Vigilar la ira y los resentimientos.
La hostilidad, el resentimiento, la ira, cualquiera que sea la palabra que se utilice para describir este sentimiento, tiene una relación profunda con el tabaquismo.
La ira puede presentarse de diferentes formas y matices, tales como: intolerancia, tensión, desprecio, sarcasmo, envidia, autocompasión, odio, malicia, vanidad, desconfianza, rigidez, ansiedad, cinismo, sospechas, descontento, celos.
El fumador activo dedica muy poco tiempo a pensar este tipo de cosas. Durante la abstinencia, muchos ex-fumadores intentan seguir la huella de todas esas sensaciones que conducen a la ira subyacente. Sin querer ser expertos en la comprensión de la psicologia profunda, inicialmente hay que concentrarse, no tanto en buscar las causas de esas sensaciones molestas, cuanto en controlarlas para que no conduzcan nuevamente a fumar. Es efectivo poner en práctica algunos de los temas tocados en las partes anteriores de vivir sin fumar, como lo es el de utilizar el teléfono o el chat cuando se empieza a sentir demasiada molestia. Posiblemente esa molesta sensación derive del cansancio y para eso, tomar un descanso disipara esa ira. El temperamento podría aplacarse, aplicando el “Vive y deja vivir” o cambiar repentinamente a una actividad que no tenga nada que ver con la fuente de esa ira, tal como escuchar música o hacer algún ejercicio físico. Para muchos, meditar las ideas de la Oración de la Serenidad, desvanece la hostilidad; aceptar lo que está sucediendo es más sensato que disponerse a fumar. A veces la ira puede llegar repentinamente, en ese caso aplicar “Lo primero, primero”, ayuda a sobreponerse. La orientación profesional o de un sacerdote, igualmente ayuda mucho.
El represamiento de la ira no es aconsejable, pero sí lo es el aprender a no actuar bajo su influencia y a tratar de hacer algo al respecto para disminuir la propensión a fumar. Aprender a no descargar esos sentimientos contra los miembros de la familia o amigos que seguramente no han hecho nada para provocar esa ira. Esa tendencia puede durar algún tiempo en el periodo inicial de la abstinencia, asi como perduran los residuos de humo en un recinto cerrado, trayendo a la mente los días de fumador, hasta que se logre hacer una limpieza completa de la mente.
Ser indulgente con uno mismo.
Cuando una persona querida se está recuperando de una enfermedad, tratamos de propiciarle cuidado, ternura y amor, para ayudarla en su recuperación. Un fumador en abstinencia es un enfermo recuperándose de una enfermedad tan seria como es el tabaquismo, por lo tanto necesita una buena dosis de cuidado, ternura y amor.
Fumar es altamente perjudicial para el cuerpo y produce deterioros que pueden necesitar meses para mejorar. Casi nadie se convierte en fumador en pocos días, por lo tanto la recuperación no puede ser instantánea. Cuando se presenta el desánimo es cuando más entusiasmo necesita. Evocar los progresos alcanzados es un buen remedio. Una de las personas con menos disposición para tratar al fumador como enfermo es el mismo fumador. Generalmente el fumador forja metas imposibles de alcanzar olvidando que ningún ser humano puede posiblemente mantener esos parámetros tan altos que se fija, y eso produce el verse a sí mismo inferior a su destino y es ahí cuando se presenta el desánimo y la depresión. Pretender ser un exfumador en poco tiempo es causa de culpa. Es el momento de ser indulgente consigo mismo, y apreciar los pequeños progresos pero sobre todo apreciar detalles que anteriormente no se disfrutaban gracias al humo que todo lo cubría. Disfrute muchísimo más que antes cualquier buena ocasión que se le presente.
Apreciar los progresos de la propia recuperación permite sobrevivir para convertirse en gente altruista, ética y socialmente responsable. Dejar de fumar es cuidarse, mimarse y sobre todo amarse.
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Tómelo con calma.
Tómelo con calma y dejar de fumar será un poco más fácil.
A medida que se acelera el proceso del cambio en nuestra civilización, más y más gente se siente presionada por el tiempo y empujada para afanarse y llegar a tiempo.
Los fumadores comparten la necesidad de aprender a descansar, adquirir un ritmo saludable, gozar de las pequeñas ganancias y aún de los placeres simples que se encuentran en el camino, o sea aprender a gozar de la jornada, en vez de correr afanosamente hacia su destino. El horizonte siempre está en el mismo sitio. En ocasiones vale la pena quedarse quietos para observarlo solo por darse el placer de un paisaje apacible.
Elaborar rutinas para ayudarse a mantener las metas dentro de los límites realistas y dentro del alcance de las posibilidades es una buena forma de poner en práctica el “tómelo con calma”. Hacer una lista de cosas que le gustaría hacer hoy y luego descartar deliberadamente la mitad o más de ella. Al día siguiente hacer otra lista.
Para muchos el sentarse calmadamente durante 15 o 20 minutos antes de empezar las actividades de cada día, ayuda a establecer un marco mental descansado y ordenado. Otros usan métodos de oración o meditación. A veces es necesaria la ayuda de otra persona para aprender a mantener un paso calmado. Obligarse a dedicar completa atención a otra persona ayuda a restaurar el equilibrio y da una nueva perspectiva sobre su propia vida, logrando ver así, que no hay obligación de mantenerse a las carreras. Un buen ejercicio es preguntarse cuando hay mucha tensión: Realmente soy tan indispensable? Es realmente necesaria tanta prisa? La respuesta más honesta será: NO.
Tomar las cosas con calma ayuda a sobreponer el problema del tabaquismo, al igual que capacita para volverse más productivo, porque canaliza y conserva la energía en una forma más racional.
Ser agradecido.
Continuamente se presentan oportunidades para tomar alternativas similares, y la experiencia convence que el sentir gratitud es mucho más confortable, y hace que la abstinencia sea mucho más llevadera. El descubrimiento de que no es difícil desarrollar el hábito de la gratitud si se hace el esfuerzo, se presentará como una grata sorpresa.
Un gasto tremendo de energía en las especulaciones negativas es muy conocido para muchos fumadores. El hábito de pensar en forma neurótica y depresiva permanece, hasta cuando se aprende a descubrirlo y a desarraigarlo cuidadosamente. No existe ninguna receta para este tipo de afección. El dolor hiere realmente, y así también sucede con muchas otras clases de tristezas. Sin embargo al dejar de fumar, se obtiene mucho más control sobre el pensamiento. Hay un campo más amplio para los pensamientos y la mente ya no está nublada por el humo. Al dejar de fumar se llega a un punto en el que se siente tranquilidad y agradecimiento por poder abrir la mente a nuevas ideas sin apresurarse a juzgar o a pensar que todos están equivocados,a excepción del fumador.
Se pueden gastar muchas horas buscando razones para convencerse de que se desea o se necesita fumar un cigarrillo, o por el contrario se puede invertir el mismo tiempo haciendo una lista de razones por las que el fumar no es conveniente y la abstinencia es mucho más saludable, llenándose así de ideas, de acciones que puede llevar a cabo en lugar de beber.
(Adaptación de “Viviendo Sobrio”)
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