muere un fumador, y alguien más enciende por primera vez un cigarrillo. Ya son 1,3 miles de millones de fumadores en el mundo. Anualmente mueren cinco millones, y se espera que esta epidemia mantenga su ritmo mortal de crecimiento solamente igualado al del Vih sida para duplicar sus decesos en el 2020. El tabaquismo es hoy la segunda causa global de muerte, solamente superado por la hipertensión arterial. En el siglo pasado se perdieron 100 millones de vidas por él, principalmente en los países desarrollados, en donde “prendió” el concepto de que el cigarrillo otorgaba una imagen seductora y de libre elección.

Pero el fenómeno está volviendo a la humanidad más vulnerable aún: los países en vías de desarrollo son los nuevos focos de esta epidemia que ya cobra vidas maturamente, incrementa la pobreza, la malnutrición, la falta de educación y de salud. Si usted cree que en Ecuador no se fuma como en China, conozca cómo este producto legal, que causa adicción en la misma forma que la cocaína y la heroína, enfrenta una batalla campal ante los organismos internacionales de salud, mientras cabildea con los gobiernos del Tercer Mundo, donde residen 850 millones de fumadores.


Señales de humo

A medida que los países menos desarrollados abren sus puertas al libre mercado, el tabaquismo aumenta en los mismos, perfilándose como uno de los riesgos más negativos de los tratados comerciales. Esta historia viene sucediendo desde hace 50 años cuando la industria tabacalera observó que las ventas declinaban en el Primer Mundo, donde sus efectos nocivos eran evidentes. Entonces empezó su expansión hacia América Latina, y continuó en los años 80 hacia países asiáticos con economías en crecimiento, y en los 90 hacia Europa Oriental y África.

La agresiva incursión de la industria del tabaco en los países en desarrollo ha sido advertida por la Organización Mundial de la Salud, la cual plantea a sus miembros, entre ellos Ecuador, adherirse a un convenio para frenar los efectos colaterales del tabaquismo. El panorama devastador creado por la ambivalencia de un producto legal, que causa adicción, considera 1,7 miles de millones de fumadores para el año 2020, de los cuales, el 80 por ciento estará en los países subdesarrollados que dejaron entrar a su nuevo socio sin tener control ni una población bien informada de los daños y perjuicios del tabaco y del humo de segunda mano, y una industria que duplicó el consumo en los últimos 30 años del siglo pasado, usando estrategias para captar hombres adultos, mujeres y adolescentes. La mitad de ellos está sentenciada a muerte, y el 50 por ciento será de mediana edad: de 35 a 69 años.

El tabaco es el producto que mejor conoce a su consumidor. Con altas inversiones en estudios de mercado, psicología, sociología, publicidad y desarrollo científico, el cigarrillo se puede presentar como un instante de placer, una referencia de estilo de vida, una forma de controlar el estrés y el apetito, cuando es mucho más que eso. Las pruebas de que el cigarrillo produce cáncer fueron obtenidas por la misma industria hace medio siglo, y conociendo la adicción que la nicotina causaba, se la rediseñó para potencializar su acción, añadiéndosela al filtro del cigarrillo, provocando que esta se adhiera en mayor cantidad a los pulmones o para que se inhale más rápido gracias a la tecnología del amoniaco, la que produce el ansiado “golpe”. El reciente fallo de la Corte de Florida a favor de la industria tabacalera y en desmerecimiento de los 700 mil fumadores denses que alegan no haber sido informados del mayor contenido de nicotina en los cigarrillos “light”, no solo eximió la indemnización de los 145 mil millones de dólares por considerarla excesiva, sino que estimó que no hubo intención de engañar a los usuarios. Sin embargo, el gobierno americano sigue una demanda por los altos costos en salud que le genera el consumo (82 mil millones de dólares anuales).

La OMS tiene bien delineadas las políticas antitabaco, y refuta que al ser implementadas haya disminución de las arcas de los gobiernos y del empleo con su implementación, así mismo considera incoherentes las acciones socialmente responsables que busca exhibir la industria tabacalera, pues ninguna de estas, alude, ayudará a superar ni el sufrimiento ni las muertes por tabaquismo. Denuncia, asimismo, presiones financieras en los países que intentan limitar el mercadeo del tabaco, la mayoría de ellos subdesarrollados, que deben asumir un tercio del costo global de productividad por el tabaquismo (200 mil millones de dólares anuales).


Historia de una adicción

El tabaquismo es una enfermedad causada por una adicción crónica a la nicotina. Al encender un cigarrillo e inhalarlo, el humo transporta la nicotina que llega al cerebro en cuestión de segundos. De allí se forma el ciclo que crea la dependencia: la nicotina eleva los niveles de dopamina en los circuitos de recompensa, y al pasar este efecto, se produce el síndrome de deprivación ante su ausencia que hace a la persona procurar ávidamente más cigarrillos para activar los receptores de nicotina. Mientras más temprano se inicie un fumador, más difícil será dejar el cigarrillo. De hecho, la mayoría de fumadores se hacen tales en la juventud. Por ello, las tabacaleras consideraron fundamental este grupo décadas atrás, aunque hoy respetan las legislaciones que prohíben su promoción para los jóvenes. Sin embargo, la exposición al cigarrillo y su publicidad sigue siendo intensa –el adicto será siempre muy susceptible a ésta– y cuanto más tiempo sea fumador, aumenta el consumo diario y son mayores los riesgos de desarrollar enfermedades cardiovasculares, respiratorias, cáncer, entre otras. De hecho, el fumador tiene un riesgo triplicado de sufrir un infarto, y 22 veces más posibilidades de tener cáncer de pulmón que un no fumador. Por estas y más razones, el tabaco es la primera causa de muerte prevenible en el mundo.

En Ecuador, los decesos relacionados al consumo de cigarrillo sumaron más de 160 mil en 1998, considerando infarto al corazón, hipertensión arterial, malnutrición al nacer, cáncer, bronquitis crónica y efisema. Y si se compara con China, en nuestro país existe una mayor prevalencia de fumadores porque cada vez son más las mujeres adictas al tabaco. Sin embargo, aún no han sido medidos todos los riesgos del tabaquismo. De las más de 4.000 substancias que tiene el cigarrillo, los efectos de muy pocas han sido estudiados, como los cancerígenos de la nicotina, el monóxido de carbono y el alquitrán. De cualquier modo, bien se conoce la toxicología del cianuro, arsénico, acetona o plomo que también se encuentran en el mismo producto. Y cada vez habrán más descubrimientos poco alentadores, como los recientes estudios de la Universidad de Michigan, que relacionan al tabaquismo con una disminución del coeficiente intelectual y la memoria; o los realizados en Australia, que demostraron una disminución del 40 por ciento de la potencia sexual de los fumadores.

La adicción al cigarrillo ha demostrado ser tan fehaciente que ha logrado cambiar las prioridades de los más pobres del mundo: en Uganda, donde el 80 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día, la mitad de los hombres fuma; en la India, la mitad de los enfermos de tuberculosis muere por seguir fumando. Si se considera el promedio del gasto en tabaco de los 10 millones de hombres fumadores más pobres del mundo pudiera comprarse alimento para salvar a 10,5 millones de niños malnutridos (OMS). En otras palabras, los más pobres del mundo están dejando de comer, de ir al médico y de enviar a sus hijos a la escuela por fumar.

Sin Tabaco y Channel

De las cenizas al Champix

Está visto que el tabaquismo no discrimina raza, género, edad ni posición geográfica y económica. Se trata de una enfermedad que se ha tornado epidemia, de la misma forma en que brotó la obesidad hace un par de décadas. Los aumentos significativos de su consumo y riesgos se han plasmado ya en las estadísticas mundiales y puede preverse la catástrofe, considerando que los países en vías de desarrollo no tendrán los presupuestos para solventar los costos por enfermedad y la pérdida de productividad.

El tabaquismo es tan infalible que más del 95 por ciento de los fumadores no logra vencer su adicción solo con la voluntad. Necesita la intervención médica con un tratamiento farmacológico, que hasta hace poco se limitaba al bupropion (Wellbutrin/Zyban), un antidepresivo. Un nuevo medicamento aprobado por la FDA y que será lanzado en América Latina como Champix, es el varenicline, creado por Pfizer. Este demostró ser dos veces más efectivo que el bupropion, y cuatro veces mejor que el placebo, luego de un tratamiento de 12 semanas, con 12 semanas adicionales de refuerzo, en más de 3.600 fumadores de entre 18 a 75 años que querían dejar de fumar. La tasa de éxito fue del 40 por ciento. El varenicline fue diseñado para actuar sobre los receptores (acetilcolina) de la nicotina, estimulándolos para disminuir la ansiedad que produce el cigarrillo; al tiempo de bloquear el receptor responsable por la sensación placentera de fumar, con lo que desestimula al paciente a reiniciar el consumo. Entre los efectos secundarios reportados se encuentran las náuseas, dolor de cabeza, insomnio y cambio en la percepción del gusto. Los pacientes no reportaban otras enfermedades al menos seis meses antes de comenzar el estudio.

Pero la adicción al cigarrillo no es un juego de niños. Puede tomar hasta 10 intentos antes de que el fumador consiga dejarlo, y solo uno de cada cinco fumadores actualmente lo logra. Ante esto, el doctor Carlos Salvador, neumólogo ecuatoriano, aconseja acompañar el tratamiento farmacológico con terapia conductual, bajo la dirección de un médico especializado.

“La asociación alcohol-tabaco, ‘cuando tomas fumas’, es muy fuerte. Sería recomendable que las personas que tienen el hábito de tomar también lo dejen. Si se deja de beber también se podrá dejar la asociación conductual con el cigarrillo”, explica el doctor, quien asegura que se están ya llevando a cabo los estudios del varenicline en otros grupos de fumadores y que la comunidad científica sigue investigando una vacuna.

Mientras tanto, en Ecuador, se ha dado un primer gran paso con la aplicación de una sanción a quien fume en espacios públicos y privados en donde coexistan no fumadores, con lo que reconoce el perjuicio del humo de segunda mano –un tercio de las personas con cáncer de pulmón no son fumadoras–. Y el Convenio Marco para el Control del Tabaco que el presidente Alfredo Palacio firmó cuando era vicepresidente, en el año 2004, también espera ser ratificado. Con ello, se reforzarían las políticas antitabaco actuales, como la no venta de cigarrillos a menores de edad, las parciales restricciones publicitarias y la obligatoriedad de anuncios de los perjuicios del tabaco en las cajetillas.

Aún faltan campañas que informen a cabalidad los peligros del tabaquismo, que no se trata de una elección libre sino de un alto riesgo de adicción que suele empezar en la adolescencia y produce una esclavitud, enfermedad, incapacidad y a largo plazo, se pierde la vida. Las medidas de control han demostrado ser efectivas en otros países que ya han actuado, como el aumento de impuestos en Sudáfrica que redujo el consumo de tabaco en un 30 por ciento especialmente entre amas de casa y jóvenes; o el control de anuncios y la promoción de salud en Tailandia. Fotos reales de los efectos nocivos del tabaquismo en los embalajes en Brasil es otro ejemplo que promueve la OMS. Ésta descarta que el desempleo que generaría el descenso del consumo del tabaco sea un pretexto válido para no actuar: hay mucho alimento que cultivar para el futuro.

Fuente:www.vistazo.com



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